Si te gustó el contenido del blog me harías un gran favor siguiéndome

Mostrando entradas con la etiqueta TusQuets. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TusQuets. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de noviembre de 2018

RESEÑA: Al sur de la frontera, al oeste del sol [ Murakami ]

Libro: Al sur de la frontera, al oeste del sol

Opinión y reseña de la novela


libro-murakami
Haruki Murakami
TusQuets Editores
265 páginas
Literatura japonesa
Comprar


En Al sur de la frontera, al oste del sol, Murakami nos traslada al Japón de los años cincuenta, mediados del siglo XX. Un Japón ya occidentalizado, donde la nueva generación crece sin sentir las consecuencias de la guerra, la cual llega a ellos como simples ecos a través de la experiencia de sus padres. Los niños crecen en casas con jardines verdes y perros como mascotas, con televisión y música pop de fondo. Es habitual que cada familia tenga dos hijos. Tener un hermano es algo normal. Es por ello que Hajime, al ser hijo único, sufre las burlas de sus compañeros de clase. A pesar de que el destino no le dio un hermano, a cambio le entregó una amiga. Shimamoto es una vecina cercana, y también es hija única, tiene un ligero defecto en un pierna por lo que cojea. A pesar de ello, Hajime la acompaña a paso lento caminando de la escuela a su casa, para luego reunirse a escuchar música sinfónica, pasatiempo que comparten hasta que cumplen doce años. Luego, por causas de la vida misma, hay una mudanza, uno se va, las comunicaciones comienzan a interrumpirse y finalmente se separan. 


"La necesitaba y ella, por su parte, tal vez me necesitara a mí. Pero era demasiado consciente de mí mismo, tenía demasiado miedo a que me hirieran. Y no volvimos a vernos durante mucho tiempo".

En esta novela se retrata la vida de Hajime, desde su infancia hasta que cumple los treinta y siete años. A pesar de que relatar toda la vida de un personaje parece algo extenso, el libro se hace muy corto, ya que Murakami solo destaca los hitos más relevantes de su infancia, juventud y adultez. Como es habitual, se trata de una novela melancólica, para ello, desde el inicio se traza un motivo profundo para generar un efecto de tristeza y de desinterés con la vida. Hajime se enamora de su pequeña amiga sin saberlo realmente, solo siente sensaciones nuevas y únicas en su compañía. A través de la música, el autor japonés teje con cuidado y precisión un lazo firme entre los dos, y lo anuda en una fracción de segundo representado con una belleza inusitada en el roce fugaz de sus manos. Ese lazo queda establecido en las primeras páginas y luego los separa, dejando que la vida lleve a cada uno por distintos caminos, pero siempre unidos por ese sentimiento. Hajime crece, vive la adolescencia y los años universitarios con esa tristeza que no entiende, y que se representa en el anhelo por el amor de la infancia perdido. Algo le falta e intenta darle sentido a la realidad a pesar de que no lo tiene para él. En diversas ocasiones cree encontrar a Shimamoto por la calle, lo cual resulta fácil de entender debido a su problema de cogera, cualquier mujer que camine cojeando para él es ella. En el fondo no la puede olvidar.

"Todo lo que tiene forma desaparece antes o después. Sin embargo, hay un tipo de sentimientos que permanecen para siempre".


Murakami acostumbra torcer la realidad de una forma en que no se puede diferenciar lo que es o no real. En esta historia no lo hace sino hasta el final, por lo que podría decirse que es un relato bastante real dentro de su producción literaria, tanto así, que algunos episodios de su vida están retratados de manera autobiográfica en el libro y los describe de manera muy precisa. Los momentos que marcan la vida de su personaje principal son los encuentros con diferentes mujeres, sus relaciones van marcando su camino y lo hacen conocerse a sí mismo. Hajime vive una vida que no le hace sentido, algo le falta, algo no está bien y no es como debería ser. En ese momento, la realidad parece ser otra, en alguna parte de su vida, ha tomado el camino equivocado y se encuentra en un mundo real pero paralelo. Quizá la única forma de reencontrar su camino sea dirigiéndose al sur de la frontera o al oeste del sol, para escapar de su frustración. De cualquier forma, solo el reencuentro con Shimamoto podrá aclarar sus tormentos.

"Te quiero. Lo sé con certeza. El amor que siento por ti no lo puede sustituir nada en este mundo. Es algo muy especial, no quiero volver a perderlo jamás".

Como siempre el reconocido y popular escritor japonés nos regala esa prosa simple, despojada de adornos y florituras, pero que alcanza una gran profundidad a pesar de su aparente superficialidad. Murakami parece decir todo y a la vez nada, como si su mismo estilo nos invitara a ver más allá de las simples palabras. En contraposición a otros escritores japoneses, se aleja de la cultura tradicional de su país y sumerge a sus personajes en un Japón más occidentalizado, volviendo sus historias más universales, alejándose de la localidad, haciéndolas parte del mundo entero. 

En al sur de la frontera, al oeste del sol, sus temáticas buscan ahondar en aspectos que siempre son dejados de lado a la hora de comprendernos. Somos seres complejos, y Murakami entiende mejor al ser humano y a sí mismo a través de los misterios de la realidad, de la muerte, la soledad, el abandono, la frustración y la ambigüedad de los sueños. Sostiene la idea de que también estamos hechos de historias inconclusas, con finales que se difuminan como la niebla con los primeros rayos del amanecer. Nos quiere hacer comprender que siempre alguna parte de nosotros estará incompleta y debemos aprender a vivir con ello.

"Ambos éramos seres incompletos, sentíamos que algo nuevo y todavía por aprender aparecería delante de nosotros para llenar nuestro vacío".

Ricardo Carrión
Administrador del blog

jueves, 11 de octubre de 2018

RESEÑA: Los AÑOS de peregrinación del chico sin color [Haruki Murakami ]

Los años de peregrinación del chico sin color


elige-un-libro
Haruki Murakami
TusQuets Editores
320 páginas

El protagonista de Los años de peregrinación del chico sin color es ese típico personaje melancólico que tanto gusta a Murakami. Tiene treinta seis años, es ingeniero y se dedica al diseño y mejora de estaciones de trenes en Tokio. Tsukuro Tazaki es un creador, como su nombre lo indica, a pesar de que él siente que no tiene nada que ofrecer a los demás. A simple vista es absolutamente normal, tiene un buen trabajo, un pequeño apartamento, es educado, decente, tranquilo y soltero, aunque  frecuenta a Sara, una atractiva mujer dos años mayor que él. En apariencia, a Tsukuro le va bien en la vida, pero en su interior posee heridas que aún no cicatrizan. Y debido a ellas, no puede continuar con normalidad, algo lo atormenta y sale a flote cada vez que quiere avanzar. 
El autor japonés utiliza el recurso del personaje que no puede superar los problemas de su pasado, en esta ocasión, de la adolescencia. El protagonista era parte de un singular grupo de amigos de instituto en su ciudad natal Nagoya, que en conjunto tenían una gran conexión, eran muy íntimos y se apoyaban entre ellos. Eran cinco, tres hombres y dos mujeres, casi todos tenían un color en su nombre, Aka, Ao, Kuro y Shiro, menos Tsukuro, el quinto integrante, el chico sin color.  A pesar de que su familia tenía una holgada situación económica, se sentía vacío, no tenía un lugar al que de verdad quisiera regresar, hasta que formó parte de este curioso grupo de amigos. Ellos eran su sustento en la vida, su pilar. Pero el tiempo pasó y cada uno debió tomar caminos distintos al momento de entrar en la universidad. A pesar de la distancia, se seguían reuniendo para las festividades y se escribían con frecuencia. Pero un día, el grupo se rompió y sin ninguna explicación los demás expulsaron a Tsukuro. Decidieron dejar de verlo y hablarle. Sin conocer los motivos por el que sus queridos amigos decidieron apartarlo, se sumió en una intensa depresión que transformó su cuerpo y espíritu, llegando al punto de casi acabar con su vida a los veinte años de edad. Han pasado dieciséis años y por una razón muy importante, Tsukuro decide buscar a sus viejos amigos y preguntarles directamente la razón por la que lo alejaron de su lado para siempre. 


“Durante los cinco meses posteriores a su regreso a Tokio, Tsukuru vivió a las puertas de la muerte. Su vida pendía de un hilo, y le parecía que, con sólo darse la vuelta en la cama, caería en un abismo, en un vacío. Pero no tenía miedo. Tan sólo pensaba cuán simple sería caer. Hasta donde alcanzaba su vista, todo se le antojaba un páramo rocoso. Ni una sola gota de agua, ni la más pequeña brizna de hierba. Había desaparecido todo color, cualquier cosa semejante a la luz”.

Se dice que esta historia es una de las más realistas del japonés junto con Tokio Blues, pero lo cierto es que el autor incursiona, aunque de forma muy parcial, en el mundo onírico al cual tiene acostumbrados a sus lectores. No es una novela realista cien por cien, ya que el mundo de los sueños y la dualidad del tiempo afecta la realidad en variadas ocasiones, desdoblándola. Esto último se potencia con la narración que viaja constantemente desde el presente al pasado, desde los sueños a lo real, atravesando por pequeñas historias y anécdotas a modo de parábolas con intrincados significados. Reforzando la tesis de que para llegar a un punto no existe un camino lineal en un solo plano, sino múltiples rutas metafóricas que se combinan saliendo y entrando del mundo físico y el mundo interior de cada personaje. 


"¿No te parece una gran paradoja? A lo largo de nuestra vida vamos descubriendo poco a poco nuestro verdadero yo; y, a medida que lo descubrimos, perdemos parte de nosotros mismos".


Como en toda novela de Murakami, sus personajes son muy complejos y humanos, son mundos que están en constante cambio y evolución, el cual se provoca por la transición de la adolescencia hacia la madurez y por la interacción con otras personas, con sus otros mundos particulares durante ese camino. Están llenos de matices no son perfectos, no hay ninguno que no cometa errores, ni que se entienda a sí mismo.
A pesar de que en la novela la temática más fuerte es la existencialista, en donde las razones de vivir se cuestionan y el vacío de la vida y la rutina se hacen presentes a cada instante, no se deja de lado la amistad, el amor, la confianza, el cariño, la inestabilidad mental, la soledad, el fracaso, la extraña sexualidad y la muerte. Todas entrelazadas de una manera magnífica en una narración que logra equilibrarlas haciéndolas aparecer a su debido tiempo al ritmo de la música de Franz Liszt de fondo.

En esta novela se repiten características de las anteriores obras del autor, como el papel de la mujer como catalizador para mover al personaje principal, la duplicidad del mundo que se confunde entre lo real y lo fantástico, las descripciones de lo cotidiano, el constante recurso de los sueños y de la sexualidad. En fin, el clásico camino del melancólico. Pero aun así, a fuerza de resultar repetitivo, Murakami logra una especie de Worldbuilding que encanta a sus lectores y le da un sello a su literatura. Leer sus libros es entrar a una parte de ese mundo al que nos tiene acostumbrados y donde muchos nos sentimos representados, pero en cada obra muestra una cara diferente; sabemos que estamos en el universo murakamiano pero en un nuevo lugar de su vastedad. 


"Al pensar en ello, la tristeza surgió de alguna parte y lo inundó sin ruido, como si fuera agua. Era una tristeza transparente, sin forma concreta. Era su propia tristeza y, al mismo tiempo una tristeza inalcanzable, en un lugar distante. Lo ahogaba y le dolía como si le horadase el pecho".

La novela posee una tensión narrativa que en ocasiones se intensifica de manera notable, aunque al final termina diluyéndose. Hay un misterio que se va develando a medida que el personaje principal va visitando a sus amigos del pasado, convirtiendo así, escenas muy simples en donde dialogan dos personajes, en verdaderos momentos de tensión y expectación. Con diálogos precisos y muchas frases reflexivas jugando con la tonalidades y los colores, se disfruta todo el camino hasta el final, el cual resulta completamente abierto y a libre interpretación, aunque se puede extrapolar si se presta atención a las pistas que deja el autor en la historia. Como en todo en libro de Murakami, lo importante es el camino y no la meta. 


"En ese momento, por fin lo acepó. En lo más profundo de sí mismo, Tsukuro Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía”.


Ricardo Carrión
Administrador del blog

domingo, 7 de octubre de 2018

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo: Citas, frases, quotes

Frases y fragmentos de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

elige-un-libro

Mientras leía Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Haruki Murakami debía detenerme a cada instante para anotar la gran cantidad de frases y fragmentos que me encantaban. Leía lento porque al mismo tiempo anotaba todo lo que me iba gustando. Fue así como nació esta lista de frases y fragmentos favoritos. A veces, con saber que un libro trae un par de frases que nos gustan es suficiente para que queramos leerlo, espero que esta entrada sirva para ello, para que se animen a leer a este autor japonés que me encanta. Les dejo a continuación mis citas preferidas:




El pájaro-que-da-cuerda viene cada día a la arboleda que hay cerca de casa y le da cuerda a nuestro apacible y pequeño mundo. Pág. 18.

Su rostro no era especialmente bello, pero tenía algo que atraía. Quizá sus ojos vivos o la peculiar forma de sus labios. Pág. 32.

¿Puede un ser humano llegar a comprender plenamente a otro? Cuando deseamos conocer a alguien e invertimos mucho tiempo y serios esfuerzos en este propósito, ¿hasta qué punto podremos, en consecuencia, aproximarnos a la esencia del otro? ¿Sabemos en verdad algo importante de la persona que estamos convencidos de conocer? Pág. 42.

– ¿Eres valiente?
– No mucho -dije.
– ¿Y nunca lo has sido, ni siquiera antes?
– Nunca, jamás lo he sido.
– ¿Y curiosidad? ¿Tienes?
– Curioso sí lo soy, un poco.
– ¿Y no crees que la curiosidad y la valentía se parecen? -dijo May Kasahara-. Donde hay valentía hay curiosidad, y donde hay curiosidad hay valentía, ¿no te parece? Pág. 98.

Quizá cuando la gente los abandona, los objetos inanimados se convierten en objetos aún más inanimados.  Pág. 99.

No tenía que ir a la oficina en trenes atestados de gente, no estaba obligado a ver a personas a quienes no me apetecía ver. Y lo más maravilloso de todo: podía leer los libros que deseaba y cuando lo deseaba.Pág. 43.

A veces hay que hacer cosas estúpidas con gente estúpida. Pág. 44.

Tú vives conmigo, pero apenas me prestas atención. Tú vives pensando sólo en ti mismo. Pág. 46.

Nada consume tanto a una persona como los esfuerzos innecesarios y absurdos. Pág. 78

No se debe oponer resistencia a la corriente: hay que ir hacia arriba cuando hay que ir hacia arriba, y hacia abajo cuando hay que ir hacia abajo. Cuando debas ir hacia arriba, busca la torre más alta y sube hasta la cúspide. Cuando debas ir hacia abajo, busca el pozo más profundo y desciende hasta el fondo. Cuando no haya corriente, quédate inmóvil. Si te opones a la corriente todo se seca, el mundo se ve envuelto por las tinieblas. "Yo soy yo, él es yo, atardecer de otoño" Cuando renuncias a mi, yo existo. Pág. 79-80.

Cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que desea, ¿sabes qué pasa? Que acaba por no saber incluso lo que quiere.

La vida viene a ser eso, ¿no? ¿Acaso no estamos todos atrapados en un lugar oscuro y nos van quitando la comida y la bebida y nos vamos muriendo despacio, gradualmente? Pág. 165.


Las cosas que se pueden comprar con dinero es mejor comprarlas sin pensar demasiado si ganas o pierdes. Es mejor ahorrar las energías para aquellas cosas que no pueden comprarse con dinero.  Pág. 168.

Que no sepa que es lo que quiero hacer no quiere decir que no quiera hacer nada murakami. Pág. 179

A veces, cuando avanzas en silencio por paisajes tan desolados, pierdes la cohesión como ser humano y te sobreviene la alucinación de que te vas disgregando progresivamente. El espacio que te rodea es tan vasto que es difícil mantener el sentido de la proporción con respecto a la propia existencia. Pág. 200.

La capacidad de creer plenamente en otro es uno de los valores más bellos del ser humano.

Los recuerdos y los pensamientos envejecen igual que envejece el hombre. Pero hay algunos pensamientos que nunca se erosionan. Pág. 292.

Creo que la vida es mucho más limitada de lo que piensan las personas que están en pleno proceso vital. La luz brilla durante un limitado y brevísimo espacio de tiempo en el acto de vivir. Quizás sólo unas decenas de segundos. Una vez se ha ido, si has fracasado en el intento de alcanzar la revelación que se te ofrecía, no tienes una segunda oportunidad. Y luego deberás pasar el resto de tus días dentro de una profunda soledad sin esperanza ni remordimiento. En este mundo del crepúsculo, la persona ya nunca podrá esperar nada. Lo único que poseerá serán los restos efímeros de lo que pudo haber sido. Pág. 295-296.

Y en su sonrisa descubrí una luz serena que no existía antes. Al verla supe que durante aquel día me había acercado un poco a ella. Pág. 319.

A veces, cuando le preguntaba algo, retrasaba un poco la respuesta. Creaba una pequeña pausa. Y yo, en esos instantes de vacío, no podía por menos de percibir la sombra de algo más. Pág. 319.

Yo adolecía de la tendencia al aislamiento...Cuando tenía que hacer algo enserio, prefería llevarlo a cabo por mí mismo. Explicar las cosas, una a una, y hacérselas entender a los demás me parecía una pérdida de tiempo y energía; me era más cómodo hacerlo yo solo sin decir nada a nadie. Pág. 326.

No podía discernir hasta donde llegaba la realidad y dónde empezaba la fantasía. El muro que dividía ambos territorios empezaba a fundirse. En mi memoria, al menos, lo real y lo irreal coexistían con una consistencia y una nitidez casi idiénticas  Pág. 405.

El odio es una sombra negra y alargada. En muchos casos, ni siquiera quien lo siente sabe de dónde le viene. Es un arma de doble filo. Al mismo tiempo que herimos al contrincante nos herimos a nosotros mismos. Cuanto más grave es la herida que le infligimos, más grave es la nuestra. El odio es muy peligroso. Y, una vez que ha arraigado en nuestro corazón, extirparlo es una tarea titánica. Pág. 431.

El pájaro-que-da-cuerda se posa en un árbol de por aquí y, poco a poco, va dándole cuerda al mundo. Mientras tanto, hace ric-ric. Si él no le diera cuerda, el mundo no funcionaría. Pero eso nadie lo sabe. Todos, absolutamente todos, creen que es un enorme mecanismo, mucho más imponente y complejo, el que mueve el mundo con mano férrea. Pero no es así. La verdad es que el pájaro-que-da-cuerda va de un lugar a otro accionando el resorte que hace funcionar el mundo. Es un mecanismo tan sencillo como el de un juguete de cuerda. Basta con hacer girar una llavecita. Pero esa llavecita sólo la puede ver el pájaro-que-da-cuerda. Pág. 434.

A veces, cuando te miro, me da la sensación de que estás luchando con todas tus fuerzas contra algo y que lo haces por mí. Pág. 496.

En este mundo, nada hay tan cruel como la desolación de no desear nada. Pág. 494 .

Explicar algo simple a una persona resulta a veces complicado.  Pág. 510.

A veces, sin embargo, la soledad me punzaba el corazón. El agua que bebía, incluso el aire que respiraba, venían cargados de largas agujas de punta afilada. Las esquinas de las páginas del libro que sostenía en la mano me amenazaban con un destello blanco como filos de una navaja de afeitar. A las cuatro de la madrugada, cuando todo estaba en silencio, podía oír cómo crecían las raíces de mi soledad. Pág. 519.

Aquel invierno era frío, pero yo ni siquiera pensaba en encender la estufa. Porque no distinguía si el frío era verdadero o era el frío que había siempre en mi interior. Pág. 524.

Siempre es mejor que la gente hable cara a cara, con el corazon en la mano. De lo contrario acaban surgiendo malentendidos.Pág. 686.

Estamos unidos por el lazo de un silencio que atraviesa la pared que separa ambos mundos. Pienso que nos necesitamos el uno al otro, más que a nada. No me caben dudas. Pág. 719.

Desde que te fuiste he vivido con la sensación constante de haber sido arrojado a la oscuridad más profunda.

Todo está interrelacionado, con la complejidad de un rompecabezas tridimensional. En el que la verdad no siempre es real y la realidad no siempre es verdadera. Pág. 780.

¿Sabe usted cuál es el más intenso de los odios? Aquel que se siente por alguien que ves que alcanza sin el menor esfuerzo lo que tú eres incapaz de alcanzar pese a desearlo con toda tu alma. Cuando te ves obligado a chuparte el dedo viendo como otro, por su cara bonita, accede a un mundo al que no puedes acceder ni en sueños. Y cuando más cerca tengas a esa persona, más intenso será el odio. Pág 794.

La reseña del libro la puedes encontrar aquí

Ricardo Carrión
Administrador del blog

viernes, 7 de septiembre de 2018

El elefante desaparece [ Haruki Murakami ] Reseña Nº 236

El elefante desaparece

Resumen, análisis, opinión

elige-un-libro
Haruki Murakami
TusQuets Editores
352 páginas
Comprar


Haruki Murakami trabaja este compendio de relatos entre los años 1980 y 1991, en ese espacio de tiempo fue moldeando la ficción de su mundo. Podría decirse que en este libro se encuentra la materia prima de lo que serán sus obras más emblemáticas en las que define finalmente su estilo. Publicado en 1993 y en español en 2016, esta obra refleja en cada uno de sus cuentos aspectos fundamentales del universo murakamiano. 

Como muestra de lo anterior, el relato que da inicio al libro El pájaro que da cuerda y las mujeres del martes es el origen del primer capítulo de una de sus principales novelas: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, publicado en 1995. Es un verdadero borrador, donde los nombres de los protagonistas aún no están definidos, pero que, en el fondo, su esencia sí, solo pequeños aspectos modificó para sentar la base de aquella gran obra, donde juega con el misterio telefónico, los encuentros fortuitos, la revelación de un mundo nuevo al conocer a una chica mientras se busca a un gato perdido. Un mundo que tiene un movimiento limitado, que se detiene cada día, hasta que un pájaro lo vuelve a poner en movimiento al darle cuerda cada mañana. 
Un nombre clave aparece en este cuento, el de Noboru Watanabe, personaje clave en el universo del autor japonés y que reitera apariciones en este mismo volumen en Asuntos de familia y El elefante desaparece. 

"Y me pregunto cuándo se rompió la aguja de mi brújula, cuándo me perdí en esta vida errante" (El pájaro que da cuerda y las mujeres del martes).

Las personas son mundos complejos, universos únicos, pero que, al unirse con otros, al interactuar entre ellos, forman nuevas realidades, a veces eternas, o de tan solo momentos. Los personajes de Murakami, viajan libremente por estas realidades que ellos mismo crean. En Nuevo ataque a la panadería, el simple hecho de sentir hambre a una hora en que no se puede conseguir alimento, pone en marcha un engranaje de modificación de la realidad, pasando de algo cotidiano a un acto que si bien es real, es completamente anormal para el contexto, como el asalto a un local de comida rápida. Aquello le gusta a Murakami, ir revelando esos pliegues tan diversos de la realidad, tan finos que no detectamos por ir siempre sumidos en nuestras rutinas. En el cuento Sobre el encuentro de un chica cien por cien perfecta en una mañana soleada del mes de abril, lo deja claro, lo largo del título hace referencia al detalle, al momento y la circunstancia, a la consciencia plena del encuentro con una mujer que parece perfecta, a las características del día, al lugar, la fecha, todo. Son solo segundos, se cruzan, quizá ella ni lo notó, pero en él se comienza a generar una pequeña historia y se crea un mundo dentro de otro, a partir de una casualidad.

"Se cruzaron en mitad de la calle. El tenue destello de un recuerdo perdido iluminó por un instante sus corazones, que dieron un vuelco. Lo supieron" (Sobre el encuentro de un chica cien por cien perfecta en una mañana soleada del mes de abril).

Equilibrio, otro aspecto fundamental de la narrativa del autor japonés, esa constante descripción de actitudes ordinarias de la vida diaria, cocinar, tener sexo, comer, beber, dormir, son la base del equilibrio en sus historias, que luego rompe en un ángulo inimaginable, lo que provoca una emoción inesperada en el lector. Este quiebre puede suceder en cualquier momento. Una vida puede dar un giro en ciento ochenta grados a partir de un pequeño detalle, como cuando uno de los personajes de Lederhosen va a comprar un par de pantalones y entiende de golpe el absurdo de la existencia que ha llevado hasta ese momento, o el descubrimiento de un hábito pirómano como en Quemar graneros. Pero el más significativo hecho de quiebre de esta recopilación de relatos ocurre en Sueño, donde una mujer al no poder volver a dormir, deja en evidencia las complejidades del mundo de la vigilia.

"No es que me sienta vacía, simplemente me sorprende ser incapaz de distinguir entre ayer y anteayer por el hecho de llevar esta vida, que me ha tragado por completo" (Sueño).

En el universo murakamiano donde las realidades se confunden constantemente, donde es normal que lo fantástico irrumpa con normalidad en las rutinas de los personajes, tampoco existen divisiones claras entre el mundo de los sueños y la realidad. Lo onírico fácilmente se expande y engulle al soñador. Lo que pasa en los sueños no se queda allí. En El enanito bailarín, un ser atormenta a un hombre común por medio de diversas artimañas que le sugiere en sueños, pero que al hacerse realidad lo empujan a caer en una trampa mortal. 
Estos seres extraños, como salidos de una pesadilla, se reiteran en relatos como El pequeño monstruo verde y La gente de la televisión. Tienen la particularidad de no ser notados por otros salvo por el protagonista del relato, exacerbando el ambiente pesadillesco, encerrando a los personajes en una burbuja fantástica dentro de un ambiente real. Lo interesante de estos relatos es averiguar si los personajes sabrán librarse o no del embrujo de la irrealidad. 

Pero definitivamente, de todos los aspectos que toca Murakami en esta serie de relatos, es lo situacional lo que le da vigor a este libro, ya que a través de lo que parecen ser experiencias personales, logra profundizar en temas complejos con temáticas simples. En relatos como Un barco lento a China, El último césped de la tarde y en Silencio, recupera el tono melancólico que dejó de lado en los relatos más inclinados a lo fantástico y nos lleva por los recuerdos lejanos de tiempos de instituto, de trabajos de medio tiempo en donde abundan los encuentros inolvidables entre personajes que nunca más volverán a verse, rescatando situaciones de superación personal, del encuentro de sentido a la vida, de resiliencia. 

"Hay gente que carece de profundidad. Llevan una vida monótona, vacía. Por mucho que llamen la atención de los demás, por mucho que se muestren triunfantes, solo es una máscara tras la cual no hay nada". (Silencio). 

En general, El elefante desaparece es una recopilación de diecisiete relatos muy diversos, donde se puede apreciar todo el cariz de la literatura del japonés como a través de un prisma, hay una descomposición de todas su particularidades. A pesar de que la narración es algo dispareja debido al extenso periodo de tiempo en que se escribieron estos relatos, la atmósfera y la esencia se mantiene a lo largo de todo el libro, al igual que el placer de disfrutar esa lectura que no requiere de grandes recursos literarios, ni complejidades estilísticas para dar ambiente y profundidad a las historias. 

Ricardo Carrión
Administrador del blog


elige-un-libro




martes, 5 de junio de 2018

Baila, baila, baila [ Haruki Murakami ] Reseña Nº 221

Baila, baila, baila (1988)

Análisis y opinión

Haruki Murakami
TusQuets
464 páginas

Reseña: Tokio Blues

Esta es la segunda novela que leí de Murakami. Luego del asombroso comienzo que tuve leyendo Tokio blues, aproveché ese empujón inicial y me lancé con la primera novela de él que encontré disponible en la biblioteca. Sin hacer averiguaciones ni indagaciones, me sumergí de lleno en esta danza de vida. Lamentablemente, luego de que había avanzado bastante en la historia, me enteré de que la entendería mucho mejor si con anterioridad hubiese leído La caza del carnero salvaje. Por lo tanto, abordaré la reseña de este libro, desde la perspectiva de una novela individual y no como parte del universo murakamiano. 

El protagonista, un hombre de treinta y cuatro años, con un matrimonio fracasado, abandonado por su mujer, vive solo y frecuenta mujeres de forma aleatoria, las cuales generalmente tienen pareja o están casadas. A él no le importa, de alguna forma no le interesa. Esas parejas ocasionales terminan notando esa falta de interés que emana de él, como si viviera en otro mundo; en la luna. Así se nos presenta inicialmente este redactor freelance que no tiene mayores necesidades, no tiene problemas económicos, no es que le sobre el dinero, pero con lo que ha trabajado le alcanza para vivir sin trabajar ciertos períodos de tiempos. 

Una vez que se le terminan los ahorros, no tiene problemas en volver a buscar nuevos trabajos, ya que por su eficiencia siempre lo contratan. Y así vive, en una especie de automatismo. Pero nada puede durar para siempre y los recuerdos de una mujer de su pasado lo envuelven. De alguna forma mira hacia atrás y se da cuenta del vacío de su existencia. Los recuerdos de aquella chica misteriosa, se relacionan directamente con la ciudad de Sapporo y un destartalado Hotel llamado Delfín, en el cual se alojó en el pasado. 

La soledad y la falta de objetivos con que vive, lo empiezan a sumir en una especie de sopor: siente que desaparece de este mundo. De una manera desesperada, intenta buscar una solución rastreando a aquella mujer que lo perturba: la misteriosa Kiki, con la cual pasó una noche en el Hotel Delfín. Nuevamente deja su trabajo y decide volver a Sapporo. Pero donde estaba el viejo hotel, hay uno completamente nuevo y moderno, mientras que el viejo hotel y su dueño han desaparecido. Lo único que se mantiene inalterable es el nombre del Hotel. Allí sufre una especie de reinicio, se encuentra con una especie de realidad paralela y un extraño ser de otro mundo que le da un consejo vital para que vuelva a encauzar su vida: Bailar sin parar. Dejar de pensar y dejarse llevar por la música que sólo él puede escuchar. 

"Allá vamos. No perderé el paso. Tengo que bailar y dejarlos a todos deslumbrados. Los pasos: ésa es la única realidad. Ya están establecidos. No hace falta pensar. Están grabados con fuego en mi mente. Baila. Baila lo mejor que puedas".

En el hotel conoce a un guapa recepcionista de la cual queda profundamente prendado, además, una pequeña niña de trece años se cruza en su vida de una manera muy emotiva y profunda. El protagonista decide entonces, hacer caso al misterioso ser que parece querer ayudarlo e intenta no pensar y actúa según su instinto, decide danzar, seguir los pasos de su interior y se encauza en un recorrido que parece no tener sentido, pero él le sigue el ritmo, sin perder los pasos, danza, baila sin detenerse, y mientras lo hace, va pasando por diversas experiencias: inicia una amistad con la niña de trece años, conoce profundamente a un famoso actor, se ve involucrado en la investigación de un asesinato y conoce a extraños personajes como al escritor Hiraku Makimura, un autor de Bestsellers, que parece ser un alter ego del propio Murakami. 

"He ido perdiendo cosas. Sigo perdiendo. Siempre acabo solo. Siempre es así".

Es una novela extensa que inicia con un profundo sentido de cuestionamiento existencial, que no aburre por la habilidad de Murakami de relatar, pero que no aguantaría toda la novela para mantener la tensión narrativa. Entonces, para oxigenar el argumento, aparece una interesante trama policial, en donde un asesinato que se relaciona con el protagonista cambia el ritmo melancólico y le da un respiro. Pero esa trama policial, suma y aporta interesantes elementos al hilo existencialista; elementos que terminan siendo vitales para la resolución del argumento principal. 


"El tiempo soluciona la mayor parte de las cosas. Lo que no pueda solucionar el tiempo, lo solucionarás tú".

Murakami tiene un estilo como escritor muy marcado, en donde hace demasiadas descripciones sobre comidas o lugares. Es algo muy propio de su escritura, ya que con ello marca la cotidianidad, el día a día de las personas, y así el tiempo que transcurre para el personaje, es el mismo que siente el lector. A veces eso puede resultar un poco pesado en algunos pasajes de esta novela, pero no es algo que desaliente la lectura. 

El surrealismo es otro rasgo de su estilo literario, juega mucho con la duplicidad de la realidad, con un mundo paralelo, no habla de múltiples dimensiones, sino de dos. Y es ahí, donde nos obliga a imaginar, a romper esquemas y por medio del hombre carnero, nos demuestra que no existimos solo en un plano de la realidad. 

Me gustó mucho este libro, tanto así que en estos momentos estoy leyendo La caza del carnero salvaje, porque quiero saber más del misterioso hombre carnero. Aprovecho de dejarles las frases que más me gustaron de este libro. 

Frases de Baila, Baila, Baila


¿Qué demonios sé yo de mí mismo? ¿Acaso el yo que percibo a través de mis sentidos es el yo real? ¿No será la imagen de mí mismo una versión desfigurada por pura conveniencia?


Todos vivíamos en un mundo imaginario donde respirábamos aire imaginario.


Todo empieza siempre con alguien contando algo de sí mismo.


Tengo la sensación de que respiras un aire completamente diferente del que yo respiro.


Me entristeció que se hubiera marchado, pero era una tristeza que había experimentado en otras ocasiones. Y también sabía que podía vencerla fácilmente.


Dentro de poco me encontraré en alguna parte con otra mujer. Nos atraeremos de forma natural, como dos astros errantes. Entonces volveremos a esperar en balde un milagro, perderemos el tiempo, desgastaremos nuestros corazones y nos despediremos. ¿Hasta cuándo iba a seguir así?


Una vez muerto ya no iba a perder nada más. Tal vez eso sea lo bueno de morirse.


A veces, cualquier tontería me toca las fibras más sensibles del corazón.


Vivimos en una sociedad altamente capitalista donde el derroche es la mayor de las virtudes.


Me gustaba. Me gustaba estar con ella. Cuando estábamos juntos siempre pasaba un rato ameno. Incluso me volvía afectuoso. Pero, a fin de cuentas, no la deseaba ni la necesitaba.


Lo que quiero decir es que el dolor se vuelve crónico. Engullido por la vida diaria, uno deja de saber cuáles son las heridas. Pero están ahí.


Como ya tengo treinta y cuatro años, no me enamoro con tanta facilidad. No tengo ganas de ser más infeliz todavía.


Suena terrible, pero es así. Ella no es como tú o como yo. Para ella la soledad es algo de lo que cualquiera puede librarla. Basta con que alguien lo haga y punto.


Cuando uno se enamora, no se guía por la razón. A veces uno no elige.


A veces me entran unas ganas enormes de oír tu voz.


Para bien o para mal, estaba demasiado acostumbrado a vivir solo.


Cuando estoy contigo, a veces vuelvo a sentir esa emoción. Entonces me parece oír el ruido de la lluvia, oler el aroma del viento hace mucho, mucho tiempo. Están otra vez aquí, como si los hubiera recuperado. Es maravilloso.


La mediocridad es como una mancha en una chaqueta blanca; una vez adherida, nadie puede quitarla.

Era natural que se alejara de mí y lo sabíamos desde un principio. Los dos lo sabíamos. Pero ambos esperábamos un pequeño milagro.

Si amas a alguien, el amor va cambiando. Se cuestiona, se agita, se desorienta, se hincha, desaparece, se niega, hiere.

Cuando uno llega a cierto agotamiento mental, lo mejor es meterse en una obra de Faulkner o de Philip K. Dick.

Ricardo Carrión
Administrador del blog

lunes, 26 de marzo de 2018

Tokio blues [ Haruki Murakami ] RESEÑA y análisis

Tokio blues

Opinión y análisis

Haruki Murakami
Editorial Planeta

Pensé en la infinidad de cosas que había perdido en el curso de mi vida. Pensé en el tiempo perdido, en las personas que habían muerto, en las que me habían abandonado, en los sentimientos que jamás volverían.

Tokio blues es mi primer encuentro con Murakami. Al parecer fue la elección adecuada, ya que en sus demás libros predomina el elemento surrealista, siendo Tokio blues la excepción. Por lo cual, es el libro ideal para comenzar con el autor. 
La historia es muy simple: Toru Watanabe tiene 37 años y al escuchar una canción en un avión, comienza a rememorar el pasado. Remontándose a los días en que iba a la escuela y luego a la universidad a finales de los años sesenta. Nos relata sus experiencias con el amor, la amistad y la muerte. Es básicamente el camino de un joven japonés hacia la madurez, con toda la implicancia que tiene la influencia externa del ambiente sobre su ser interior. 

Así pues, no tenía este punto en común con los demás, y leía mis libros a solas y en silencio. Los releía y cerraba los ojos y me llenaban de su aroma. Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus páginas, me sentía feliz.

La novela tiene muchos guiños a grandes obras de la literatura, como también a inolvidables éxitos musicales. La música y la literatura se funden para darle ritmo a la novela, en un compás adictivo difícil de dejar, ya que el gran protagonista de esta obra es esa prosa melódica de Murakami. 
Como se trata de una novela de cotidianidad y recuerdos, la atención del lector es difícil de mantener si las experiencias del protagonista no son lo bastante llamativas. Es por eso que cada personaje con que se encuentra Watanabe, toda persona con la que termina relacionándose, representa algún problema típico de la sociedad japonesa de aquellos años, los cuales aún se mantienen vigentes, por lo cual resulta una lectura transversal en el tiempo.

El conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar este dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso

En general son tres temas los que predominan en la novela: el amor, la soledad y la muerte. Es una especie de triángulo donde uno afecta al otro irremediablemente. La soledad te lleva a la muerte, mientras que el amor te salva de la soledad y por lo tanto de la muerte. El problema que desarrolla el autor es cómo enfrentar la soledad, porque el amor puede llegar en muchas formas y es posible que encerrados en nuestra soledad no lo veamos como realmente es. El amor llama y no somos capaces de verlo. El vacío existencial y la búsqueda de una identidad ponen a prueba a los personajes, no hay un camino para enfrentarlos, cada cual deberá buscar el suyo y su lugar en el mundo. Y cada cual deberá saber si rendirse o no es la solución. 

Tal vez mi corazón esté recubierto por una coraza y sea imposible atravesarla. Por eso no puedo querer a nadie.

Son temas muy interesantes que a través de un relato en primera persona podrían profundizarse por medio del monólogo interior o mediante introspecciones del protagonista. Pero Murakami no lo hace así. La narración es una serie de hechos, uno tras otro, no hay espacio para la reflexión de los personajes, pero sí para las emociones. Todo la relación de ellos con la soledad, el amor y la muerte se demuestra y no se dice. Es una novela de acción y diálogos. Donde no se pretende explicar lo que se siente, sino que se dice y punto, las cosas se demuestran por medio de hechos y no se detienen a dar explicaciones. Si el protagonista tiene un conflicto interior, no lo expresa con palabras, sino que lo describe mediante sus acciones. Y eso es lo que le da una fluidez vibrante en cada pasaje. Es un libro muy visual donde se presentan imágenes a cada instante y donde las emociones y lo sentimientos resultan palpables y cálidos. A pesar de lo positivo de esto, tiene un pero, y es que pierde profundidad. Se le podría sacar mucho más partido a los temas, pero eso podría cambiar el ritmo del libro. Algo se debe sacrificar para que otra cosa resulte. 


Cada personaje tiene una historia interesante tras de sí, reflejo del vertiginoso ritmo de vida de una ciudad que aprisiona y deshace relaciones hasta dejar a las personas solas. Eso refresca constantemente el relato. En los momentos en que la historia central pierde ritmo, aparece la historia paralela de otro personaje, que complementa, enriquece y alimenta la trama. Es el paso de una melancolía a otra. 

Las cosas fluyen hacia donde tienen que fluir, y por más que te esfuerces e intentes hacerlo lo mejor posible, cuando llega el momento de herir a alguien lo hieres. La vida es así.

A pesar de ser una novela que busca empatizar con los jóvenes, ya que ellos son los protagonistas. A pesar de eso, se hace una interesante mirada al mundo adulto a través de los ojos de la juventud. Hay padres, madres y amigos que de forma secundaria aportan la nota adulta a la historia, ya que sufren problemas muy similares a los de los jóvenes, a pesar de la experiencia. La búsqueda de un sentido de la vida parece no terminar con la madurez, sino que es un largo camino que recién empieza. Es una dura carga que se debe aprender a sobrellevar a través de la vida. Watanabe lo hace saber en las primeras líneas del libro, cuando ha alcanzado los 37 años. 

A decir verdad, en aquella época, a mí me importaba muy poco el paisaje. Pensaba en mí, pensaba en la hermosa mujer que caminaba a mi lado, pensaba en ella y en mí, y luego volvía a pensar en mí. Estaba en una edad en la que, mirara lo que mirase, sintiera lo que sintiese, pensara lo que pensase, al final, como un bumerán, todo volvía al mismo punto de partida: yo.

En general es un libro que me gustó mucho, absolutamente recomendable para todo tipo de personas. Es muy amigable con el lector. Es ágil narrativamente, y a pesar de la melancolía que aflora de sus historias, resulta entretenido, parece contradictorio, pero es así. El final es algo abrupto y no se desarrolla de forma satisfactoria, pero deja claro los destinos de los personajes y el lector sabrá como extrapolar esos mezquinos bocetos que Murakami ofrece del futuro de ellos. 

En una caja de galletas hay muchas clases distintas de galletas. Algunas te gustan y otras no. Al principio te comes las que te gustan, y al final sólo quedan las que no te gustan. Pues yo, cuando lo estoy pasando mal, siempre pienso: "Tengo que acabar con esto cuanto antes y ya vendrán tiempos mejores. Porque la vida es como una caja de galletas.
Ricardo Carrión
Administrador del blog