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viernes, 27 de octubre de 2017

Reseña Nº 187: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco [ Bukowski ]

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (1998)

Opinión y análisis


ricardo-carrion
Charles Bukowski (1920-1994)
Anagrama
170 páginas
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El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco. La ingeniosa frase que se le ocurrió a Bukowski para titular este libro, hace alusión al viaje de la humanidad, en una nave sin rumbo, a la deriva; directo a la destrucción. La frustración que siente por la sociedad humana queda clara, y no solo frustración, es un odio repelente; y una angustia al mismo tiempo, de la dependencia que el mismo no puede evitar de un sistema que desprecia. 

"Toda esa gente. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Todos vamos a morir, todos nosotros, ¡menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada". Pág. 11. 

Este libro lo escribió durante los últimos años de su vida. Lo estructuró en formato de diario de vida. Esta vez, sin un personaje con el cual disfrazarse, es el propio Hank el que nos habla directamente y sin preámbulos. Registrando escrupulosamente las fechas de sus entradas, nos lleva desde 1991 hasta 1993, obsequiándonos sus últimas impresiones, ya que muere en 1994, por lo que el libro se publicó de forma póstuma.
Bukowski lo presentía, sabía que se acercaba su fin. Ya no podría seguir bebiendo y escribiendo. Si ya no podía escribir, ya no podía vivir. La escritura lo había mantenido vivo más tiempo del que él hubiera imaginado. Se sentía satisfecho, pero con esa sensación amarga de no querer irse.

"Te preparas para ser escritor haciendo las cosas instintivas que te alimentan a ti, que te protegen de la muerte en vida". Pág. 120.

La temática se basa en la cotidianidad. Bukowski nos cuenta su rutina diaria, con una simpleza aplastante. Hablando de cosas tan triviales como sus continuos viajes al hipódromo, o sus molestias con otros escritores, poetas y editores. El gran Hank no duda en dejar caer su dura opinión sobre estos asuntos. Logra envolvernos en su prosa golpeadora, en sus frases chispeantes. Nunca necesitó de grandes temas para hacer bailar las palabras, para llenar páginas en blanco, las que hubiera llenado hasta la eternidad. 

"Nunca quise fama ni dinero. Quería poner la palabra en la página como yo quería, eso es todo. Y tenía que poner las palabras en la página o me sentía superado por algo peor que la muerte". Pág. 119. 

El Bukowski que encontraremos en este libro, tiene 71 años, tiene dinero, es famoso; un escritor consagrado. No tiene nada más que hacer que ir al hipódromo, y luego llegar a beber, escribir, pasar un rato con su mujer Linda y sus nueve gatos. A partir de esa base, nos cuenta sus reflexiones sobre los más variados temas, incluido el de la muerte. 

Yo llevo a la muerte en el bolsillo izquierdo. A veces la saco y hablo con ella: Hola, nena, ¿qué tal? ¿Cuando vienes por mí? Estaré preparado. No hay que lamentarse por la muerte, como no hay que lamentarse por una flor que crece. Lo terrible no es la muerte, sino la vida que la gente vive o que no vive hasta su muerte. No hacen honor a sus vidas, les mean encima. Las cagan. Estúpidos gilipollas. Se concentran demasiado en follar, ir al cine, el dinero, la familia, follar. Sus mentes están llenas de algodón. Se tragan a Dios sin pensar, se tragan la patria sin pensar. Muy pronto se olvidan de cómo pensar, dejan que otros piensen por ellos. Sus cerebros están rellenos de algodón. Son feos. Hablan feo, caminan feo. Ponles la gran música de los siglos y no la oyen. La muerte de la mayoría de la gente es una farsa. No queda nada que pueda morir. Pág. 15. 

Lo mejor de todo, es que mientras lleva este registro, paralelamente él sigue escribiendo. Constantemente hace referencias a sus libros de poemas y a su última novela "Pulp", lo que provoca que nos hable de su intimidad creativa. Por ejemplo: de su necesidad de música clásica para concentrarse y de su experiencia con el cambio de tecnología: del paso de la máquina de escribir a una computadora Macintosh. Para él, la computadora fue una experiencia reveladora, y no duda en contar detalles sobre lo mucho que potencia su creatividad, versus el gran trabajo de correcciones que debía hacer con la máquina de escribir. 

"Es sencillamente más fácil registrar las palabras, se transfieren más rápidamente desde el cerebro (o donde quiera que salga esto) a los dedos, y de los dedos a la pantalla, donde se hacen visibles inmediatamente; nítidas y claras". Pág. 89.

Mientras nos narra sus peripecias como escritor. Como la forma en que la gente lo busca y lo engaña, o como lo reconocen en la calle. Va recordando al mismo tiempo los días en que dormía en los parques y despertaba en medio de tarros de basura.
Su origen humilde y esforzado, su vida en el infierno, es una prueba que finalmente ha superado. Se encuentra en la cima, pero eso no significa que no haya dejado de luchar. Las enfermedades lo agobian, el cansancio crece. Pero su literatura sigue intacta, con la misma fuerza. Él compara su forma narrativa con la de un combate de boxeo, es su estilo, las palabras no pueden decaer, no pueden dormirse, hay que estar atento, porque en cualquier momento te llega un uppercut. 

Hay algo ahí que aprender, algo que aplicar al arte de la escritura, a la manera de escribir. Tienes una sola oportunidad y se acabó. Solo quedan páginas, así que más te vale que echen humo. Pág. 165.

Ricardo Carrión
Administrador del blog