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martes, 18 de diciembre de 2018

RESEÑA: 21 lecciones para el siglo XXI. HARARI

Reseña Nº 246: 21 lecciones para el siglo XXI


Yuval-Noah-Harari
Yuval Noah Harari
398 páginas
Debate
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Reseña y opinión 


Yuval Noah Harari es escritor e historiador, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Sus obras más importantes son Sapiens. De animales a Dioses, Homo Deus. Historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI. Es especialista en historia medieval y militar. Se doctoró en historia en la universidad de Oxford en 2002 y desde entonces se dedicó a realizar diversas publicaciones sobre los procesos macrohistóricos, pero su fama llegó luego de la publicación de Sapiens, que un principio se publicó en hebreo pero que terminó siendo traducido en más de treinta idiomas.

Lo que atrae de este autor israelí es que tiene un estilo único. Sus libros son la concepción de lo que es él en su totalidad. Su visión de las cosas resulta de la combinación de sus orígenes judíos, donde influyó mucho su educación y religión que le otorgaron cierta percepción del mundo, con el alejamiento que luego empezó a tener debido a sus estudios universitarios, para terminar siendo ateo y confiar solamente en hechos reales, en lo que se puede demostrar con la observación. Tiene un fuerte compromiso con la verdad, es decir, no cree ser dueño de la verdad, pero aprecia profundamente donde pueda revelarse, siempre con el concepto claro de que como humanos nos podemos equivocar. Esta característica tan especial, sumado a su vasto conocimiento como historiador lo convierten en una persona capaz de ver y tener clara la evolución del mundo humano desde sus orígenes hasta la actualidad. 

Está muy informado y actualizado, y tiende a entender la naturaleza humana. En 21 lecciones para el siglo XXI, intenta plasmar su mirada objetiva de lo que está pasando en el mundo y hacia donde vamos. La base de este libro es una serie reflexiones casi filosóficas del autor apoyado por su erudición en temas históricos pero que también alimenta con muchos datos de actualidad, especulando lo que podría suceder con la humanidad el año 2050.
El eje conductor del libro es el tremendo crecimiento que están teniendo la infotecnología y la biotecnología en nuestras narices, y que no somos capaces de apreciar el infinito de posibilidades futuras que ya nos están brindando. Pero esas posibilidades podrían ser realmente catastróficas para el ser humano. Mientras la sociedad actual está preocupada por un futuro en que los robots se apoderen del planeta y nos desplacen, Harari hace hincapié en que, debido al auge de la biotecnología, la elite más poderosa terminará mejorando su salud, sus cuerpos y extendiendo anormalmente su vida y que debido a la infotecnología, al big data, a la utilización de inteligencias artificiales (IA), la automatización será cada vez más elevada y algoritmos terminarán desplazando a los humanos del trabajo de una forma masiva, a tal punto que gran parte de la humanidad terminará siendo irrelevante. Los poderosos con vidas largas y una salud a prueba de todo, ya no necesitarán de la masa trabajadora, porque tendrán IA especializadas y controladas por ellos. Esta visión resulta mucho más objetiva que pensar que robots nos controlarán. Se crearán nuevas castas biológicas. 
Las IA ya están entre nosotros recopilando información de cada persona en el mundo, los algoritmos de google, Spotify, Youtube y Netflix, ya están comprendiendo a sus usuarios, algo que parece facilitarnos la vida solo nos está descifrando. Y eso nos llevará a algo mucho peor, que Harari llama "Hackear seres humanos". Su mensaje resulta tan potente y objetivo que realmente asusta. 

"Los humanos tienen dos tipos de capacidades: la física y la cognitiva. En el pasado, las máquinas competían con los humanos principalmente en las capacidades físicas en bruto, mientras que estos tenían una enorme ventaja sobre las máquinas en cuanto a cognición. De ahí que cuando los trabajos manuales en la agricultura y la industria se automatizaron, aparecieron nuevos empleos de servicios que requerían capacidades cognitivas que solo los humanos poseían: aprender, analizar, comunicar y, por encima de todo, comprender las emociones humanas. Sin embargo, la IA está empezando ahora a superar a los humanos cada vez en más de estás capacidades, entre ellas la comprensión de las emociones humanas. No conocemos un tercer campo de actividad (más allá del físico y el cognitivo) en el que los humanos se hallen siempre en situación de ventaja".

El libro está dividido en cinco partes donde el autor nos va dilucidando los desafíos a los que tendrá que enfrentarse la humanidad para lograr sobrellevar este auge tecnológico del siglo XXI, y para ello indaga en la política, en la libertad, en las raíces mismas del origen de los países y las religiones. Inevitablemente toca los temas de Dios, la guerra, la inmigración, el terrorismo, la verdad oculta a nuestros ojos. Explora el comportamiento humano para extrapolar lo que deberíamos hacer frente a los problemas más importantes como lo son el cambio climático, la guerra nuclear y la ya mencionada disrupción tecnológica. Revela estás variables y como se relacionaran entre ellas, como unas potenciarán a otras y de qué manera podríamos ya no evitar, sino enfrentar como conjunto, como humanidad, una era completamente incierta. La velocidad del cambio es enorme y cada vez nos estamos quedando más atrás, debido a la preocupaciones y a discusiones ideológicas que al ser inmediatas carecen de sentido si miramos al futuro. 

Para Harari, las identidades tradicionales, la religión y el sentimiento nacionalista solo están frenando algo que viene en notable progreso desde los orígenes de las sociedades humanas: una unión a nivel continental que implique tomar desiciones en conjunto, no habla de un gobierno mundial, para nada, sino que el aspecto político alcance un nivel parejo en todas la naciones para tratar temas delicados de manera colectiva y no individual, como catástrofes globales a gran escala. Nuestra forma de ser, nuestro comportamiento y nuestros sistemas quedarán obsoletos frente a los nuevos desafíos que se nos avecinan. Entonces, ¿Qué debemos enseñar a las nuevas generaciones, a los niños que hoy están naciendo y que se enfrentarán a un futuro incierto y en constante cambio?

Libro recomendado


Es uno de los mejores libros que he leído este año. Realmente te hace ver la realidad del mundo desde una perspectiva nueva y refrescante. Y no está escrito con un afán de gloria personal, al contrario, demuestra una verdadera preocupación por el futuro de la humanidad. Tiene la intensidad de un autor que está tratando de enviar un mensaje de advertencia, preocupado por el curso que están teniendo los acontecimientos. Es en cierta medida alarmante, porque el mensaje es de "ahora o nunca". Nos encontramos justo en el punto de inflexión histórica que puede llevarnos a la catástrofe global. Es por ello que 21 lecciones para el siglo XXI no invita a filosofar, sino a divulgar nuestra situación actual a través de la reflexión. Muestra cómo somos, qué nos mueve, cómo podemos cambiar. Hay caminos. Pero primero debemos ser conscientes de lo que pasa y por ello invito a divulgar la lectura de este libro. 

"Durante unos cuantos años o décadas más, aún tendremos la posibilidad de elegir. Si hacemos el esfuerzo, todavía podemos investigar quiénes somos en realidad. Pero si queremos aprovechar de verdad esta oportunidad, será mejor que lo hagamos ahora".

Ricardo Carrión
Administrador del blog



jueves, 4 de enero de 2018

Mis despropósitos literarios 2018

Mis despropósitos literarios 2018




No sé si lo han notado, pero en estas fechas siempre veo a booktubers, bloggers, bookstagrammers y a todo tipo de lector, hablar y contar sobre sus propósitos y retos literarios. Todos se llenan de optimismo, se proponen metas lectoras e intentan organizar su año literario. Yo, entre tanto entusiasmo me comienzo a deprimir, porque nunca soy capaz de mantener un reto o cumplir un propósito. Siempre hay libros que se cruzan en mi camino sin aviso y me hacen desviarme del camino que me he fijado. Es por eso que hago esta entrada, no saco nada con hablar de propósitos. En mi caso son siempre despropósitos, soy un fiasco y todo lo hecho a perder. No hay reto que pueda mantener ni lectura conjunta que pueda respetar.

Así que, les contaré un poco de mi mundo sin sentido, mis no metas y vergüenzas literarias que espero cumplir fácilmente este 2018.

No reseñaré todo lo que leo

Sí, ya no más, antes me esforzaba por reseñar absolutamente todo, pero estoy cansado y no haré reseñas de todos los libros que leo. Algunos los comentaré en vídeo por twitter o por instagram. Creo que es una forma de quitarme presión al momento de leer y así podré relajarme con la historia sin analizarla en profundidad; leer sin pensar en reseñar.

Me distraeré fácilmente 

Pasará una mosca y seguiré su viaje dejando de prestar atención al libro que leo. Sí, me distraigo con facilidad, siempre me desconcentro por cualquier cosa. Así que, este año también lo haré, estoy seguro que lo cumpliré. jaja. 


Dejaré libro a medias



Hay libros que tomaré y no los terminaré, de hecho, a veces los retomaré, pero avanzaré poco. Mi despropósito es leerlos en un par de años. Y en algunos casos simplemente no los terminaré nunca porque no me gustaron o me desesperaron tanto que ya no quiero saber más de la historia. Es una meta muy fácil de alcanzar para mí. 

Mancharé mis libros


Sí, como mientras leo, varias veces lo hago. Tengo varios libros que he manchado por dicho hábito. De hecho, uno de mis libro favoritos y más queridos está manchado con bebida jajaja. 

Seré monótono

Hoy una amiga me comentaba que leo siempre los mismo autores. Incluso releo sus libros en vez de leer otro diferente. Tiene tanta razón, soy súper monótono para mis lecturas, y cuando encuentro un autor nuevo que me gusta, lo sigo leyendo hasta aburrirme, o hasta que se acaben sus libros jaja. Así que ser un lector monótono encaja dentro de mis despropósitos 2018.


Haré lecturas conjuntas que no terminaré

Es muy probable que me sume o yo mismo organice lecturas conjuntas. Pero en los dos casos no las terminaré, no participaré completamente del proceso. Nunca lo hago, siempre dejo el libro a la mitad y sigo con otro, o simplemente me lo leo rápidamente antes que todos y no lo comento jajaja. Soy un lector solitario, me cuesta encontrar alguien con quien leer. 

No cumpliré retos

Ya es una tradición en mí, apuntarme en algún reto y no cumplirlo nunca. Si nadie me presiona, los dejo de lado y leo lo que me llama en el momento. Es por eso que hace algún tiempo dejé de apuntarme en ellos. El único que me queda vigente es el reto goodreads, el cual llevo años sin cumplir jajajaja. 

Heriré sentimientos


Muchas veces no me detengo a pensar en lo que digo, y si veo a alguien leyendo un libro que no me gusta, se lo digo, sin pensar en que esa persona pueda sentirse mal. Me ha pasado tantas veces que estoy seguro que lo seguiré haciendo. 


Leeré varios libros a la vez


Sí, nunca me concentro en una sola lectura y la termino, siempre releo otro libro o empiezo uno nuevo. De esta forma nunca termino nada y solo extiendo mi frustración jaja. Este año no será la excepción y nuevamente cumpliré este despropósito. 

Espero les haya gustado la entrada y me puedan contar si a alguien le pasa lo mismo que a mí. Yo no soy material para retos, soy un rotundo fracaso jajaja. 

Ricardo Carrión
Administrador del blog

domingo, 18 de junio de 2017

¿No tienes tiempo para leer?

Mis reflexiones: ¿No tienes tiempo para leer?


No, no es culpa de la TV. Pero la imagen me parecía ideal para captar la atención de todos jaja.

Yo, siempre estoy leyendo, ando con mis libros para todos lados. Esto ocasiona que la gente me haga alguno que otro comentario. Uno de los que más se repite es: "Me encantaría tener tiempo para leer". 

Muchos creen que los que amamos la lectura, nos creemos superiores o algo así, como si leer fuera un superpoder. De hecho, creen que los estamos obligando a leer cuando recomendamos libros. No todos tienen que leer, no todos deben ser fanáticos de la lectura. Porque leer es un afición que implica placer y felicidad, y hay miles de otras cosas que nos pueden proporcionar dichas satisfacciones. Lo que intentamos hacer, los que  promovemos la lectura, es algo muy diferente: motivar al que sí tiene la intención de leer, ayudándolo a descubrir su amor por la lectura. 
Hay mucha gente que tiene la intención y que quiere probar. Muchos "Me encantaría tener tiempo para leer" podrían transformarse realmente en lectores. 

El problema es que ya tienen rutinas establecidas, y nunca han incorporado la lectura a ellas. La mayoría trabaja y estudia, su mundo gira en torno a eso y, a partir de ello, estructuran su vida. Luego, el tiempo que les sobra, lo reparten en sus quehaceres domésticos y en la familia, dejando muy poco tiempo para hobbies. 

Algunos me podrán decir, que si a una persona le gusta leer, entonces sacará tiempo de cualquier parte para hacerlo. Pero estamos hablando de personas que están tanteando el terreno, que están averiguando si la lectura es algo que les gusta de verdad. Entonces, lo primero que tienen que hacer, es incorporar a su rutina pequeños momentos de lectura, y a partir de ellos, determinar si realmente la lectura mejora sus vidas.

La clásica recomendación para incorporar la lectura a la rutina, es la de encontrar nuestro mejor momento del día para leer y trazar un horario de lectura. Lo que implica establecer un régimen regular. Para esto, se recomienda elegir un lugar adecuado y constante, es decir, lejos de elementos perturbadores y siempre en un mismo lugar. Lo que implica, además, comodidad y buena iluminación.

No me parece un mala forma de intentar mejorar los hábitos de lectura. Pero creo que, la imposición y la preparación, solo implica que sea una tarea más en el día. Eso desmotiva a cualquiera.

Por eso yo sugiero "pequeños momentos de lectura". Quiero que la lectura sea algo tan casual y aleatorio, como mirar las redes sociales en tu teléfono o prender la TV. Que sea un acto sin premeditación, sin una planificación; completamente espontáneo.
¿Cuál es mi consejo para insertar la lectura en tú vida? Lleva un libro contigo a todas partes, llévalo junto con tu teléfono, no importa que no lo leas en todo el día, pero llévalo contigo. Cuando te acostumbres, en el algún momento te dará curiosidad y comenzarás las primeras páginas. No necesitas más de cinco o seis minutos para ir avanzando, y lo harás cuando tú quieras, especialmente en esos momentos clave del día en que desperdiciamos el tiempo sin darnos cuenta: En las filas de los bancos, en los viajes del transporte público, en el baño, en la consulta del médico, en horas de colación, etc. Incluso hay momentos en que llegamos a la casa y prendemos la TV, y luego de que vemos el programa o serie, nos quedamos mirándola sin hacer nada, sin ni siquiera entender lo que pasa en la pantalla, en ese momento, apágala o quítale el sonido y lee cinco minutos, o dos páginas. Esa sumatoria de pequeños momentos, azarosos, sin premeditación, lentamente te irán preparando para descubrir si la lectura es lo tuyo o no.

Hace unos días atrás en twitter, escribí el siguiente tweet:

lectura

¿A qué me refería con el tweet? Que leer no sea una obligación. Quitar completamente la palabra "presión" del acto de leer. ¿Prendemos la TV por obligación? No. ¿Abrimos un libro por obligación? Tampoco. Eso es lo que quiero. Muchos, como siempre, se molestaron, y no entendían cómo pretendía crear el hábito de lectura si sugería que no se terminarán el libro. ¿Se dan cuenta de lo que les pasa a esas personas? Están completamente condicionadas por el sistema educativo. En donde, si abres un libro, debes terminarlo sí o sí. Si no lo lees completo reprobarás el examen, porque no conocerás todo el contenido. ¡Alto! No estamos leyendo para un examen, es por diversión. Yo puedo abrir un libro y reírme a carcajadas con las dos primeras páginas, luego, el resto puede que no me guste y lo dejo. Punto. ¿Por qué debo terminarlo? Hay que disfrutar el proceso, esos momentos en que uno es feliz leyendo y no autoimponerse la tortura de terminar un libro que no te gusta. Cuando un libro gusta, se termina solo.

Así como cambias de canales en la TV, puedes cambiar a otro libro, o incluso retomar más tarde o años después el que dejaste porque en un momento de tu vida no conectó contigo. Por eso, siempre lleva tu libro a todas partes, si no te gusta, cambiálo por otro, se lee por diversión y espontáneamente, no hay reglas. No busques tiempo para leer, lo encontrarás sin darte cuenta. Leer es divertido. 

Ricardo Carrión
Administrador del blog

domingo, 9 de abril de 2017

¿Eres lector por lo que lees?

Mis reflexiones: ¿Eres lector por lo que lees?

lector


No. Esa es mi respuesta a la pregunta que titula esta entrada. No eres lector por lo que lees, eres lector porque lees; esa es para mí la frase correcta. Pongo como encabezado la fotografía que subí hace algunos días en twitter, en donde avisaba a mis compañeras bloggers, que tanto me recomendaban a Sarah J. Maas, que ya tenía su libro y lo empezaría a leer. Pues no solamente sirvió para dar ese aviso, sino también para despertar viejas rencillas que viven dentro de algunas personas, y que al parecer es un problema que no pueden superar. Cada vez que tienen la oportunidad de vapulear la lectura juvenil, lo hacen. Me gustaría pensar que el motivo principal de estas quejas contra una lectura más liviana y amistosa con el lector joven, es por la calidad del contenido, pero lo que veo en ellos, es un alarde de superioridad intelectual, que paradójicamente no debería existir en personas que leen a los grandes escritores. 

Lector, la palabra en discordia. La Rae dice que lector es la persona que lee o tiene el hábito de leer.   Es verdad que hay muchos tipos de lectores, como los que deben leer a diario por estudios o por trabajo. Pero en esta entrada me refiero a las personas que han adquirido el hábito de la lectura por una simple razón: porque los hace felices. Entonces, si hacemos un paralelo entre una persona que lee puros clásicos o narrativas complejas y eruditas, con otra que lee solamente literatura juvenil ¿son los dos lectores? Claro que sí, los dos son buenos lectores, porque son felices haciéndolo, disfrutan, sienten placer y alegría al sumergirse en sus libros. 

Las complejidades narrativas o el contenido no son un punto de referencia que defina tu estado como lector. También son lectores los que se informan leyendo el periódico todos los días, los que leen libros de biología, economía, física, filosofía, etc; todo el que lea por gusto es un lector.
Siento que las personas que leen libros más complejos, y que se dedican a acaparar el título de "lector" para ellos, es porque realmente no se sienten felices de leer, está claro que quieren demostrar superioridad frente al resto de las personas que leen, porque algo les falta. Creo que ellos han dejado de ser lectores, porque no les basta con leer para ser felices; leen para aparentar, no por el placer de leer.

Las excusas para criticar a la literatura juvenil, son siempre las mismas. Apuntan a su contenido. Algo que es lógico, por eso es "juvenil", no todos leemos lo mismo, los gustos son tan diversos como personas hay en el mundo, incluso dentro de una misma persona sus gustos pueden variar de un día para otro, como también varían con la edad. Es por eso que los libros han ido variando sus contenidos de acuerdo a rangos de edad, porque es una forma más generalizada de ir entregando diversas opciones para leer a una mayor cantidad de público.
Yo estoy completamente a favor de la literatura juvenil. Aquellos libros que tanto critican, han arrancado a una cantidad inmensa de jóvenes de las garras de la televisión y los han volcado incluso a querer escribir y criticar libros, los han hecho amar y perder el miedo a leer. Y estas personas egoístas, que extrañamente parecen haber perdido toda la empatía aprendida en sus lecturas cultas, deciden arrebatarles el estado de "lector". La paradoja es que aquellos que han dejado ser lectores, acusan a lo que sí son, de no serlo. 

Siempre he creído que el lector evoluciona, por eso la literatura juvenil e infantil, son importantísimas para ir formando lectores, son la puerta de entrada a los grandes clásicos y obras más eruditas. No creo en una evolución con descarte, al contrario, creo en un lector que no deja de lado sus gustos iniciales y va incluyendo nuevas experiencias. Es una evolución inclusiva, el lector va aumentando el abanico de contenidos que le gustan a medida que crece. 

En cuanto a tiempo cronológico de lectura: ¿para ser lector hay que leer todos los días? No, si lees por placer no siempre vas a estar de ánimos y leerás cuando te plazca. El número de libros que lees al mes tampoco te hace un mejor lector que otros, la cantidad es algo totalmente relativo, todo depende de la persona. Hay algunos que disfrutan leyendo muchas historias seguidas, otros prefieren dejar decantar las emociones y se quedan muchos días digiriendo lo que leyeron, lo razonan, e incluso les cuesta mucho comenzar un nuevo libro después de ese que les gustó tanto. 
Como ven, para ser lector no hay reglas que cumplir, salvo la de disfrutar de la lectura, eso es todo. No dejen que nadie los menosprecie por solo leer juvenil, o por leer lo que sea que lean. 

Eso no significa que no haya libros malos, hay de todo. Yo crítico muchos libros que los encuentro malos, pero si ese libro pésimo, ayuda a una persona a encaminarse en la lectura, entonces bienvenido sea. El asunto es que no podemos criticar a una persona por lo que lee, sí podemos criticar un mal libro, pero no al lector. Para eso están las opiniones, y siempre puedes discutir sobre los contenidos de los libros e intercambiar juicios, pero no denostar a alguien, ni ponerle el pie encima por lo que le guste leer. 

Hay libros cuyo contenido engaña, y eso hay que darlo a conocer, como los libros que exhiben relaciones tóxicas. Eso, es un problema del libro en sí, no del lector, yo no voy a criticar a una persona que le haya gustado ese libro, pero sí le puedo aconsejar y hacerle ver sus puntos débiles para que los tenga en cuenta. Tampoco es del todo malo que lo haya leído, a partir de malos libros se evoluciona aún más como lector, se aprende cuando un contenido inspira malas conductas; es toda una experiencia. 
En fin, yo confío en el lector que evoluciona cada día y se vuelve un poco más crítico. Es cierto que algunas personas pueden tomar una relación tóxica literaria como un modelo a seguir, por eso es importante que cuando se critique un libro se dejen en completa evidencia estos horrores. Así los lectores empiezan a comparar contenido y a tomar sus propias desiciones. El mercado es amplio y hay de todo, y tarde o temprano adquirirán la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo que nos ofrecen, pero nunca lo harán si le atamos las manos y les decimos que no lean un libro en específico, o incluso peor: decirle que no es un lector. 








miércoles, 14 de diciembre de 2016

Mis reflexiones: El camino del lector

El camino del lector



Nos enseñan a leer desde pequeños para que podamos enfrentarnos a un mundo en constante crecimiento, en donde la carencia de una habilidad tan usual tiene un alto costo. Leer es un arma que necesitamos para valernos por nosotros mismos y poder integrarnos a la sociedad de mejor manera. Parece ser una habilidad común, necesaria y práctica, pero leer tiene un potencial inimaginable, incalculable, es una destreza tan poderosa que podría cambiar el destino de la humanidad. El mundo está lleno de personas que saben leer pero que no leen. 

Cuando tomas un libro y te dispones a leer una historia, estás siendo invitado por otra persona a compartir su intimidad; fuera ya, del mundo físico. Ingresas al universo mismo, en donde se encuentran las verdades fundamentales. A través de ese lazo que se forma entre lector y escritor vamos dando pequeños vistazos a ese lugar donde están todas las respuestas, donde las ideas no son claras, porque se encuentran sumergidas en el caos del cual estamos hechos. Esos símbolos tan simples llamados letras, son la llave para llegar a entender nuestra esencia, que va mucho más allá de tener un cuerpo físico.
Dominar el caos no es posible, pero sí podemos ir dándole formas, podemos estirarlo y manipularlo; transformándolo en historias, en relatos. Donde las singularidades se condensan y se transforman en sentimientos y emociones, que son el centro de todas las historias.
Una de las mejores formas de entendernos a nosotros mismos es a través de las historias; allí encontraremos las enseñanzas para alejar al ser humano de su lado destructivo y acercarlo al creativo, compasivo y empático.

Pero obligar a leer está mal. La lectura debe ser un acto voluntario, libre, completamente espontáneo. Hoy en día, en un mundo que nos ofrece tantas distracciones que ocupan el poco tiempo libre que nos queda, es muy difícil que las personas reserven un espacio para la lectura. El cansancio y la fatiga del día de trabajo no facilita para nada el acto de llegar a casa y tomar un libro. Claro, leer requiere cierto esfuerzo de concentración; creo que ese es uno de los principales motivos por lo que la gente lo evita. Pero desconocen lo mucho que te puedes llegar a relajar con una lectura, que logre captar tu atención;  una vez que se haya establecido el vínculo entre lector y escritor, el esfuerzo consciente de que estás leyendo, se olvida y desapareces por un instante de la dimensión graduada en horas, minutos y segundos, para volverte un ser eterno.

Las personas deben ser motivadas para leer. Pero parece ser más fácil obligar, que motivar y dar el ejemplo. Imponerles una lectura desde pequeños como hacen en las escuelas, causa rechazo, solo se consigue que leer sea una tarea más; una lectura por compromiso jamás entablará el vínculo necesario para disfrutar de una historia.

Lo ideal sería que se les motivara a través de sus gustos personales, que lean porque les interesa. Y poco a poco se vayan habituando a concentrarse, a dar vuelta las páginas, a mover los ojos de un lado a otro; leer es todo un ejercicio, una sincronización de los sentidos, que por medio de la práctica es la única forma de acostumbrarse. Por ello encuentro a la literatura juvenil e infantil tan importante, es esencial para que los más pequeños y los más jóvenes, comiencen con dicho ejercicio a través de un texto que los motive, no sea dificultoso y les imparta valores. Entregándoles la sensación de haber terminado un libro completo de forma placentera y no tediosa.

Soy de las personas que cree firmemente en la evolución del lector, que a partir de la literatura infantil, juvenil, thrillers y bestseller, comenzará a variar sus gustos, e ira incorporando nuevos títulos, de acuerdo a sus intereses, y es ahí el momento; cuando la persona ya se ha convertido en un lector habitual; cuando terminar un libro ya no es una tarea titánica; es ahí cuando las grandes obras de la literatura universal y clásica entrarán en su vida, no antes, no por la fuerza, sino por iniciativa propia, sin dejar de lado los otros géneros. Aquel, es el camino de un lector. 

sábado, 14 de noviembre de 2015

Mis reflexiones: La importancia de leer

La importancia de leer

Hoy en día veo cierta preocupación en el mundo por lograr que la gente común y corriente no pierda el hábito de la lectura. El problema es que nunca lo han tenido, salvo algunas excepciones. 

Quizás el azar puso un libro en mis manos cuando era muy joven, antes de que el sistema educativo lograra corromper mi mente. No creo ser el único, muchas de las personas asiduas a la lectura recibieron muy jóvenes algún libro que les cambió la vida.



El problema de la poca costumbre de leer, tiene su origen precisamente en el sistema educacional, que paradójicamente es el responsable de nuestra educación. El hecho de que un sólo profesor enseñe masivamente un tema en particular a un amplio universo de estudiantes implica que el sistema de enseñanza no se enfoca específicamente en un alumno concreto, sino que en un alumno promedio, vale decir, un ente ficticio que reúne las características comunes de todos los estudiantes. Y a ese ser imaginario está dirigido el método de enseñanza.
Todos los estudiantes, tienen cosas en común, que los hacen semejantes entre sí y por lo tanto la lógica de las personas que deciden el sistema educativo de un país dice: Sí, es aplicable.  Pero curiosamente han limitado a un cierto número de estudiantes por salón, al parecer se han dado cuenta de que al aumentar el número de estudiantes el modelo educativo pierde eficacia. La verdad es que nunca la tuvo. Enseñar de esa manera es como jugar a los dados. El profesor tira los dados y sale el número tres, pero sólo a unos cuanto estudiantes les interesará ese número, mientras los otros permanecerán indiferentes.

Todos esos estudiantes son niños o son jóvenes, son personas reales pertenecientes a un mundo caótico e irracional. Homogeneizar su educación en base a las pocas características que los asemejan es un error. Esto ocasiona que a temprana edad a los niños se les imponga lo que deben estudiar, aprender y leer. La constante imposición de temas que no les interesan ha ido grabando en el inconsciente colectivo que leer y aprender es aburrido y tedioso. Todos aprendemos de manera diferente, la educación debe ser personalizada.

Cuando uno dice "yo soy lector" "a mí me gusta leer" significa que tengo "interés" en ciertos temas y por eso leo, no porque alguien me lo imponga. Cuando nos interesa algo, logramos que toda nuestra atención se centre en ello. Todos nuestros sentido están receptivos. En conclusión: "aprendemos".

Así como el mundo está lleno de personas diferentes, en donde ninguna aprende de la misma forma que otra, en donde ni tú ni yo somos el mismo de ayer, existe un instrumento del hombre capaz de amoldarse a este constante cambio. En palabras de Borges:

De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.

Existen en múltiples variedades y géneros. Dispuestos a ser descubiertos por la persona indicada en  el momento indicado, donde autor y lector se funden en un diálogo de entrega y recepción de conocimientos, experiencias, virtudes, alegrías, valores, entre muchas otras enseñanzas. Porque un libro es una parte del vasto universo de una persona. Para escribir un libro el autor debe ser un entendido en un tema específico y traspasa toda su experiencia, tanto lo que ha vivido personalmente como lo que imagina. Los libros vuelven a las personas innovadoras y creativas, las llenan de magia y fantasías, les muestran que el universo no tiene límites, que los planos euclidianos pueden romperse.

Esa educación personalizada, que le hace falta a cada uno de nosotros durante toda nuestra vida y que complementa a la escuela y a la universidad la encontramos en los libros, son millones de tutores esperando por nosotros.

Es por esto que jamás he creído que la literatura juvenil e infantil carezca de importancia. Al contrario, son fundamentales para evitar que niños y jóvenes se dejen atrapar por el sistema educativo. Les entregan esa enseñanza que necesitan, generando el interés que los ayuda a concentrarse.
Cambiamos cada día, a cada minuto, a cada segundo y siempre habrá un libro indicado para ese momento. 

Ricardo Carrión

viernes, 11 de septiembre de 2015

Mis Reflexiones

¿Por qué?

¿A qué se debe esa inmensa necesidad de escribir cuando nunca lo has hecho? No soy escritor, soy ingeniero agrónomo, preparado para producir alimentos y hacer investigación. 
Mi forma de escribir fue drásticamente dominada por el lenguaje científico, donde las emociones no tienen cabida, donde sólo se expresan verdades puras. Una manzana es verde y punto, no puede hacerme sentir felicidad o alegría, de hecho lo hace, pero no puedo escribir eso en una introducción y menos en una conclusión. 

A mi parecer el ser humano necesita alimentar su espíritu y de alguna forma siempre anda en busca del equilibrio entre la razón y la emoción. Estudiar una carrera científica rompe este equilibrio y yo de alguna forma intento compensarlo, ya que soy un mal dibujante y pintor, deberé intentar escribir lo que siento ya que no puedo expresarlo con el pincel.

Desde que entré a estudiar agronomía me atormentan ciertas cosas, dicen que la mejor forma de entender al enemigo es uniéndotele, al parecer me uní al enemigo sin saberlo. Así que desde dentro puedo entenderlo y saber por dónde puedo atacarlo; no para acabarlo y eliminarlo, si no para cambiarlo, para ayudar a contrarrestar la abstracción en que está cayendo la ciencia agropecuaria.

Cuánta razón tenía Don Ernesto, así me gusta decirle a Ernesto Sabato, escritor argentino. Lo cito a continuación:

“No se debe elegir el tema de una novela o de un drama; es el tema quién lo elige a uno. No se debe escribir si un tema no acosa, persigue y presiona, a veces durante años, desde las más misteriosas regiones del ser”. (Heterodoxia)