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martes, 22 de mayo de 2018

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo - Reseña Nº 218

Haruki Murakami: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

libro-murakami
Haruki Murakami
Tusquets Editores
903 Páginas


Luego de leer Tokio blues y de encantarme con la narrativa del autor japonés, me di un pequeño tour por sus obras. Leí Baila, baila, baila, After Dark y hace algunas semanas terminé Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Y en cada uno de ellos me encontré con sorpresas. Ya empiezo a entender que la tendencia en los libros de Murakami es que no hay tendencias, siempre son diferentes, a pesar de que rescata elementos y símbolos de sus anteriores trabajos. Nunca sabrás con lo que te vas a encontrar en cualquiera de sus libros. 

En esta obra monumental de 903 páginas, utiliza un protagonista central bastante desabrido, no quiero decir que esto sea malo, estoy dando a entender que el eje de la novela, la pieza central es un personaje vacío existencialmente y, además, aburrido. ¿Cómo se sostiene una novela en un personaje así? Pues con la magia de Murakami. Parece que Tooru Okada se dejase llevar por la primera brisa que lo golpea, como si se encontrara flotando en un bote en medio de la soledad del océano y de pronto una brisa caprichosa lo llevara en cualquier dirección, sin rumbo. Así es su vida. Trabajaba en un bufete de abogados donde hacía recados, pero lo deja luego de casarse con Kumiko. Ella es una redactora en una revista nutricional y gana suficiente dinero para los dos, entonces, Tooru decide dejar su trabajo, el cual detestaba, y se ocupa de las tareas domésticas en la pequeña casa que arriendan a un módico precio, ya que su tío es el propietario.

"No tenía que ir a la oficina en trenes atestados de gente, no estaba obligado a ver a personas a quienes no me apetecía ver. Y lo más maravilloso de todo: podía leer los libros que deseaba y cuando lo deseaba". Pág. 43. 

Bien, parece un vida normal y bastante cómoda para el poco ambicioso Tooru. Si no le pasa algo nuevo, él no hará nada para que suceda, solo se dedica a existir. De hecho, todos los días, mientras realiza su rutina, llega un misterioso pájaro al árbol del jardín y emite un curioso trinar: ric-ric. Lo que le hace pensar, que cada día, la pequeña ave le da cuerda a su monótono mundo.

"El pájaro-que-da-cuerda viene cada día a la arboleda que hay cerca de casa y le da cuerda a nuestro apacible y pequeño mundo". Pág. 18.

Y ahí está el anodino personaje de Murakami, suspendido en medio de la nada. Pero gracias a esa posición ante la vida, le sirve al autor como pieza clave para darnos un paseo por su intrincada imaginación. Y es que un protagonista así, que se mueve en base a impulsos externos, tiene la virtud de ramificar y ampliar la novela desde el centro hacia el exterior, trazando un delicado mapa literario.

"Todo está interrelacionado, con la complejidad de un rompecabezas tridimensional. En el que la verdad no siempre es real y la realidad no siempre es verdadera". Pág. 780.

Entonces, Murakami empieza a mover las piezas, destruye poco a poco el mundo de Tooru, lo que lo obliga a salir de su inactividad. Todo empieza con la pérdida del gato, por lo que debe salir a buscarlo, mientras lo hace, va conociendo personas, vecinos y una especie de adivina que fue contactada por su esposa para descubrir el paradero del felino. Pero esto es tan solo el inicio, ya que más tarde la que desaparece en extrañas circunstancias, es su mujer, Kumiko. Solo y acongojado, Tooru empieza a desplazarse, pide ayuda, conoce personas y comienza a buscar respuestas, pero lo único que sabe, es que esto es solo el inicio de una caída más profunda.

¿Puede un ser humano llegar a comprender plenamente a otro? Cuando deseamos conocer a alguien e invertimos mucho tiempo y serios esfuerzos en este propósito, ¿hasta qué punto podremos, en consecuencia, aproximarnos a la esencia del otro? ¿Sabemos en verdad algo importante de la persona que estamos convencidos de conocer? Pág. 42.

Cada uno de los personajes con los que se encuentra, tienen su historia, y Murakami nos la cuenta al detalle, ya sea mediante un capítulo completo o a lo largo de la novela. Lo cierto es que construye personajes secundarios increíbles que enriquecen el sentido existencialista de la novela. Así, mediante los desplazamientos del protagonista, conocemos a una extraña adolescente de dieciséis años, a una misteriosa adivina y a su hermana, a una extraña mujer con un poder de sobrenatural y a su hijo mudo desde los seis años. Sus historias personales están, de alguna manera, relacionadas con Tooru, y sus encuentros parecen no ser casualidad, sino destino.

"En este mundo, nada hay tan cruel como la desolación de no desear nada". Pág. 494

Pero así, como el joven protagonista va de aquí y para allá por la ciudad, también afloran los recuerdos, y a través de ellos, nos sumerge en la historia de cómo conoció a Kumiko y la extraña relación que tiene con la familia de ella, sobre todo con su cuñado, un misterioso y poderoso antagonista.
Pareciese que la naturaleza de Tooru Okada, que lo hace ser un personaje sin brillo propio, termina otorgándole una capacidad especial. Su crisis existencial, que no lo deja vivir en este mundo, le otorga la capacidad de ir a otro: al mundo de los sueños. Y es ahí donde Murakami nos tuerce la realidad: la divide. Constantemente el protagonista tiene sueños que parecen ser muy reales, pero que, no son más que pequeñas entradas a un mundo paralelo. En la novela se destaca la duplicidad, tanto a nivel personal como dimensional, las personas son dobles, el mundo también lo es. 
Tanto el mundo físico como ese mundo de ensueño, están conectados, y por lo tanto, una puerta física del mundo concreto es capaz de llevarlo al otro mundo. Cuando el protagonista cruza este portal, es imposible ver una delimitación, porque Murakami funde las realidades de una manera tal que, no hay limites, sino continuidad. 

"No podía discernir hasta donde llegaba la realidad y dónde empezaba la fantasía. El muro que dividía ambos territorios empezaba a fundirse. En mi memoria, al menos, lo real y lo irreal coexistían con una consistencias y una nitidez casi idénticas". Pág 405.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, es una de las obras más completas y complejas del autor. La gran variedad de temas que trata, involucrando diversos personajes que nunca desaparecen y se van sumando poco a poco, da la sensación de movimiento continuo, en donde las vidas de todos ellos atraviesan la de Tooru, infundiéndole vida, dándole cuerda a su mundo, en una crónica sin orden ni tiempo.

"El pájaro-que-da-cuerda se posa en un árbol de por aquí y, poco a poco, va dándole cuerda al mundo. Mientras tanto, hace ric-ric. Si él no le diera cuerda, el mundo no funcionaría. Pero eso nadie lo sabe. Todos, absolutamente todos, creen que es un enorme mecanismo, mucho más imponente y complejo, el que mueve el mundo con mano férrea. Pero no es así. La verdad es que el pájaro-que-da-cuerda va de un lugar a otro accionando el resorte que hace funcionar el mundo. Es un mecanismo tan sencillo como el de un juguete de cuerda. Basta con hacer girar una llavecita. Pero esa llavecita sólo la puede ver el pájaro-que-da-cuerda". Pág. 434.

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