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viernes, 6 de septiembre de 2019

Reseña: MUJERES. Charles Bukowski

Reseña Nº 257: Mujeres (1978)

Opinión, fragmentos y citas


bukowski-novela


En esta novela Bukowski nos presenta a un Henry Chinaski que ha dejado la calle y los trabajos de medio tiempo, ha dejado de morirse de hambre y de vagabundear por el mundo de bar en bar, tiene más de cincuenta años y ha alcanzado cierto éxito como escritor, a tal punto que es reconocido por muchos en la calle. Su carrera va en ascenso, la gente comienza a leerlo cada vez más, su éxito está en transición. Con completa confianza en el futuro, sigue escribiendo y dando lecturas de sus poemas en universidades, de esta forma logra pagar la renta de una casa en bastante mal estado ubicada en un barrio bastante precario, pero es su primera residencia fija, y allí puede beber tranquilo. Ahora el dinero le alcanza para alimentarse bien y beber todo lo que quiera, todo se lo debe a su talento como escritor.

Ahora que ya no tiene que luchar por sobrevivir y que ha alcanzado una edad madura, Henry Chinaski se dedica por completo a sus vicios: el alcohol y las mujeres. Con más de cincuenta años podría esperarse que sus gustos fueran dirigidos a mujeres maduras, pero lo cierto es que las prefiere mucho más jóvenes que él, como es el caso de la primera relación de la que habla en el libro, la de Lydia, una chica treinta años menor que él con la que vive una especie de romance al estilo Chinaski, muy intenso. Lydia es la responsable de enseñarle a este hombre como realizar un buen sexo oral a una mujer. También le provoca más de un dolor de cabeza por su alocada personalidad, ya que viene de permanecer en un manicomio. Pero sobre todo, la diferencia de edad provoca muchos altercados entre los dos, mientras ella quiere salir a bailar y de fiesta, al viejo Chinaski le gusta beber en silencio encerrado en su casa.

Luego de Lydia, comienza un eterno desfile de mujeres en la vida del escritor, todas menores que él, y todas con personalidades muy extravagantes y demenciales, algunas con mucho dinero, otras sin nada. Es como si Chinaski atrajera intencionalmente a todo tipo de mujeres caóticas a su vida.


Había algo que no marchaba bien en mí: tenía una verdadera obsesión sexual. Me imaginaba en la cama con cada mujer que veía. Era una interesante manera de pasar el tiempo de espera en un aeropuerto. Mujeres: me gustaban los colores de su ropa, su manera de andar, la crueldad de algunos rostros, de vez en cuando la belleza casi pura de una cara, total y encantadamente femenina. Estaban por encima de nosotros, planeaban mejor y se organizaban mejor. Mientras los hombres veían el futbol o bebían cerveza o jugaban a los bolos, ellas, las mujeres, pensaban en nosotros, estudiando, decidiendo si aceptarnos, descartarnos, cambiarnos, matarnos, o simplemente abandonarnos. Al final no importaba, hicieran lo que hicieran, acabábamos locos y solos. (Págs. 283-284)

En general la novela cuenta todas las aventuras con mujeres que tuvo Henry Chinaski en aquella etapa de su vida, y digo etapa, porque en sus libros anteriores, como por ejemplo, Factótum o Cartero, a pesar de que se relacionó con muchas mujeres, su vida también consistía en trabajar, beber en bares, pelearse y amanecer durmiendo en los bancos de las plazas, de alguna forma, el sobrevivir, era más importante en sus anteriores etapas. Luchar contra el sistema y resistir. Es por lo anterior que, el Chinaski que se presenta en esta historia, es un poco diferente. Ya no tiene esas discusiones filosóficas internas sobre la vida y la sociedad, sobre la naturaleza humana, reflexiona más sobre sí mismo y sobre sus diversas relaciones, si se les puede llamar así, también piensa a menudo en el amor. De alguna forma, su nueva situación económica y el logro de que sus escritos empiecen a mantenerlo, lo hace evolucionar en un personaje enfocado en otros temas, su nueva situación lo marca, ahora el hipódromo, el boxeo y las mujeres acompañan al infaltable alcohol. Antes, la escritura de novelas y cuentos eran su especialidad, ahora son los versos los que marcan el compás de su máquina de escribir, versos que en su mayoría son dedicados a las mujeres que lo vuelven loco, versos que hablan de amor y sexo.


... no había sido algo falto de sentimiento, carne muerta acoplada con carne muerta. Detestaba las relaciones así, el tipo de relaciones sexuales de Los Ángeles, Hollywood, Bel Air, Malibú, Laguna Beach. Extraños al conocerse, extraños al despedirse. Un gimnasio de cuerpos innominados masturbándose mutuamente. La gente amoral suele considerarse más libre, pero a menudo carece de la capacidad de sentir o de amar. Así que se hacían promiscuos. Los muertos jodiendo con los muertos. No había juego ni humor en su práctica, era una cópula de cadáveres. La moral era restrictiva, pero estaba afianzada en la experiencia humana a través de los siglos. Algunas morales tendían a mantener a los hombres esclavizados en fábricas, en Iglesias, y fieles al estado. Otras morales tenían simplemente buen sentido. Era como un jardín lleno de frutas venenosas y frutas buenas. Tenías que saber cuál escoger y comer y cuál abandonar. (Pág. 293).

Como siempre, el libro resulta entretenido porque Bukowski sabe como escribir situaciones cotidianas de manera divertida. Pero en comparación a otros de sus libros lo encontré demasiado repetitivo, el esquema es el mismo, pasa de una mujer a otra, una y otra vez, se emborrachan, tienen sexo, pasean, se pelean y terminan, y vuelve a empezar el ciclo. Claro, con algunas variaciones, pero la esencia es la misma. Aburre un poco que siempre sea igual, se hace largo. Aunque al final, Chinaski rompa el círculo vicioso de una manera poco esperada, pero que se entiende como el paso a otra etapa, la que está representada en la novela Hollywood.


Frases que me gustaron de la novela:


Mira, vamos a plantearlo de esta manera: para mí, tú eres la número uno, y ni siquiera hay número dos.

Me sentía enfermo, inútil, triste. Estaba enamorado de ella.


No me gustaban los fines de semana. Todo el mundo salía a la calle. Multitudes en todas partes. El lunes era mi día favorito. Todo el mundo estaba de vuelta al trabajo y fuera de mi vista.


Los más grandes hombres son los más solitarios.


Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía quería conservarla para mí.


Me alegraba de no estar enamorado, de no ser feliz con el mundo. Me gustaba estar en desacuerdo con todo.


La gente solo abrazaba a ciegas lo que se le pusiese delante: comida natural, zen, surfing, ballet, hipnotismo, terapia de grupo... y de repente todo se evapora y se perdía. La gente tenía que encontrar cosas que hacer mientras esperaba la muerte.


Una vez que una mujer te da la espalda, olvídala. Te aman y de repente algo se da vuelta. Te pueden ver muriéndote en una cuneta, atropellado por un coche y pasarán a tu lado escupiéndote.


No hay manera de que yo pare de escribir, es una forma de locura.


La bondad podía encontrarse a veces en el centro del infierno.

Hay demasiada frialdad en el mundo. Si la gente simplemente hablase junta de las cosas ayudaría bastante.


La gente enamorada se ponía a menudo cortante, peligrosa. Perdían el sentido de la perspectiva. Perdían el sentido del humor.


Quizás tuviese miedo. Eso era, sentía miedo. Quería sentarme solo en una habitación con las persianas bajadas.



Les dejo un vídeo de mi canal de youtube. ¡No olviden suscribirse al canal y al blog!





Ricardo Carrión
Administrador del blog

martes, 20 de agosto de 2019

Reseña: HOLLYWOOD. Charles Bukowski

Reseña Nº 255: Hollywood de Charles Bukowski


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Hollywood es la quinta novela escrita por Charles Bukowski, publicada en 1989. La literatura de Bukowski se basa en su propia vida, sus anteriores novelas son una especie de autobiografía de la vida del escritor a través del personaje de Henry Chinaski, su álter ego. En general, su producción novelistica va contando su evolución en el mundo, como pasa de ser un joven rechazado por la sociedad a convertirse en un escritor famoso. Y es precisamente en Hollywood donde relata su llegada a la cima de su carrera, donde le piden que escriba un guión para una película que precisamente trataría sobre uno de los episodios de su vida. Henry Chinaski tendría su propia película. Esto sucede principalmente por la fama que tienen sus libros. Se venden tanto que seguramente la película también tendrá éxito.

"En cuanto a mí, mi mayor sueño en la vida era evitar el mayor número de gente posible. Cuanta menos genta veía, mejor me sentía".

En esta novela Bukowski se codea con mucha gente del cine, cosa que detesta, actores, directores, productores, abogados, escritores, poetas, en fin, es un desfile de gente famosa que se cruza en la vida de este borracho que ama escribir. Para no revelar sus nombres usa diferentes pseudónimos para cada uno. Aún así se logra dilucidar la identidad de algunos como la de Mickey Rourke, Faye Dunaway y Sean Penn.

"A menudo, con los humanos, ya sean buenos o malos, mis sentidos se cansan, simplemente desconectan, me doy por vencido. Soy educado. Asiento con la cabeza. Hago como si comprendiera porque no quiero que nadie se sienta herido. Este es mi punto débil, el que más problemas me ha causado. Muchas veces, cuando intento ser amable con los demás, lo que consigo es que mi alma se deshaga en una especie de pasta espiritual".

El Henry Chinaski de esta historia es una persona completamente diferente a la de sus anteriores libros. Ya tiene 65 años, tiene una relación seria con Linda, tiene cinco gatos, un lugar fijo donde vivir, un auto nuevo y una prometedora cuenta en el banco. Se puede dedicar a escribir tranquilo, ir al hipódromo y visitar el set de grabación de la película. Incluso le proponen formas de evadir impuestos, cosa que no gusta mucho al escritor, no quiere problemas.
 Ha dejado atrás las borracheras, las peleas callejeras, las visitas a emergencias, las noches de sueño en los bancos del parque, y los desagradables amaneceres entre tarros de basura sin la billetera en su bolsillo. En fin, es un nuevo Hank.

"Escribir un guión me parecía en el fondo algo muy estúpido. Pero hombres mejores que yo habían sido atrapados en tan ridícula acción".
Pero no puede existir película sin guión y eso es lo que molesta a Chinaski, siente que escribir un guión no es nada glorioso, lo encuentra ridículo y sin valor literario. A regañadientes y debido a una tentadora suma de dinero, además de cierta amistad que lo relaciona con el director y productor Jon Pitchon, el cual le pide encarecidamente que escriba la película, decide hacerlo. Finalmente lo termina y el resultado le parece satisfactorio. Una vez el guión está escrito se empieza a mover la maquinaria Hollywoodense y Jon Pitchon hará todo lo posible para conseguir financiamiento para la película que se llamará El baile de Jim Beam. Aunque en la realidad la película se tituló Barfly.

"¡Qué raros estos dioses! Ahora me estaban empujando a escribir un guión. Algo que no me apetecía. Claro que yo sabía que si lo escribía sería bueno. No impresionante, pero sí bueno. Soy un genio con las palabras".

El libro no sería lo mismo sin el personaje de Pitchon, el director y productor suizo cuyo nombre real es Barbet Schroeder. Él es el responsable de conectar el mundo de Chinaski con el de Hollywood, impulsa todo el tiempo el desarrollo de la película e invita a Chinaski a todas partes para que conozca personas, posibles inversores y actores. Vive prácticamente en la pobreza, pero sus innumerables conexiones con el mundo del espectáculo le permiten sacar adelante sus proyectos. Las escenas más divertidas del la historia corren por cuenta de este personaje.

"De repente me pareció algo estúpido que alguien quisiera saber lo que yo pensaba. La mejor parte de un escritor está sobre el papel. La otra parte es, normalmente, una idiotez".

El desarrollo de la historia inicia con la creación del guión, luego continua con un periodo en donde se intenta conseguir financiamiento y personas interesadas para participar en el desarrollo de la película, una vez conseguido el presupuesto y los actores se da inicio al rodaje, para finalmente exponer la película en el cine. Todo este desarrollo de la película es seguido de cerca por Chinaski, quien a través de sus ojos nos cuenta como es realmente el mundo de Hollywood detrás de cámara y cómo el dinero se vuelve el eje de toda la trama. A través de fiestas, reuniones y entrevistas, Chinaski critica a la sociedad desde su ya clásica postura frente al mundo. Devela de alguna manera, la pérfida naturaleza humana que se esconde detrás de los focos y las cámaras, la cual no dista mucho de la realidad que vivió en su juventud.

"Siempre estaba la máquina de escribir para salvarme, para hablarme, para entretenerme, para salvarme el culo. Esencialmente era por eso por lo que escribía: para salvarme el culo, para salvarme del manicomio, de las calles, de mí mismo".

A través de la película, el escritor da una mirada hacia el pasado, a los días en que era un joven bebedor. Su mirada es de nostalgia. Extraña su energía, sus romances, sus amigos y conocidos que ya han partido de este mundo. Luego vuelve a su realidad, a su fama, a sus gatos, concluyendo que la vida es mejor ahora, que un hombre realmente empieza a vivir a los 65 años.

"Aunque aquella época no había sido una época desdichada, había sido, en su mayor parte, una época de vacío y espera". 

"Me moría de hambre con tal de tener tiempo para escribir. Había estado loco y lo sabía y no me importaba".

En general, es un libro muy rápido de leer a pesar de sus más de 300 páginas. Como el desarrollo del argumento depende de los diversos encuentros con excéntricos personajes, gran parte de la historia está escrita en diálogos cortos, de esos que Bukowski sabe escribir, con ritmo, con una cadencia que no te aburre. La historia en sí es muy simple, pero la forma en que el autor plasma sus pensamientos y su característico humor en medio del rancio ambiente de Hollywood le da al libro un ángulo interesante y diferente que solo Bukowski, el genio de las palabras, podría darle a lo que debería ser un aburrido relato. Hay que saber escribir, saber encantar al lector, hacer que las palabras bailen, y solo quien ama escribir puede lograr aquello.

"Necesitaba escribir, era como una enfermedad, una droga, una fuente de compulsión, sin embargo no me gustaba verme a mí mismo como escritor". "Nunca se era un escritor. Uno tenía que convertirse en escritor cada vez que se sentaba a la máquina".

Ricardo Carrión
Administrador del blog