Reseña Nº 269: De la brevedad de la vída
Filósofo: Lucio Anneo Séneca
Aproximadamente diez años antes de que esto ocurriera, Séneca escribió ciertas ideas sobre la supuesta brevedad de la vida a su cuñado Paulino. Por lo tanto, utiliza el formato epistolar para reflexionar sobre el tema. Así nace este texto que se enmarca dentro de lo que se llaman los Diálogos de Séneca y que está compuesto por al menos otros ocho tratados más.
Por lo tanto, cuando lees el libro te das cuenta de que de principio a fin, lo que hace Séneca, es explicarle a Paulino el porqué debe dejar su trabajo, el cual le ocupa mucho tiempo de su vida, es decir, es una labor que lo mantiene muy ocupado y no lo deja vivir, y le sugiere que se cambie a uno más tranquilo.
Para convencerlo, Séneca argumenta y lo hace de una manera magistral, que cualquier texto actual sobre el mismo tema no le llega ni a los talones. Y estamos hablando de un texto de más de 2000 años de antigüedad.
Lo que me gusta de este ensayo epistolar, es que las ideas del filósofo cordobés, se mantienen muy vigentes. Es completamente aplicable a la vida actual. Según Séneca, los humanos nos quejamos de la naturaleza breve de nuestra vida. Es decir, que se nos dio poco tiempo para vivir. Pero para el filósofo esto no es así. El afirma que, a los seres humanos se nos dio el suficiente tiempo de vida. Lo que realmente pasa es que lo desperdiciamos y nosotros mismos hacemos nuestra vida corta:
La verdad es que no hemos recibido una vida breve, sino que nosotros mismos la hicimos breve; si andamos escasos de tiempo, es que lo derrochamos.
El máximo impedimento para vivir son las esperanzas que dependen del mañana. Pierdes lo de hoy, dispones de aquello que todavía se encuentra en manos de la fortuna y desprecias lo que está en las tuyas.
Es decir, estás desperdiciando el presente. ¿Y cómo lo desperdicias? Mediante los vicios, mediante los placeres, mediante el esfuerzo inútil de conseguir fortuna para que luego la pierdas absolutamente toda cuando mueras.
Mientras tú andas distraído, la vida se apresura; entre tanto, llega la muerte, y ante ella, quieras o no quieras, será necesario que te desprendas de todo para recibirla.
Por lo tanto, Séneca plantea que puedes perder tu valioso tiempo, mediante no haciendo absolutamente nada y vivir en los placeres, como también, al mantenerte ocupado al extremo. Hay una dicotomía muy marcada en ese pensamiento. Te dice, por ejemplo, que puedes vivir la vida como un durmiente o como un vigilante. En el primer caso, en el durmiente, este lo que hace es preocuparse de comer cuando los otros comen, de amar cuando los otros lo hacen, no piensa por sí mismo, es decir, tiene ocupaciones perezosas. Lo que podría extrapolarse a la actualidad a vivir automáticamente, a seguir lo que la sociedad te impone. Mientras que los vigilantes son los que tratan de hacer múltiples tareas, manteniéndose siempre ocupados, perdiendo el tiempo en quehaceres de otro, trabajando para otro, perdiendo el tiempo en disputas de otros, trabajan y trabajan manteniéndose tan ocupados haciendo cosas que no son útiles para ellos, sino para otro que te va a pagar por eso.
En palabras de Séneca:
La vida más breve y agitada es la de aquellos que se olvidan de los tiempos pasados, desprecian los presentes y tiemblan ante el futuro.
Para el filósofo el pasado es completamente inamovible, es algo que no se puede cambiar, mientras que el presente sí. Y el futuro es incierto. Y mantener la vista puesta en algo incierto y dudoso acorta la vida del presente. Solo las mentes ocupadas están siempre mirando al futuro.
De las ideas de Séneca, estoy muy de acuerdo en que desperdiciamos gran parte de nuestro tiempo. Sin embargo, la forma en que puedes dejar de desperdiciarlo, siento que se puede interpretar de otra manera. Esa contemplación de la que habla el filósofo siento que es la clave.
No todos podemos dedicarnos a estudiar filosofía para volver a percibir nuestro presente como lo haría un estoico. Lo importante en nuestro tiempo es dejar de vivir de forma automática. Dejar de sentir que todos los días son iguales. Y esa tarea se puede lograr si preparamos nuestra mente para la contemplación. Debemos evitar que las tareas cotidianas nos absorban y para ello siento que no debemos hacer tanto caso a esa fe en la sabiduría, a la fe que tiene Séneca en la razón. La sabiduría puede servir para algunos pero no para todos. Esa fe en la razón es Algo que Nietzsche odiaría. Por eso creo que las ideas de Nietzsche sobre el superhombre pueden ser mucho más útiles para nosotros en la actualidad. Porque nos invita a alejarnos de la perfección de la razón y resalta la importancia de lo concreto, de lo real, del hombre que siente. Por lo mismo, nosotros, atrapados en este mundo voraz en el que desperdiciamos nuestro valioso tiempo, debemos hacer actividades que nos den placer, pero no ese placer que te atonta y te hace perder consciencia del ahora, sino el que te hace sentirte vivo el que te ayuda a alcanzar la libertad de tu esencia, el que aumenta tu percepción del ahora.