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viernes, 1 de septiembre de 2017

RESEÑA: La senda del perdedor [ Charles Bukowski ]

La senda del perdedor

Análisis y opinión

ricardo-carrion
Charles Bukowski (1920 - 1994)
Anagrama
288 Páginas


"Lo mejor del dormitorio era la cama. Me gustaba estar en la cama durante horas, incluso de día, con las sábanas subidas hasta la barbilla. Allí se estaba bien, nunca ocurría nada, no había gente, nada". Pág. 35. 


Quizo el destino que me encontrara con este libro. Me lo habían recomendado hace mucho tiempo. Sin darme grandes especificaciones me aconsejaron leer La senda del perdedor de Bukowski. Luego de leerlo y de indagar un poco en la biografía del autor, me di cuenta que es el libro ideal para empezar a leer sus novelas y cuentos. Porque el personaje principal, Henry "Hank" Chinaski, es el alter ego del autor y aparece en gran parte de su producción literaria. La senda del perdedor nos cuenta los orígenes de Chinaski, desde que era una niño hasta sus días en la universidad. Es el génesis del universo de Bukowski, el punto de partida de su literatura autobiográfica. 

Henry Chinaski, no fue un niño con suerte. De origen alemán, fue tempranamente llevado a vivir a Norteamérica, a los barrios bajos de Los Ángeles. En donde, junto a sus padres, debe enfrentar mientras crece, la gran depresión económica y la segunda guerra mundial. 

"Todos proveníamos de familias víctimas de la Depresión y la mayoría habíamos sido mal alimentados". Pág. 87.

A pesar de que su familia aparenta tener una buena situación, la economía de los Chinaski es deplorable, lo cual, no contribuye en nada a mejorar la relación entre ellos. Con un padre violento y  golpeador, y una madre que a pesar de las palizas le rinde respeto incondicional, el pequeño Henry, deberá intentar sobrevivir en un mundo donde la familia no es un apoyo, sino un enemigo más.

"No valía la pena confiar en ningún otro ser humano. Los hombres no se merecían esa confianza". Pág. 142. 

Así, soportando las palizas de su padre y la carencia de afecto, vive su infancia, adolescencia y juventud en medio de la miseria. Su relación con el mundo exterior no es mejor. Es constantemente discriminado en los distintos establecimientos educacionales; no se adapta, no le gusta la gente. Al tratar de aislarse, solo consigue atraer a otros perdedores, lo que finalmente le acarrea problemas y golpizas de sus compañeros. Además de ser un solitario, su condición de extranjero también lo margina, y una extraña y crónica enfermedad dérmica, termina por apartarlo más de los lazos humanos, aumentando su pasión por el alcohol y la violencia. 

Esta es la historia de Chinaski, la senda de un perdedor, el camino de un derrotado. Pero, a pesar de las duras pruebas que le pone la vida, sabe como levantarse y encararla, no comprende por qué, pero lo hace, se recupera y sigue adelante: hacia la nada.  

"Venían de un barrio rico, no sabían lo que significaba luchar por recuperarse". Pág. 45. 

"Cuando la adversidad alcanzara sus vidas posiblemente llegara demasiado tarde o fuera demasiado poderosa. Yo estaba preparado." Pág. 166. 

Con una prosa limpia y parca, que no se detiene en detalles, sin utilizar recursos estilísticos o adornos. Bukowski logra una narración fluida que se devora en un instante; el libro te devora a ti. Frases cortas y secas se unen para otorgarle a la historia un ritmo determinado. Cada capítulo es breve y representa una pequeña anécdota en la vida de Chinaski, son los hechos más destacados, los puntos de inflexión que convirtieron al protagonista en lo que es. Violencia, miseria, injusticia, sexualidad y alcohol se convierten en los temas que impulsan la trama a cada instante. Intercalando una narración en donde el protagonista reflexiona sobre dichos temas, y diálogos simples, logra en conjunto una tensión narrativa que atrapa al lector irremediablemente. 

La voz del narrador es desenfrenada, impetuosa, vibra con todo su ser. Su alma no es cálida, sino que arde en el frío lamento de la calle, en la decadencia de un mundo sin esperanzas. El infierno interno de Chinaski es el que lucha contra la desolación del universo. No se lamenta, odia; un odio analítico y calculador. La carencia lo enriquece y alimenta. Es un ser que no tiene recuerdos en los que ocultarse y solo le queda avanzar, sobrevivir y dar la pelea a cada instante. Pero está cansado de luchar contra un mundo que le exige encajar. Y ese cansancio causa empatía en el lector, es imposible no ponerse del lado de Chinaski, un personaje valiente que representa lo que no nos atrevemos a afrontar: No encajamos y punto. El no hará nada para insertarse en el sistema, se irá al infierno antes que perder su libertad.

"El beber era lo único que evitaba que un hombre se sintiera desplazado e inútil. Todo lo demás era luchar y luchar, abriéndose paso a tajos. Y nada era interesante, nada. Todo el mundo era igual, reprimiéndose y controlándose. Y yo tenía que vivir con esos mamones el resto de mis días". Pág. 245. 

Es una lectura muy recomendable, en donde el lenguaje soez, se mantiene en una línea que lo hace encajar perfecto con la apasionada narración de Chinaski.
Fueron pocos los momentos en que sentí monotonía, fue precisamente hacia el final cuando tiende a reiterar excesivamente hechos violentos, pero alcanza a repuntar y dejarlos pasar, para dar paso a un final simbólico, que en pocas líneas nos muestra la verdadera cara de la senda de un luchador.

"La vida del hombre normal y sano era tediosa, peor que la muerte. Parecía no haber alternativa posible. Y la educación también era una trampa. La poca educación a la que me había permitido acceder me había hecho más suspicaz. ¿Qué es lo que eran los doctores, abogados y científicos? Tan solo eran hombres que habían permitido que los privaran de su libertad de pensar y actuar como individuos". Pág. 275. 


Ricardo Carrión
Administrador del blog.


jueves, 3 de agosto de 2017

RESEÑA: La borra del café [ Mario Benedetti ]

La borra del café (1992)

Análisis y opinión


ricardo-carrion-eligeunlibro
Mario Benedetti (1920 - 2009)
Editorial Planeta 
Planeta lector
220 Páginas


¿A dónde van las nieblas, la borra del café, los almanaques de otro tiempo?Julio Cortázar.

Con esta cita inicia La borra del café, novela del escritor uruguayo Mario Benedetti. En apenas 200 páginas, Benedetti nos cuenta la vida de Claudio, desde su niñez hasta su adultez. Para ello, se sumerge en la cotidiana vida del Montevideo de mediados del siglo XX. La familia de Claudio es algo nómada, cambia de casa constantemente por diversos motivos, en los cuales nunca ha estado incluido el económico. Esto los lleva a cambiar también de barrio, por lo cual, al adentrarnos en el libro, nos empapamos de la esencia de la cultura uruguaya.

¿Cómo contar casi toda una vida en tan pocas páginas? Benedetti, utiliza una narración fragmentaria, en donde nos muestra pequeños trozos de la vida de Claudio. Son 48 fragmentos muy breves, con los cuales arma un cuadro precioso de una vida normal; la belleza de lo cotidiano.

A través de los personajes que se relacionan con el protagonista, vamos descubriendo esas pequeñas características que hacen tan pintoresco al pueblo uruguayo, como los amigos del barrio Capurro, los abuelos paternos y maternos, sus tíos, la sirvienta yugoslava que representa a los inmigrantes y, sobre todo, sus padres.

"Capurro era la resonante campana del tranvía 22 y los malabarismos del motorman, las expectativas del paso nivel cercano a  Uruguayana, o eran mis conversaciones con Mateo y sobre todo los abrazos acogedores de mi madre..." Págs. 179-180.

De telón de fondo se vive la segunda guerra mundial y, a través de los ojos de Claudio, nos enteramos de cómo se vivió desde esta parte del mundo dicho conflicto bélico. Se destaca el hundimiento de un barco alemán en la batalla del río de la plata, como también el lanzamiento de las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki.

"Y el tiempo iba pasando y yo lo perdía, lo perdíamos todos. ¿Cómo queremos más? ¿Cómo superar las mallas de la indiferencia?" Pág. 182.

Los giros del libro no son de corte argumental, es la vida misma la que le da puntos de inflexión a la existencia del personaje: la enfermedad de su madre, los cambios de casa, los secretos de la infancia,  las conversaciones con su amigo ciego Mateo, la universidad, el trabajo, su primera relación sexual y el amor. Pero, lo que parece algo cotidiano pasa al territorio de lo fantástico cuando los sucesos más significativos se desarrollan siempre a una hora específica: las tres y diez. Esto sumado a la aparición casi fantasmal de una mujer en diversas etapas de su vida y que, además, aparece en las lecturas de su borra del café junto a la imagen de una higuera, sumerge a la historia en el realismo mágico.

"Lentamente se fue moviendo por las ramas hasta que llegó a mi ventana y desembarcó en mi cuarto. Por entre mis lágrimas pude ver que era bastante linda, que tenía una mirada dulce y que su relojito de pulsera marcaba las tres y diez". Pág. 57.

Esa misteriosa mujer que se manifiesta en los momentos menos esperados, en su niñez, juventud y adultez, siempre relacionada con la extraña hora de las tres y diez, genera un enigma muy interesante que impulsa la novela y le da esa tensión narrativa necesaria para atrapar al lector. Misterio que se resuelve finalmente en un lapsus surrealista de la historia al final del libro.

"Me besó. En la mejilla, junto a la comisura de los labios, y se demoró un poquito en aquel contacto. Tengo la impresión de que ése fue mi primer borrador de felicidad". Págs. 58-59

Los temas que prevalecen en este libro son diversos como la vida misma, y siempre buscan el equilibrio. El amor de pareja está presente, pero no llega a ser protagonista como en otros de sus libros, comparte el escenario con la amistad, el amor filial, la felicidad, el enojo, la injusticia, la decadencia, la impotencia, la muerte y la empatía. Temas que generan diversas reflexiones que se serán del gusto de los más variados lectores.

"El trabajo fijo te va dando una sabiduría esencial, que probablemente viene de tocar la realidad con las manos, en tanto que el manejo de cifras y plantillas te va encerrando en una cueva de abstracciones". Pág. 173. 

"He llegado a pensar que, después de todo, la conciencia es simultáneamente nuestro cielo y nuestro infierno. El famoso juicio final lo llevamos aquí, en el pecho". Pág. 181.