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lunes, 17 de febrero de 2020

FRASES: Narciso y Goldmundo de Hermann Hesse

Fragmentos y citas de Narciso y Goldmundo


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Hermann Hesse es mundialmente famoso por su novela Demian, y muchos lectores luego de terminar aquel libro sienten una especie de vacío y necesidad de otro libro que pueda cubrir dicha historia. Esto sucede porque Demian, es un libro que busca aclarar el confuso camino de la juventud y de la vida en general, es un libro de enseñanzas, de reflexión. Y es por eso que, justamente, en Narciso y Goldmundo pueden encontrar aquello, una fábula sobre la naturaleza de la vida y sus ciclos. Y no solo eso, esta novela está narrada de una forma muy parecida a lo que fue Siddhartha. En un lugar y tiempos muy lejanos, donde precisamente se puede reflexionar sobre la existencia humana y el eterno problema del absurdo de la vida. Si leíste Demian y quieres algo similar, Narciso y Goldmundo es la mejor opción.

Hice una recopilación de las mejores frases del libro. Se las dejo a continaución:

No son siempre los deseos los que determinan el destino y la misión de un hombre, sino otra cosa, algo predeterminado.

El conocimiento que he alcanzado a tener de los hombres me lleva a pensar que todos nosotros, especialmente en la mocedad, propendemos un tanto a confundir la providencia con nuestros deseos.

Mientras Narciso era sombrío y magro, Goldmundo aparecía radiante y lleno de vida.

Para nosotros, los hombres de ciencia, nada hay más importante que establecer distinciones; la ciencia es al arte de la diferenciación. Así, por ejemplo, conocer a un individuo es descubrir en él aquellas notas que lo distinguen de los demás.

Nada más que en una cosa te aventajo: yo estoy despierto mientras que tú lo estás tan solo a medias y,  a veces, duermes por completo. Llamo despierto a aquel que, con la razón y la conciencia, se conoce a sí mismo y conoce sus más íntimas fuerzas, impulsos y flaquezas irracionales, y sabe contar con ellas.

Las naturalezas de tu tipo, los que tienen sentidos fuertes y finos, los iluminados, los soñadores, poetas, amantes, son, casi siempre, superiores a nosotros, los hombres de cabeza. Vuestra raíz es maternal. Vivís de modo pleno, poseéis la fuerza del amor y de la intuición. Nosotros, los hombres de intelecto, aunque a menudo parecemos conducirnos y regirnos, no vivimos plenamente sino de modo seco y descarnado. Es vuestra la plenitud de la vida, el jugo de los frutos, el jardín del amor, la maravillosa región del arte. Vuestra patria es la tierra y la nuestra la idea. El peligro que os acecha es el de ahogaros en el mundo sensual; a nosotros nos amenaza el de asfixiarnos en un recinto sin aire. Tú eres artista y yo pensador. Tú duermes en el regazo de la madre y yo velo en el desierto. Para mí brilla el sol y para ti la luna y las estrellas; tú sueñas con muchachas y yo con mancebos.

Todas las soledades que siempre había sentido, todos los sueños, las dulces angustias, los misterios que en mí dormían, se despertaron, y todo apareció transformado, como hechizado, todo vino a cobrar un sentido. Me enseñó lo que era una mujer y el misterio que encerraba. En media hora me hizo varios años más viejo. 

¡Es tan hermoso pertenecer a una mujer, darse a ella! No te rías de mí aunque parezca un disparate lo que digo. Pero el amar a una mujer, entregarse a ella, meterla dentro de uno mismo y sentirse, a la vez, metido dentro de ella, ¿no es acaso lo mismo que tú llamas "estar enamorado"? Créeme no es cosa para burlarse. Para mí es el camino que conduce a la vida y al sentido de la vida. 

Era una suerte que el amor no precisase de palabras; de otro modo, estaría lleno de equivocaciones y disparates. 

La vida, evidentemente, llevaba en sí una especie de culpa.

Es curioso, se decía, lo que acontece con las mujeres y el amor: no necesitan, en realidad, de palabras.

Mas a pesar de lo que la joven acababa de decirle, descubrió amor en sus ojos, y el dolor de sus labios apretados también era amor. Creía más en sus ojos que en sus palabras.

Pero en el fondo de tus ojos no hay alegría, sino pura tristeza; como si tus ojos supieran que no existe la dicha y que todo lo bello y amado es efímero. Tienes los más hermosos ojos que puede haber, y también los más tristes. 

En un período apenas de dos años había conocido hasta el fondo el placer y los dolores de la vida errante: la soledad, la libertad, el espiar los rumores del bosque y los animales, el amor pasajero, infiel, la áspera, mortal miseria.

Pensaba que él y los demás hombres fluían y se transformaban incesantemente y terminaban disolviéndose, en tanto que sus imágenes, creadas por el artista permanecían siempre las mismas sin mutación alguna. 

Pensaba que tal vez la raíz de todo arte y quizá también de todo espíritu fuera el temor a la muerte. La tememos, nos horroriza la transitoriedad, vemos con tristeza como las flores se mustian y las hojas caen una y otra vez, y en el propio corazón sentimos la certidumbre de que también nosotros somos transitorios y de que no tardaremos en marchitarnos. Y si como artistas creamos imágenes o como pensadores buscamos leyes y formulamos pensamientos, únicamente lo hacemos para salvar algo de la gran danza de la muerte, para asentar algo que dure más que nosotros.

El misterio era lo que el sueño y la obra artística suprema tenían en común.

Un misterio es lo que yo amo, lo que persigo, lo que varias veces vi centellear y lo que, como artista, quisiera poder representar y expresar.

Toda vida se enriquece y florece con la división y oposición. ¿Qué sería la razón y la mesura sin la experiencia de la embriaguez, qué sería el placer de los sentidos si no estuviera tras ellos la muerte, y qué sería el amor sin la eterna enemistad de los sexos?

Pues también la tristeza se desvanecía, también se desvanecían los dolores y desesperaciones; al igual que las alegrías, pasaban, palidecían, perdían su hondura y su valor, y, al cabo, llegaba una época en que uno no podía ya recordar que era aquello qué un tiempo tanto lo había atormentado.

Mucho antes que una obra de arte se haga visible y cobre realidad, existe ya como imagen en el alma del artista. Esa imagen, ese modelo prístino es justamente lo que los filósofos llaman una "idea".

Por estar tan lleno el mundo de muerte y horror es por lo que busco constantemente consolar mi corazón y coger las bellas flores que crecen en medio de este infierno. Encuentro el placer y, por un instante, olvido el horror. Pero eso no quiere decir que no esté allí.

En aquel instante le pareció a Goldmundo que su vida hubiese adquirido, y como si la viera desde lo alto, distinguiendo claramente sus tres grandes etapas: la dependencia de Narciso y la disolución de ese vínculo, la épica de la libertad y la vida errante, y el retorno, la introversión y el comienzo de la madurez y la cosecha.

Porque cuando un hombre procura realizarse, utilizando las dotes que le concedió la naturaleza, lleva a cabo lo más elevado y lo único realmente lleno de sentido de cuanto puede hacer.

Estoy empezando a comprender lo que es el arte. Antes me parecía que, en comparación con el pensar y la ciencia, no había que tomarlo enteramente en serio. Mi punto de vista era, poco más o menos, el siguiente: puesto que el hombre es una mezcla incierta de materia y espíritu, puesto que el espíritu abre el conocimiento de lo eterno mientras que la materia tira de él hacia abajo y lo encadena a lo perecedero, debe esforzarse por huir de los sentidos hacia lo espiritual a fin de elevar su vida y darle sentido. Es verdad que yo pretendía por costumbre, tener en gran estima al arte, mas, en realidad me mostraba altivo y lo desdeñaba. Ahora veo con claridad, por vez primera, que hay muchos caminos para el conocimiento y que el espíritu no es el único y acaso no sea el mejor. Es mi camino, ciertamente, y en él me mantendré. Pero veo que tú, por el camino opuesto, por el de los sentidos, llegas a captar con igual hondura que los más de los pensadores el misterio del ser y a expresarlo de un modo más vivo.

Sin Madre no es posible amar. Sin Madre no es posible morir.

Ricardo Carrión
Administrador del blog

jueves, 17 de octubre de 2019

Reseña: Shakespeare nunca lo hizo. BUKOWSKI

Reseña Nº 259: Shakespeare nunca lo hizo


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Cuando Charles Bukowski ya tenía publicadas tres de sus novelas: Cartero, Factótum y Mujeres, además de algunos libros de relatos como La máquina de follar (1972), aún no era reconocido como un gran escritor en Norteamérica. Pero en Europa ya era un escritor de culto, sus libros se traducían en varios idiomas, entre los que destacaban el francés y el alemán, este último curiosamente su idioma natal, el cual olvidó con el tiempo. Por lo mismo, sus editores europeos decidieron que visitara algunas ciudades del viejo continente en una especie de gira promocional, para potenciar aún más la venta de sus libros y que sus innumerables fans lo conocieran. 

Fue así como en 1978, con 58 años de edad, Bukowski aterriza en Europa para realizar diversas actividades, acompañado de un grupo de amigos entre los que se encontraba su novia Linda Lee, el director de cine francés Barbet Schroeder, su traductor Carl Weissner y su fotógrafo Michael Montfort. Fue en París donde inició su periplo asistiendo a un programa cultural de la televisión francesa llamado Apostrophes, donde hizo de las suyas, diciendo todo lo que piensa sin tapujos, completamente ebrio.

Había tres o cuatro escritores y el moderador. También estaba el loquero que le había dado electroshoks a Artaud. Se suponía que el moderador era famoso en toda Francia, pero a mí no me pareció gran cosa. Me senté a su lado y él golpeó el suelo con el pie impacientemente.
-¿Qué pasa? -le pregunté-. ¿Estás nervioso?
No contestó. Llené un vaso de vino y se lo puse delante de la cara.
-Venga, tómate un trago de esto... Te sentará bien... 
Me apartó con cierto desdén.
Después estábamos en el aire. Me habían puesto un artilugio en la oreja a través del cual me traducían  el francés al inglés. Y yo debía ser traducido al francés. Yo era el invitado de honor, así que el moderador empezó por mí. Mi primera afirmación fue:
-Conozco a muchos escritores americanos importantes a los que les gustaría estar en este programa. Para mí no significa gran cosa...

Luego de aquello van de visita a ver a la madre y al tío de Linda Lee, pero Bukowski no es bien recibido debido a la mala impresión que generó en el tío de Linda al ver el programa de televisión. 
Luego de abandonar París visitaron Alemania donde le esperaban 800 personas para una lectura de su poesía, había convocado a 1200 personas, pero solo habían 800 localidades en el recinto. Era una multitud imponente.

Cuando me acercaba al escenario el público empezó a reconocerme.
-¡Bukowski! ¡Bukowski!
Empecé a creerme que era Bukowski. Tenía que hacerlo. Cuando tropecé con el escenario sentí que algo me corría por dentro. El miedo desapareció. Me senté, alcancé la nevera portátil y descorché una botella de buen vino blanco alemán. Encendí un bidi. Probé el vino, saqué mis poesías y libros fuera de la cartera. Al fin estaba tranquilo. Lo había hecho otras 80 veces antes. Estaba bien. Encontré el micro. 
-Hola -dije-, me alegro de haber vuelto a casa.
Ma había costado 54 años.
Un chico alemán, joven y delgado, corrió hasta el escenario y dijo:
-¡Bukowski, tú, gordo cabrón, hijo de puta, viejo indecente, te odio!
Aquello siempre me ayudaba a relajarme. Le quitaba la santidad a la poesía. En America había muchos como aquel joven alemán delgado.
Me tomé otro vaso de vino y le miré mientras seguía gritándome. Siempre he dicho que cuando consigues que te odien es que estás haciendo bien tu trabajo.

Mientras continuaba su visita realizó varias entrevistas, visitó diversos castillos y pasó muchas noches de alcohol y borracheras con sus amigos, sobre todo con la familia de Carl. Generalmente Bukowski no se encariña con la gente, pero la simpatía por Carl y Barbet era extraordinaria. También visitó Andernach, donde nació un 16 de agosto de 1920 a orillas del Rin. En esa ciudad vivía su tío Heinrich de 90 años de edad, al cual fue a visitar. Su tío le dio una gran bienvenida y lo llevó a visitar la casa donde nació. 

A Bukowski sus editores le pidieron que escribiera un libro sobre esta gira a Europa, él no escribió nada durante su viaje, pero luego cuando llegó a Los Ángeles se sentó a escribir todo lo que recordaba a modo de memorias. Es por ello, que este libro es una especie de diario de su viaje. Es él mismo quien nos cuenta fiel a su estilo todo lo que ve y sus reflexiones, sin utilizar a ninguno de sus personajes, es el mismo Bukowski describiendo su vida y los pensamientos que cruzaron su mente en aquellos momentos. El libro está lleno de frases que inmortalizan momentos de su estadía con sus amigos y de los constantes inconvenientes de vivir en un tierra desconocida, donde no podía disfrutar ni del hipódromo. 
En general es un libro muy ameno y breve, llenó de las fotografías de aquellos momentos más importantes del viaje, lo que ayuda mucho a vivir con él esa experiencia. Al final del libro, a modo de epílogo deja un conjunto de poesías sobre el viaje. 

Alguna frases y fragmentos favoritos:


La verdad es que la vida es insoportable, lo que pasa es que a la mayoría de la gente le han enseñado a fingir que no lo es. De vez en cuando había un suicidio o alguien ingresaba en un manicomio pero la mayor parte de la gente seguía adelante, fingiendo que normalmente todo era agradable.

Todo aquello que le interesaba a la mayoría de la gente a mí me deja completamente indiferente. Esto incluye una lista de cosas tales como: bailes de sociedad, subir a las montañas rusas, ir al zoológico, picnics, películas, planetarios, ver la tele, partidos de beisbol... No me interesan las playas, la natación, el esquí, las navidades, el año nuevo, el 4 de Julio...
¿Cómo puede una persona que no está interesada en casi nada escribir sobre algo? Bueno, yo lo hago.  Escribo y escribo sobre todo el resto: un perro perdido caminando calle abajo, una mujer que asesina a su marido, los pensamientos y sentimientos de un violador mientras le pega un bocado a la hamburguesa; la vida en la fábrica, la vida en las calles y las habitaciones de los pobres y los mutilados y los locos, mierda como ésta, escribo mucha mierda como ésta...

Me parecía que las fotos simplemente captaban el proceso de la muerte, lo mantenían inmóvil un momento, y sí, eso podía ser divertido.

Disfrutaba con todo lo que a mí me aburría y todo lo que a mí me divertía a ella le aburría. Éramos la pareja perfecta: lo que nos hacía seguir juntos era la tolerable e intolerable distancia entre nosotros. 


Ricardo Carrión
Administrador del blog

viernes, 20 de septiembre de 2019

Reseña: HIJO DE SATANÁS. Bukowski

Reseña Nº 258: Hijo de Satanás (1990)

Análisis, opinión, citas y fragmentos


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Hijo de Satanás es un compendio de relatos de Charles Bukowski que cuenta con aproximadamente 21 cuentos, los cuales abordan diversas temáticas. Algunas de un Henry Chinaski muy joven como en el relato que da nombre al libro Hijo de Satanás y otras como un Chinaski experimentado y famoso como en el relato Lo suficientemente loco con el que finaliza el libro. Lo cierto, es que cuando Chinaski es el protagonista los relatos siempre resultan divertidos y agradables de leer, incluso cuando Bukowski utiliza otros álter ego el resultado es similar. La esencia de sus escritos está en su eterno protagonismo. Pero en este libro, hay relatos más experimentales en donde muchas veces su protagonismo queda relegado o es inexistente. El grueso de la edición está compuesta por historias de apuestas en el hipódromo, de Jockeys, boxeadores, beisbolistas e incluso gángsters, las cuales me parecieron bastante aburridas y exentas de esa chispa tan particular que le da la presencia de Chinaski. Es que el carácter autobiográfico de la obra es el sello del autor. Sin embargo, le gusta escribir sobre historias que le cuenta la gente, incluso simples desconocidos. Y creo que en este volumen hecha mano de ellas, las recuerda e imagina nuevos detalles para hacerlas más entretenidas, pero sin un gran efecto. 

Sin embargo, sus reflexiones sobre la vida siguen siendo implacables. Algunos fragmentos y frases destacan y brillan por sí solos, incluso en sus cuentos más mediocres.

"Creen que si los escritores sufren serán mucho mejores. Eso es pura mierda. El sufrimiento es exactamente igual que cualquier otra cosa: si te dan demasiado, al cabo de un tiempo puedes hundirte. Es el intento de escapar del sufrimiento lo que crea grandes escritores: te sientes tan bien que haces que los lectores se sientan bien" (Pág 191).

Lo cierto es que su forma de vida desapegada, alcohólica, de casi un vagabundo y que retrata muy bien en sus textos, contrasta con su enorme sensibilidad existencial, pareciese que un hombre que vive así, dependiendo del trago, no sería poseedor de una mirada tan filosófica del mundo, de las situaciones cotidianas, del amor. Bukowski es capaz de transmitir en palabras eso que le oprime el alma y, además, al mismo tiempo reírse de ello. Esa mezcla entre reflexión y humor, esa especie de burla frente a la nada es lo que le da sustancia a sus textos llenos de cotidianidad. En este volumen hay muchos pasajes destacables en donde el autor desafía a la nada, al absurdo de la existencia, siempre desde la perspectiva de un escritor, aquel que escribe para llenar ese vacío. 

"Escribir te empuja a espacios aéreos, te convierte en un extraño, en un inadaptado. No es raro que Hemingway se volara los sesos por encima del jugo de naranja. No es raro que Hart Crane se tirase a la hélice, no es raro que Chatertton se tomara un matarratas. Los únicos que continuaban eran los que escribían best-sellers, y esos no estaban escribiendo, ésos ya estaban muertos. Y tal ves él estuviese muerto también: poseía una casa en propiedad con su sistema de seguridad, tenía una máquina de escribir IBM eléctrica, tenía un Porsche y un BMW en el garaje. Pero hasta ahora se había resistido a la piscina, al jacuzzi y a la pista de tenis. ¿Estaría quizá, solo medio muerto?" (Pág. 128).


El manifiesto odio hacia la rutina, hacia el sistema que domina a todos, incluso en sus vidas amorosas, convirtiendo al amor en un objeto más de una sociedad acelerada y que no se detiene, reciente a Bukowski y le provoca manifestar su rechazo, plasmando en palabras aquello que tanto nos cuesta admitir. Frente al paso del tiempo, el hombre se convierte en un navegante a la deriva en una sociedad capitalista que solo nos utiliza como un objeto para producir dinero. Y al ser objeto la soledad nos corroe. Es por ello que sus solitarios personajes sin rumbo no nos dejan indiferentes.

"Nada en la tele. Monty se sirvió Whisky. Había estado casado dos veces. En las dos ocasiones el comienzo había sido prometedor. Había habido risas y comprensión, y el sexo no había estado mal con ninguna de las dos mujeres. Pero gradualmente los matrimonios se convertían en empleos. Carecían de variedad. En seguida esos matrimonios se habían vuelto un concurso de quién podía agotar al otro. Se habían vuelto un juego de odio. Monty tuvo que abandonar las dos veces. Con los ligues había sido más o menos lo mismo. ¿Cuántas vidas había como la suya? ¿Cuánta gente que simplemente continuaba de modo insensato? (Pág. 104).

Los relatos o cuentos que componen esta edición son:

1.- Hijo de Satanás
2.- La vida de un vagabundo
3.- Un día
4.- La venganza de los malditos
5.- Acción
6.- El jockey
7.- Camus
8.- Fama
9.- Hacia arriba sin alas
10.- Mala noche
11.- Tráeme tu amor
12.- Los escritores
13.- Bloqueado
14.- No hay canciones de amor
15.- Strikeout
16.- .191
17.- Solo en la cumbre
18. Cómprame cacahuetes y caramelos
19.- El ganador
20.- No hay trato
21.- Lo suficientemente loco

Frases que me gustaron:

Estamos todos atrapados por las circunstancias y al intentar escapar solo conseguimos mutilarnos.

¿Cuánta mierda tiene que aguantar un hombre solo para sobrevivir?

 Yo iba muy poco al cine porque me bastaba a mí mismo para asesinar mi tiempo, no necesitaba ayuda extra.

Siempre se sentía mal cuando pensaba en cosas. Lo que había que hacer era no pensar, desconectar.

Los pensamientos profundos podían conducir a errores profundos.


Ricardo Carrión
Administrador del blog

viernes, 6 de septiembre de 2019

Reseña: MUJERES. Charles Bukowski

Reseña Nº 257: Mujeres (1978)

Opinión, fragmentos y citas


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En esta novela Bukowski nos presenta a un Henry Chinaski que ha dejado la calle y los trabajos de medio tiempo, ha dejado de morirse de hambre y de vagabundear por el mundo de bar en bar, tiene más de cincuenta años y ha alcanzado cierto éxito como escritor, a tal punto que es reconocido por muchos en la calle. Su carrera va en ascenso, la gente comienza a leerlo cada vez más, su éxito está en transición. Con completa confianza en el futuro, sigue escribiendo y dando lecturas de sus poemas en universidades, de esta forma logra pagar la renta de una casa en bastante mal estado ubicada en un barrio bastante precario, pero es su primera residencia fija, y allí puede beber tranquilo. Ahora el dinero le alcanza para alimentarse bien y beber todo lo que quiera, todo se lo debe a su talento como escritor.

Ahora que ya no tiene que luchar por sobrevivir y que ha alcanzado una edad madura, Henry Chinaski se dedica por completo a sus vicios: el alcohol y las mujeres. Con más de cincuenta años podría esperarse que sus gustos fueran dirigidos a mujeres maduras, pero lo cierto es que las prefiere mucho más jóvenes que él, como es el caso de la primera relación de la que habla en el libro, la de Lydia, una chica treinta años menor que él con la que vive una especie de romance al estilo Chinaski, muy intenso. Lydia es la responsable de enseñarle a este hombre como realizar un buen sexo oral a una mujer. También le provoca más de un dolor de cabeza por su alocada personalidad, ya que viene de permanecer en un manicomio. Pero sobre todo, la diferencia de edad provoca muchos altercados entre los dos, mientras ella quiere salir a bailar y de fiesta, al viejo Chinaski le gusta beber en silencio encerrado en su casa.

Luego de Lydia, comienza un eterno desfile de mujeres en la vida del escritor, todas menores que él, y todas con personalidades muy extravagantes y demenciales, algunas con mucho dinero, otras sin nada. Es como si Chinaski atrajera intencionalmente a todo tipo de mujeres caóticas a su vida.


Había algo que no marchaba bien en mí: tenía una verdadera obsesión sexual. Me imaginaba en la cama con cada mujer que veía. Era una interesante manera de pasar el tiempo de espera en un aeropuerto. Mujeres: me gustaban los colores de su ropa, su manera de andar, la crueldad de algunos rostros, de vez en cuando la belleza casi pura de una cara, total y encantadamente femenina. Estaban por encima de nosotros, planeaban mejor y se organizaban mejor. Mientras los hombres veían el futbol o bebían cerveza o jugaban a los bolos, ellas, las mujeres, pensaban en nosotros, estudiando, decidiendo si aceptarnos, descartarnos, cambiarnos, matarnos, o simplemente abandonarnos. Al final no importaba, hicieran lo que hicieran, acabábamos locos y solos. (Págs. 283-284)

En general la novela cuenta todas las aventuras con mujeres que tuvo Henry Chinaski en aquella etapa de su vida, y digo etapa, porque en sus libros anteriores, como por ejemplo, Factótum o Cartero, a pesar de que se relacionó con muchas mujeres, su vida también consistía en trabajar, beber en bares, pelearse y amanecer durmiendo en los bancos de las plazas, de alguna forma, el sobrevivir, era más importante en sus anteriores etapas. Luchar contra el sistema y resistir. Es por lo anterior que, el Chinaski que se presenta en esta historia, es un poco diferente. Ya no tiene esas discusiones filosóficas internas sobre la vida y la sociedad, sobre la naturaleza humana, reflexiona más sobre sí mismo y sobre sus diversas relaciones, si se les puede llamar así, también piensa a menudo en el amor. De alguna forma, su nueva situación económica y el logro de que sus escritos empiecen a mantenerlo, lo hace evolucionar en un personaje enfocado en otros temas, su nueva situación lo marca, ahora el hipódromo, el boxeo y las mujeres acompañan al infaltable alcohol. Antes, la escritura de novelas y cuentos eran su especialidad, ahora son los versos los que marcan el compás de su máquina de escribir, versos que en su mayoría son dedicados a las mujeres que lo vuelven loco, versos que hablan de amor y sexo.


... no había sido algo falto de sentimiento, carne muerta acoplada con carne muerta. Detestaba las relaciones así, el tipo de relaciones sexuales de Los Ángeles, Hollywood, Bel Air, Malibú, Laguna Beach. Extraños al conocerse, extraños al despedirse. Un gimnasio de cuerpos innominados masturbándose mutuamente. La gente amoral suele considerarse más libre, pero a menudo carece de la capacidad de sentir o de amar. Así que se hacían promiscuos. Los muertos jodiendo con los muertos. No había juego ni humor en su práctica, era una cópula de cadáveres. La moral era restrictiva, pero estaba afianzada en la experiencia humana a través de los siglos. Algunas morales tendían a mantener a los hombres esclavizados en fábricas, en Iglesias, y fieles al estado. Otras morales tenían simplemente buen sentido. Era como un jardín lleno de frutas venenosas y frutas buenas. Tenías que saber cuál escoger y comer y cuál abandonar. (Pág. 293).

Como siempre, el libro resulta entretenido porque Bukowski sabe como escribir situaciones cotidianas de manera divertida. Pero en comparación a otros de sus libros lo encontré demasiado repetitivo, el esquema es el mismo, pasa de una mujer a otra, una y otra vez, se emborrachan, tienen sexo, pasean, se pelean y terminan, y vuelve a empezar el ciclo. Claro, con algunas variaciones, pero la esencia es la misma. Aburre un poco que siempre sea igual, se hace largo. Aunque al final, Chinaski rompa el círculo vicioso de una manera poco esperada, pero que se entiende como el paso a otra etapa, la que está representada en la novela Hollywood.


Frases que me gustaron de la novela:


Mira, vamos a plantearlo de esta manera: para mí, tú eres la número uno, y ni siquiera hay número dos.

Me sentía enfermo, inútil, triste. Estaba enamorado de ella.


No me gustaban los fines de semana. Todo el mundo salía a la calle. Multitudes en todas partes. El lunes era mi día favorito. Todo el mundo estaba de vuelta al trabajo y fuera de mi vista.


Los más grandes hombres son los más solitarios.


Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía quería conservarla para mí.


Me alegraba de no estar enamorado, de no ser feliz con el mundo. Me gustaba estar en desacuerdo con todo.


La gente solo abrazaba a ciegas lo que se le pusiese delante: comida natural, zen, surfing, ballet, hipnotismo, terapia de grupo... y de repente todo se evapora y se perdía. La gente tenía que encontrar cosas que hacer mientras esperaba la muerte.


Una vez que una mujer te da la espalda, olvídala. Te aman y de repente algo se da vuelta. Te pueden ver muriéndote en una cuneta, atropellado por un coche y pasarán a tu lado escupiéndote.


No hay manera de que yo pare de escribir, es una forma de locura.


La bondad podía encontrarse a veces en el centro del infierno.

Hay demasiada frialdad en el mundo. Si la gente simplemente hablase junta de las cosas ayudaría bastante.


La gente enamorada se ponía a menudo cortante, peligrosa. Perdían el sentido de la perspectiva. Perdían el sentido del humor.


Quizás tuviese miedo. Eso era, sentía miedo. Quería sentarme solo en una habitación con las persianas bajadas.



Les dejo un vídeo de mi canal de youtube. ¡No olviden suscribirse al canal y al blog!





Ricardo Carrión
Administrador del blog

viernes, 11 de enero de 2019

Frases: Los años de peregrinación del chico sin color. Haruki Murakami

Las mejores citas, frases y fragmentos de la novela de Murakami


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Hoy toca una de esas entradas que me encantan en donde les comparto todas las citas que anoté de un libro que me encantó. Los años de color del chico sin color. En esta ocasión reuní muchas así que espero las disfruten.


Por lo general, ella era parca en palabras, pero cuando la conversación versaba sobre perros o gatos, su rostro se transformaba por completo y hablaba con arrobo


Se asemejaban a una venturosa fusión química que se hubiera producido por pura casualidad.


En aquella época nunca soñaba. Y si lo hacía, los sueños, no bien asomaban, resbalaban por la pendiente escurridiza de su mente, sin nada a lo que sujetarse, hasta una zona completamente vacía.


Se movía en función del horario que tuviera que cumplir. No hablaba con nadie salvo que fuera necesario y, una vez de vuelta en su apartamento, apoyado contra la pared de su dormitorio, reflexionaba sobre la muerte.


Durante meses vivió como un sonámbulo, como un cadáver que todavía no se ha percatado de que está muerto. Cuando el sol se levantaba, abría los ojos, se cepillaba los dientes, se vestía con lo primero que encontraba.


¿Cómo era posible que ese anhelo por morir hubiese adquirido tanta fuerza como para adueñarse de él y engullirlo?


Más bien era un chico taciturno, reservado, que enseguida se sonrojaba y se sentía incómodo delante de las personas que acababa de conocer.


Tratar de averiguar su propia valía se asemejaba a calibrar una sustancia sin disponer de una unidad de medida.


Se trataba del vínculo entre dos personas. Para recibir hay que ofrecer.


Existir y seguir existiendo era en sí un propósito.


Para nosotros era muy importante conservar esa química que se creaba cuando estábamos juntos. Era como intentar evitar que el viento apagase una cerilla encendida
-¿Química has dicho?
-Sí, esa fuerza que surgió por pura casualidad en unas circunstancias que jamás se repetirán.


Los objetivos concretos simplifican la vida.


No era de esas personas que salen por voluntad propia de su mundo en busca de nuevos estímulos.


Pasaba la mayor parte del tiempo solo. Gracias a ello, empezó a leer mucho más que antes.


Sabía que estaba solo, pero no me deprimía, Es más, me parecía que era lo natural.


Aunque logres ocultar los recuerdos o enterrarlos muy hondo, no puedes borrar la historia. Más vale que te quedé grabado: La historia no puede borrarse ni alterarse. Porque significaría matarte a ti mismo.


Durante los cinco meses posteriores a su regreso a Tokio, Tsukuru vivió a las puertas de la muerte. Su vida pendía de un hilo, y le parecía que, con sólo darse la vuelta en la cama, caería en un abismo, en un vacío. Pero no tenía miedo. Tan sólo pensaba cuán simple sería caer. Hasta donde alcanzaba su vista, todo se le antojaba un páramo rocoso. Ni una sola gota de agua, ni la más pequeña brizna de hierba. Había desaparecido todo color, cualquier cosa semejante a
la luz.

En ese momento, por fin lo acepó. En lo más profundo de sí mismo, Tsukuro Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía.

Y es que hay cosas que bajo ningún concepto pueden salir de uno mismo.


Los celos son la prisión más desesperanzadora del mundo. Porque es una prisión en la que el preso se confina a sí mismo.


Aunque, en el fondo, reflexionar de forma pura quizás sea como crear un vacío.


Supongo que en este mundo también hacen falta personas que creen vacío.


Es el dolor lo que genera la introspección.


Ninguno de los dos era demasiado sociable, pero se veían a menudo, charlaban, se cayeron bien y acabaron abriéndose el uno al otro.


Emanaba esa belleza armoniosa que uno sólo descubre después de observarla repetidas veces.


Era sumamente tímido y, cuando coincidían en algún lugar con más de tres personas, prefería que lo tratasen como si no existiese.


Era como si todos aquellos hermosos instantes se hubieran revelado contra la opresión del tiempo y hubiesen remontado el cause con firmeza.


Pero pensar libremente no me parece nada sencillo.
A fin de cuentas, pensar libremente significa también distanciarse del cuerpo, salir de esa jaula que te limita. Romper las cadenas y simplemente darle alas a la mente. Proporcionarle a las ideas una vida natural:ahí es donde radica el núcleo de la libertad del pensamiento.


Todo tiene su molde. El pensamiento también. Pero así como no hay que temer a los moldes tampoco hay que tener miedo de romperlos.


Las cosas importantes en esta vida siempre contienen cierta dualidad.


Sea como fuere, cuando estaban juntos perdían la noción del tiempo, charlaban animadamente e intercambiaban opiniones sobre temas de toda índole.


No merece la pena pensar en algo que, por mucho que uno se esfuerce, nunca conseguirá saber.


Utiliza el hilo de la lógica para coser a tu cuerpo, lo mejor que puedas, aquello que merece la pena vivir.


Una vez más, constató hasta qué punto, en el fondo de su corazón, aquella mujer se había vuelto imprescindible para él. Cuando pasaba un tiempo sin verla, tenía la impresión de que le faltaba algo, algo muy importante, y sentía una ligera punzada en el pecho. Hacía una eternidad que no experimentaba algo así.


Tal vez tenía miedo de que, si acabase amando o necesitando en serio a alguien, al final esa persona podría desaparecer y dejarme solo.


Aún no discernía con claridad las fronteras entre el sueño o la fantasía y la realidad.


Vivimos en una época de apatía generalizada. Tenemos al alcance muchísima información sobre los demás. Si uno se lo propone, puede obtenerla con facilidad. Sin embargo, realmente no sabemos nada de nadie.


¿No te parece una gran paradoja? A lo largo de nuestra vida vamos descubriendo poco a poco nuestro verdadero yo; y, a medida que lo descubrimos, perdemos parte de nosotros mismos.


En la vida siempre hay cosas demasiado complicadas para explicarlas en cualquier idioma.


Y cuando se fuerzan las explicaciones a menudo se acaba mintiendo.


El corazón humano es un pájaro nocturno. Espera algo en silencio y, cuando llega el momento, alza el vuelo y se dirige en línea recta hacia ello.


Y si lo piensas, verás que, aunque creamos que tomamos desiciones equivocadas, o que adoptamos una actitud errónea, seguramente todo habría acabado como acabó. Habríamos llegado al mismo punto en que estamos.


Todo el mundo tiene personalidad. Solo que unas personas la manifiestan más que otras.


Hemos sobrevivido. Tú y yo. Y los que sobreviven tienen un deber que cumplir, que es seguir viviendo hasta el final. Aunque muchas de las cosas que hagamos sean imperfectas.


Por muy sincero que uno sea, hay cosas que uno debe guardarse para sí.


Al pensar en ello, la tristeza surgió de alguna parte y lo inundó sin ruido, como si fuera agua. Era una tristeza transparente, sin forma concreta. Era su propia tristeza y, al mismo tiempo una tristeza inalcanzable, en un lugar distante. Lo ahogaba y le dolía como si le horadase el pecho.

Ricardo Carrión
Administrador del blog

viernes, 7 de diciembre de 2018

La náusea de Sartre: FRASES, citas, quotes [ Existencialismo ]

Frases y fragmentos: La náusea de Sartre


Recopilación de textos de la primera novela filosófica de Jean Paul Sartre

novela-francesa
Durante principios de este año leí La náusea de Jean Paul Sartre y mientras lo hacía me dediqué a escribir minuciosamente todas las frases y fragmentos que me maravillaron. Anoté también la página de la que extraí cada cita, por lo que si alguno tiene la edición que aparece en la fotografía puede ir a la página y encontrar el texto, lo cual puede ser muy útil si están haciendo una revisión bibliográfica de la novela. Creo que es una de las recopilaciones más extensas que he hecho en este blog y es debido a que La náusea fue un libro que me impactó tremendamente.

Las frases y fragmentos existencialistas más destacados del libro:


En la pared hay un agujero blanco, el espejo. Es una trampa. Sé que voy a dejarme atrapar. Ya está. La cosa gris acaba de aparecer en el espejo. Me acerco y la miro; ya no puedo irme. Es el reflejo de mi rostro. A menudo en estos días perdidos, me quedo contemplándolo. No comprendo nada en este rostro. Los de los otros tienen un sentido. El mío, no. Ni siquiera puedo decidir si es lindo o feo. Pienso que es feo, porque me lo han dicho. Pero no me sorprende. En el fondo, a mí mismo me choca que puedan atribuirle cualidades de ese tipo, como si llamaran lindo o feo a un montón de tierra o a un bloque de piedra. Pág. 36.

Era una especie de repugnancia dulzona. ¡Qué desagradable era! Y procedía del guijarro, estoy seguro; pasaba del guijarro a mis manos. Sí, es eso, es eso; una especie de náusea en las manos. Pág. 28.

Entonces me dio la Náusea: me dejé caer en el asiento, ni siquiera sabía dónde estaba; veía girar lentamente los colores a mi alrededor; tenía ganas de vomitar. Y desde entonces la Náusea no me ha abandonado, me posee. Pág. 40.


La Náusea no está en mí; la siento allí, en la pared, en los tirantes, en todas partes a mi alrededor. Pág. 41.

Pero el tiempo es demasiado ancho, no se deja llenar. Todo lo que uno sumerge en él se ablanda y estira. Pág. 43.

Así es el tiempo, el tiempo desnudo; viene lentamente a la existencia, se hace esperar y cuando llega uno siente asco porque cae en al cuenta de que hacía mucho que estaba ahí. Pág. 58-59.

Sueño basándome en palabras, eso es todo. Pág. 61

Ciertos conocimientos abreviados permanecen en mi memoria. Pero ya no veo nada; es inútil que hurgue en el pasado, sólo saco restos de imágenes y no sé muy bien lo que representan, ni si son recuerdos o ficciones. Pág. 60 - 61.

Algo comienza para terminar: la aventura no admite añadidos; sólo cobra sentido con su muerte. Hacia esta muerte, que acaso sea también la mía, me veo arrastrado irremisiblemente. Cada instante aparece para traer los siguientes. Me aferro a cada instante con toda el alma; sé que es único, irreemplazable y; sin embargo, no movería un dedo para impedir su aniquilación. El último minuto que paso en brazos de una mujer conocida la antevíspera —minuto que amo apasionadamente, mujer que estoy a punto de amar— terminará, lo sé. Me inclino sobre cada segundo, trato de agotarlo; no dejo nada sin captar, sin fijar para siempre en mí, nada, ni la ternura fugitiva de esos hermosos ojos y; sin embargo, el minuto transcurre y no lo retengo; me gusta que pase. Y entonces de pronto algo se rompe. La aventura ha terminado, el tiempo recobra su blandura cotidiana. Ahora el fin y el comienzo son una sola cosa. Aceptaría revivirlo todo, en las mismas circunstancias. Pero una aventura no se empieza de nuevo ni se prolonga. Pág. 68-69.

…para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado de sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que le sucede, y trata de vivir su vida como si la contara. Pero hay que escoger: o vivir o contar. Cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos. Pág. 70.

Esto es vivir. Pero al contar la vida, todo cambia; sólo que es un cambio que nadie nota; la prueba es que se habla de historias verdaderas. Como si pudiera haber historias verdaderas; los acontecimientos se producen en un sentido, y nosotros los contamos en sentido inverso. Pág. 71.

Por el momento querían vivir con el mínimo de gasto, economizar gestos, palabras, pensamientos, hacer la plancha: tenían un solo día para borrar las arrugas, las patas de gallo, los pliegues amargos que deja el trabajo de la semana. Un solo día. Sentían que los minutos se les deslizaban entre los dedos; ¿tendrían tiempo de acumular bastante juventud para empezar de nuevo el lunes por la mañana? Pág. 90-91.

Pero para mí no hay ni lunes ni domingo; hay días que se empujan en desorden, y de pronto, relámpagos como éste. Pág. 93.

Hoy ya no espero nada vuelvo a mi casa al final de un domingo vacío: la cosa está allá.
Echo a andar. El viento me trae el grito de una sirena. Estoy completamente solo pero camino como un ejército que irrumpiera en una ciudad. Pág. 94.

Quizá no haya nada en el mundo que me importe tanto como este sentimiento de aventura. Pero viene cuando quiere; se va rápidamente, ¡Y me deja tan agotado! ¿Me hará estas breves visitas irónicas para demostrarme que he echado a perder mi vida? Pág. 96.

No necesito hacer frases. Escribo para poner en claro ciertas circunstancias. Desconfiar de la literatura. Hay que escribirlo todo al correr de la pluma, sin buscar las palabras. Pág. 96.

De pronto uno siente que el tiempo transcurre, que cada instante conduce a otro, éste a otro y así sucesivamente; que cada instante se aniquila, que no vale la pena intentar retenerlo, etc., etc. Y entonces atribuimos esta propiedad a los acontecimientos que se presentan en los instantes; lo que pertenece a la forma lo referimos al contenido. En suma, se habla mucho del famoso transcurso del tiempo, pero nadie lo ve. Vemos una mujer, pensamos que será vieja, pero no la vemos envejecer. Ahora bien, por momentos nos parece que la vemos envejecer y que nos sentimos envejecer con ella: es el sentimiento de aventura. Pág. 97.

El pasado es un lujo de propietario. Pág. 110

Nadie se mete el pasado en el bolsillo. Hay que tener una casa para acomodarlo. Mi cuerpo es lo único que poseo; un hombre solo, con su cuerpo, no puede detener los recuerdos; le pasan a través. No debería quejarme; sólo quise ser libre. Pág. 110

Supongo que es por pereza que el mundo se asemeja de un día a otro. Parecía como si hoy quisiera cambiar. Y entonces, todo todo podía suceder. Pág. 128.

Yo no tenía derecho a existir. Había aparecido por casualidad. Existía como una piedra, como una planta, como un microbio. Mi vida crecía a la buena de Dios y en todas direcciones. A veces me enviaba vagas señales; otras veces solo sentía un zumbido sin consecuencias. Pág. 139.

Mi existencia comenzaba a asombrarme. ¿No sería yo simplemente una apariencia? Pág. 142.

M. de Rollebon era mi socio: él me necesitaba para ser, y yo lo necesitaba para no sentir mi ser. Yo proporcionaba la materia bruta, esa materia bruta que tenía para la reventa, con la cual no sabía qué hacer: la existencia, mi existencia. Su parte era representar. Permanecía frente a mí y se había apoderado de mi vida para representarme la suya, Yo ya no me daba cuenta de que existía, ya no existía en mí sino en él; por él comía, por él respiraba, cada uno de mis movimientos tenía sentido fuera, allí, justo frente a mí en él; ya no veía mi mano trazando las letras en el papel, ni siquiera la frase que había escrito; detrás, más allá del papel, veía al marqués que había reclamado este gesto, cuya existencia consolidaba este gesto. Yo era sólo un medio de hacerlo vivir, él era mi razón de ser, me había librado de mí. ¿Qué haré ahora? Pág. 160.

La cosa, que aguardaba, me ha dado la voz de alarma, me ha caído encima, se escurre en mí, estoy lleno de ella. La Cosa no es nada: la Cosa soy yo. La existencia liberada, desembarazada, refluye sobre mí. Existo. Pág. 160.

Existo. Es algo tan dulce, tan dulce, tan lento. Y leve; como si se mantuviera solo en el aire. Se mueve. Por todas partes, roces que caen y se desvanecen. Muy suave, muy suave. Tengo la boca llena de agua espumosa. La trago, se desliza por mi garganta, me acaricia y renace en mi boca. Hay permanentemente en mi boca un charquito de agua blancuzca que me roza la lengua. Y este charco también soy yo. Y la lengua. Y la garganta soy yo. Pág. 160-161.

Me levanto sobresaltado; si por lo menos pudiera dejar de pensar, ya sería mejor. Los pensamientos son lo más insulso que hay. Más insulso aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan un gusto raro. Y además, dentro de los pensamientos están las palabras, las palabras inconclusas, las frases esbozadas que retornan sin interrupción. Pág. 162.

Yo no tengo tribulaciones, dispongo de dinero como un rentista, no tengo jefe, ni mujer, ni hijos; existo, eso es todo. Pág. 172.

Cada uno tiene su pequeño empecinamiento personal que le impide darse cuenta de que existe; no hay una que no se crea indispensable para alguien o para algo. 180

Existo –el mundo existe–y sé que el mundo existe. Eso es todo. Pero me da lo mismo. Es extraño que todo me dé lo mismo: me espanta. Pág. 197.

No necesito volverme para saber que me miran a través de los vidrios; miran mi espalda con sorpresa y disgusto; creían que era como ellos, que era un hombre y los he engañado. De pronto perdí mi apariencia de hombre, y vieron un cangrejo que escapaba a reculones de esa sala tan humana. Pág. 198.

La Náusea no me ha abandonado y no creo que me abandone tan pronto; pero ya no la padezco, ya no es una enfermedad ni un acceso pasajero: soy yo. Pág. 203

Jamás había presentido, antes de estos últimos días, lo que quería decir “existir”. Era como los demás, como los que se pasean a la orilla del mar con sus trajes de primavera. Decía como ellos: “el mar es verde”, “aquel punto blanco, allá arriba, es una gaviota”, pero no sentía que aquello existía, que la gaviota era una “gaviota-existente”; de ordinario la existencia se oculta. Está ahí, alrededor de nosotros, en nosotros, ella es nosotros, no es posible decir dos palabras sin hablar de ella y, finalmente, queda intocada. Hay que convencerse de que, cuando creía pensar en ella, no pensaba en nada, tenía la cabeza vacía o más exactamente una palabra en la cabeza, la palabra “ser”. O pensaba… ¿cómo decirlo? Pensaba la pertenencia, me decía que el mar pertenecía a la clase de los objetos verdes o que el verde formaba parte de las cualidades del mar. Aun mirando las cosas, estaba a cien leguas de pensar que existían: se me presentaban como un decorado. Págs. 203-204.

Y de golpe estaba allí, clara como el día: la existencia se descubrió de improviso. Había perdido su apariencia inofensiva de categoría abstracta; era la materia misma de las cosas, aquella raíz estaba amasada en existencia. O más bien la raíz, las verjas del jardín, el césped ralo, todo se había desvanecido; la diversidad de las cosas, su individualidad sólo eran una apariencia, un barniz. Ese barniz se había fundido, quedaban masas monstruosas y blandas, en desorden, desnudas, con una desnudez espantosa y obscena. Pág. 204.

Éramos un montón de existencias incómodas, embarazadas por nosotros mismos; no teníamos la menor razón de estar allí, ni unos ni otros: cada uno de los existentes, confuso, vagamente inquieto, se sentía de más con respecto a los otros. Pág. 205.

Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Creo que hay quienes han comprendido esto. Solo que han intentado superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de sí. Pero ningún ser necesario puede explicar la existencia; la contingencia no es una máscara, una apariencia que puede disiparse; es lo absoluto, en consecuencia, la gratuidad perfecta. Todo es gratuito: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Pág. 210.

Todo estaba pleno, todo en acto, no había tiempo débil; todo, hasta el sobresalto más imperceptible, estaba hecho de existencia. Y todos esos existentes que se afanaban alrededor del árbol no venían de ninguna parte ni iban a ninguna parte. De golpe existían y después, de golpe, no existían: la existencia no tiene memoria; no conserva nada de los desaparecidos, ni siquiera un recuerdo. Existencia en todas partes, al infinito, de más siempre y en todas partes; existencia, siempre limitada sólo por la existencia. Me dejé estar en el banco, aturdido, abrumado por esa profusión de seres sin origen; en todas partes eclosiones, florecimientos; me zumbaban de existencia los oídos, mi misma carne palpitaba y se entreabría, se abandonaba a la brotadura universal; era repugnante. “¿Pero por qué, pensaba yo, por qué tantas existencias, si todas se parecen?” 213.

Imposible ver las cosas de esta manera. Blanduras, debilidades, sí. Los árboles flotaban, ¿ímpetu hacia el cielo? Más bien un derrumbe; a cada instante esperaba ver arrugarse los troncos como juncos cansados, encogerse y caer al suelo en un montón negro y blando con pliegues. No tenían ganas de existir, pero no podían evitarlo; eso es todo. Entonces hacían todos sus pequeñas cocinas, despacito, sin entusiasmo; la savia subía lentamente en los vasos, a contra gusto, y las raíces se hundían lentamente en la tierra. Pero a cada instante parecían a punto de plantarlo todo allí y de aniquilarse. Cansados y viejos, continuaban existiendo de mala gana, simplemente porque eran demasiado débiles para morir, porque la muerte sólo podía venirles del exterior. Pág. 214.

Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad. Me dejé ir hacia atrás y cerré los párpados. Pero las imágenes, en seguida vigilantes, saltaron y vinieron a colmar de existencias mis ojos cerrados: la existencia es un lleno que el hombre no puede abandonar. Pág. 214.

Parecía como si las cosas fueran pensamientos que se detenían en el camino, que se olvidaban, que olvidaban lo que habían querido pensar, y permanecían así, saltando, con un sentido pequeño y ridículo. Pág. 216.

Soy libre: no me queda ninguna razón para vivir, todas las que probé se han soltado y ya no puedo imaginar otras... Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte. Pág. 248.

Son apacibles, un poco taciturnos, piensan en Mañana, es decir, simplemente en un nuevo hoy; las ciudades no disponen más que de una sola jornada que se repite, muy parecida, todas las mañanas. Apenas la adornan un poco los domingos. Imbéciles. Me repugna pensar que volveré a ver sus caras gruesas y tranquilas. Legislan, escriben novelas populistas, se casan, cometen la extrema estupidez de tener hijos. Entretanto, la gran naturaleza vaga se ha deslizado en la ciudad, se ha infiltrado en todas partes. Pág. 251.


La verdad es que no puedo soltar la pluma: creo que voy a tener la náusea y mi impresión es que la retardo escribiendo. Entonces escribo lo que me pasa por la cabeza. Pág. 274.


Reseña en vídeo de La Náusea




Ricardo Carrión
Administrador del blog