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martes, 10 de enero de 2017

Reseña Nº 131: Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad (1811)

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Jane Austen (1775 -1817)
Debolsillo
Penguin Random House
370 Páginas
Clásico

Los Dashwood son una antigua familia Inglesa del condado de Sussex, cuya residencia se haya en el llamado Nordland Park. Siempre han gozado del respeto y la admiración de sus vecinos y de toda la sociedad en general, ya que durante generaciones siempre han estado bien posicionados económicamente.
Un anciano Dashwood, al no haber contraído matrimonio y al estar a punto de morir decide confiar la herencia a favor de su sobrino Henry Dashwood, quien luego de perder a su primera esposa con la cual tuvo un hijo llamado John, se ha vuelto a casar y ha tenido tres hijas: Elinor, Marianne y Margaret. Junto a sus hijas, su hijo mayor y su esposa decide ir a vivir a Nordland Park y tomar posesión de la herencia. 

Desde aquel momento viven en familia hasta que Henry Dashwood enferma, y por cuestiones hereditarias, es John, al ser el primogénito varón, el que recibe la mayor parte de la herencia, incluida la residencia, convirtiendo a la viuda y a sus tres hijas en simples huéspedes de Nordland Park. El egoísmo y la avaricia de John, inducido principalmente por su esposa, no le da otra alternativa a la viuda Dashwood y a sus hijas que la de buscar un nuevo hogar.

Con la ayuda de un familiar logran encontrar una pequeña casa de campo en Devonshire, en la cual pueden vivir modestamente con el poco dinero que tienen, sin embargo su vecino y pariente, Sir John, no las priva de la relaciones sociales y constantemente las incentiva a participar de sus cenas y reuniones. Es en casa de Sir John donde Elinor y Marianne realizan interesantes amistades que las llevará por una temporada a Londres. No sin antes sufrir algunos traspiés amorosos que pondrán a prueba a estas contrastantes hermanas. ¿Triunfará el sentido o la sensibilidad?

"Después de todo, lo que resulta atractivo en la idea de un solo amor constante, todo aquello que se puede decir o imaginar de una felicidad enlazada con una sola persona, es un sueño que no encaja en la realidad". Pág. 252.

Como al parecer ya es costumbre en las novelas de Austen, pone de manifiesto a través de las situaciones en que pone a sus personajes, su molestia con ciertas costumbres de principios del siglo XIX, como la del mayorazgo, donde el hijo mayor varón es el receptor natural de la herencia, descartando al resto de la familia, incluida la viuda, dejándolos a expensas del criterio y la caridad de su primogénito.

Y esta es la situación que utiliza Austen para dar movimiento a sus personajes y darle el empujón a la historia. Al quedar la viuda Dashwood y sus hijas sin un respaldo económico y depender de la mezquina caridad de su hermano mayor se ven en la obligación de buscar un nuevo lugar donde vivir    y que puedan costear con sus escasos recursos.

Desde ese momento es cuando Austen empieza a darle estructura a su libro y lo hace de la manera más simple y eficaz: por etapas. En Nordland Park todo inicia, es lo que denomino la primera etapa, en ella da el primer impulso a la novela y mueve a los personajes. Es en ese lugar donde concreta el primer hilo amoroso, y lo hace con el personaje de Elinor. Si bien el motivo de la herencia es el empuje inicial de la historia, son las intrigas amorosas las que mantienen en movimiento el relato, es por eso que es tan importante que el primer nudo amoroso quede hecho en el primer escenario.

Luego desplaza a las Dashwood a Devonshire, donde comienza a desarrollarse con mayor extensión el nudo amoroso de Elinor, y ademas da inicio al de Marianne. Yo denomino a este escenario la segunda etapa. La cual tiene suma importancia porque comienzan las intrigas y el libro empieza a ponerse interesante, aparece el personaje del Coronel Brandon el cual le entrega cierto misterio al relato y a la vez se une a las intrigas amorosas, dándole más sabor a la historia. A finales de esta etapa, tanto Marianne como Elinor viven un revés amoroso y eso crea la instancia perfecta para que se desplacen a Londres de la mano de una amistad que se genera en Devonshire.

Ya en Londres es donde sentí que el libro perdía impulso. Las intrigas se quedan estáticas, la entrada de nuevos personajes se detiene y la historia queda suspendida en un suerte de cotidianidad; una monotonía un poco abrumadora. Lo único que mantiene el desarrollo de los hechos es la desilusión amorosa de las dos hermanas, las cuales enfrentan de manera distinta sus problemas de acuerdo sus diferentes personalidades, ya que Elinor representa la sensatez y Marianne la sensibilidad.

"Elinor era extremadamente comprensiva y poseía gran serenidad de juicio. Además tenía buen corazón, carácter afectuoso y encendidos sentimientos, aunque conocía diestramente el arte de gobernarlos". Pág. 11. 

"Las cualidades de Marianne en muchos aspectos eran las mismas que las de Elinor. Sensible e inteligente, no obstante, apasionada en todo, y no hallaba mesura en sus alegrías o sus penas". Pág. 11.

Por lo mismo su estadía en Londres se me hizo un poco larga, pero era necesaria para desarrollar el giro que tenía planeado Austen para el último tercio del libro. Y es a finales de sus días en la capital inglesa cuando ocurren los primeros giros interesantes, de la mano de una nueva crítica social, relacionada con la utilización de los matrimonios como herramienta para escalar social y económicamente. Austen pone a sus personajes en escenas que dejan entrever la poca libertad que tienen para elegir a la persona amada y las presiones y ambiciones de la familia para asegurar su futuro y su posición social.

Ya hacia el final del libro la lectura se torna más adictiva, sucede giro tras giro y muchas cosas comienzan a tener sentido. Las intrigas comienzan a dilucidarse y los verdaderos amores florecen. El final no es el que me hubiera complacido, pero es el que tenía el mayor sentido.

"En el corazón de Elinor, todo era satisfacción silenciosa y contenida". Pág. 304.

Lo mejor del libro fueron los diálogos entre Marianne y Elinor, el sentido y la sensibilidad en constante enfrentamiento. Son diálogos profundos e introspectivos que nos introducen de lleno en el trasfondo de las dos hermanas, mostrándonos su desarrollo psicológico a lo largo de la historia. Hay una evolución de sus pensamiento y actitudes, un arco perfecto hecho por Austen. Sin embargo fueron muy pocas las ocasiones en que se producían estos diálogos, solo aparecen en momentos claves, mientras que el resto de la historia era constantemente dirigido por la narración omnisciente y por diálogos comunes entre las demás personajes. Siempre los capítulos inician con el narrador que prepara la escena, para luego dar paso a los diálogos, es una estructura que Austen no rompió en ningún momento.

Lo que le faltó a la historia definitivamente fue más pasión y energía. Si bien, Marianne, era la cara visible de la emoción, todo el libro descansa sobre un personaje que resulta ser el hilo conductor: Elinor. Y ella sabe contener muy bien sus emociones, y al no exponerlas, no hay un primer impulso para detonar la de los personajes que se relacionaban con ella. El libro tiende a ser demasiado cargado al sentido común, debido al efecto que genera su personaje principal. No exterioriza, pero sí podemos conocerla a fondo debido a sus pensamientos. Por lo que se logra ver realmente la pasión que encierra y oculta a los demás. Elinor es un personaje soberbio pero a la vez un arma de doble filo, y Austen debió sacrificar la intensidad de su novela para mantener incólume a la interesante Elinor hasta la última página.