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jueves, 12 de noviembre de 2015

Reseña Nº34: Carta al padre

Carta al padre (1919)

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Franz Kafka (1883- 1924)
Ediciones Brontes
128 Páginas
ISBN: 978-84-96975-94-1

Escrita en 1919 para su padre Hermann Kafka, y publicada en 1952 de forma póstuma.

Leer a Kafka siempre me entristece, pero su narración sin esperanza me resulta deprimentemente poética. En este pequeño libro encontramos detalles muy íntimos de la vida de Kafka y quizás uno de los aspectos más importantes que marcaron el destino del escritor. 

El atormentado Kafka fue así desde su niñez, su naturaleza era la de un niño débil y sin iniciativa, en esta carta quiere hacerle notar a su padre que no lo culpa por lo que él es, pero le deja claro todas las acciones que lo hicieron hundirse aún más en sí mismo. En una especie de eterna contradicción.

Lo primero que nos hace notar el autor es la enorme diferencia existente entre su padre y él como si fueran personas sin ningún vínculo. Tanto física como mentalmente eran demasiado diferentes. La mentalidad enérgica y comerciante de su padre que tiene un negocio prospero, es acrecentada por su gran envergadura física que se contraponía con el débil y enfermizo cuerpo de Kafka y su personalidad ensimismada y asustadiza.

Estas dos fuerzas desiguales viven en constante enfrentamiento, pero para Kafka es una batalla perdida. Su narración tiene un constante tono de sumisión, de aceptación, de haberse dado por vencido, en donde en ocasiones intenta enfrentar a su padre pero sólo lo hace para perder. Porque sus sentimientos están ligados a las acciones de su padre, cada cosa que diga o haga, influyen en Kafka. Él no tiene poder en sí mismo, sus sentimientos y estado de ánimo dependen de su padre.

En aquella época la educación era muy estricta y el padre además de su autoritarismo natural debía aplicar las normas de conducta propias de la época. Por lo tanto Kafka nos presenta un padre muy duro y además muy cruel con él.

Si comenzaba a hacer algo que no te gustaba, y tú me amenazabas con fracasar, el respeto de tu opinión era tan grande, que el fracaso, aunque quizá tardío, era inevitable. 

Pero al leer con atención la prosa de Kafka nos deja ver entre líneas que ese padre cruel que describe no es más que una imagen en su cabeza, las acciones del padre parecen naturales, el problema es que Kafka se ve profundamente afectado por ellas.
En la carta se hacen menciones a varios de los familiares del autor, en donde le cuenta a su padre lo que en él provocaba su actitud hacia algunos de sus primos, hacia su madre y sus propias hermanas. Aunque las palabras y las acciones no estén dirigidas a él, las siente como propias.

La carta describe varios períodos de la vida de Kafka desde su niñez, pasando por su juventud hasta la edad de treinta y seis años y en todo momento relata la influencia del padre en su vida,  una vida sin escapatoria, no podía refugiarse en su idioma, ni en su religión, ni en sus hermanas, sólo le quedaba escribir y encerrarse en sí mismo.

Ya he insinuado que con el hecho de escribir y todo lo que se relacione con ello he realizado pequeños intentos de independencia, intentos de fuga con poco éxito, que no me llevarán muy lejos según innumerables pruebas

Hacia el final de la carta se centra en el tema del matrimonio, y las veces en que se comprometió. Nos cuenta sus temores, sus miedos y lo que le provocaba la opinión de su padre al respecto. Pero en un momento dado, Kafka deja de escribir y el padre que lleva en su interior lo acusa implacablemente y él acepta su culpabilidad iniciando nuevamente el circulo de dependencia del cuál jamás podrá escapar.

En este libro no utiliza ninguno de sus personajes de otras novelas para interpretarse, es él mismo. No se sirve de Samsa de La Metamorfosis, de Georg Bedemann de La Condena, o de Joseph K. de El Proceso. Es Kafka al desnudo.