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jueves, 14 de julio de 2022

Reseña: El libro del desasosiego de Fernando Pessoa

 Reseña: Libro del desasosiego

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¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo La reseña de una de las grandes obras literarias del siglo XX. El libro del desasosiego del escritor portugués Fernando Pessoa.

 

Fue una lectura que comencé en digital en 2018 y que hace poco compré en papel para poder terminarlo. Yo quería la edición de Acantilado pero solo encontré la de Alianza editorial. Y al leer el prólogo de ésta, me di cuenta de que tuve suerte. Al parecer la edición de Acantilado solo cuenta con 45 fragmentos, y la de Alianza tiene más de 50. Por lo que sin querer di con la edición más completa del libro. Como  ya se pueden dar cuenta no se trata de una novela, sino de un conjunto de fragmentos.

 

El libro del desasosiego es un libro que no se puede definir. Es una experiencia única, nada se le parece. Gracias al poder de la literatura es el libro que al mismo tiempo es y no es. Parece un diario de vida, pero no lo es. Parece un breviario, pero no lo es. Parece un libro de aforismos, pero tampoco llega a serlo. Está escrito en prosa, pero no es un novela. Tiene historias en su interior, pero no es un libro de cuentos. Tampoco es un libro de poesía pero tiene toda su belleza. Pessoa logró hacer algo realmente único. Es un libro que siempre está en camino de ser algo, pero nunca llega a serlo. Está en una transición indefinida. Me gusta compararlo con Rayuela de Cortázar. Rayuela es como un laberinto fijo. Donde puedes encontrar el camino correcto y la salida. El libro del desasosiego es un laberinto en movimiento, que siempre está cambiando y donde nunca vas a encontrar la salida. Por eso se dice que el libro del desasosiego es un libro y a la vez muchos libros, que es infinito, que no tiene fin.

 

Tratando de definirlo fríamente, podría decir que se trata de un libro compuesto de fragmentos, pero aún así sería un definición demasiado generalizada. Tiene fragmentos, sí, también tiene aforismos, tiene pensamientos, reflexiones filosóficas. Tiene observaciones. Historias. Es el mapa espiritual de un ser humano. Un registro de su alma. La definición más cercana a su naturaleza creo que es la de un diario de vida filosófico, pero que cuenta con una prosa que ejerce la función de la poesía.

Es el diario filosófico de un hombre común y corriente, con un trabajo mediocre como asistente de contable en la oficina de Vásquez y Compañía, ubicada en una calle comercial de Lisboa: De la Rua dos Douradores. Este personaje tiene una vida estática y monótona, dedicándose a realizar anotaciones de lo que siente.

 

Son más de cincuenta textos o entradas de diferentes extensiones, sin fechas para separar los textos, pero sí enumerados. Textos de difícil conexión entre sí. No logran contar una historia en conjunto. Cuesta unirlos. Vienen de una misma persona, eso puede considerarse su mayor nexo, pero aún así parecen pequeños universos individuales. Pequeños portales al infinito. Sueños.

 

Las temáticas de los textos es muy variada, aún así puedes notar ciertas manchas temáticas si intentas agruparlos, pero su naturaleza es la de la no construcción, la no conexión. Todos ellos son piezas de este hombre que se va descomponiendo mientras escribe.

 

 

Para los que estén interesados en leer este libro, las características principales del contenido de la obra son: que tiene un fuerte tono existencialista. Habla mucho de la soledad, de la realidad interior de un ser humano. Un ser humano con una gran lucidez, una lucidez devastadora, que lo destruye día a día. Por lo tanto, la obra tiene un fuerte carácter confesional. Es un libro desgarrador, sombrío, amargo, decadente y conformista, que a través de vivencias corrientes intenta plasmar el sentir. Pasar del pensamiento al sentimiento. Y para poder expresar el sentir, el texto no puede tener límites, porque las emociones son muy abstractas y el texto debe serlo también, por ello los escritos en su mayoría tienen un carácter inacabado, y el libro en su conjunto también tiene ese carácter.

 

Ahora vamos a lo interesante. Quién lo escribe. Lo lógico sería decir: Fernando Pessoa. Lo dice la portada. Pero no. El autor es Bernardo Soares, ayudante de contable. Lo que pasa es que Soares es un Heterómino de Fernando Pessoa. Esto quiere decir que, Pessoa escribió este libro y quiso hacerlo público bajo el nombre de Bernardo Soares. Un nombre ficticio. Pero no se trata de un pseudónimo. Se trata de un Heterónimo, que es algo más complejo que un pseudónimo. No es solo un nombre ficticio, es mucho más, es un autor ficticio. Este autor tiene su propio estilo y su propia psicología. Que es totalmente diferente al de su creador, diferente al de Pessoa, es decir, se desprende del autor original y se vuelve autónomo. Es un personaje de ficción que cobra vida. Por lo tanto, en el libro no veremos el estilo de Pessoa, sino el de Soares. Pessoa siempre fue un hombre atormentado que no podía definirse a sí mismo. Se sentía múltiple, y por eso no solo creó el Heterónimo de Soares, sino 72 más, entre los más famosos está Ricardo Reis. Heterónimo a partir del cual Saramago escribe El año de La muerte de Ricardo reis. Aún así a Bernardo Soares se les considera un Semi-heterónimo por tener muchas semejanzas con el propio Pessoa.

 

El libro del desasosiego no es un proyecto que Pessoa haya escrito en un par de años, sino que es un proyecto de toda su vida activa. Pessoa nace en 1888 y muere en 1935 con 47 años. Y escribe este libro en dos etapas. La primera la Inicia en 1912 hasta 1920. Es decir, inicia la escritura de este texto con 24 años. Luego lo retoma en una segunda Etapa de 1929 hasta 1935, año en que muere. Es decir, esta obra está concebida entre los 24 y 47 años del escritor portugués. En la primera etapa Pessoa le dio la autoría de sus escritos a su heterónimo Vicente Guedes, luego en su segunda etapa se lo dio a Bernardo Soares. Y pensaba darle toda la autoría del libro en su totalidad a Soares, por lo que tenía intención de volver al inicio y reescribir todo al estilo de Soares. Pero lamentablemente falleció y no logró hacer eso, como tampoco dar un orden a sus fragmentos. No logró ni corregir ni ordenar los fragmentos. El texto que buscaba el carácter de inacabado, terminó siéndolo realmente, debido a la muerte temprana de Pessoa.

 

El libro del desasosiego siempre fue tratado de encasillar en el modernismo, pero es mucho más que eso, se trata de sensacionismo. Para Pessoa la realidad está formada por un conjunto de sensaciones. No ve el mundo desde un perspectiva objetiva, sino por cómo lo hace sentir. Cómo lo hace sentir desde el exterior y como lo hace sentir desde su interior. Estos son dos niveles. Pero hay una realidad completamente diferente a la exterior e interior. El sueño. Lo abstracto. Y el sueño es  para Pessoa la realidad superior. Los sueños son la realidad interior en estado puro.

 

Por lo tanto, para Pessoa su verdadera realidad está en sus sueños. Mientras que su realidad física es irreal. Pero los sueños carecen de sentido, son caóticos. Y solo el arte es capaz de organizarlos. Y este arte es la literatura. A través de la escritura Pessoa materializa las sensaciones de sus sueños y los vuelve aparentemente realidad. El arte es creación, la escritura es creación. El libro del desasosiego es la creación y materialización de los sueños de Pessoa. Pero como les decía, el libro del desasosiego siempre está en camino de ser algo que nunca será. Lo que está escrito en él parece realidad, pero es solo una ilusión. Es una imperfección. No hay una razón para escribir, no hay una meta que alcanzar, el arte no requiere de fines, solo es. Y Pessoa escribe simplemente porque tiene el don de la palabra.

 

Para Pessoa que un sueño se materialice significa perderlo. Aparentemente este libro lo hace, los vuelve realidad, pero solo en apariencia. Este libro es un estado intermedio en el que los sueños jamás se volverán realidad.

 

Cada fragmento pierde su realidad en cuanto terminas de leerlo y se reinicia, renace. Y cuando lo vuelves a leer ya es otro, porque tú eres otro. Las palabras son las mismas pero el sentido cambia. Eso es el libro del desasosiego, una constante transición. Un constante cambio.

 

Ahora ustedes se preguntarán, por qué Pessoa se aferra a sus sueños para mantenerse vivo. Porque busca huir de la realidad. El se siente ajeno a la realidad. Ajeno a la sociedad, cumple con tener un trabajo y encajar en ella. Pero no se siente parte de ella. Es más, no sabe quién es él mismo. No puede definirse. Es por ello que usa tantos heterónimos, se siente múltiple, no puede encontrar su verdadera identidad. A través de este libro intenta encontrarse a sí mismo. Sabiendo, que nunca lo logrará.

 

Fue un ser humano que sentía incapacidad para amar, para sentir afecto por los demás. Al no poder ser como todos, el se desprende de la sociedad y la mira desde fuera. Como un observador implacable que todo lo cuestiona y nada lo acepta. Ni siquiera a sí mismo.

 

Este libro, publicado a principios del siglo XX, sigue siendo totalmente vigente. Porque representa a ese ser humano alienado con problemas de identidad. Ese ser humano que vive en la incertidumbre, que la ciencia y la tecnología han devastado. Ya todo está explicado. No quedan misterios para nosotros. Nos sentimos desprotegidos frente a un mundo explicado. Estamos vacíos porque ya nada nos sorprende. Todo lo que soñamos se ha materializado. 

 

También puedes ver mi reseña en mi canal de youtube



Ricardo Carrión

Administrador del blog

 

lunes, 26 de febrero de 2018

FRASES: Libro del desasosiego [ Fernando Pessoa ]

Frases: Libro del desasosiego

Fernando Pessoa (1888-1935)


Hace algún tiempo descubrí este libro en la Biblioteca pública digital Dibam. Y lo incorporé a mis lecturas habituales. Como es un libro de tipo fragmentario; como un diario personal en donde el autor arroja ideas y conceptos en forma de reflexiones versos o historias. No lo leo como acostumbro con las novelas, sino que de vez en cuando intercalándolo con otras lecturas de forma pausada, disfrutando los fragmentos de este genial autor portugués. Y es que Pessoa logró encantarme, no precisamente por sus ideas, que de por sí, son muy interesantes, sino por la forma que tiene de expresarlas, por la inmensa lucidez que posee para escribir sobre lo que siente y piensa. Fue un escritor con esa capacidad única de entenderse a sí mismo y así poder estructurar su caos interior en palabras. En este libro no nos cuenta una historia, sino su historia, a saltos, a golpes, con la belleza de su prosa. 

Como todavía lo estoy leyendo, no puedo elaborar una reseña completa, pero sí he decidido compartir la enorme cantidad de frases y fragmento que he ido rescatando de mi lectura. Así, cualquier persona que tenga curiosidad de leer a este autor, podrá tomar la decisión de hacerlo o no a partir de sus maravillosas frases reflexivas. Se las dejo a continuación:

Pertenezco, sin embargo, a esa clase de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, y no ven solo la multitud de la que forman parte, sino también los grandes espacios de alrededor. 


La decadencia es la pérdida total de la inconsciencia, pues la inconsciencia es el fundamento de la vida. Si el corazón pudiera pensar se detendría. 


A quien, como yo, que vive sin saber tener vida ¿Qué le resta más que la renuncia como forma y la contemplación por destino, como ocurre con mis propios semejantes?


Pero imperfecto es todo y no hay ocaso tan bello que no pudiera serlo un poco más, ni suave brisa adormecedora que no pudiese producirnos un sueño más calmo todavía. 


Considero la vida un apeadero donde tengo que esperar hasta que llegue la diligencia del abismo. 


¿Por qué es tan bello el arte? Porque es inútil ¿Por qué es tan fea la vida? Porque en ella todo son fines y propósitos. Todos sus caminos conducen de un punto hasta otro punto. ¡Ojalá hubiera un camino hecho en un lugar al que nadie va! 


¿La belleza de las ruinas? El no servir ya para nada. ¿La dulzura del pasado? El recordarlo, puesto, que recordarlo es hacerlo presente y no lo es ni ya lo puede ser.


En cada gota de lluvia mi errada vida llora en la naturaleza. Hay algo en mi desasosiego en ese gota a gota, en ese llover y llover con que la tristeza del día se descompone inútilmente sobre la tierra. 


Despierto para saber que existo


El propio sueño me castiga. He adquirido en él tal lucidez, que veo como real cada cosa que sueño. Se ha perdido, por tanto, todo cuanto valoraba como soñado.


Me huele a frío, la amargura, el resultarme impracticables todos los caminos, la idea de todos los ideales. 


No querer comprender, no analizar… Verse a uno mismo como a la Naturaleza; observar sus propias impresiones como quien observa un campo —esto es la sabiduría. 


No quería sentir la vida , ni tocar las cosas, sabiendo por la experiencia de mi temperamento contagiado por las cosas del mundo, que la sensación de vida fue siempre dolorosa para mí. Al evitar ese contacto, me he aislado, y al aislarme exacerbé esa sensibilidad ya excesiva. 


El convencimiento es para mí la pérdida de una ilusión. 


Convivir con los demás es una tortura para mí. Y bien sé que los otros están en mí. Aunque apartado de ellos, estoy condenado a convivir con ellos. A solas conmigo, me cerca la multitud. No tengo a donde huir a menos que huya de mí mismo. 


El único modo de estar de acuerdo con la vida es estar en desacuerdo con nosotros mismos. Lo absurdo es lo divino.


Y me escondo detrás de la puerta, para que la realidad, cuando entre, no me vea. Me escondo debajo de la mesa donde de manera súbita doy sustos a la posibilidad. De modo que aparto de mí, como si fueran los dos brazos de un abrazo, los dos grandes tedios que me ahogan: el tedio de poder vivir sólo lo Real y el tedio de poder concebir sólo lo Posible.


Algo arrojado a un rincón, trapo caído en un camino, mi ser innoble finge ante la vida.


Estoy triste por dentro de la conciencia. Escribo estas líneas mal anotadas, no para decir esto, no para decir algo, sino para dar alguna ocupación a mi indiferencia. 


Pero soy de los que creen que la vida es mitad luz y mitad sombras. No soy pesimista. No me quejo del horror de la vida. Me quejo del horror de la mía. El único hecho importante para mí es el hecho de existir yo y de sufrir yo, y de no poder ni soñarme más allá de sentir que sufro. 


La grandeza de una bella puesta de sol me entristece con toda su hermosura. Ante ella suelo decir: el que es feliz debe sentirse contento al ver esto. 


Es noble ser tímido, distinguido no saber nada, grande no tener madera para vivir. 


Benditos quienes no confían su vida a nadie.


Mi aislamiento no es una búsqueda de la felicidad, pues carezco de alma para alcanzarla; ni de tranquilidad, que nadie consigue hasta no haberla perdido, sino de sueño, de apagamiento, de pequeña renuncia. 


Mis horas más felices son aquéllas en las que no pienso en nada, no quiero nada, no sueño siquiera… Disfruto sin amargura la consciencia absurda de no ser nada, el sabor de la muerte y del apagamiento. 


En todos los lugares de la vida, en todas las situaciones y con-vivencias, yo he sido para los demás un intruso. Por lo menos fui siempre un extraño.


Soy, por desgracia, de una frialdad comunicativa tal, que a veces obligo involuntariamente a los otros a sentirse reflejados en mi falta de sentimientos. 


Siempre fue mi deseo resultar agradable a los demás y mucho me ha dolido que siempre me fueran indiferentes. Huérfano de fortuna, tengo, como todos los huérfanos, necesidad de ser objeto de afecto por parte de alguien. 


No tengo cualidades ni para ser jefe, ni para ser un mandado. Ni siquiera estoy satisfecho conmigo, que es lo que a uno le consuela cuando las demás cosas fallan. 
Otros menos inteligentes que yo son, en cambio, más fuertes. 


Si un día quisiese a alguien, no sería correspondido. 


Nosotros no nos realizamos. Somos un abismo yendo hacia un abismo, un pozo que mira al cielo.


La amo como amo el crepúsculo o el reflejo de la luna, con el deseo de que el momento quede, pero sin que sea mío salvo en la sensación de haberlo vivido. 


Nada quiero de la vida salvo asistir a ella. No quiero nada de mí salvo asistir a la vida.


Para cualquier espíritu científicamente constituido, ver una cosa más de lo que puede verse es ver menos la cosa en sí. Lo que materialmente crece, espiritualmente disminuye.


Ojalá tallaras tus gestos como sueños, para que fuesen solo ventanas abiertas hacia los nuevos paisajes de tu alma. De tal modo construir tu cuerpo en remedos de sueño, que no fuese posible verte sin pensar en otra cosa…


Yo solo te querría para no tenerte. Quería que soñando, cuando aparecieses, pudiera imaginarme soñando aún. 


La visión de ti sería el lecho donde mi alma durmiera, niño enfermo, para soñar de nuevo con otro cielo. ¿Hablarías? Aunque oírte no fuese más que ver grandes puentes bajo la luna uniendo las dos márgenes oscuras del río que va al anciano mar donde las carabelas son ya nuestras para siempre


¿Sonríes? Yo no lo sabía, pero por mis cielos interiores menudeaban las estrellas. Me llamas durmiendo. 


Decidí abstenerme de todo, no progresar en nada, reducir la actividad a su mínima expresión, ausentarme lo más posible tanto de los hombres cuanto de los acontecimientos, refinarme a la abstinencia y renunciar a la bizantina. ¡Vivir me horroriza y me tortura tanto!


Siento la vida como un apocalipsis y un cataclismo. Día a día aumenta en mí la incompetencia incluso para esbozar gestos que me sirvan en claras situaciones de realidad. 


La presencia de los demás —tan inesperados para el alma en todo momento— me es cada día más angustiante. Hablar con los demás me llena de escalofríos. Si acaso muestran interés por mí, huyo. Si me miran me estremezco. 


Estoy en perpetua defensa. Me duelo de la vida y de los demás. No puedo encarar la realidad frente a frente. El propio sol ya me desanima y me llena de desolación.


Recelo que hablen de mí. En todo fracasé. Ni siquiera me atrevo a pensar en ser. Pensar en desearlo, ni siquiera lo soñé pues ya en el propio sueño me he reconocido incompatible con la vida. 


Toda la realidad me molesta. La conversación de los demás proyecta sobre mí una enorme angustia. La realidad de las otras almas me sorprende de continuo. 


La mayoría de los hombres son otros hombres, dice Oscar Wilde y tiene razón. Unos se pasan la vida en busca de algo que no quieren; otros se emplean en la búsqueda de lo que quieren y no les vale; otros, incluso, se pierden.