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lunes, 2 de octubre de 2017

Reseña Nº 182: Los hermanos Karamazov

Los hermanos Karamazov (1880)


ricardo-carrion
Fiódor Dostoievski (1821 - 1881)
Penguin Clásicos
1144 Páginas
Literatura Rusa

Dostoievski se encontraba en una etapa de su vida en que ya había sufrido muchas penurias y situaciones difíciles que le dejaron profundas huellas emocionales. Necesitaba dinero, y lo conseguiría trabajando en lo que más se destacaba: como escritor. Su primer libro publicado, "Pobres gentes" (1846), lo había posicionado lo suficiente en el mundo literario como para poder vivir de sus escritos, pero la tarea no sería fácil, los plazos para las entregas de los manuscritos eran muy exigentes. Trabajaba bajo mucha presión, tanto así, que no alcanzaba a releer lo escrito. Es en este período cuando se produce una seguidilla de publicaciones de sus libros: Crimen y castigo (1866), El jugador (1867), El idiota (1868), Los demonios (1872), Los hermanos Karamazov (1880). A medida que aquellas primeras publicaciones fueron dando sus frutos, poco a poco su tiempo de creación aumentó, y se propuso una tarea titánica: escribir su obra magna, el libro definitivo. Para ello quiso vertir todas las experiencias y reflexiones de su vida en este proyecto: Los hermanos Karamazov. 

Fiódor Pávlovich Karamazov es un terrateniente, y un ser repugnante y astuto. En sus años mozos, se casó con Adelaida Ivánovna Miúsova, una heredera de una notable fortuna y propiedades. Luego de contraer Matrimonio, Fiódor Pávlovich no solo le arrebató su dinero, sino que también intentó pasar a su nombre todas sus propiedades. De aquella unión, consolidada por el vil interés económico, nació Dmitri Fiodorovich Karamazov (Mitia), quien por las desavenencias de sus padres, terminó siendo criado por distintos parientes lejanos, incluido un criado; pasó por cuatro hogares diferentes, carentes de afecto. 

La segunda esposa de Fiódor Pávlovich Karamazov fue Sofía Ivanovna, de ella el lascivo terrateniente no quería su dinero, sino su juventud y belleza. Nuevamente un matrimonio impulsado por la interés, esta vez no económico. De aquella unión, nacieron dos hijos: Iván Pávlovich Karamazov y Alekséi Fiodorovich Karamazov (Aliosha). Ellos, al igual que su hermano mayor, fueron criados por extraños y lejos de la ciudad que los vio nacer. 

Los hechos se desarrollan muchos años después, cuando el viejo Fiódor Pávlovich tiene 55 años, el joven Aliosha 19, Iván 23 y Mitia 27. Ninguno había regresado a la ciudad con anterioridad, salvo Aliosha, que lo hizo solo un año antes. El regreso de los hermanos a buscar su herencia y a ajustar cuentas con su padre, desata los terribles acontecimientos que culminan con el brutal asesinato de Fiódor Pávlovich. 

Lo cierto, es que las relaciones entre este desconsiderado y brutal padre, y sus hijos, es pésima, sobre todo con Mitia, su hijo mayor. Tanto Aliosha, que siguió el camino del monasterio, impresionado por la sabiduría del ermitaño Zosima, e Iván, que se dedico al estudio concienzudo, tuvieron una mejor educación que Mitia, quien tiene un pasado como soldado, apostador y despilfarrador. Es por eso que Mitia, es el más interesado en adquirir el dinero que, según él, le corresponde. 

Pero no solo el dinero lo enemista con su padre, también el amor. La joven Agrafena Aleksándrova (Grúshenka), se interpone entre los dos. Fiódor Pávlovich, no ha desistido en su atracción por las jóvenes, y está dispuesto a pagar una cuantiosa suma de tres mil rublos, por una visita de ella. Esto no hace más que acentuar el odio de Mitia, quien arrebatado por la furia clama a gritos que asesinará a su padre. 

¿Para qué vive este hombre? No, díganme ustedes si se le puede permitir que siga deshonrando la tierra con su presencia". Pág. 141. 

Aliosha, por su inclinación sacerdotal, tiene mejores relaciones con su padre, y por lo mismo intenta mejorar la situación con él y sus hermanos. Iván por su parte, odia tanto a su padre como Mitia, pero es mucho más comedido en sus acciones y discursos. 

"En aquella confusión se podía uno perder por completo, y el corazón de Aliosha no podía soportar la ignorancia, porque su amor fue siempre de carácter activo. No podía amar pasivamente, y en cuanto tomaba cariño trataba de ayudar". Pág. 306.

Hasta que llega el momento del asesinato, en donde todas las evidencias apuntan a Mitia, quien además, tenía una millonaria deuda. Pero él declara su inocencia. La verdad del asesinato se revelará cerca del fin de la historia, que reafirmará la tesis de Dostoievski, sobre la salvación del alma paterna, a través de las acciones de sus hijos. 

¿Por qué en el fondo de mi alma me considero también un asesino? Pág. 909.

Y es justamente esta idea que baraja Dostoievski, la que le da forma a la novela. Estos tres hijos, más uno ilegítimo que aparece más tarde en el relato, confrontan a un padre pecador, llevando sus relaciones incluso hasta la violencia, tanto física como psicológica. Es una subversión del ideal de redención y resurrección del ser humano en la tierra. Y esa idea de subvertir, es lo que le da el brillo a la novela, el brillo de la decadencia y el patetismo extremo de sus personajes: Los condenados Karamazov, los malditos Karamazov. 

"Si no hay un Dios infinito, la virtud tampoco existe y no hace ninguna falta". Pág. 926. 

Sí, porque a los hermanos les duele estar vivos. En el fondo, la vida es una maldición para ellos, es el motivo principal del odio hacia su padre; traerlos al mundo, es el detonante que se oculta tras el interés por el dinero, que es un mero vehículo para apaciguar su dolor. 

"Busca la felicidad en el dolor". Pág. 145.

Y es a través del dolor donde el mal aprovecha para introducirse y hacer su voluntad. En la figura del diablo, que asoma solamente en forma de alusiones en las frases que utilizan los protagonistas, en una suerte de sinfonía voluntariamente imperceptible, que alcanza su crescendo cuando él mismo decide hacerse presente y materializarse frente al lector a través de las alucinaciones de Iván, en uno de los capítulos más extraordinarios del libro: La discusión entre Iván y el diablo. 

"Sé más discreto en tus mentiras o dejaré de escucharte. Tú quieres vencerme con el realismo, persuadirme de que existes, y yo no quiero creer en tu existencia. ¡No creeré en ella!". Pág. 938.

La idea de subvertir le resulta a Dostoievski, aunque para ello, deba alargar y estirar su novela, que incluso le da cierta deformidad estructural. Hay capítulos que parecen estar demás, sobre todo en el libro primero, donde se hace alusión a los monjes; pero para la idea general del autor, es una parte vital, que incorpora a pesar de que la estructura de toda la novela tambalee. Porque los monjes y el ermitaño tienen esa doble interpretación, de santidad y fracaso. Sus comportamientos se describen de tal forma que, el lector puede apreciar que comparten el mismo destino oscuro que el resto de la humanidad. Y para eso, acentúa esa decadencia con un narrador muy carismático, que se encarga de resaltar dicho destino. No es un narrador cualquiera, es un ser intermedio entre un personaje y el autor. Tiene la cualidad de hacerse invisible cuando no se requieren sus intervenciones, pero de pronto sorprende, aparece de entre el público y se dirige al lector, como un ente omnipresente que ha presenciado los hechos desde la penumbra.

"Que no me culpen, pues, si me limito a referir sólo lo que a mí, personalmente me produjo más impresión y lo que de manera particular se quedó grabado en mi memoria". Pág. 963.

Dostoievski podría estirar todo lo que quisiera la novela, y aún así su estructura no se derrumbaría, porque está construida en base a tres ideas principales: la existencia de Dios, la libertad y la razón. Utiliza el asesinato como un impulsor de esas ideas, pero en sí, el asesinato, no le da estructura. Lo que en cualquier otro libro sería lo principal, acá no tiene esa importancia. Es cierto que se genera cierto suspenso por descubrir la identidad del asesino, pero no va más allá. Lo que verdaderamente dirige la novela, son las ideas que desarrolla mediante los diálogos de los personajes. Y solo personajes que estén al límite, presionados por la vida, pueden dialogar con tanta pasión, discuten y echan fuera todo lo que los está destruyendo, todo lo que les causa dolor. La historia posee la tensión y los típicos artilugios de la novela criminal, pero solo es un elemento más. El crimen en sí, no es lo importante, sino lo que provoca en los hermanos, en los hijos; la revelación de lo que hay en su interior, su lucha moral personal. 

"Te respeto, pero sé que también yo soy hombre. En el hecho de que te respeto sin envidia, se revela mi dignidad humana ante ti". Pág. 486. 

Una historia así no resultaría si los personajes no estuvieran bien construidos. Todos tienen cualidades particulares que ayudan a Dostoievski a exponer sus razonamientos, pero en conjunto, también lo hacen. Los hermanos y el padre, esa familia disfuncional, es el núcleo, desde donde se van ramificando líneas argumentales a través de sus particularidades. 
Son personajes profundos y complejos, con problemas, angustiados, existencialmente abatidos. Su melancolía brilla, brilla tanto que el paisaje carece de importancia, el lector solo ve su presencia, y no necesita de nada más, no son necesarias las descripciones de lo que los rodea. Y cuando se reúnen dos o más, ya no importa dónde estén, sino qué es lo que discuten; su mundo interior elimina el exterior. 

El libro no es para devorarlo en una tarde, está dividido de tal forma que se puede leer por secciones en el tiempo. Muchas veces se desvía de la trama principal, y te lleva hacia historias que parecen ajenas al relato criminal. Pero no son más que reminiscencias de lo que en un principio se trataba de una novela sobre los niños y la infancia. No es un libro para un lector que espere una simple novela criminal, sino una novela de ideas sobre la vida, sobre los principales cuestionamientos existenciales de los hombres.

"Me maravillé entonces de que las ideas más sencillas y claras tarden tanto en aparecer en nuestra mente". Pág. 488.
Ricardo Carrión
Administrador del blog