Si te gustó el contenido del blog me harías un gran favor siguiéndome

domingo, 2 de octubre de 2022

Reseña: La expulsión de lo distinto. Byung-Chul Han

 Reseña: La expulsión de lo distinto, de Byung-Chul Han

 

libro

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de un ensayo filosófico llamado La expulsión de lo distinto. Un ensayo de no más de 123 páginas del filósofo surcoreano Byung-Chul Han.

 

En La expulsión de lo distinto se analiza nuestra actual sociedad excluyente, al ser humano narcisista que depende de las redes sociales, al individualismo, a la autoexplotación. A la expulsión del otro.

 


Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo, dando paso a lo igual. Hoy la negatividad del otro, deja paso a la positividad de lo igual.

 

 

Cuando Han habla del otro, se refiere a aquellos que son contrarios a nosotros, Que piensan distinto y que viven distinto. Que no encajan en la forma de vida que se espera. Los que no pueden llevar el ritmo de los tiempos actuales. Claro, hoy la sociedad espera que estemos a la altura, que nos pongamos metas y que las alcancemos, que nos estructuremos, que tengamos autodisciplina. Que seamos productivos. En ese afán, debemos destinar todo nuestro tiempo y energía a producir. No podemos malgastar el tiempo en otras actividades. Por lo tanto, no solo vivimos en una sociedad que nos induce a producir, sino que nos induce a producir todo el tiempo. Eso es lo positivo. El que no puede mantener el ritmo, el que requiere de espacios para respirar, el que necesita de cierto tiempo para realizar sus actividades, el diferente, el otro, es dejado de lado. Se le saca del camino. Y junto con él, su negatividad. Entiéndase negatividad como lo contrario a la positividad. No es que sea algo malo, sino simplemente lo contrario. Al apartar al otro y su negatividad, el camino de lo positivo queda libre, no tiene límites, es infinito, no hay nada que se le oponga. Por lo tanto, al no tener obstáculos, no hay una proliferación controlada de lo positivo, sino que es excesiva, adiposa, acumulativa.  De esta forma, se comienzan a producir individuos iguales, la sociedad se transforma en una fábrica de producción de lo mismo. Y como no existe la negatividad de lo distinto, esos individuos que siguen una autodisciplina terminan autoexplotándose. Porque cuando no hay un tope, un stop, el crecimiento se deforma y los seres humanos se enferman. Por lo tanto, Han propone recuperar al otro y su negatividad. No para que domine, sino para que haga equilibrio. Un equilibrio hoy perdido, que ha volcado a muchas personas hacia la depresión.

 

El sujeto que, viéndose forzado a aportar rendimientos, se vuelve depresivo, en cierta manera se muele a palos o se asfixia a sí mismo.

 

El autor sugiere que, antes, cuando el ser humano se veía forzado a trabajar en puestos que no lo hacían sentirse realizado, tenía a quien culpar. Había otro que le exigía rendimientos, al que podía apuntar con el dedo y decirle: Te culpo. Hoy vivimos una falsa libertad. Ya no existe el otro a quien culpar, se ha eliminado junto con su negatividad. El ser humano ha quedado solo y aislado, cree que es libre, pero solo se ha hecho esclavo de sí mismo. Es él mismo el que se exige, es él mismo el que se critica, es él mismo el que se culpa. Es él mismo el que se sobreexplota. Se apunta con el dedo a sí mismo y dice: Yo soy culpable.

 

La presión destructiva no viene del otro, proviene del interior.

 

La masificación de este ser humano que se exige a sí mismo sin clemencia, se ha visto beneficiada por el auge tecnológico. Porque lo que nos facilita la vida, nos ha facilitado también otra cosa. La expulsión de lo distinto. Nos ha ayudado a expulsar al otro de nuestras vidas. El autor dice: El hombre ya no se relaciona con los demás, solo se conecta. Son conexiones, no relaciones. Por lo que, La soledad y el aislamiento se acentúa. Proliferando el yo, proliferando lo igual. En redes sociales formamos comunidades de lo igual. Las personas que piensan igual se agrupan. Más que agruparse, se acumulan. Porque en redes no se generan amistades, se producen amigos, se producen seguidores. Son números y números que se acumulan y se deforman. Ya no tenemos relaciones con lo distinto. Lo distinto formaba anticuerpos como una vacuna en el ser humano. Por lo que Hoy estamos expuestos a todas las enfermedades mentales. Los algoritmos, proliferan lo igual. Nos sugieren qué ver, solo lo que nos gusta, nos sugieren qué escuchar, solo lo que nos gusta. Nos damos atracones de series de nuestro gusto. Ya no hay espacio para lo diferente.

 

Viajamos por todas partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin tener ningún conocimiento. Se ansían vivencias y estímulos con los que, sin embargo, uno se queda siempre igual a sí mismo. Uno acumula amigos y seguidores sin experimentar jamás el encuentro con alguien distinto. Los medios sociales representan el grado nulo de lo social.

 

Hoy hay un exceso de comunicación, hay una hipercomunicación, se acumula y al acumularse deja de comunicar y solo deforma. Las personas no se detienen a leer una información. Si no que saltan de una a otra, leyendo incluso solo titulares. No se centran en una sola actividad por mucho tiempo. No maduran lo que experimentan, porque todo es vertiginoso. Un gran ejemplo es leer un libro, es una de las pocas actividades en donde las personas aún se mantienen atentas a una misma información. Leer requiere una temporalidad. Quedarte en un libro por un largo periodo, madurar esa información. Porque necesitas de tiempo para generar una experiencia con ese libro. Eso es algo esencial que hoy ya poco se practica.  Por eso, siempre he estado en contra de la lectura rápida. La lectura rápida carece de temporalidad.

 

Los seres humanos que ya no experimentan lo diferente, nosotros que no maduramos nuestras experiencias, vivimos en un bucle, en el bucle del me gusta, en el bucle de lo que nos agrada, rodeados en redes sociales de quienes piensan igual a nosotros, es decir, vivimos en una habitación llena de espejos donde solo nos reflejamos nosotros mismos. Es el bucle del yo. Creemos que somos libres, pero vivimos encerrados en nosotros mismos. Por lo que fácilmente nos autoexplotamos y caemos en el narcisismo.

El contacto con el otro y su negatividad nos hacía evolucionar, crecíamos. Hoy estamos estancados. La violencia de lo igual detiene procesos de crecimiento humano y dispara el económico.

Pero ustedes pueden decir, que no somos todos iguales, que mucha gente busca diferenciarse de otra, se ve en como se visten, se ve en como se pintan el pelo. Algunos son fans de Star Wars, del señor de los anillos, otros de equipos de futbol. Nos diferenciamos. Pero no. El autor señala que aquello es solo autenticidad. Una ilusión de ser diferente. Porque al compararte con los demás vuelves a ti mismo, te produces a ti mismo. Dices: ¡Ah! Él es diferente, entonces yo también quiero ser diferente. Y eso no produce diferencia, al contrario, produce igualdad. No hay alteridad.

 

El imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanentemente a sí mismo, a vigilarse a sí mismo, a estar al acecho de sí mismo, a asediarse a sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista.

 

La autenticidad hoy en día es aprovechada por el mercado, y las diferencias que genera son comercializables. Porque los individuos expresan su autenticidad mediante el consumo. Poleras, tazones, gorros de bandas musicales, de artistas, de equipos de futbol, tintes para el pelo, Funkos en el caso de los lectores. Distinta es la alteridad que no puede ser comercializable.

 

El imperativo de la autenticidad engendra una coerción narcisista. No es lo mismo el narcisismo que el sano amor a sí mismo, que no tiene nada de patológico. No excluye el amor al otro.

 

La visión del mundo del narcisista elimina al otro. Ya que solo ve la realidad a través de las matizaciones de sí mismo. Se intensifica el yo. Te ahogas en ti mismo y aquello solo genera vacío. Porque estás solo contigo mismo.  Te cansas de ti al punto que dejas de sentirte y necesitas más estímulos. Como el de una selfie.

 

Los selfies son bellas superficies lisas y satinadas de un yo vaciado y que se siente inseguro.

 

De esta forma, Byung-Chul Han va desmenuzando los principales problemas del ser humano actual, que es un ávido consumidor de redes sociales. Su tesis gira en torno a una vida en sociedad que cada vez intenta agradar más al ciudadano, eliminando lo distinto. Todo intenta amoldarse a la persona, a sus gustos e intereses, no hay nada que se le contraponga, y eso genera un efecto dominó del yo.

Como el fin es producir, las personas sacrifican su tiempo y no interactúan lo suficiente con lo otro, para generar una maduración. Te sientes psicológicamente mal, y en ves de tomarte tu tiempo y enfrentar tus conflictos, analizarlos, te medican y estás listo para seguir produciendo. Y para vender más echan mano de la autenticidad. Que al final, son tipos iguales vestidos de una manera diferente. A lo largo del ensayo el autor va dando ejemplos e indagando en todos los puntos importantes sobre estos temas. Cita constantemente a otros filósofos para dar base a su tesis, que a pesar de ser filosófica, está escrita de una forma muy amigable para todo tipo de lectores. Por eso el autor es tan leído. Puedes tener algunos problemas con conceptos puntuales, pero en general el libro se lee muy bien. Y no se queda solo en una crítica, en revelar males, sino también en dar soluciones y salidas a los problemas.

Lo que nos puede rescatar del infierno de lo igual es el arte, sobre todo la poesía. Escuchar al otro y amar al otro a pesar de que piense distinto a ti. Y el autor cita a Nietzsche.

 

¿En qué consiste el amor sino en entender y alegrarse de que haya otro que viva, actúe y sienta de forma distinta e incluso opuesta a como lo hacemos nosotros?

 

Me gusta mucho la idea de Han, de alejarse de los análisis filosóficos densos y darles mayor fluidez para que más personas se animen a leer estos temas sin tanto miedo a no entender. De hecho la historia de Han es muy inspiradora. En un inicio estudió metalurgia pero abandona esa carrera porque en realidad quería estudiar literatura. Como en su país por presiones familiares no podía, decide irse a Alemania sin saber alemán y casi nada de filosofía. Pero era un lector muy lento. No podía mantener el ritmo de lectura que una carrera literaria le exigía, por lo tanto se cambia a filosofía, donde bastaba con leer una página al día. Ahora da clases en la universidad de Berlín. Creo que para muchos este autor puede ser un gran ejemplo.

 

También pueden ver esta reseña en mi canal de youtube




 Ricardo Carrión

Administrador del blog

lunes, 19 de septiembre de 2022

Reseña: El pabellón de oro. Yukio Mishima

 Reseña Nº 286: El pabellón de oro, de Yukio Mishima (Alianza editorial)


libro-yukio-mishima

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de El pabellón de oro, novela considerada como una de las cumbres de la literatura japonesa de la segunda mitad del siglo XX. Yukio Mishima publicó esta novela en 1956, inspirado en un hecho real. Hecho que no voy a revelar y que recomiendo que no investiguen hasta que se lean el libro para no arruinar su lectura. Como está basado en un hecho real el autor hizo varias investigaciones y se entrevistó con personas clave para darle sustancia a su historia. El pabellón de oro es una compleja novela psicológica ambientada en la segunda guerra mundial.

 

Tengan mucho cuidado al elegir su edición. No todas son traducciones directas del japonés, como la edición de Alianza editorial. Algunas son traducciones del inglés o del francés. Es decir, son una traducción de otra traducción y en ese proceso se pierde mucho de la esencia del libro.

 

 

El protagonista de esta historia es Mizoguchi, un joven que entra como novicio al templo budista del pabellón de oro. Desde pequeño su padre, un monje budista de una pequeña aldea, le contaba historias de la belleza sin igual del Pabellón de oro. Una de las grandes maravillas arquitectónicas de Kyoto, que en la actualidad es un monumento considerado patrimonio de la humanidad por la Unesco.

 

El que narra la historia es el propio Mizoguchi quien a través de su relato nos revela no solo su tormento interior, sino también los detalles de su vida como novicio budista. Es una historia de cotidianidad que, sin embargo, revela la cotidianidad de una época de cambios. De cambios de mentalidad, de un sociedad japonesa que debido a la guerra sucumbe a una mentalidad decadente. Lo últimos años de la guerra generan un eco constante en la historia, un zumbido de fondo que contamina a todos de manera silenciosa.

 

 

Mizoguchi es de esos personajes que me encantan. Que no tiene que hacer grandes hazañas para que me maraville, sino simplemente indagar en su propia persona, en su propia existencia. Por lo que se trata de una novela muy filosófica. Su lucha interior es muy interesante, más que eso, es el desarrollo y la transformación de sus ideas lo que me gusta. Hay un proceso de cambio desde su niñez hasta que se convierte en un joven novicio. Tiene una característica física muy especial, es feo, y a eso hay que sumarle que también es tartamudo. Esto lo aísla desde pequeño con la vida. Impide su conexión con otras personas. Sobre todo el no poder expresarse con libertad mediante el habla. Sus palabras no conectan con una sociedad que no quiere parar a escucharlo. El aislamiento que sufre el protagonista en esta historia es clave. Porque él se encuentra en un lugar y los demás en otro. Es decir, se toca el tema de la dualidad. Hay dos fenómenos que se contraponen pero que existen en un mismo instante, en un mismo espacio. Lo interesante es que para los demás esta dualidad no existe, pero sí para el protagonista, él es el único que puede ver una barrera entre su yo y la sociedad. Barrera que en vez de tratar de romper, usa como protección. Es por ello que, en sus reflexiones podemos notar como descompone este antagonismo entre él y el resto del mundo en diferentes piezas: en fealdad y belleza, su fealdad contra la belleza del mundo; Incomunicación y comunicación, su incapacidad de comunicarse frente a las conexiones del mundo; muerte y vida, la vida está fuera y la muerte está en su interior, porque para él no hay cambios, no hay acción, es una vida estática, muerta. Y lo más importante. Lo espiritual versus lo físico. Porque él no puede indagar en los interiores de las otras personas, solo puede ver la superficie. En cambio, su perspectiva es siempre interna, espiritual. Descompone una gran dualidad en diversos antagonismos. Y la misma narración lo refleja. En este caso, las temáticas, el fondo de la historia, influye en la forma, en cómo es contada la historia.

 

La narración de este libro es una constante confrontación entre lo que el protagonista siente y lo que el protagonista ve. Dualidad. Es por ello que no es un novela fácil de leer. Muchos me comentaron que se trataba de una novela muy descriptiva, con poco flujo narrativo, una narración que se te atora en la garganta. Y es precisamente porque la narración es una pugna, es la misma lucha de Mizoguchi trasladada a las palabras. El protagonista nos cuenta lo que siente al mismo tiempo que describe lo que ve, eso causa un choque, cuesta leerlo porque es un constante enfrentamiento entre un mundo espiritual y físico. En un momento narra lo que piensa y al otro pasa a una descripción. Ideas y formas. No me extraña que cataloguen este libro como una de las mejores obras de Mishima. Es normal que cueste leer el libro, es la intención, es el arte de este texto. Así esculpió el autor su obra. Son dos fuerzas, son dos instintos, son dos impulsos naturales los que chocan. Es lo apolíneo y lo diosíaco, las ideas nietzche afloran y se toman el rumbo de esta historia.

 

Mizoguchi decidió defenderse del mundo tras esta barrera, la usó para protegerse. Y el defensor, el custodio de dicha barrera es una cosa. Algo físico (apolíneo). Un monumento: El pabellón de oro. La belleza física del pabellón, la cual es inculcada en su joven mente desde pequeño por su padre. Se funde con su barrera, se hacen uno. Y lo protege.

 

Pero llega un momento en que Mizoguchi entiende que quedarse tras esa barrera no es el camino. Y cuando quiere derribarla, no puede, el pabellón no lo deja, se interpone entre él y el mundo. Entre él y las personas, entre él y la vida. El pabellón representa lo apolíneo, lo físico, la forma, la figura que contiene. Que contiene lo espiritual, lo dionisiaco de Mizoguchi que lucha por salir.

 

Lo dionisiaco lucha por escapar de lo apolíneo, como dos fuerzas que se contraponen en un perfecto equilibrio. La belleza del pabellón es la llave del cerrojo, una belleza que no es material, que no es física, es la idea de una belleza concebida en la mente de Mizoguchi, una idea que existe gracias a la existencia física del pabellón. No es el pabellón en sí, sino su idea. La verdadera belleza no es algo que se materialice, sino algo abstracto que dura instantes. Lo que se concreta pierde su belleza. La magia está en el proceso, en el llegar a… Y cuando se llega, la belleza se acaba. Es por ello que constantemente el protagonista compara a la vida con la música, porque la música es solo un instante y luego se difumina. No se concreta. Y la vida de las personas es así. Fugaz. Vida que Mizoguchi quiere alcanzar y desatar así todo su lado dionisíaco.

 

Es un libro que definitivamente recomiendo, es una obra maestra, pero se les puede dificultar la lectura, no porque sus ideas sean complejas sino porque es muy pausado, no se devora, se debe leer con calma, con paciencia. Lentamente. 

 

Puedes ver esta misma reseña en mi canal de youtube



Ricardo Carrión

Administrador del blog


viernes, 9 de septiembre de 2022

Reseña: La caída, de Albert Camus

 Reseña Nº285: La caída (Albert Camus)

 

libro-albert-camus

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de la novela La caída del escritor francés Albert Camus. Publicada en 1956, un año antes que se le otorgara el Nobel de Literatura.

 

La caída es una historia corta de no más de 120 páginas y que en apariencia parece un libro que se puede leer en una tarde, pero lo cierto es que requiere una lectura atenta. Cada página es un mundo en sí mismo, cada página está plasmada de ideas, simbolismos y reflexiones importantes, por eso su lectura es lenta. Y esto se logra porque está estructurada como un monólogo. No tiene diálogos. Por lo que, a pesar de ser una novela tiene todos los tintes de un ensayo. Se trata de una persona que en apariencia parece estar hablándole a otra, pero en realidad se siente como si solo pensara en voz alta. Por eso les dejo una sugerencia, imaginen la caída no como una novela, sino como casi un ensayo.

 

Yo recomiendo la caída para quienes disfrutan una narrativa de ideas. No de acciones. Son las ideas las que impulsan la narración. Porque si leen el libro pensando que se encontrarán con una historia ágil se les puede hacer muy pesado.

 

El responsable de este monólogo se presenta como Jean Baptiste Clamence, bueno, el dice llamarse así. Al parecer es un nombre inventado por él. Y le hace una confesión a un interlocutor anónimo que encuentra en un bar del barrio rojo de Ámsterdam. Estos hechos transcurren después de la segunda guerra mundial. Este interlocutor, a quien Jean-Baptiste se confiensa, tiene una característica muy especial. No sabemos nada de él durante todo el relato. Ni su nombre, ni su voz, ni sus ideas. Está ahí para que Jean Baptiste cuente su historia, para que desarrolle su monólogo, y no solo eso, sino para darle también cierto respiro a la narración al dividirla en cinco sesiones, cinco encuentros de estos dos personajes. Al parecer este interlocutor está muy interesado en la historia del protagonista, invitándolo constantemente a que prosiga su narración, esto lo podemos notar, no porque este personaje hable, sino por cómo el protagonista le responde. Lo que causa el efecto de que nosotros como lectores tomemos el lugar de ese interlocutor silencioso. Nosotros somos él.

 

El argumento es bastante simple, Jean-Baptiste fue un abogado de éxito en París, era famoso por ponerse del lado de lo débiles, de las causas nobles, de los huérfanos, de las viudas. Demostraba su desprecio frente a las injusticias del sistema y defendía a las personas con gran energía, con calor, con gran indignación, con una actitud noble. Estaba del lado correcto. Su conciencia estaba tranquila. Hasta que pasa algo que lo afecta mucho. Presencia un suicidio. Una persona se arroja al río Sena y él no hace nada para salvarla, desde entonces una especie de risa lo acosa, lo persigue. Su conciencia. Esto desencadena en él un análisis de su vida, desde el exterior, es decir, desde su papel como abogado bien intencionado, hacia su interior: lo que oculta de la vista de todo el mundo y de sí mismo. Siente la culpa de no haber salvado a una persona, pero también el alivio de no haberlo hecho, de no poner en riesgo su propia vida. Este tira y afloja, esta culpa que lo acosa en forma de risa, le da a entender que su papel de defensor de causas nobles no era verdadero altruismo. Era solo una simple ilusión, acciones para satisfacer su ego. Lo hacía para sí mismo, lo gozaba, lo disfrutaba y no lo hacía por los demás. Camus nos golpea fuerte con una frase llena de verdad y lucidez, de esas que duelen.

 

“Así es el hombre, caballero, tiene dos rostros: no puede amar sin amarse”.

 

Esto desencadena en el protagonista una caída moral hacia su interior que lo despierta y lo hace ver la realidad. Sus valores se trastocan desequilibrando su vida por completo. Todo en lo que creía, toda la base de su vida se desmorona a sus pies y cae, cae, cae sin parar como la persona desde el puente (la caída física del suicida propicia su caída moral). Todo lo que daba sentido a su vida se desmorona y aparece en gloria y majestad El absurdo. El absurdo es una contradicción (el hombre es un ser racional y como ser racional  siempre está buscando el motivo de su existencia, es decir, la razón de estar en este mundo, pero no existe una respuesta racional a esa pregunta. Por lo tanto, si busca esa respuesta y no existe: la vida es absurda). Eso le pasa a Jean Baptiste. Él Creía que tenía esa respuesta. Estaba seguro de ello, él era el juez de las causas justas. Su rol era el de juzgar a las personas. Ese era su papel. Aquello le daba sentido a su vida, pero de pronto se da cuenta de que no lo hacía por las personas, sino que en parte lo hacía por vanidad y otros muchos motivos. Despertando ante al absurdo de su existencia.

 

“Hay que reconocer humildemente, querido compatriota, que siempre he estado a punto de reventar de vanidad. Yo, yo, yo, ese era el estribillo de mi vida, eso era lo que se podía oír en todo lo que decía. Nunca he podido hablar de otro modo que alabándome”.

 

 

A este cuestionamiento se enfrenta el personaje. ¿Qué hago con mi vida ahora si todo lo que la sostenía era una ilusión? Ahora es libre. Puede poner sus propias reglas, puede enderezar su vida. Darle un nuevo sentido y luchar contra el absurdo. Y digo luchar, porque ya no puede olvidar que su vida es absurda. Ya despertó y no puede volver atrás. No lo puede evadir, es parte de él y tiene que vivir con eso. Camus lo dice, el absurdo no es algo que debamos evadir, es algo con lo que debemos vivir día a día. Y darle sentido a la vida sabiendo que no lo tiene, eso es lo que nos hace rebeldes. En la novela Camus nos presenta las dos posturas. El que evade el absurdo, es decir, el suicida, y el que lo trata de enfrentar, en este caso, Jean Baptiste Clamence.

Pero este personaje la tiene difícil porque no hay nadie que le diga cómo hacerlo, no sabe hacerlo solo. Y de alguna forma nos representa a todos, porque estamos acostumbrados a seguir las reglas de otros, reglas preestablecidas como la religión, las reglas de dios o las de la justicia, las reglas del hombre. ¿Pero cuando desaparecen, que queda? Libertad. Y la libertad Aterra porque te llena de responsabilidad, ya no es la de otro, es la tuya.

 

“¡Ah, querido amigo! El peso de los días es terrible para quien está solo. Sin dios y sin señor. Por lo tanto, hay que escoger un señor, porque dios ya no está de moda”.

 

 

Su relato, su monologo, narra esa caída moral. Este despertar hacia el absurdo. Y lo que les acabo de contar no es más que lo mínimo, he soslayado la novela, es solo el esqueleto principal desde donde se desprenden muchas ideas y reflexiones de la vida de una persona y la sociedad humana. Lo que es sumamente complejo. Camus va desmigajando la humanidad de Jean Baptiste tal cual como él la siente, como un ser humano impactado por la realidad de su ser. Confundido, dolido, perdido. Tratando de buscar un camino. Algo a que aferrarse. Es por ello que el monólogo es tan importante, es la mejor forma de transmitir su angustia, su pena, su desazón. Su miedo. Claro, está asustado por darse cuenta del absurdo, de su responsabilidad. Y algo mucho peor, su deseo de Dominar.

 

“Ya sé que es imposible dejar de dominar o de ser servido. Cada hombre necesita esclavos, como necesita aire puro. Mandar es respirar”.

 

En esta cita el protagonista no está hablando de tener esclavos, sino de estar por sobre los demás. Tener la última palabra. Es decir, tener poder sobre los otros. No importa en qué escala social te encuentres, siempre vas a querer estar por sobre alguien. Un padre tiene a su hijo, un soltero tiene a su perro.

 

Lo esencial, en suma, dice camus, es poder enfadarse sin que el otro tenga derecho a responder.

 

Entonces, esta supuesta confesión de Jean Baptiste cambia de tono, Ya no está hablando solamente de él, está denunciando a la humanidad. A ti, como lector. Te está diciendo que así eres. Que quieres dominar, que eres vanidoso, que no quieres ver tus verdaderas intenciones detrás de tus acciones. Denuncia nuestra naturaleza humana, nuestro deseo de inocencia. Todos los vicios del estilo de vida del hombre contemporáneo. Y lo hace para quitarse el peso de la culpa y la vergüenza, para compartirla con todos y aligerar su conciencia. Vuelve a intentar estar por sobre los demás, juzga a la humanidad. De esa forma te puedes dar cuenta de lo contradictorio que es el personaje, porque vuelve a caer en los vicios que denuncia. Puedes ver el absurdo en su discurso, pero también en su comportamiento.

 

Es una novela difícil, es breve pero se lee lento. No a todos les ha gustado, por lo mismo no es la más conocida del autor. Pero es una de las más completas por la cantidad de aristas que toca. Solo indagando en el alma irracional de una persona es como se logra llegar realmente al fondo. Lo que yo acabo de contarles es solo una pobre interpretación de mi parte. Hay muchas, cada quien va a encontrar la suya. Es un texto a mi parecer, inabarcable. Pero indispensable en nuestros días.

 

Pueden ver esta misma reseña en mi canal de youtube


Ricardo Carrión

Administrador del blog


jueves, 1 de septiembre de 2022

Reseña: Ventana a la nada. Emil Cioran

 Reseña Nº 284: Ventana a la nada (Emil Cioran)


libro-emil-cioran

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de Ventana a la nada del escritor rumano Emil Cioran.

 

Se trata de una recopilación de fragmentos inéditos del autor. El manuscrito original consta de aproximadamente 300 páginas y fue descubierto en la biblioteca nacional de París. Cioran, al parecer, tenía la intención de convertir esas páginas en un libro debido a que las enumeró, es decir, las organizó y les dio un sentido. Pero al final nunca las llegó a publicar. Salvo por algunos textos de ese manuscrito que aparecieron en una revista literaria fundada en París por escritores rumanos exiliados. Esos fragmentos vienen también en este libro, pero en una sección aparte, a modo de apéndice.

 

Este carácter inédito de esta obra la hace muy poco conocida. Pero pertenece a un periodo muy interesante de la vida del escritor: entre los años 1943 y 1945, presumiblemente fue escrita en 1944. Y sería posterior al Breviario de los vencidos, que también fue escrito ese año. Por lo que fue una de sus últimas obras escritas en su idioma natal, el rumano. Luego Cioran escribiría el resto de su obra en francés, su lengua adoptiva.

Y es que Cioran llevaba alrededor de siete años en París luego de llegar ahí por medio de una beca, siete años deambulando por las calles de una tierra que no la sentía propia, escribiendo, frustrado, abatido, pudriéndose poco a poco. Su mal humor se plasma en el texto, su desolación y sarcasmo aparecen a modo de aforismos y fragmentos llenos de un lírismo potente, fulminante, nihilista.

 

Escribir para Cioran es como exponer la herida que lleva dentro, dejándola en evidencia para que no lo mate por dentro. Deja su podredumbre libre para que divague por la efímera existencia.

 

“Sentimos el tiempo en función del grado de descomposición de nuestra carne”.  

 

La obra de Cioran está expresada especialmente en aforismos. Este libro no es la excepción, pero también lo complementa con algunos fragmentos. Si nunca has leído a Cioran y quieres empezar con él, puede que esta no sea la mejor opción, porque a los lectores actuales les cuesta un poco conectar con fragmentos de textos tan breves como los aforismos. Y prefieren algo un poco más desarrollado. Para ello hay una opción. Se trata del primer libro que publica Cioran: En las cimas de la desesperación que esta escrito en forma de ensayo. Puede que esta sea una mejor opción para iniciar con él.

 

Con Los aforismos Cioran da golpes puros de lucidez, en cambio con los fragmentos desarrolla un poco más las ideas. Pero para él la expresión de ideas no le parece suficiente, el quiere alcanzar el lirismo, el absoluto, la voluptuosidad. Quiere escribir instantes. Chispas de lucidez. Sin importar el estilo, sin máscaras, de forma pura y honesta. Aborrece la verborrea innecesaria. Es por eso que el aforismo le acomoda tanto. Es la forma ideal de expresión.

 

“Cuando te relees, te sorprende la sinceridad de todas esas páginas, tan numerosas y tan mal escritas. El estilo es una máscara y una huida”.

 

Es imposible encasillar a Cioran en alguna corriente de pensamiento filosófico, era un escéptico, no daba nada por concreto, al contrario, fue un destructor de prejuicios y doctrinas filosóficas. El pensamiento estructurado, teorizado, lo molestaba porque no le permitía la expresión de la infinitud interior de su ser. Lo teórico era infinitamente inferior a la realidad. Por eso prefería conversar con las personas comunes y corrientes que con académicos y filósofos.

 

“Limitación fatal de la filosofía: nadie encuentra en las ideas lo que ha perdido en la vida”.

 

 

Cioran sentía que el pensamiento conceptual lo limitaba. Más aún, pensar demasiado limitaba a cualquiera. Por eso el aforismo es el arma del escéptico. Si vas a expresar algo, que sea lo que viene a ti de golpe, con inmediatez, desde lo más profundo de tu ser. No lo razones, no lo mastiques, déjalo libre en el papel. El aforismo es esa ventana a la nada. La palabra en el papel es la ventana a la nada, título que se le dio a esta obra en honor al primer fragmento que la compone:

 

“El imbécil basa su existencia en lo que es, no ha descubierto lo posible, esa ventana a la nada…”

 

Cuando te quedas en lo que simplemente eres, vives en la opresión. En el silencio. El silencio es un suplicio interno. Soportar la vida en silencio es duro. Por lo tanto, la palabra es una tentación. Expresarte es una tentación y una necesidad, no así la palabrería, la verborrea, porque la palabrería te aleja de lo esencial. La palabrería, el exceso de texto es vanidad, es ego, es desperdicio. Por eso el aforismo es el arma del escéptico, lo aleja de la trivialidad y lo acerca a la realidad.

 

Los aforismos de Cioran son una ventana a la nada. Una ventana al abismo. Que la mayoría de las personas no ve. Cioran desde muy joven siente como se descompone día a día. Siente la muerte como una compañera ineludible. Por eso su desazón, por eso su irritación, se siente preso en una vida sin sentido, vacía, porque haga lo que haga, al final lo espera la muerte. Y luego de la muerte hay más vacío. La vida no tiene sentido y la muerte tampoco. No hay salida y vive atormentado entre dos extremos. Creer, esperar, tener esperanza en el futuro. Es solo una venda en los ojos del ser humano. Nacemos e inmediatamente comenzamos a morir.

 

“La salud es una enfermedad incompleta”.

 

El tener que vivir con esta claridad, con esta lucidez casi toda su vida lo ha sumido en la desesperación. Por lo que Cioran nunca se ha sentido decepcionado de la vida, no. Se decepciona aquel que confía en el futuro. Quién tenía una ilusión. Y él nunca la tuvo. El sinsentido de la vida jamás tuvo remedio a sus ojos. Él es un desencantado. Siempre supo que no hay una solución para el dolor de existir. Y el desencanto es el germen de la lucidez. Leer a Cioran nos transporta al borde del abismo del no ser.

 

“Seguir viviendo es el mayor esfuerzo que puede hacer alguien que está vivo”.

 

Las temáticas de este texto son las mismas que utiliza en gran parte de su obra, el amor, el insomnio, la música, el vacío existencial, la muerte, la enfermedad, la religión, la soledad, la tristeza, la oscuridad y la luz del sol. Pero no logra resultar repetitivo por la cantidad de combinaciones que logra. Por su prosa vigorosa, enérgica, paradójica, estilísticamente bella, intensa y sobre todo condensada. Sus aforismos, sus fragmentos, son pequeños trozos de su alma llenos de sentido. De un sentido condensado.

 

“Todo es milagroso; nada es natural; la existencia como tal es sobrenatural. Al ser la misma percepción una religión, las tesis de la religión son falsas e inútiles. Ser es un milagro que anula el espíritu. ¿Cómo es posible que existamos? Somos capaces de soportarlo todo, a excepción de la súbita idea de nuestra existencia”.

 

Para soportar la vida, Cioran se aferra a la intensidad, donde no hay límites. Es en la intensidad ilimitada donde se puede refugiar, pero como ser vivo solo logra acceder a instantes de esa intensidad. Y la encuentra en el propio sufrimiento, en el propio dolor. Sumergirse en el dolor es la intensidad máxima. Por eso escribe, cada aforismo, cada fragmento es intensidad pura. El dolor junto con la escritura no hunde al autor, al contrario, lo mantiene vivo.

 

“Lo que no está entremezclado de una manera o de otra con la muerte siempre acaba aburriendo. Entonces hay un límite. Ese es el defecto de los placeres. Mientras que el sufrimiento lo contiene todo…, todo lo que es y, más aún, todo lo que nunca será”.

 

Invitar a leer a Cioran a través una reseña es difícil. Para mí, la mejor manera de incentivar a leer al autor es a través de sus propios escritos, por eso incluí tantos de sus aforismos y fragmentos en la reseña. Muchos pueden no conectar con sus escritos, para otros puede resultar incluso hipnóticos. Con Cioran puedes sentirte acompañado y comprendido como también muy apesadumbrado. Todo dependerá del lector si logra soportar un paseo por la desesperanza. 

 

Puedes ver esta misma reseña en mi canal de youtube


 

Ricardo Carrión

Administrador del blog

 

lunes, 15 de agosto de 2022

Reseña: Esperando a Godot, de Samuel Beckett

 Reseña Nº 283: Esperando a Godot (Samuel Beckett)

 

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de Esperando a Godot, una de las obras maestras del galardonado con el Premio Nobel de literatura, Samuel Beckett. Fue escrita a finales de 1940 y finalmente publicada en 1952. Es una obra dramática que en primera instancia puede ser difícil de entender por lo disparatada que puede llegar a ser. Es por ello que el objetivo de esta reseña es ayudar a digerir de mejor manera la obra. Lo que les voy a exponer es solo mi interpretación, y espero les sea de guía para llegar a la suya propia.

 

Esta obra pertenece a lo que se conoce como el teatro del absurdo. Nombre o concepto bajo el cual se agrupó a un conjunto de obras por compartir ciertas características, como: ser incongruentes, disparatadas, con ambientes irracionales y llenas de sucesos ilógicos. En donde el espectador se pregunta, ¿qué hay detrás de todo esto? Son obras que buscan ser comprendidas a través de más de un significado.

 

Este conjunto de obras se gesta como consecuencia de la segunda guerra mundial, la que generó un clima de inestabilidad en la sociedad de mediados del siglo XX. Causó la separación del individuo con el mundo. El ser humano terminó por encontrarse solo, porque ya no comprendía su vida. A esto, Albert Camus lo llamó El absurdo.

 

El auge tecnológico y la guerra hizo que el ser humano comenzara a percibir su vida desde otra perspectiva, lo que le causó una terrible soledad y desamparo. Lo cual fue interpretado por diversos filósofos.

 

Por un lado Jean Paul Sartre decía que el individuo era libre, que debía forjar su propio camino, tomar sus propias decisiones. El ser humano, decía el autor, está condenado a ser libre. Por otro lado, Albert Camus enfrenta al hombre con la muerte y  explica que no existe una respuesta a la pregunta de si la vida tiene algún un sentido. Finalmente, desde más atrás, se oye el eco de las palabras de Nietzsche: Dios ha muerto. Debido a este panorama el ser humano de mediados del siglo XX cae en la soledad. No tiene un manual para seguir, nadie le dice lo que debe hacer, no sabe que hacer con su libertad. No existe un plan para su vida, entiende que al final haga lo que haga la muerte lo espera ineludiblemente. Y que no existe un ser todopoderoso que le de instrucciones, que le diga las reglas que debe seguir. El mundo que el ser humano conocía se desmorona y queda flotando en la nada. Se siente solo y sin sentido.  

 

 

En este contexto se forja Esperando a Godot, texto que concuerda muy bien con lo existencialista. Su composición es de apenas dos actos y trae cinco personajes: Estragón, Vladimir, Pozzo, Lucky y un muchacho. Estragón y Vladimir son los protagonistas y por sus atuendos parecen ser vagabundos, refugiados de la guerra. Ellos se encuentran en un camino a la espera de otro personaje llamado Godot. Y mientras aguardan, intentan llenar el vacío de su existencia, el vacío de la espera, con conversaciones sin sentido, monólogos contradictorios y acciones que recuerdan la comedia de Chaplin.

 

Vladimir y Estragón representan a ese ser humano alienado. De ellos no conocemos nada, ni su historia pasada, ni su relación con Godot, no sabemos nada más que lo que nos cuenta la historia en ese momento: sus acciones. Ellos representan a ese ser humano que flota en la vacío de la nada. Son dos personajes que en conjunto causan un efecto grandioso, ninguno puede estar sin el otro, porque si se separan irremediablemente comienzan a sentir la soledad. De esta forma esperan a Godot. Personaje que puede simbolizar muchas cosas, puede ser dios, aunque Beckett dice que no es la interpretación correcta. Pero Godot puede ser dios, como también una familia, un trabajo, un propósito. En el fondo, Estragón y Vladimir esperan algo en lo que creer. Esperan a alguien que le de un propósito a su existencia.

 

El absurdo en la obra viene a ser la falta de este propósito y también la falta de propósito en las mismas acciones de los personajes, en el sin sentido de sus actos. Todo lo que hacen no los lleva a ninguna parte, y seguirán así hasta que llegue Godot con su propósito. ¿Pero realmente llegará?

 

 

A Vladimir y Estragón se le suman tres personajes más durante el relato. Son cinco personajes que interactúan, pero al hacerlo, lo diálogos denotan que no se entienden. Hay incomunicación, carecen de la capacidad de comunicarse a pesar de que conversan y a veces parece que se entienden. Pero Beckett hace que el lector se pregunte: ¿realmente se comprendieron? Durante toda la obra lo intentan. Pero las palabras no bastan para expresar lo que no se puede expresar por medio de ellas. Por lo que el lector debe poner atención a algo más que las palabras: a gestos, acciones, al tono de voz y sobre todo a los silencios. Lo que dicen y lo que no dicen. Lo que hacen y lo que no hacen y el tiempo que transcurre entre cada una de las acciones. En conjunto parecen transmitir algo.

 

La obra parece absurda y disparatada porque ocupa un lenguaje privado de sentido. Lenguaje que consta de frases cortas, evasivas, repetitivas, breves y parcas. Acompañadas de algunos monólogos en apariencia contradictorios y confusos. Hay una economía de las palabras, o como muchos dicen, lo que practica Beckett es un minimalismo. No solo en texto, sino también en argumento, el cual es ínfimo: son dos personas que esperan que llegue otra. Nada más. El paisaje solamente consta de un camino, los personajes, su vestimenta y un escuálido árbol. Todo es economía, todo es minimizado, y lo poco que hay se aprovecha al máximo, un sombrero, un zapato, la rama de un árbol. Elementos que te dicen y transmiten muchas cosas. Es un ambiente hermético, cerrado y preciso donde te comunica mucho pero con poco.

 

Para Camus, el absurdo, ese quiebre entre el hombre y su mundo era como si el ser humano fuese un actor y el decorado representara las motivaciones de la vida y aquí se logra completamente ese efecto. Es exigua.

 

Esto transmite una sensación de desamparo tremenda por los personajes, conectas con ellos, porque parecen estar desnudos ante ti, puedes ver toda su humanidad brotando de ellos, buscando algo a lo que arrimarse. Y sus acciones cómicas te conmueven aún más porque se ríen de su desgracia. Aquí se cumple algo que Cortázar siempre decía, la mejor forma de abordar tragedias en literatura es mediante el humor.

 

Por otro lado, el tiempo es fundamental en esta historia. Es uno de los aspectos que más me ha causado confusión. Y por lo mismo intensifica en la obra el sentimiento de irrealidad e irracionalidad. Y esto porque cuando lees el libro sientes que tiene cierta continuidad. E inconscientemente piensas en el pasado de los personajes, lo buscas en la misma historia para conectarlo con ese momento que se está representando, pero no lo encuentras, porque nunca existió. Te das cuenta de ello en el segundo acto. En ese punto te das cuenta de que el tiempo nunca tuvo continuidad, sino que siempre fue discontinuo. La continuidad era una ilusión. Para cada personaje pareciese que corre un tiempo individual, no es un tiempo compartido por todos. Da la sensación de que cada uno se desplazara en él tiempo a retazos, son fragmentos aleatorios de ellos. Es un efecto muy extraño. Y puedes sentir que la espera, que te pareció cronológica en un inicio, puede que no lo haya sido y alcance el nivel de eternidad. Es un tiempo perdido, desperdiciado hasta el momento de la muerte. Es una espera hasta la muerte. Pareciese que el tal Godot fuese solamente su día final, y que todos los juegos realizados para llenar esa espera, todos los encuentros con personajes, fuesen solo la vida de un hombre común que no sabe que hacer con ella.

 

Yo les recomiendo que lean este libro sin una intención de forzarse a entenderlo. Lo mejor es entrar en esta historia dejándose llevar por los diálogos y juegos de los personajes, buscando significados en tu propio interior. Viajen con Estragón y Vladimir en el sin sentido de la vida. 

 

Puedes ver esta reseña en mi canal de youtube

 


 Ricardo Carrión

Administrador del blog