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domingo, 3 de abril de 2016

Reseña Nº 62: Un viejo que leía novelas de amor

Un viejo que leía novelas de amor (1993)

Un-viejo-que-leía-novelas-de-amor
Luis Sepúlveda
TusQuets Editores
144 Páginas
978-84-7223-655-4

Este libro me trae muchos recuerdo porque lo leí cuando estaba en la escuela hace mucho tiempo, y hoy en día aún es parte de las lecturas obligatorias para los estudiantes de Chile. Su autor es el Chileno Luis Sepúlveda, es parte de una colección interesante de libros en Tusquets, llamada colección andanzas. 

Un viejo que leía novelas de amor tiene el sello característico de este autor, que cuenta historias de lugares que él visitó. Plasmando en el libro su experiencia personal en la zona, combinada con las historias que le cuentan los lugareños. Todo desde un punto de vista ecológico y sobre todo humano. 

En esta oportunidad Luis nos sumerge en el mundo de la amazonia, específicamente Ecuador. Esta historia probablemente se gestó en su mente mientras participaba de una expedición de la UNESCO para estudiar el impacto ambiental de la colonización en los indígenas Shuar.

El narrador omnisciente nos sitúa geográficamente en el pueblo "El Idilio" ubicado a orillas del río Nangaritza a través de un personaje secundario, el dentista Rubicundo Loachamín. Él debe atender a sus pacientes ocasionalmente haciendo visitas cada cierto tiempo debido a que los pueblos como El Idilio tienen pocos habitantes y están bastante alejados de los centros urbanos ya que se encuentran en plena selva ecuatorial.

El protagonista es Antonio José Bolivar Proaño, "El viejo". Este personaje realiza su aparición en las primeras páginas del libro de forma un tanto sorpresiva, inmediatamente su actitud llama la atención, es un entendido en todo lo que tenga relación con la selva, ya sea de su fauna,  su flora o los indígenas que la habitan, los indios Shuar. Parece un hombre que ha vivido toda su vida en ella y es tratado como un  experto cazador, pero al mismo tiempo se deja ver que no es originario de aquellos lugares, por lo tanto genera inmediatamente curiosidad en el lector sobre donde adquirió dicha experiencia.

Rubicundo Loachamín, además de ir ocasionalmente a "El Idilio" a sacar dientes muelas, también debe entregar un cargamento de novelas de amor para su amigo "El viejo" a quién le encanta leer sobre el amor que duele. Toda esta combinación de hechos nos lleva a cuestionarnos los orígenes del viejo, cosa que el autor trabajó muy bien, ya que en los primeros capítulos nos suscita curiosidad para en los siguientes explicarnos los orígenes del protagonista, su relación con los indigenas Shuar y una de las cosas más curiosas, su amor por las novelas de amor que lee con lupa.

"Los personajes sufrían y mezclaban la dicha con los padecimientos de una manera tan bella, que la lupa se le empañaba de lagrimas".

"Prefería no pensar, dejando los pozos de la memoria abiertos para llenarlos con las dichas y los tormentos de amores más prolongados que el tiempo". 

El hilo conductor como es característico en Sepúlveda es de tintes ecológicos. Un desgraciado cazador ha matado cachorros de tigrillo, una especie felina típica de la selva amazónica. La madre de estos cachorros en un estallido de rabia e impotencia se dedica a cazar y matar a todo ser humano que encuentre en su camino. Para la mala suerte del viejo al parecer la hembra se dirige a "El Idilio" lo que podría resultar bastante peligroso para la gente del pueblo. Este hecho hace que el alcalde del pueblo le pida a Antonio José que le ayude a cazarla para acabar con la amenaza. Casi obligado el protagonista debe usar todo su conocimiento de la selva para dar con el animal y poner fin a su dolor.

Es un libro bastante corto que encierra elementos muy interesantes, como las descripciones de la vida de los indios Shuar y toda su filosofía de vida. También nos habla del comportamiento de animales e insectos, con una prosa muy amigable, muy fácil de leer. Otro punto que destaco es que a través del protagonista nos muestra como se origina un lector, al repasar biografía de Antonio José Bolivar Proaño se puede apreciar como los distintos eventos que marcan su vida son los que terminan definitivamente construyendo su gusto por la lectura.

"Sabía leer. Fue el descubrimiento más importante de toda su vida. Sabía leer. Era poseedor del antídoto contra el ponzoñoso veneno de la vejez".

A través del personaje del alcalde Sepúlveda nos muestra el avance del mundo civilizado que irrumpe en la selva, que causa más problemas que beneficios, destruyendo el equilibrio ecológico.

"Destrozaban la selva construyendo la obra maestra del hombre civilizado: el desierto".

Al exponernos la vida de los indigenas Shuar y paralelamente hablar del hombre civilizado, nos damos cuenta que el componente humano puede vivir en armonía con la selva, pero es el hombre que viene de la ciudad con sus vicios e individualismos lo que provocan el desequilibrio. La corrupción y las ansias de matar por deporte y sin motivos son el detonante de esta historia y la lección más importante que podemos aprender es que está sucediendo y pocos hacen algo para evitarlo.

"Llegaban en grupos bulliciosos portando armas suficientes para equipar un batallón, y se lanzaban monte adentro dispuestos a acabar con todo lo que se moviera".