Si te gustó el contenido del blog me harías un gran favor siguiéndome

martes, 5 de junio de 2018

Baila, baila, baila [ Haruki Murakami ] Reseña Nº 221

Baila, baila, baila (1988)

Análisis y opinión

Haruki Murakami
TusQuets
464 páginas

Reseña: Tokio Blues

Esta es la segunda novela que leí de Murakami. Luego del asombroso comienzo que tuve leyendo Tokio blues, aproveché ese empujón inicial y me lancé con la primera novela de él que encontré disponible en la biblioteca. Sin hacer averiguaciones ni indagaciones, me sumergí de lleno en esta danza de vida. Lamentablemente, luego de que había avanzado bastante en la historia, me enteré de que la entendería mucho mejor si con anterioridad hubiese leído La caza del carnero salvaje. Por lo tanto, abordaré la reseña de este libro, desde la perspectiva de una novela individual y no como parte del universo murakamiano. 

El protagonista, un hombre de treinta y cuatro años, con un matrimonio fracasado, abandonado por su mujer, vive solo y frecuenta mujeres de forma aleatoria, las cuales generalmente tienen pareja o están casadas. A él no le importa, de alguna forma no le interesa. Esas parejas ocasionales terminan notando esa falta de interés que emana de él, como si viviera en otro mundo; en la luna. Así se nos presenta inicialmente este redactor freelance que no tiene mayores necesidades, no tiene problemas económicos, no es que le sobre el dinero, pero con lo que ha trabajado le alcanza para vivir sin trabajar ciertos períodos de tiempos. 

Una vez que se le terminan los ahorros, no tiene problemas en volver a buscar nuevos trabajos, ya que por su eficiencia siempre lo contratan. Y así vive, en una especie de automatismo. Pero nada puede durar para siempre y los recuerdos de una mujer de su pasado lo envuelven. De alguna forma mira hacia atrás y se da cuenta del vacío de su existencia. Los recuerdos de aquella chica misteriosa, se relacionan directamente con la ciudad de Sapporo y un destartalado Hotel llamado Delfín, en el cual se alojó en el pasado. 

La soledad y la falta de objetivos con que vive, lo empiezan a sumir en una especie de sopor: siente que desaparece de este mundo. De una manera desesperada, intenta buscar una solución rastreando a aquella mujer que lo perturba: la misteriosa Kiki, con la cual pasó una noche en el Hotel Delfín. Nuevamente deja su trabajo y decide volver a Sapporo. Pero donde estaba el viejo hotel, hay uno completamente nuevo y moderno, mientras que el viejo hotel y su dueño han desaparecido. Lo único que se mantiene inalterable es el nombre del Hotel. Allí sufre una especie de reinicio, se encuentra con una especie de realidad paralela y un extraño ser de otro mundo que le da un consejo vital para que vuelva a encauzar su vida: Bailar sin parar. Dejar de pensar y dejarse llevar por la música que sólo él puede escuchar. 

"Allá vamos. No perderé el paso. Tengo que bailar y dejarlos a todos deslumbrados. Los pasos: ésa es la única realidad. Ya están establecidos. No hace falta pensar. Están grabados con fuego en mi mente. Baila. Baila lo mejor que puedas".

En el hotel conoce a un guapa recepcionista de la cual queda profundamente prendado, además, una pequeña niña de trece años se cruza en su vida de una manera muy emotiva y profunda. El protagonista decide entonces, hacer caso al misterioso ser que parece querer ayudarlo e intenta no pensar y actúa según su instinto, decide danzar, seguir los pasos de su interior y se encauza en un recorrido que parece no tener sentido, pero él le sigue el ritmo, sin perder los pasos, danza, baila sin detenerse, y mientras lo hace, va pasando por diversas experiencias: inicia una amistad con la niña de trece años, conoce profundamente a un famoso actor, se ve involucrado en la investigación de un asesinato y conoce a extraños personajes como al escritor Hiraku Makimura, un autor de Bestsellers, que parece ser un alter ego del propio Murakami. 

"He ido perdiendo cosas. Sigo perdiendo. Siempre acabo solo. Siempre es así".

Es una novela extensa que inicia con un profundo sentido de cuestionamiento existencial, que no aburre por la habilidad de Murakami de relatar, pero que no aguantaría toda la novela para mantener la tensión narrativa. Entonces, para oxigenar el argumento, aparece una interesante trama policial, en donde un asesinato que se relaciona con el protagonista cambia el ritmo melancólico y le da un respiro. Pero esa trama policial, suma y aporta interesantes elementos al hilo existencialista; elementos que terminan siendo vitales para la resolución del argumento principal. 


"El tiempo soluciona la mayor parte de las cosas. Lo que no pueda solucionar el tiempo, lo solucionarás tú".

Murakami tiene un estilo como escritor muy marcado, en donde hace demasiadas descripciones sobre comidas o lugares. Es algo muy propio de su escritura, ya que con ello marca la cotidianidad, el día a día de las personas, y así el tiempo que transcurre para el personaje, es el mismo que siente el lector. A veces eso puede resultar un poco pesado en algunos pasajes de esta novela, pero no es algo que desaliente la lectura. 

El surrealismo es otro rasgo de su estilo literario, juega mucho con la duplicidad de la realidad, con un mundo paralelo, no habla de múltiples dimensiones, sino de dos. Y es ahí, donde nos obliga a imaginar, a romper esquemas y por medio del hombre carnero, nos demuestra que no existimos solo en un plano de la realidad. 

Me gustó mucho este libro, tanto así que en estos momentos estoy leyendo La caza del carnero salvaje, porque quiero saber más del misterioso hombre carnero. Aprovecho de dejarles las frases que más me gustaron de este libro. 

Frases de Baila, Baila, Baila


¿Qué demonios sé yo de mí mismo? ¿Acaso el yo que percibo a través de mis sentidos es el yo real? ¿No será la imagen de mí mismo una versión desfigurada por pura conveniencia?


Todos vivíamos en un mundo imaginario donde respirábamos aire imaginario.


Todo empieza siempre con alguien contando algo de sí mismo.


Tengo la sensación de que respiras un aire completamente diferente del que yo respiro.


Me entristeció que se hubiera marchado, pero era una tristeza que había experimentado en otras ocasiones. Y también sabía que podía vencerla fácilmente.


Dentro de poco me encontraré en alguna parte con otra mujer. Nos atraeremos de forma natural, como dos astros errantes. Entonces volveremos a esperar en balde un milagro, perderemos el tiempo, desgastaremos nuestros corazones y nos despediremos. ¿Hasta cuándo iba a seguir así?


Una vez muerto ya no iba a perder nada más. Tal vez eso sea lo bueno de morirse.


A veces, cualquier tontería me toca las fibras más sensibles del corazón.


Vivimos en una sociedad altamente capitalista donde el derroche es la mayor de las virtudes.


Me gustaba. Me gustaba estar con ella. Cuando estábamos juntos siempre pasaba un rato ameno. Incluso me volvía afectuoso. Pero, a fin de cuentas, no la deseaba ni la necesitaba.


Lo que quiero decir es que el dolor se vuelve crónico. Engullido por la vida diaria, uno deja de saber cuáles son las heridas. Pero están ahí.


Como ya tengo treinta y cuatro años, no me enamoro con tanta facilidad. No tengo ganas de ser más infeliz todavía.


Suena terrible, pero es así. Ella no es como tú o como yo. Para ella la soledad es algo de lo que cualquiera puede librarla. Basta con que alguien lo haga y punto.


Cuando uno se enamora, no se guía por la razón. A veces uno no elige.


A veces me entran unas ganas enormes de oír tu voz.


Para bien o para mal, estaba demasiado acostumbrado a vivir solo.


Cuando estoy contigo, a veces vuelvo a sentir esa emoción. Entonces me parece oír el ruido de la lluvia, oler el aroma del viento hace mucho, mucho tiempo. Están otra vez aquí, como si los hubiera recuperado. Es maravilloso.


La mediocridad es como una mancha en una chaqueta blanca; una vez adherida, nadie puede quitarla.

Era natural que se alejara de mí y lo sabíamos desde un principio. Los dos lo sabíamos. Pero ambos esperábamos un pequeño milagro.

Si amas a alguien, el amor va cambiando. Se cuestiona, se agita, se desorienta, se hincha, desaparece, se niega, hiere.

Cuando uno llega a cierto agotamiento mental, lo mejor es meterse en una obra de Faulkner o de Philip K. Dick.

Ricardo Carrión
Administrador del blog