¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy
les quiero hablar de un tema que pocas veces he tocado. La acumulación de
libros sin leer. Pero desde una perspectiva diferente, desde la idea de la Antibiblioteca.
Al parecer, la idea de antibiblioteca
tiene su origen en la biblioteca del escritor italiano Umberto Eco quien tenía aproximadamente
35.000 libros en su casa en Milán, y cerca de 20.000 en su casa de campo, es
decir, tenía aproximadamente más de 50.000 libros. Una cantidad impresionante. Dejando
de lado sus libros incunables.
Umberto Eco contaba que los
visitantes que llegaban a su casa los podía dividir en dos tipos o clases. Los
que le preguntaban ¿Cuántos de todos esos libros había leído? Y los que
entendían realmente que una biblioteca personal no era un accesorio para
estimular el ego. Sino una herramienta para la investigación, para vivir experiencias
nuevas. Una biblioteca personal es más valiosa para Eco cuando tienes más
libros que no has leído, que libros leídos. Una biblioteca tiene que tener la
mayor cantidad de conocimiento que desconozcas. Claro, la biblioteca no está
ahí para impresionar visitantes, para aparentar, está ahí para ti y solo para
ti, que te gusta leer.
Fue en el libro El cisne negro del
ensayista de origen libanés Nassim Nicholas Taleb donde a partir de las
experiencias de Eco instaura el concepto de antibiblioteca.
En el ensayo el cisne negro, el autor
afirma que nuestro mundo está dominado por lo desconocido y lo improbable pero
el ser humano se sigue centrando en estudiar lo conocido y lo repetido. El
autor hace énfasis en dejar de lado lo repetido y poner atención a lo Improbable.
A lo distinto, lo que se sale fuera de la norma. Y es a partir de esa idea que
surge el concepto de antibiblioteca. Claro, Umberto Eco dice que la biblioteca
personal no es el lugar donde se conserva solo lo que has leído, sino un lugar
donde encontrar lo que otros leyeron antes que tú. Y que una persona entre a la
biblioteca de Eco y le pregunte por lo leído, es el típico error de sesgo
humano de fijarse solo en lo conocido. Mientras que la mente de Eco está
enfocada en lo desconocido, es decir, sus libros sin leer. Sus libros por leer.
Hoy valoramos más una biblioteca de
libros leídos que de libros sin leer. Generalmente se critica mucho a las
personas que acumulan libros y no los leen, porque existe la creencia de que los
compran para aparentar o solo por ser compradores compulsivos, que siendo
sincero, de esas personas siempre hay. Siempre buscan decir: yo he leído todo
esto. Cuando se piensa así, están pensando con el ego. Leen o dicen que leen
para sentirse superiores. Y ya no pasas a ser un lector por pasión, sino un
lector por apariencia.
Cuando, al contrario, es muy bello
decir, todavía tengo todos estos libros por leer, son mi proyecto de vida,
quiero leerlos porque hay algo en ellos que me parece interesante y valioso. Pero
es mal visto porque tenemos ese sesgo. Porque tenemos la idea de que no se
puede leer por felicidad, sino por sentirnos superiores. La lectura se sigue
asociando a una actividad desagradable desde las escuelas y por eso pocos
conciben que se pueda leer por placer y que acumular libros es por esa razón y
no por creerte mejor.
Una biblioteca personal con muchos libros
sin leer es una ventana abierta a lo desconocido. Porque lo que sabemos siempre
es poco. Y nos duele reconocerlo. Debemos aprender a reconocer que sabemos poco
y que hemos leído poco. Mientras más leemos más nos damos cuenta de lo poco que
sabemos y las bibliotecas personales siguen creciendo, porque mientras más
lees, aparecen más referencias de otros libros que dentro traen referencias a
otros más y la bola de nieve crece y crece.
Eco también dice que uno puede
acumular todos los libros que quiera siempre y cuando tu bolsillo te lo permita,
estamos claros que el dinero es una limitante. Yo, por ejemplo, siempre tengo
pocos libros sin leer, porque no siempre puedo comprar, hay meses en que no
compro nada y me leo los pendientes. Al fin y al cabo, tener una biblioteca
como la de Eco es un sueño más que una realidad para nosotros, simples
mortales.
El asunto es que muchos amantes de la
lectura que compran más libros de los que pueden leer se sienten mal por eso,
pero si miras las cosas desde un ángulo diferente, desde otra perspectiva, y le
das vuelta a la idea tradicional de la biblioteca personal y lo miras desde la
perspectiva de la antibiblioteca, no parece tan malo. Lo que pasa es que
siempre estamos pensando en que vale más lo que hemos hecho, que lo que estamos
por hacer, es más valioso el hecho, que la intención. Pero se nos olvida algo
muy importante, sin la intención inicial, no existiría el hecho. Eso es lo
bello de tener libros a mano aún sin leer, son futuras lecturas, nos motivan,
nos llenan de felicidad. Claro, hoy en día tener una gran cantidad de libros
sin leer no se justifica del todo, porque el conocimiento está a un clic,
puedes navegar por internet, comprar libros digitales al instante, pedir
prestados libros digitales en las bibliotecas, comprar libros físicos por
internet y te llegan en un par de días. Por lo tanto una biblioteca grande
perdería su sentido porque puedes acceder al conocimiento de forma inmediata
sin necesidad de acumular. Además, siempre que compras un libro con toda la
intención de leerlo en el futuro, puede que con el tiempo cambies de opinión y
ya no te interese.
Pero yo siento, esto es personal, que
a pesar de que no siempre se justifica tener un antibiblioteca, tener libros a
tu alrededor, saber que son tuyos, que los tienes al alcance de tu mano, motiva
mucho a leer, y motiva mucho más porque ya viste en ellos algo que te gustaba,
algo valioso, ya los tienes en tu mente, en tu registro de conocimientos y
experiencias que desearías vivir. En algún momento desearas ese conocimiento o
experiencia y el libro estará ahí para ti.
Me gusta esta idea de la
antibiblioteca porque le ve el lado positivo a la acumulación de libros que
siempre es tan mal vista. Yo mismo me siento culpable cuando tengo libros sin
leer en mi biblioteca personal. Pero en el fondo no debemos sentirnos
culpables, porque es una decisión propia. Yo no estoy de acuerdo con Marie Kondo
y sus 30 libros, prefiero la visión de Umberto Eco, y desde que conocí su
antibiblioteca pienso en mis libros sin leer como el reconocimiento de lo poco
que sé y lo mucho que puedo aprender.
Reseña: La conjura de los necios. John Kennedy Toole
¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy
les traigo la reseña de La conjura de los necios del autor estadounidense John
Kennedy Toole.
La publicación de esta novela tiene
una historia bastante trágica. Su autor la escribió a principios de la década
de 1960 e intentó publicarla en diferentes editoriales pero todas rechazaron el
manuscrito. Frustrado por el fracaso de su obra entra en un proceso de
autodestrucción y a los 32 años de edad en 1969 decide terminar con su vida. Años
más tarde su madre insistiría en la publicación de la novela de su hijo hasta lograr
que un reconocido escritor norteamericano la leyera. Walker Percy en un inicio
lee la novela a regañadientes pero finalmente le gusta tanto que gracias a sus
contactos se logra publicar en 1980. En 1981 gana el premio Pulitzer de
ficción.
La conjura de los necios es una
novela en que la opinión de los lectores es muy dividida. Algunos, con la promesa
que les hará reír mucho, se decepcionan porque no les causó gracia. Otros no
entienden hacia dónde se dirige la historia. Las aventuras de su personaje
principal parecen no tener ningún sentido y abandonan el libro a la mitad.
En un inicio me sentí como esos lectores,
no me reía y tampoco entendía el sentido de la historia de Ignatius Reilly. Pero
me mantuve firme en la lectura hasta que empecé a reírme sin darme cuenta.Cuando terminé el libro sentí que estaba ante
una novela extremadamente bien pensada y que nada de lo disparatado de la
historia es al azar. Es un engranaje perfecto, que parece flexible, caótico,
pero que está muy bien calculado.
Con el pasar de las páginas me di cuenta
que era mi tipo de novela. De esas que critican la sociedad, que critican el
sistema y que nos presenta personajes que han sido destrozados por una sociedad
de consumo. Es una novela de perdedores y marginados que sufren las injusticias
de los tiempos modernos. Personajes rotos por dentro, llenos de soledad y
frustración. Pero en un inicio no la reconocí así. Es más, no podía enmarcarla
en ninguna temática específica. ¿Y esto por qué? Porque estoy acostumbrado a
que las novelas de este tipo son introspectivas, melancólicas, tristes y
desoladoras. Con personajes que no pueden soportar el peso de la realidad, que
buscan escapar de ella por medio del silencio y la soledad. Levantando barreras
a su alrededor.
En cambio, La conjura de los necios
aborda esta temática de manera totalmente opuesta. Ignatuis Reilly no combate
el peso de la realidad sucumbiendo ante ella, aplastado, disminuyéndose ante
ella, callándose, reflexionando en silencio. Lo combate con altanería, con
glotonería, con superioridad moral. Arrasando con todo. Eleva su espada de
plástico contra las injusticias y lo que cree que está mal. Contra una sociedad
que no reconoce su genio, que no reconoce su talento y su inmensa sabiduría. Una
sociedad que se ha volcado al consumo y ha perdido su encanto medieval. Todo el
mundo está equivocado, todo el mundo está en su contra. Por lo mismo, él está
en una constante lucha contra aquellos que se aferran a ideas equivocadas. Que
cometen errores, que su misma existencia es un error. Contra ellos lucha cada
día. Contra los necios. Y por eso la novela inicia con esta frase:
“Cuando en el mundo aparece un
verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se
conjuran contra él”.
Un personaje así no puede tener una
apariencia que lo haga pasar desapercibido. Si estamos hablando del opuesto al
típico personaje desencantado con el mundo, no puede tener un aspecto normal.
No puede ser invisible. Tiene que ser diferente. Es por eso que, el inicio del
libro me parece de una genialidad asombrosa. Porque parte describiendo a Ignatius.
Y en una situación bastante especial. Se encuentra en un lugar muy concurrido,
lleno de gente, pero un policía se fija en él, sin siquiera él hacer nada. Está
parado frente a unos almacenes esperando a su madre. No hace nada, pero el
policía lo encuentra sospechoso y quiere detenerlo. Ignatius siempre llama la
atención porque simplemente no encaja. No es parte del público homogéneo donde
son todos iguales, normales. Personas producidas en masa por el sistema. Él
resalta, incomoda, molesta, es diferente. Está hecho para incomodarlos a todos,
incluso al lector. Ignatius no es un héroe, es un antihéroe.
No encaja ni con su pensamiento ni
con su apariencia. Desde su interior hasta su exterior Ignatius es un
extranjero en la ciudad norteamericana de Nueva Orleans donde se desarrolla la
historia.
Cuando iniciamos una novela cuyo
protagonista no encaja en el mundo, empatizamos inmediatamente con él, porque
está triste, porque está solo, porque se siente perdido, porque es inferior a
nosotros, o es igual a nosotros, nos sentimos como él. Pero cuando el personaje
es altanero, cuando el personaje nos desprecia sin titubeos, y se siente superior
a nosotros, no entendemos nada. Por eso esta novela es muy poco comprendida.
“Sólo me relaciono con mis iguales, pero como no tengo iguales
no me relaciono con nadie”.
A medida que la historia se
desarrolla, constantemente el narrador hace referencia al físico de Ignatius,
presentándolo siempre como un tipo enorme, desproporcionado, como si su cuerpo
no pudiese contener su interior. En
Ignatius Reilly todo es exageración. Es hipocondriaco, cualquier molestia en su
cuerpo para él es una enfermedad terminal, cualquier conflicto o roce con los
demás es una demanda, cualquier actividad que realice debe estar destinada a la
grandeza, no le interesa el trabajo común, eso es para seres inferiores. Por no
decir, que también es un gran holgazán. Tiene 30 años, vive con su madre y su
gran sueño es poder vivir de un cheque social. Se encierra en su cuarto a
escribir sin parar una serie de cuadernos que el denomina “Gran Jefe” llenos de
sus reflexiones con las que pretende cambiar el mundo, pero no son para aliviar
su espíritu, sino para algún día ser una gran obra. Tiene constantes problemas
de gases porque su válvula pilórica no funciona bien. Según él, porque es más
desarrollada que la de los demás (Otra exageración) Cuando cualquier situación
lo incomoda, por mínima que sea, inmediatamente su válvula se cierra y comienza
a hincharse como un gran globo. Por la misma razón, los eructos son parte
inherente de su personalidad. Todo le molesta, todo le incomoda, el mundo entero
está en su contra. Por lo mismo, la estabilidad de su mente siempre está en
duda. Ignatius Reilly es una gran hipérbole.
“La mayoría de los necios no entienden mi visión del mundo en
absoluto”.
Ahora vamos con el argumento del
libro. Como ya conocen un poco a Ignatius, solo un poco, porque me quedé corto
en su descripción, les puedo contar que por ciertos motivos, su madre y él
deben pagar un gran cantidad de dinero por algo que hicieron. Y esto activa la
novela y pone en acción a los personajes. Su madre, le dice a Ignatius que no
tiene como pagar ese dinero por lo que él debe encontrar un trabajo. Y ya se
pueden imaginar lo que significa para una persona tan especial como él tener
que salir a la calle a buscar empleo. Es una verdadera perversión.
“… el nuevo destino de Pedro Labrador
sería muerte, destrucción, anarquía, progreso, ambición y autosuperación. Iba a
ser un destino malévolo: ahora se enfrentaba a la perversión de tener que IR A
TRABAJAR”.
Ignatius es un Don Quijote con
sobrepeso, pero al contrario del Hidalgo Caballero no basa su locura en libros
de caballería. Sino en tratados filosóficos medievales. Se considera a sí mismo
un medievalista, un intelectual y un mártir del medioevo. Su gran mentor es el
filósofo romano Boecio y su gran obra: La consolación por la filosofía. Este libro
encierra un concepto clave para la historia y para Ignatius: La rueda de la
fortuna. Es decir, Ignatius cree que su vida está gobernada por el azar que la
rueda de la fortuna dispone para él. Donde pueden haber ciclos buenos, como
también ciclos malos. Buenas épocas y malas épocas. Y claro, de la forma en que
inicia la novela está claro para Ignatius que la rueda se ha ensañado con él y
lo está haciendo pasar por una mala racha.
“Oh, Fortuna, oh, deidad ciega y
desatenta, atado estoy a tu rueda —Ignatius eructó—. No me aplastes bajo tus
radios. Elévame e impúlsame hacia arriba, oh diosa”.
Y esta frase, que parece otro de los
disparates de Ignatius, encierra el entramado de la historia. La historia está
diseñada para representar el movimiento de la rueda de la fortuna.
Cuando un policía intenta detener a
Ignatius en las primeras páginas del libro se inicia un ciclo donde la rueda
gira hacia abajo para nuestro protagonista, donde empieza a ser aplastado por
ella. De esta forma comienzan a sucederle una serie de acontecimientos
desagradables, uno tras otro. Es decir, que la conjura de los necios no es más
que un viaje dentro de la rueda.
Como lectores y a través del narrador
omnisciente, seguimos a Ignatius que debe salir a buscar empleo. Nos
entretenemos con su historia, con sus disparates, con los empleos que consigue
y con las personas que conoce en dichos empleos.
Pero la narración tiene algo muy
interesante. Los personajes que conocen e interactúan con Ignatius no
desaparecen de la historia, sino que se integran a ella y se narran sus propias
historias. Ignatius pasa por sus vidas y ellos entran en el libro y a pesar de
que Ignatius se aleje de ellos en la historia, el narrador nos sigue contando
sus vidas, porque sus historias personales se empiezan a entrelazar con el
argumento principal. Ellos también entran en la rueda y empiezan a girar con
Ignatius.
Todos entran en el ciclo, Ignatius
los inicia, los toca con su presencia y los convierte en nuevas presas de la
rueda. Esta idea, me pareció realmente bella y artística, porque en la novela
todo lo que sucede parecen simples acciones cotidianas y disparatadas, pero están
todas llenas de sentido. Lo disparatado de las ideas y acciones de Ignatius
parecen no tener ninguna lógica. Pero incluso lo más absurdo tiene un por qué
en la historia. En las páginas finales todo encaja, todo calza perfecto. La
gama de personajes recibe el veredicto final de la rueda, algunos terminan
aplastados mientras otros suben. Es realmente hermoso.
La novela está narrada de forma
simple y directa por el narrador omnisciente. Pero en ocasiones es interrumpida
por pequeños fragmentos que Ignatius escribe en sus cuadernos Gran jefe, que
generalmente son reflexiones de sus aventuras. Reflexiones con las cuales
podemos conocer un poco más a profundidad la mente de nuestro antihéroe.
También la narración es interrumpida por la correspondencia que Ignatius mantiene
con una amiga muy especial, Mirna Minkoff. Como la historia no tiene una mayor
complejidad narrativa y abusa sin contemplaciones del humor, muchos se aburren
y abandonan la novela. ¿Y esto por qué? Porque la historia carece de la típica
tensión narrativa que alimenta las ganas de seguir leyendo, de seguir
avanzando. Es arriesgado lo que hace el autor, porque busca reemplazar la clásica
tensión narrativa generada por una historia interesante, que atrapa al lector,
por una historia donde el humor debe atrapar al lector, es el humor el que
cumple el papel de generar tensión, es el encargado de captar la atención, por
eso, si el lector no encuentra graciosa la novela, es muy probable que no la siga
leyendo. Porque las aventuras de Ignatius buscando empleo no logran ser una
historia por sí sola atrayente, sus acciones no son interesantes, pero el humor
las transforma y las vuelve atractivas. Lo mismo para el resto de los
personajes, sus vidas son anodinas, sin brillo ni gracia, son vidas grises y
tristes, rutinarias, que a nadie les interesa, pero que, revestidas de un
barniz cómico, toman otra forma. Porque el autor en ningún momento intenta
contarte una historia que te atrape, sino una historia que revele una realidad
social y una realidad humana. Mostrando nuestras miserias como sociedad. Lo
bajo que hemos caído, lo enfermas que están las personas por vivir como lo
hacen, por intentar seguirle el ritmo al mundo, y de cómo este mundo moderno
las afecta, como las corrompe y las humilla. Las destruye. En la novela se
describen empleos miserables, sueldos miserables, pocas oportunidades para las
personas de encontrar un trabajo decente. Personas de la tercera edad aún trabajando,
abusos por ser afroamericano. Personajes que caen en vicios para poder escapar
de la realidad. Mientras que, las personas con mejor situación económica no se
encuentran mejor, carecen de perspectiva, no tienen conexión con la realidad,
tienen también sus propios problemas, puede que no sean económicos pero son de
otra índole. E ignatius se pasea por la Nueva Orleans de los años 60 buscando
un trabajo, pero en el fondo lo que hace es darnos un tour por la realidad de
su tiempo, por su realidad social, la que todavía sigue siendo la realidad de
nuestro tiempo y por eso la novela no pierde frescura.
Una historia así, que tiene un
mensaje tan potente, sin el humor, nos destrozaría. Todos los personajes que
afrontaran una vida así, son prisioneros de un sistema. Atrapados, coartados,
limitados para vivir. Y eso es devastador para un lector sensible. Pero como
bien dijo Cortázar en sus clases de literatura. El humor es imprescindible en
la novela cuando se tratan temas complejos y dolorosos, el humor, a veces, es
la única forma de enfrentar una situación difícil. Y aunque la novela de Toole
está llena de anécdotas graciosas, no puedes quitarte un gusto amargo al
leerla, esa tristeza que desprende.
Esto John Kennedy Toole lo sabía muy
bien. Una persona que de alguna forma siempre sintió la limitación. Toma a sus
personajes y hace lo más humano que se puede hacer. Reírse de sus propias
desgracias. De sus propias vidas, porque si eres capaz de reírte de ti mismo
aún conservas una pizca de libertad. Si eres capaz de reírte de ti mismo aún el
sistema no ha ganado. Aún los necios no han ganado. La batalla continúa. Y toda
esta gama de personajes encabezada por Ignatius apuntando su espada de plástico
hacia el frente, nos están enviando un mensaje. A pesar de las injusticias y el
dolor, No te rindas que la rueda sigue girando.
A menudo las novelas que son cómicas no
son tomadas en serio. Se leen con ligereza, porque existe la idea equivocada de
que lo que es cómico no puede ser importante. En la conjura de los necios John
Kennedy Toole nos dice todo lo contrario, lo que es cómico encierra los
mensajes más importantes. Claro, el humor de Toole no es un humor para todos, y
eso limita un poco el alcance de la novela, porque es un humor negro, ácido. Y
entiendo a los que no les gusta. Es normal. Sobre todo Ignatius, no es un
personaje para todos. A muchos les puede repeler. Ignatius funciona dentro de
extremos, es extremadamente glotón. Pero a la vez, es tremendamente pobre, por
lo mismo cuando puede comer algo se lo devora. Es excesivamente ególatra, pero muy torpe,
perdí la cuenta de todas las veces que sucumbió ante la gravedad. Se cree muy
listo, pero sin darse cuenta revela sus vergonzosas intimidades. Pregona contra
el sistema, pero al mismo tiempo no puede perderse ninguna película. Su
contradicción es humana. Sus extremos lo hacen gracioso, pero luego de la risa
viene la sonrisa triste. Ignatius es grande, enorme, una montaña, pero es muy
sensible, el mundo lo hiere. Su válvula se cierra, sus manos empiezan a picar.
Sufre. En la conjura de los necios, luego de la risa, viene la tristeza. La
amargura se cuela como un polizón a bordo, te invade inesperadamente y te hace
reflexionar.
Ahora que lo pienso, cada uno de los
personajes me gustó mucho. Creo que Toole explotó muy bien sus personalidades
para hacer humor.Agregó elementos
físicos, cosas, objetos para a través de la reiteración hacer sus acciones más
graciosas. Por ejemplo, jamás podré olvidar al señor Clyde y su tenedor, de
Jones sus lentes y su eterna humareda, además de su lenguaje. De Santa
Battaglia el retrato de su madre, de la señora Reilly sus zapatos de bolos, Los
disfraces de Mancuso. La tabla para hacer ejercicios de la señora Levy, la visera
verde de Trixie. Y la indumentaria de Ignatius, la cual ya era llamativa y que
Toole acentúa más cuando pone la espada de juguete en sus manos y el resto de
los accesorios de su disfraz.
Bueno, Lamento haber hecho una reseña
tan larga, se que va en contra del buen gusto y la decencia, de la teología y
la geometría. Pero espero les haya gustado. No vemos la próxima semana. Atentamente El zorro.
Pueden encontrar esta misma reseña en mi canal de youtube:
¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy
les traigo la reseña de Mendel el de los libros. Una novela bastante breve del
escritor austriaco Stefan Zweig. Por su brevedad y por la maestría con que está
escrito me parece una gran opción para iniciar con el autor si aún no han leído
nada de él.
Mendel el de los libros es una
historia que si no se lee con suficiente atención se pueden dejar pasar las maravillosas
reflexiones que plasma Zweig en la novela. Cuando la terminas, inmediatamente
sientes que es una historia que nos habla de las atrocidades de la guerra. En
este caso, la primera guerra mundial. Ya que la novela está ambientada en Viena
antes y después de este devastador hecho bélico. Nos narra hechos antes de 1915
y después de esa fecha.
Pero la guerra no es lo único tema,
también es un detonador, un elemento que sirve para catalizar una reacción más
grande: la reflexión sobre el paso del tiempo, la fugacidad de la vida y lo
irrepetible en el mundo.
¿Para qué vivimos, si el viento tras
nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas?
Lo irrepetible es representado en la
novela de la mano de este personaje llamado Mendel, un librero, un vendedor de
libros. Pero no era un librero cualquiera, no tenía la típica tienda de venta
de libros usados. No, él vendía libros sentado desde la mesa de un café en la
ciudad de Viena. Mendel no necesitaba de un establecimiento, porque su mayor
virtud no era la del mero acto de vender, sino la del profundo conocimiento de
todo tipo de libros, incluso los más extraños, además de saber cómo
localizarlos. El libro que necesitaras por imposible que fuera conseguirlo,
Mendel podía ponerlo en tus manos. Por lo tanto, la satisfacción de Mendel no
era el solo hecho de vender un libro, si no la de encontrar para alguien un
libro que nadie más que él podía conseguir. La venta de libros no era un medio
para vivir, era su vida.
Tan sólo el libro, jamás el dinero,
tenía poder sobre él.
Él podía lograr esto gracias a su
gran y único poder de concentración y ensimismamiento. Podía abstraerse del
mundo, dejar de percibir la realidad y sumirse en la lectura atenta y detallada
de cada uno de sus libros, para registrarlo en su memoria por siempre en una
especie de catálogo mental. Pero Mendel no leída los libros para apreciar y
reflexionar su contenido, sino solo para catalogarlos. Por eso se le conocía
como una enciclopedia andante.
Leía con un ensimismamiento tan
impresionante que desde entonces cualquier otra persona a la que yo haya visto
leyendo me ha parecido siempre un profano.
Esa forma de abstraerse de todo y de
ignorar el mundo real solo para centrarse en los libros hacía a este personaje irrepetible.
Nunca hubo o habrá nadie como él. El mundo podía desmoronarse a pedazos a su
alrededor y Mendel no se enteraría de nada, porque estaría ocupado leyendo
sentado en la mesa del café.
Todo lo que es único resulta día a
día más valioso en un mundo como el nuestro, que de manera irremediable se va
volviendo cada vez más uniforme.
Si se lee la novela con atención, se
puede apreciar que Zweig destacaba la capacidad de memoria de Mendel, el acto
de recordar. Lo que lo hacía tan especial y único, es decir tenía una faceta
positiva, pero también se puede apreciar que el hecho de encerrarse en sí
mismo, de perder el contacto con la realidad, con las personas y el mundo que
lo rodea a un nivel tan pero tan extremo, puede ser nocivo. Incluso Mortal. Por
un lado es un milagro, por otro una pesadilla.
Ahora viene lo bello de esta novela.
¿Cuándo un personaje se transforma en irrepetible? Cuando el tiempo pasa. Lo
mismo que nos destruye y nos vuelve polvo (el tiempo), es lo mismo que nos da
identidad y figura. La fugacidad del tiempo es indispensable para que exista lo
irrepetible. Pero no basta solo con eso, nos falta otro elemento, el recuerdo.
Y el recuerdo se genera a través de lo relacional, del contacto entre personas,
del contacto entre la persona y la sociedad, del nexo entre seres humanos. El
paso del tiempo y el recuerdo dejan en evidencia lo irrepetible. No es
casualidad que Zweig eligiera a un librero para su historia. No es casualidad
que eligiera a Mendel. Porque uno de esos nexos tan preciosos que pueden
conectar personas son los libros. Como objeto en sí mismos, o como historias
sobre otros, emociones de otros que ya no están, reflexiones de otros que se
fueron.
Los libros solo se escriben para, por
encima del propio aliento, unir a los seres humanos y así defendernos frente al
inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido.
El ensimismamiento extremo que
practicaba Mendel tenía un doble filo, a pesar de ser milagroso para su memoria
le negaba al mundo exterior su mundo interior. Lo subjetivo de Mendel se
perdía. Es por eso que el inicio del libro y la forma en que está contado me
parece una maravilla. Porque está narrado como un recuerdo. El narrador nos
presenta a Mendel desde su memoria. Ha pasado el tiempo, vuelve a un café que
desde hace mucho tiempo no visitaba y con dificultad aparece en su memoria un
recuerdo, el de Mendel. Pero es un recuerdo incompleto. Hay algo que le falta,
y otra persona, una mujer, lo ayuda. A través de los recuerdos de los dos logran
reconstruir a este personaje irrepetible para que nosotros podamos conocerlo.
Es decir, una memoria colectiva. Son las relaciones entre personas las que
logran que a pesar del paso del tiempo develen lo que fue único. El narrador,
como personaje, sirve como contrapunto de Mendel, porque él sí tenía la
capacidad de relacionarse con el mundo y también podía recordar y la
información que le faltaba, la podía conseguir preguntando, relacionándose con
otros. Hay un punto clave en la novela donde dice que hubo un tiempo en que
dejó de relacionarse con el mundo, que se encerró en sí mismo por asuntos de la
guerra, pero podía ir y venir desde su interior al exterior, cosa que Mendel no
podía hacer. El mensaje de Zweig es clarísimo, el equilibrio entre nuestro
mundo subjetivo y el relacional es vital. Encerrarse en sí mismo de manera
extrema puede ser fatal, y deja entrever que esto mismo se puede extrapolar a
nivel macro, a nivel de países. Encerrarse dentro de fronteras también puede
ser fatal, el perder el contacto entre naciones, entre culturas diferentes puede
ser fatal. Quizá si no existieran las fronteras. No tendríamos que recordar a Mendel
y el podría encontrar para nosotros. Esos libros perdidos que nadie más que él
puede hallar.
Pues el recuerdo siempre une. Y un
recuerdo afectuoso, doblemente.
Esta misma reseña la puedes encontrar en mi canal de youtube
¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy
les traigo la reseña de La campana de cristal de la escritora y poeta
estadounidense Sylvia Plath.
Se trata de una novela semiautobiográfica, donde la autora a través de la joven estudiante Esther Greenwood, su alter
ego, narra episodios importantes de su vida. Los cuales va nutriendo con los
pensamientos y emociones que la embargaron durante aquellos momentos. Es decir,
como lectores tenemos acceso a la intimidad de Esther. Y eso causa un efecto
muy fuerte. Sientes una gran empatía por ella.
Por lo mismo, es una novela que no
recomiendo para personas que estén pasando por un mal momento, la historia te
puede hundir aún más o causar el efecto contrario, te puede salvar. A mí me
afectó mucho, por eso, como sugerencia, recomiendo que la lean cuando estén en
un buen momento.
Esther es una estudiante de lengua
inglesa que gana un concurso en una revista de modas mediante la escritura de
un ensayo. El cual le permite pasar un mes en Nueva York en un trabajo soñado
junto a otras ganadoras. Lo que simplemente la encandila porque ella viene de
un pueblo donde no pasa nada y de pronto se encuentra en el centro del mundo.
En la ciudad de las luces. con fiestas y eventos por todas partes.
Estamos hablando del Nueva York de
las décadas de los 50 y 60. Que es básicamente el contexto en que se desarrolla
la historia.
Este inicio de la novela no hace
presagiar lo que vendrá más adelante, no parece una historia tan terrible, pero
es solo el inicio, es lo que se podría llamar, el evento desencadenador. Porque
Esther viene de un ámbito netamente académico, no tiene experiencia con el
mundo ni con la sociedad. Sus únicas credenciales son su excelencia académica y
un supuesto amor de la infancia que ha mantenido con Buddy Willard. Y de pronto
se encuentra con el mundo real, un mundo que va a una velocidad distinta a la
de ella, no puede seguir el ritmo, es una sociedad vertiginosa y ella se va
quedando atrás. Le dicen que escoja, que elija, que ya debería tener claro su
proyecto de vida. No la dejan respirar, no la dejan pensar. Se siente
asfixiada, desconectada, y cuando estira sus manos para tantear la realidad se
da cuenta de que algo la separa de los demás, una especie de cristal, una campana
de cristal.
Esto se visualiza en la novela mediante
cuatro aspectos. En lo laboral, donde sufre un choque con lo que se espera de
ella versus sus dudas, su caos interior. En lo social, mediante la relación con
sus amigas, las otras ganadoras del concurso, donde sufre el problema de no
encajar. En lo romántico, a través de los malos ratos que pasa con los hombres
que conoce. Y también en lo familiar donde hay una gran inestabilidad en su
vida. Carece de una base familiar sólida y firme desde muy joven.
Por lo tanto, no encuentra felicidad
en lo laboral, tampoco en la amistad y menos en el amor. Tampoco un soporte
familiar. Y además tiene diecinueve años. El paso entre la adolescencia y la
adultez. Una edad compleja, donde se deben tomar decisiones para las que no
estamos preparados y debe sufrir la presión de elegir un camino. Todos sus
sueños se desvanecen. Este es el punto de partida, el momento en que se da
cuenta de que no es como los demás. Sufre un choque emocional y se inicia un
proceso, el proceso de su depresión crónica, donde la protagonista toca
literalmente fondo. Ella misma nos lo cuenta, nos describe todo lo que siente, nos
abre las puertas de su alma.
La historia está contada como una
crónica. Es decir, narra hechos de forma secuencial, aunque siempre juega con
retrocesos al pasado para ir estructurando al personaje principal. Es
importante que la narración tome este cariz, porque en el fondo se narra un
proceso, un paso a paso. Por lo mismo, al leer el libro puedes notar dos partes
bien marcadas, las cuales no están delimitadas en el libro, pero puedes notar
la diferencia y el cambio en la tonalidad de la historia pasando la mitad del
libro. La primera parte se centra en describir todos los aspectos importantes
de la vida de Esther, sus fracasos, su desazón por no poder realizar una vida
normal. Es decir, su contexto, el responsable de desencadenar la siguiente parte,
la sección oscura del libro.
En la segunda mitad se narra el
proceso de su enfermedad. La parte más fuerte del libro. Porque estamos
sumergidos con ella, estamos junto a Esther y podemos percibir su dolor y la
inmensa soledad a la que debe enfrentar.
La segunda mitad nos deja ver el
mundo desde la perspectiva de una persona que sufre una depresión crónica
que, por lo mismo, es discriminada y tratada como una loca, una demente.
A través de Esther podemos conocer la
brutalidad de los tratamientos a los que se ven sometidos los que padecen esta
enfermedad. El dolor y la soledad que deben sufrir por el encierro. Conocemos
sus pensamientos suicidas, somos espectadores de su constante enfrentamiento
con la muerte. Pero no con miedo, sino con deseo, con deseo de morir, porque se
la toma como una salida, como un escape a una vida que no vale la pena vivir. En la mente de Esther resuena la pregunta.
¿Vale la pena vivir? La respuesta es No.
Algunos aspectos que causan su
rechazo al mundo son el papel que se le impone a la mujer en la sociedad, la de
ser esposa de un hombre para poder ser alguien. Y luego tener hijos para quedar
más atada aún.
Hay una crítica brutal ante la
imposición de la maternidad. La maternidad no es una elección sino una
obligación. Y Esther la rechaza al igual que el matrimonio, porque ella desea
ser libre.
Libre de vivir de lo que sueña, sin
ataduras. De poder disfrutar de su sexualidad sin que nadie la juzgue. Pero si
lo hace, sabe que será tratada con injusticia. Mientras tanto los hombres
pueden hacer lo que quieran.
Hay una fuerte crítica ante la
desigualdad entre hombres y mujeres, ante una sociedad patriarcal.
Pero en medio de la desesperación y a
pesar del dolor ella busca su identidad, busca lo que realmente quiere hacer y
ser. Un camino donde no deba depender de los hombres. Busca su propio valor, su
talento, lo que ella ama hacer.
Quiere dejar de sentirse encerrada en
una campana de cristal. Esa pared de vidrio con el que choca constantemente cuando
quiere evolucionar, cuando quiere crecer. Ese muro que le impone la sociedad:
trabajar para los hombres, matrimonio, hijos. Solo para ser observada y aprobada por los demás y cumplir con lo que otros esperan de ella.
Esta reseña también la pueden ver en mi canal de youtube
Reseña: La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han
¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy
les traigo la reseña de un ensayo filosófico llamado La expulsión de lo
distinto. Un ensayo de no más de 123 páginas del filósofo surcoreano Byung-Chul
Han.
En La expulsión de lo distinto se analiza
nuestra actual sociedad excluyente, al ser humano narcisista que depende de las
redes sociales, al individualismo, a la autoexplotación. A la expulsión del
otro.
Los tiempos en los que existía el
otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como
eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va
desapareciendo, dando paso a lo igual. Hoy la negatividad del otro, deja paso a
la positividad de lo igual.
Cuando Han habla del otro, se refiere
a aquellos que son contrarios a nosotros, Que piensan distinto y que viven
distinto. Que no encajan en la forma de vida que se espera. Los que no pueden
llevar el ritmo de los tiempos actuales. Claro, hoy la sociedad espera que
estemos a la altura, que nos pongamos metas y que las alcancemos, que nos
estructuremos, que tengamos autodisciplina. Que seamos productivos. En ese
afán, debemos destinar todo nuestro tiempo y energía a producir. No podemos
malgastar el tiempo en otras actividades. Por lo tanto, no solo vivimos en una
sociedad que nos induce a producir, sino que nos induce a producir todo el
tiempo. Eso es lo positivo. El que no puede mantener el ritmo, el que requiere
de espacios para respirar, el que necesita de cierto tiempo para realizar sus
actividades, el diferente, el otro, es dejado de lado. Se le saca del camino. Y
junto con él, su negatividad. Entiéndase negatividad como lo contrario a la
positividad. No es que sea algo malo, sino simplemente lo contrario. Al apartar
al otro y su negatividad, el camino de lo positivo queda libre, no tiene
límites, es infinito, no hay nada que se le oponga. Por lo tanto, al no tener
obstáculos, no hay una proliferación controlada de lo positivo, sino que es
excesiva, adiposa, acumulativa. De esta
forma, se comienzan a producir individuos iguales, la sociedad se transforma en
una fábrica de producción de lo mismo. Y como no existe la negatividad de lo
distinto, esos individuos que siguen una autodisciplina terminan
autoexplotándose. Porque cuando no hay un tope, un stop, el crecimiento se deforma
y los seres humanos se enferman. Por lo tanto, Han propone recuperar al otro y
su negatividad. No para que domine, sino para que haga equilibrio. Un
equilibrio hoy perdido, que ha volcado a muchas personas hacia la depresión.
El sujeto que, viéndose forzado a
aportar rendimientos, se vuelve depresivo, en cierta manera se muele a palos o
se asfixia a sí mismo.
El autor sugiere que, antes, cuando
el ser humano se veía forzado a trabajar en puestos que no lo hacían sentirse
realizado, tenía a quien culpar. Había otro que le exigía rendimientos, al que podía
apuntar con el dedo y decirle: Te culpo. Hoy vivimos una falsa libertad. Ya no
existe el otro a quien culpar, se ha eliminado junto con su negatividad. El ser
humano ha quedado solo y aislado, cree que es libre, pero solo se ha hecho
esclavo de sí mismo. Es él mismo el que se exige, es él mismo el que se
critica, es él mismo el que se culpa. Es él mismo el que se sobreexplota. Se
apunta con el dedo a sí mismo y dice: Yo soy culpable.
La presión destructiva no viene del
otro, proviene del interior.
La masificación de este ser humano
que se exige a sí mismo sin clemencia, se ha visto beneficiada por el auge
tecnológico. Porque lo que nos facilita la vida, nos ha facilitado también otra
cosa. La expulsión de lo distinto. Nos ha ayudado a expulsar al otro de
nuestras vidas. El autor dice: El hombre ya no se relaciona con los demás, solo
se conecta. Son conexiones, no relaciones. Por lo que, La soledad y el
aislamiento se acentúa. Proliferando el yo, proliferando lo igual. En redes
sociales formamos comunidades de lo igual. Las personas que piensan igual se
agrupan. Más que agruparse, se acumulan. Porque en redes no se generan
amistades, se producen amigos, se producen seguidores. Son números y números
que se acumulan y se deforman. Ya no tenemos relaciones con lo distinto. Lo
distinto formaba anticuerpos como una vacuna en el ser humano. Por lo que Hoy
estamos expuestos a todas las enfermedades mentales. Los algoritmos, proliferan
lo igual. Nos sugieren qué ver, solo lo que nos gusta, nos sugieren qué
escuchar, solo lo que nos gusta. Nos damos atracones de series de nuestro
gusto. Ya no hay espacio para lo diferente.
Viajamos por todas partes sin tener
ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin tener ningún conocimiento. Se
ansían vivencias y estímulos con los que, sin embargo, uno se queda siempre
igual a sí mismo. Uno acumula amigos y seguidores sin experimentar jamás el
encuentro con alguien distinto. Los medios sociales representan el grado nulo
de lo social.
Hoy hay un exceso de comunicación,
hay una hipercomunicación, se acumula y al acumularse deja de comunicar y solo
deforma. Las personas no se detienen a leer una información. Si no que saltan
de una a otra, leyendo incluso solo titulares. No se centran en una sola
actividad por mucho tiempo. No maduran lo que experimentan, porque todo es
vertiginoso. Un gran ejemplo es leer un libro, es una de las pocas actividades
en donde las personas aún se mantienen atentas a una misma información. Leer
requiere una temporalidad. Quedarte en un libro por un largo periodo, madurar
esa información. Porque necesitas de tiempo para generar una experiencia con
ese libro. Eso es algo esencial que hoy ya poco se practica. Por eso, siempre he estado en contra de la
lectura rápida. La lectura rápida carece de temporalidad.
Los seres humanos que ya no
experimentan lo diferente, nosotros que no maduramos nuestras experiencias,
vivimos en un bucle, en el bucle del me gusta, en el bucle de lo que nos
agrada, rodeados en redes sociales de quienes piensan igual a nosotros, es
decir, vivimos en una habitación llena de espejos donde solo nos reflejamos
nosotros mismos. Es el bucle del yo. Creemos que somos libres, pero vivimos
encerrados en nosotros mismos. Por lo que fácilmente nos autoexplotamos y
caemos en el narcisismo.
El contacto con el otro y su
negatividad nos hacía evolucionar, crecíamos. Hoy estamos estancados. La
violencia de lo igual detiene procesos de crecimiento humano y dispara el
económico.
Pero ustedes pueden decir, que no
somos todos iguales, que mucha gente busca diferenciarse de otra, se ve en como
se visten, se ve en como se pintan el pelo. Algunos son fans de Star Wars, del
señor de los anillos, otros de equipos de futbol. Nos diferenciamos. Pero no. El
autor señala que aquello es solo autenticidad. Una ilusión de ser diferente. Porque
al compararte con los demás vuelves a ti mismo, te produces a ti mismo. Dices: ¡Ah!
Él es diferente, entonces yo también quiero ser diferente. Y eso no produce
diferencia, al contrario, produce igualdad. No hay alteridad.
El imperativo de autenticidad
desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse
permanentemente a sí mismo, a vigilarse a sí mismo, a estar al acecho de sí
mismo, a asediarse a sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista.
La autenticidad hoy en día es
aprovechada por el mercado, y las diferencias que genera son comercializables. Porque
los individuos expresan su autenticidad mediante el consumo. Poleras, tazones,
gorros de bandas musicales, de artistas, de equipos de futbol, tintes para el
pelo, Funkos en el caso de los lectores. Distinta es la alteridad que no puede
ser comercializable.
El imperativo de la autenticidad
engendra una coerción narcisista. No es lo mismo el narcisismo que el sano amor
a sí mismo, que no tiene nada de patológico. No excluye el amor al otro.
La visión del mundo del narcisista
elimina al otro. Ya que solo ve la realidad a través de las matizaciones de sí
mismo. Se intensifica el yo. Te ahogas en ti mismo y aquello solo genera vacío.
Porque estás solo contigo mismo. Te
cansas de ti al punto que dejas de sentirte y necesitas más estímulos. Como el
de una selfie.
Los selfies son bellas superficies
lisas y satinadas de un yo vaciado y que se siente inseguro.
De esta forma, Byung-Chul Han va
desmenuzando los principales problemas del ser humano actual, que es un ávido
consumidor de redes sociales. Su tesis gira en torno a una vida en sociedad que
cada vez intenta agradar más al ciudadano, eliminando lo distinto. Todo intenta
amoldarse a la persona, a sus gustos e intereses, no hay nada que se le
contraponga, y eso genera un efecto dominó del yo.
Como el fin es producir, las personas
sacrifican su tiempo y no interactúan lo suficiente con lo otro, para generar
una maduración. Te sientes psicológicamente mal, y en ves de tomarte tu tiempo
y enfrentar tus conflictos, analizarlos, te medican y estás listo para seguir
produciendo. Y para vender más echan mano de la autenticidad. Que al final, son tipos iguales vestidos de una manera diferente. A lo largo del ensayo el
autor va dando ejemplos e indagando en todos los puntos importantes sobre estos
temas. Cita constantemente a otros filósofos para dar base a su tesis, que a
pesar de ser filosófica, está escrita de una forma muy amigable para todo tipo
de lectores. Por eso el autor es tan leído. Puedes tener algunos problemas con
conceptos puntuales, pero en general el libro se lee muy bien. Y no se queda
solo en una crítica, en revelar males, sino también en dar soluciones y salidas
a los problemas.
Lo que nos puede rescatar del
infierno de lo igual es el arte, sobre todo la poesía. Escuchar al otro y amar
al otro a pesar de que piense distinto a ti. Y el autor cita a Nietzsche.
¿En qué consiste el amor sino en
entender y alegrarse de que haya otro que viva, actúe y sienta de forma
distinta e incluso opuesta a como lo hacemos nosotros?
Me gusta mucho la idea de Han, de
alejarse de los análisis filosóficos densos y darles mayor fluidez para que más
personas se animen a leer estos temas sin tanto miedo a no entender. De hecho
la historia de Han es muy inspiradora. En un inicio estudió metalurgia pero
abandona esa carrera porque en realidad quería estudiar literatura. Como en su
país por presiones familiares no podía, decide irse a Alemania sin saber alemán
y casi nada de filosofía. Pero era un lector muy lento. No podía mantener el
ritmo de lectura que una carrera literaria le exigía, por lo tanto se cambia a
filosofía, donde bastaba con leer una página al día. Ahora da clases en la
universidad de Berlín. Creo que para muchos este autor puede ser un gran
ejemplo.
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