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martes, 17 de enero de 2023

Reseña: Kitchen (Banana Yoshimoto)

 Reseña: Kitchen (Banana Yoshimoto)

libro banana yoshimoto

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de Kitchen, de la escritora japonesa Banana Yoshimoto.

 

Kitchen es un libro que me gustó mucho, pero siento que no es para todo el mundo. Hay lectores que les gusta más lo concreto, es decir, que lo que se expresa se diga en palabras. Si eres de esos lectores esta historia probablemente no te va a gustar. Porque es minimalista, dice mucho con poco. Comunica con expresiones, con silencios, con vacíos que se dejan a la interpretación. No busca la verborrea, sino la austeridad. Es de esas historias en que disfrutas más el camino que la meta. Da gusto leerla sin necesidad de que te impacté con el final. Haruki Murakami y Hiromi Kawakami son escritores que se parecen un poco a Yoshimoto, comparten el estilo melancólico, existencial, solitario de sus personajes. También sus historias buscan decir más con poco, pero Yoshimoto es más extremista. Es mucho más acotada para narrar. Y es, creo yo, porque no es una autora de novelas. Lo que corre por las venas de Yoshimoto es el cuento, su brevedad, sus límites. Eso la diferencia mucho de un Murakami o una Kawakami, porque no se deja llevar por el espacio infinito que te permite la novela, sino que se ajusta a la temporalidad del cuento. No solo sus historias son minimalistas por naturaleza, sino que son más acotadas aún por acogerse al formato cuento. Por lo mismo, no creo que sea una autora para todos. Sino, más bien, para lectores que aprecian lo irrealizable, lo que no se concreta y te permite más de una interpretación. Cuando concretas, todo acaba. Yoshimoto es un constante no materializar, porque los que amamos este tipo de libros no queremos que acabe, queremos más y más de la incertidumbre de los sentimientos y los afectos, perdernos en ellos, porque es el momento lo que nos importa, no lo que vendrá. Queremos llenar los espacios vacíos de la vida de los personajes con suposiciones, terminar de trazar esos protagonistas que han sido meramente boceteados por la autora, sus trazos son escuetos para que el lector termine de recrearlos en su interior.

 

El libro en sí, trae dos historias: Kitchen que se divide en dos partes (Kitchen y Luna llena) y Moonlight Shadow un cuento independiente pero que comparte temática con Kitchen y por eso se complementa muy bien.

 

Mientras Kitchen es narrado por Mikage. Moonlight Shadow es narrado por Satsuki. Las dos son chicas jóvenes, muy jóvenes pero no adolescentes, que comparten algo en común. A su muy temprana edad han debido enfrentar la pérdida de personas importantes para ellas.

Esa es la temática principal del libro. La pérdida. Y a partir de ella Yoshimoto estructura los relatos. Que es básicamente una especie de historia de aprendizaje sobre la pérdida y la superación. Por lo mismo, los relatos son en sí, una línea de progreso. En el inicio, en la primera página se nos comunica que nuestras protagonistas han perdido a un ser querido. Luego viene la etapa de aceptación, el choque constante con la realidad, la desorientación, la soledad, el dolor, el cambio de rutinas para intentar llenar el vacío de la pérdida. Y finalmente la superación.

 

Por lo tanto, el grueso de la historia trata de como los personajes vuelven a acomodar su mundo luego de que alguien muy importante para ellos se ha ido. Es un reseteo total porque les pasa lo que afirmaba Albert Camus, cuando la muerte se pone frente a ti, inevitablemente se hace presente el absurdo de la existencia, y, además, como decía Sartre, aparece una libertad inesperada, una libertad a la que se le teme. Vacía y fría. Eres libre, elige tu camino. Pero no estoy acostumbrado a elegirlo. ¿Qué hago? En Kitchen la protagonista lo siente así:

 

No había nadie en el mundo de mi misma sangre, y, así, me era posible ir a cualquier lugar y hacer cualquier cosa. Era magnífico. Hace poco palpé por primera vez, con mis manos y con mis ojos, un mundo amplio, una oscuridad profunda y un goce y una soledad sin fin. Me parece que, hasta ahora, he estado mirando el mundo con un ojo cerrado.

 

Pero este no es un proceso lineal, hay días buenos y días malos, es irregular, además, la autora pone a los personajes en una situación tal que lo tradicional, lo acostumbrado, no es capaz de ayudarlos en su proceso. En cambio, es lo no tradicional lo que viene en su ayuda. Ya en el inicio notamos que la autora quería romper con lo convencional con esta historia que busca expandir posibilidades. Ampliar los escenarios de lo posible. Invertir las situaciones pre-determinadas. En el caso de Kitchen, Mikage pierde a su abuela, que era la única persona en el mundo que le quedaba. Es decir, el personaje, queda completamente solo en el mundo, no existe nadie con quien comparta lazos sanguíneos. Es la soledad absoluta. Para llenar ese vacío, Mikage se refugia en la cocina. Es ese lugar el que le da cobijo y sostén para soportar los primeros embates del cambio. Uno podría pensar que ella se refugiaría en su dormitorio, en su sala junto a la televisión. Pero no, a ella le gusta la cocina y el ruido del refrigerador. Yoshimoto rompe patrones. De alguna forma la cocina representa el movimiento frente al estatismo. La cocina, lugar donde los alimentos se preparan, es el lugar que para ella significa movimiento. El mundo se ha congelado para ella y en la cocina quedan los remanentes de la vida. Porque solo se cocina para los vivos, para las personas que habitan un hogar. La cocina es el corazón de su mundo y el corazón de un hogar. Los utensilios usados, el suelo con restos de comida, el ruido del refrigerador, todo aquello desprende el calor y la vida que ella necesita. En una casa vacía la vida se extingue poco a poco y la cocina es el último lugar que la pierde.

 

El encontrarse con esta libertad tan reveladora y la vez tan fría y desoladora, marca para ella y para la historia el cambio de lo tradicional a lo nuevo, a lo experimental y distinto. La muerte de la abuela de Mikage, simboliza la muerte de un Japón tradicional. A partir de allí, las acciones y pensamientos de la protagonista, se empiezan a alejar de lo que se considera tradicional. La desaparición total de su familia, abre la posibilidad de una nueva familia, una no convencional, donde puedes amar a una hija sin que haya un lazo de sangre de por medio, donde un padre puede ser al mismo tiempo una madre, sin importar el género, el amor entre seres humanos no depende del género. Los roles se invierten. La universidad ya no es el único camino de vida para una persona joven, existen otras oportunidades más diversas que la de un trabajo sacrificado en una oscura oficina. El amor tampoco es tradicional, ya no puede definirse como amor de pareja, amor de familia o amor de amistad. Es un amor que lo engloba todo, libre de definiciones. De alguna forma, la muerte y la pérdida, también son un punto de inflexión, un punto de cambio, para dejar ir lo que fue y dar cara a lo nuevo.

 

Todas estas nuevas situaciones se presentan en la vida de Mikage para ayudarla en su proceso de aceptación y cambio. Para contrarrestar el vacío y el absurdo de existir. Es el vacío la que parece hundirla, el frío de la nada. Y la autora lo materializa en la novela por medio de la oscuridad. La cual parece perturbar a Mikage.

 

Alguna vez, sin falta, todos iremos dispersándonos en la oscuridad del tiempo y desapareceremos.

 

Y como contraparte es la luz, la luminosidad, la claridad la que contrarresta el vacío. Es la luz la que llena las habitaciones del relato y parece sostener a Mikage, protegiéndola y animándola. Los mejores momentos, los que la ayudan y empujan a seguir adelante están llenos de claridad. Una claridad que inunda los espacios hasta invadir su corazón.

 

La habitación estaba tan llena de luz como un solarium. El cielo azul pastel, inmenso, resplandecía y lo llenaba todo.

 

 

Pero además de la claridad hay otros elementos que van llenando el vacío de la vida de Mikage, la naturaleza, las plantas, el vapor, la cocina y las personas.

 

Solo deseaba que le sirviera de algo el recuerdo brillante de haber estado juntos, sentados uno frente a otro, en un sitio tan claro como aquél, tomando un té bueno y caliente.

 

Pero además del vacío, Mikage debe también sobreponerse al absurdo. Como en el mito de Sísifo condenado a empujar una roca por una montaña para que esta vuelva a rodar hacia abajo y la tenga que volver a subir en un ciclo interminable. En un eterno repetir. Eso siente Mikage al iniciar cada día, la reiteración de un proceso absurdo llamado vida.

 

Tenía que ponerme en acción de nuevo en un día real. Repetir y repetir.

 

Lo bueno que hace Yoshimoto es que la pérdida no recae solo en Mikage, también en otros personajes. Mostrando así procesos distintos de superación, siempre desde la mirada de Mikage. Por lo tanto, todo el peso de la historia no lo sostiene solamente ella. La historia está muy bien equilibrada, y por ello, las complejidades de la pérdida que se mezclan con las alegrías de los cambios y las nuevas experiencias, enriquecen a los personajes con una complejidad interior tal que, les cuesta manifestarla, es tan íntima, tan pesada, que parece que van a explotar pero les es imposible dejarla escapar en forma de palabras. Es por eso que los gestos, los comportamientos, los silencios, comunican tanto, porque no todo puede expresarse en palabras.

 

…tuvimos siempre la sonrisa en los labios, pero nuestro interior había ido haciéndose más y más complejo. Las alegrías y tristezas habían sido demasiado grandes y no habíamos podido sostenerlas en nuestra vida cotidiana.

 

 

En el otro relato, Moonlight Shadow, Yoshimoto tampoco deja que Satsuki, protagonista y narradora, cargue con todo el peso de la pérdida, hay otras personas que también han perdido y que la acompañan en su camino de superación. Ella va evolucionando a partir de como ve reflejado su dolor en otros y los consejos que recibe.

 

Ahora estás en el peor momento. Puede que sea más duro que la muerte. Pero tal vez no haya otro peor. Porque los límites de una persona no cambian.

 

Pero más que consejos, que acompañamiento, lo que impulsa a Satsuki a dejar ir el recuerdo, o dejar ir el dolor del recuerdo, es una leyenda. Una leyenda China que en Japón se festeja en el mes de Julio. Eso da paso a que Moonlight Shadow caiga en el terreno de lo onírico, que la realidad se desdibuje un poco, para que la dureza del mundo de Satsuki se resquebraje y le de un respiro. Moonlight Shadow lo sentí un relato mucho más redondo y más acabado por efecto de su brevedad y la buena utilización de lo onírico.
 
Esta misma reseña la pueden encontrar en formato de vídeo en mi canal de youtube
 

 Ricardo Carrión
Administrador del blog

viernes, 28 de octubre de 2022

Reseña: El señor presidente. Miguel Ángel Asturias

 Reseña: El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias

libro

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de El señor presidente. Novela escrita por Miguel Ángel Asturias, escritor guatemalteco que ganó el Premio Nobel de Literatura el año 1967. Es uno de los pocos ganadores de este premio literario en Latinoamérica.

 

Como consejo. Yo leí esta obra en la edición conmemorativa de la RAE, que se caracteriza por traer diversos estudios sobre la novela y su autor. Lo que hice fue leer primero la novela y luego los estudios. Si no quieren llenarse de spoilers hagan lo mismo, porque los artículos están llenos de ellos. Es mejor dejarlos para el final.

 

El señor presidente es una novela espectacular por donde se la mire. Leerla fue una experiencia única e irrepetible. Todos deberíamos hacer el intento, aunque sea una vez en la vida de transitar por sus páginas. Tiene todo lo que me gusta de la novela latinoamericana. Utiliza como base la realidad histórica para crear una ficción al parecer caótica, desorganizada, pero que por detrás encierra una forma y un método que el lector debe descubrir. Es una novela muy completa tanto en fondo como en su forma. Aunque yo me quedo con su forma, con su lenguaje, con la poesía que encierra y con lo sensorial. Es un novela donde no solo debes leer, sino también agudizar tu sentido auditivo.

 

Fiel a las temáticas de nuestra literatura. El señor presidente tiende a ser una novela de denuncia social, en especial contra las tiranías latinoamericanas. Pasa a formar parte del grupo de lo que se conoce como “La Novela de Dictador”. Grupo compuesto por títulos como: Yo el supremo de Augusto Roa Bastos, La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa, El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez y El recurso del método de Alejo Carpentier, entre otras. Pero no solo eso, también es una novela precursora del boom latinoamericano y del realismo mágico por su constante paseo entre lo real y lo onírico que se mezclan de una forma muy natural gracias al lenguaje y a la forma en que está escrita. En ese sentido, en el texto, la forma potencia y le da vida al fondo, es decir, a la temática.

 

Como toda gran obra, en las primera líneas te puedes dar cuenta del tono que la novela tomará. En su inicio puedes palpar inmediatamente la prosa a la que te enfrentarás como lector. Y quizá también de lo que tratará.

 

Es una novela que denuncia las atrocidades de las tiranías en Latinoamérica, específicamente en Centroamérica. Pero no es un texto que reflexione sobre el tema, no hay personajes que inyecten ideas, que  hagan monólogos al respecto. Los temas no se vuelven discursos. Es una novela demostrativa. Materializa los abusos, las vejaciones, el horror y la corrupción de forma palpable. Asturias no pretende reflexionar para el lector, sino mostrar una realidad y que el lector reflexione a partir de lo que lee, que reflexione a partir de las imágenes que el autor plasma en su mente a través del texto. Que reflexione a través de las acciones de los personajes, del entorno, de la sociedad que se plasma a través del filtro del escritor. Es por ello que, el argumento principal de la novela es un simple hecho entre muchos. No es algo tan importante dentro de todo lo que pasa en la historia. Es solo el detonante de una seguidilla de hechos atroces. Es el clásico efecto dominó. Donde una pieza provoca la caída de todas las demás. La diferencia está en que, sí, todas las piezas caen. Pero no en el orden y la velocidad en que deberían hacerlo. Ahí está la magia de Asturias, hay una velocidad y un tiempo para cada pieza, para cada historia, por lo tanto, no se podría hablar de una serie de acciones sucesivas y lógicas que pasan una detrás de otra, sino solo de una serie de acciones cronológicas, pero cuyo orden deberá buscarlo el lector. Los hechos no siempre se cuentan en el orden en que suceden.

 

¿Cuál es el detonante? El asesinato del Coronel José Parrales Sonriente, un militar leal al señor presidente. Pero, al señor presidente no le interesa tanto quién mato al coronel, no le interesa averiguar la verdad, no, sino a quién le gustaría inculpar por su muerte. Es decir, imponer su verdad mediante una mentira. Esta muerte que fácilmente pudo ser accidental y rutinaria, es usada con fines políticos para inculpar a otra persona y por ende también afectar a los que rodean a esa persona. No les voy a contar más del argumento porque la gracia es leerlo, pero así inicia la novela, con violencia y luego una mentira. Una farsa que puede realizarse gracias al poder. La mentira y la corrupción son pan de cada día en esta historia. La verdad siempre es deformada por la mentira.

 

¿Por qué hablamos de realidad? Porque la novela se inspira según testimonio del propio Asturias en la dictadura de Manuel Estrada Cabrera entre 1898 y 1920, 22 años en el poder. En Guatemala. Por lo tanto, aunque en la novela no se diga explícitamente la fecha en que suceden los acontecimientos ni el lugar. Se entiende y se siente como la Guatemala de ese tiempo. De finales del siglo 19 y principios del XX. Asturias escribe esta novela entre 1920 y 1933. Ya exiliado. Y se siente, se nota que la escribió pensando en su tierra. La novela se publica finalmente 13 años después de ser terminada debido a la censura de la época. El señor presidente se publica en 1946 por editorial Costa-Amic en México. Aunque la edición corregida por el autor aparece en 1948 gracias a Editorial Losada en Argentina.

 

 

La razón por la cual desconocemos el lugar exacto donde acontecen los hechos y la fecha cuando suceden, es porque a pesar de ser una historia inspirada en la realidad, está mezclada con el mundo onírico. Con los sueños. La ensoñación es un recurso magnífico para causar una suerte de hipérbole, para que la crudeza de los hechos no se quede solo en crudeza, sino que también conmueva. Porque va más allá de la descripción de un hecho, intenta penetrar en el estado de conciencia de los personajes. Un hecho contado a secas se olvida fácilmente. En cambio, un hecho que se cuenta desde múltiples perspectivas diferentes, que van desde el plano psíquico de los personajes a la realidad, utilizando el lenguaje como herramienta que destruye lo concreto y lo transporta a una dimensión más etérea, se queda para siempre en tu mente. Ya no es una novela más de denuncia social latinoamericana. Es una obra poética, una novela donde el orden de las cosas no se respeta, lo que le otorga un caos y una inestabilidad absolutamente original e inigualable que al leerla dices: nunca en mi vida he leído algo contado de esta forma. Narrado de esta forma. A lo mejor sí he leído sobre temas parecidos, pero contados de esta forma. Jamás. Un ejemplo:

 

Le temblaban las mandíbulas, los dedos, las piernas… Al que le tiemblan los dedos, diríase que ha sacado los huesos y que sacude como guantes las manos. Al que le tiemblan las mandíbulas sin poder hablar, está telegrafiando angustias. Y al que le tiemblan las piernas, va de pie en un carruaje que arrastran, como alma que se lleva el diablo, dos bestias desbocadas.

 

En la cita, se trata de una mujer que tiene miedo y tiembla. El autor pudo decir. Ella temblaba. Pero en cambio escribe ese fragmento. Donde puedes percibir el miedo de una manera más intensa, más palpable, incluso puedes oír como le castañean los dientes. Cuando dice, telegrafiando angustias. Lo escuchas. ¿Cómo logra ese efecto con palabras impresas? Y así es en toda la novela. Un texto sensorial que percibes más allá de la simple lectura. Lo puedes oír.

 

El lenguaje en esta novela va más allá de lo novedoso. Se presenta el creativo español del pueblo guatemalteco a través del filtro de Asturias y, al pasar el lenguaje a través de él y plasmarse en la novela, inevitablemente está presente su propio criterio creativo y seleccionador. Por lo que hay cierta flexibilidad a la hora de la expresión de varios personajes. Esto puede ser desalentador para algunos lectores, porque hay muchas palabras o expresiones que no van a entender y a pesar de que la obra trae un glosario para ayudar en esa tarea. La lectura deja de ser fluida para pasar a ser entrecortada. Mi recomendación es que traten de ser intuitivos. Yo traté se ser intuitivo al momento de encontrarme con ese lenguaje. Intuir qué pueden significar ciertas palabras y expresiones. Para así evitar ir al glosario y cortar el flujo de lectura. Es un juego lingüístico y como lector debes tratar de ser flexible, dejarte llevar, ir con el ritmo. Porque si lo repeles, no podrás con el resto de la novela. Es un juego lingüístico que calza absolutamente con la parte irreal y caótica de la novela, con el caos a modo de pesadilla que intenta plasmar el autor. Lo caótico del habla de muchos de los personajes logra unir lo real con lo irreal. Lo tosco del español correcto, le quitaría magia y vida a una novela que busca romper con lo convencional. Pero no todos los personajes se expresan de esa manera, solo algunos. De alguna forma el lenguaje te permite diferenciar entre clases sociales.

En el ensayo escrito por Vargas Llosa en este libro dice lo siguiente:

 

Pero, a medida que la historia desciende a los sectores más populares la riqueza y la novedad de la expresión aumentan, se diversifican, introduciendo palabras, canciones, audacias gramaticales, insólitas metáforas, ritmos, expresiones generalmente relacionadas con los insectos y las plantas y los árboles locales.

 

Hay en la novela personajes que hablan un español más correcto, como también los que juegan con el lenguaje. Esto se suma a la prosa poética del autor y a la utilización de diversos recursos literarios. Es una combinación que realmente le permite al escritor jugar con la realidad, y al lector perderse en los laberintos creados por él. La temática es real, pero el mundo donde se plantea se desdibuja y se retuerce a cada página. Cada texto tiene vida propia, se transforma a medida que la historia avanza.

Gracias a esto, la ambientación, logra resultar pesadillesca, como las novelas de Dostoievski, decadente, insalubre, inhóspita. Parece mentira que personas que tienen un idioma tan enriquecido por su espíritu puedan vivir en tales condiciones. Como si la vida se abriera paso a través de sus palabras. Como si su espíritu saliera por sus bocas. La realidad que nos presenta Asturias pierde estabilidad, no por la presencia de un mundo onírico proveniente de los cielos, que cae sobre esta ciudad anónima, sino por un submundo que emerge desdelo profundo, el efecto deformador viene desde bajo de la tierra, desde la oscuridad, oscuridad que logra confundir los sueños con la realidad para profundizar en el lado psíquico de los personajes. Pareciese que solo en ese terreno pudiese vivir lo decadente del ser humano. El lado oscuro de las personas que tienen miedo. Miedo al poder de otros. Miedo al poder del señor presidente.  

 

Porque el señor presidente es un personaje muy especial, es el único que tiene libertad. Es el único que no puede tener miedo porque él es el responsable de causarlo. Todos los demás lo temen, y por lo mismo, lo ven en todas partes. La figura del señor presidente es espectral, digna de una pesadilla. Te lo puedes encontrar en cualquier esquina, en las bocas de la gente común, que lo nombran. Que lo mencionan, el señor presidente se compone a partir de diversos puntos de vista. Es un rompecabezas que se arma pieza a pieza. Es y no es. Es el ser que tiene un pie en la realidad y otro en la irrealidad. De él nacen las mentiras. Que no son más que armas con las que deforma la realidad. Las mentiras son las que desdibujan el mundo, lo cortan y amoldan a su propio beneficio. Sus ordenes no son más que pequeñas libertades que le da a sus subordinados. Pequeños poderes para ser libres por algunos momentos. Esos personajes aprovechan esa libertad y abusan de ella antes de perderla. Porque saben que van a perderla y en el fondo todos intentan sobrevivir en un mundo sin esperanzas. Donde vivir duele, aunque el espíritu se resista a morir.

 

No es una novela para todos, a muchos se les puede dificultar por el lenguaje, pero no se dejen vencer por eso, vibren con lenguaje, cabalguen encima de él, fluyan con él y disfrutaran esta obra maestra. Una experiencia única para cualquier lector.

 

Esta misma reseña la pueden también ver en mi canal de youtube




 Ricardo Carrión

Administrador del blog

 


viernes, 14 de octubre de 2022

Reseña: La Carretera.Cormac McCarthy (Libro)

 Reseña libro: La carretera de Cormac McCarthy

libro

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo La reseña de La carretera del escritor estadounidense Cormac McCarthy. Novela que fue galardonada con el premio Pulitzer el año 2007. Se trata de una historia de ciencia ficción post-apocalíptica donde no hay muchas acciones, es un relato calmado con una prosa muy especial, por lo mismo no es del gusto de todos. Cuesta en un inicio conectar con la historia.

 

En el mundo creado por McCarthy ocurre un cataclismo desconocido que arrasa con la vida sobre la tierra y por ende con la sociedad humana. A pesar de este evento catastrófico de gran magnitud, quedan sobrevivientes que terminan vagando por un mundo devastado: sin naturaleza, sin animales, sin sociedad y sin comida. Un mundo cubierto de cenizas con un sol y cielos opacos. En este escenario donde las personas, las ciudades y los bosques están calcinados, un padre y su pequeño hijo caminan por la carretera. Viajan por ella empujando un carrito de supermercado donde llevan todas sus pertenencias, o más bien, lo poco que han logrado encontrar que les permita sobrevivir. Van con dirección al sur. En busca de un clima más cálido, lejos del crudo invierno que los persigue.

 

Se trata de un mundo peligroso, no solo por las inclemencias climáticas, sino también por los escasos puñados de humanidad esparcidos por todas partes. Nuevamente es el hombre el principal enemigo del hombre, porque la sociedad se ha derrumbado, ya no hay reglas y todo está permitido para sobrevivir. Por lo mismo, quedarse en un solo lugar es peligroso para este padre y este hijo. Estar en movimiento es más seguro. Es una historia triste, dura, melancólica y que por momentos espanta.

 

El cataclismo ocurrió años atrás y debido a ello sucedió el desbaratamiento de la sociedad, el quiebre definitivo del mundo del ser humano y comenzando la degradación del mismo, perdiendo los valores y la moral. Quedando solo el instinto animal y de supervivencia. Conocemos este mundo gracias a los personajes, a lo que viven, a lo que ven y a lo que han vivido. En ocasiones la narración se intercala con algunas miradas al pasado. Como lectores vamos construyendo esta historia de forma fragmentaria. Con una narración directa que va intercalando recuerdos a modo de flashbacks.

Esta historia les puede gustar como no gustar. Cuando pensamos en novelas de ciencia ficción post-apocalipticas esperamos mucha acción, mucha aventura. Todos los elementos que tiene este libro se prestan para eso. Pero aquí el tema está tratado de una manera diferente. Eso me gustó mucho, porque no es lo mismo de siempre. Esta novela es como una pintura, como un fresco de la condición humana en situaciones extremas. La novela literariamente está ejecutada de una forma que me agradó bastante.

 

Se trata de un mundo devastado y calcinado. Y la prosa del autor está en esa misma sintonía. También ha sido devastada. Es una prosa minimalista a la que se le han quitado todos los elementos que le pueden dar vida. Que la hacen bella. Me recuerda mucho a Esperando a Godot de Samuel Beckett.

 

En el mundo que nos plantea el autor los árboles están quemados y así como los árboles no tiene hojas la prosa carece de conectores gramaticales que relacionen oraciones. De esta forma le quita fluidez de forma intencionada a la narración. Es una narración áspera, tosca. Como el propio mundo post-apocalíptico. Mundo en el que tampoco hay animales, lo que acentúa la ausencia de vida. Y por lo mismo en los diálogos tampoco hay verbos dicendi, o verbos de comunicación. De esta forma limita las expresiones y acciones comunicativas de los personajes. Limita las emociones, quitándole aún más a la narración cualquier rastro de vida.

 

Al quitarle casi todo indicio de vida al mundo, lo vuelve estático, inhóspito y frío. Repetitivo. Un mundo que no cambia, que incluso se derrumba. Y como reflejo, la prosa también es repetitiva y estática. Para ello utiliza muchos párrafos descriptivos, se narra lo que los personajes ven, lo cual no cambia mucho y se cae en la monotonía. Porque el mundo lo es. El mundo es monótono. Y luego de un párrafo descriptivo le sigue uno narrativo, áspero y tosco, libre de emociones, de vida, pero además es directo y mecánico. Es una narración medida para acentuar frialdad. Es directa porque evita narrar otra cosa que no sea la acción inmediata. Se centra en ella. Y es medida porque relata cada movimiento de forma acompasada. Hay un ritmo parejo, una articulación narrativa. Se narra una acción detrás de otra con espacios de tiempo similares. Eso crea un ambiente sofocante, desesperante, que como lector te mantiene atento, porque en cualquier momento les puede pasar algo drástico a los personajes.

 

Pero también puede provocar un gran rechazo en algunos lectores, porque no ven atractivo en la monotonía, en la frialdad de la narración. Los desilusiona porque esperaban algo más grandilocuente cuando la obra apunta a todo lo contrario, al minimalismo. Pero si se analiza esto con calma, la forma en que el autor hace una poda del lenguaje narrativo para mimetizar la narración con el mundo post-apocaliptico es sencillamente maravilloso.

 

Debido a lo anterior se entiende porque los personajes no tienen nombres. Porque el autor los despersonaliza. Se refiere a ellos como el hombre o el niño. Personajes que no tienen nada, ni siquiera nombres, son huérfanos. Hijos de un mundo que ya no existe. Su nuevo hogar es la carretera, un lugar común. Un bien común, que fue hecho para vehículos pero que ahora se usa para vivir. Es un hogar que no es un hogar, porque no es de nadie. Porque no está diseñado para ello. Pero al fin y al cabo lo es. Si te quedas en un solo lugar demasiado tiempo te pones en peligro, por eso estar en movimiento es fundamental. Y la carretera es ese hogar que te permite estar en movimiento. Si te vuelves estático, como el paisaje, como ese mundo post-apocaliptico, terminarás siendo parte de ese paisaje.

 

 

Como toda distopía la carretera toma elementos de la realidad conocida y los extrapola hacia un futuro posible. Por eso cuando el autor nos presenta este mundo devastado, lo sentimos real, porque ha sucedido en nuestro tiempo. Es el paisaje que han dejado las guerras a lo largo de la historia. Lo conocemos, no nos parece extraño. Por eso el autor no nos dice qué pasó, cuál fue el cataclismo, cree que lo podemos intuir. En eventos como este se ven afectados todo tipo personas. Malas, buenas y de moral cuestionable. Personas con fuertes convicciones, otras no tanto, que se quiebran ante la situación y pierden su humanidad. Es ahí donde hay muchos simbolismos que se aprecian en la historia, como la idea de que ese padre y ese hijo son portadores de algo que ellos llaman El fuego. Como si la bondad fuera una llama y ellos la quisieran proteger, no dejar que se extinga, hasta pasarla a otros. ¿Pero dónde están esos otros? ¿existen? La esperanza es, que si ellos existen, aún deben haber otros como ellos. Los buenos.

 

Es así como en la historia puedes percibir que el niño representa la bondad y la conciencia de su propio padre. Es el que lo detiene en muchas ocasiones de cruzar la línea. Cuando este niño llora por otro ser humano es como si brillara en medio del oscuro paisaje, es el brillo del fuego. Y como en toda la historia hay un reflejo de esto en la prosa. Si en el mundo el niño brilla como el fuego, en las palabras, en las letras, en la fría prosa que crea el autor también: cuando dice Papá. La palabra Papá es la que brilla, es una palabra cargada de humanidad. Parece que estuviese escrita en tonos rojos. Resalta en el texto de forma extraordinaria. El padre jamás dice la palabra hijo y eso hace que cuando el niño dice Papá está palabra resalta de una manera impresionante.

 

Esa es la magia de la carretera, la magia de McCarthy, la de transmitirte mucho con poco. Es una novela donde no pasan ni se dicen demasiadas cosas, pero tienen profundidad. Muchos entran al libro en busca de ese impacto que causan las distopías, pero aquí está hecho con sutileza. A mí parecer lo grandioso de esta novela no está en lo argumental, sino en la ejecución narrativa. En como funde prosa y ambiente. Porque busca ser algo más que una novela. Busca ser arte. 
 
Pueden ver esta misma reseña en mi canal de youtube

 Ricardo Carrión
Administrador del blog

lunes, 19 de septiembre de 2022

Reseña: El pabellón de oro. Yukio Mishima

 Reseña Nº 286: El pabellón de oro, de Yukio Mishima (Alianza editorial)


libro-yukio-mishima

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de El pabellón de oro, novela considerada como una de las cumbres de la literatura japonesa de la segunda mitad del siglo XX. Yukio Mishima publicó esta novela en 1956, inspirado en un hecho real. Hecho que no voy a revelar y que recomiendo que no investiguen hasta que se lean el libro para no arruinar su lectura. Como está basado en un hecho real el autor hizo varias investigaciones y se entrevistó con personas clave para darle sustancia a su historia. El pabellón de oro es una compleja novela psicológica ambientada en la segunda guerra mundial.

 

Tengan mucho cuidado al elegir su edición. No todas son traducciones directas del japonés, como la edición de Alianza editorial. Algunas son traducciones del inglés o del francés. Es decir, son una traducción de otra traducción y en ese proceso se pierde mucho de la esencia del libro.

 

 

El protagonista de esta historia es Mizoguchi, un joven que entra como novicio al templo budista del pabellón de oro. Desde pequeño su padre, un monje budista de una pequeña aldea, le contaba historias de la belleza sin igual del Pabellón de oro. Una de las grandes maravillas arquitectónicas de Kyoto, que en la actualidad es un monumento considerado patrimonio de la humanidad por la Unesco.

 

El que narra la historia es el propio Mizoguchi quien a través de su relato nos revela no solo su tormento interior, sino también los detalles de su vida como novicio budista. Es una historia de cotidianidad que, sin embargo, revela la cotidianidad de una época de cambios. De cambios de mentalidad, de un sociedad japonesa que debido a la guerra sucumbe a una mentalidad decadente. Lo últimos años de la guerra generan un eco constante en la historia, un zumbido de fondo que contamina a todos de manera silenciosa.

 

 

Mizoguchi es de esos personajes que me encantan. Que no tiene que hacer grandes hazañas para que me maraville, sino simplemente indagar en su propia persona, en su propia existencia. Por lo que se trata de una novela muy filosófica. Su lucha interior es muy interesante, más que eso, es el desarrollo y la transformación de sus ideas lo que me gusta. Hay un proceso de cambio desde su niñez hasta que se convierte en un joven novicio. Tiene una característica física muy especial, es feo, y a eso hay que sumarle que también es tartamudo. Esto lo aísla desde pequeño con la vida. Impide su conexión con otras personas. Sobre todo el no poder expresarse con libertad mediante el habla. Sus palabras no conectan con una sociedad que no quiere parar a escucharlo. El aislamiento que sufre el protagonista en esta historia es clave. Porque él se encuentra en un lugar y los demás en otro. Es decir, se toca el tema de la dualidad. Hay dos fenómenos que se contraponen pero que existen en un mismo instante, en un mismo espacio. Lo interesante es que para los demás esta dualidad no existe, pero sí para el protagonista, él es el único que puede ver una barrera entre su yo y la sociedad. Barrera que en vez de tratar de romper, usa como protección. Es por ello que, en sus reflexiones podemos notar como descompone este antagonismo entre él y el resto del mundo en diferentes piezas: en fealdad y belleza, su fealdad contra la belleza del mundo; Incomunicación y comunicación, su incapacidad de comunicarse frente a las conexiones del mundo; muerte y vida, la vida está fuera y la muerte está en su interior, porque para él no hay cambios, no hay acción, es una vida estática, muerta. Y lo más importante. Lo espiritual versus lo físico. Porque él no puede indagar en los interiores de las otras personas, solo puede ver la superficie. En cambio, su perspectiva es siempre interna, espiritual. Descompone una gran dualidad en diversos antagonismos. Y la misma narración lo refleja. En este caso, las temáticas, el fondo de la historia, influye en la forma, en cómo es contada la historia.

 

La narración de este libro es una constante confrontación entre lo que el protagonista siente y lo que el protagonista ve. Dualidad. Es por ello que no es un novela fácil de leer. Muchos me comentaron que se trataba de una novela muy descriptiva, con poco flujo narrativo, una narración que se te atora en la garganta. Y es precisamente porque la narración es una pugna, es la misma lucha de Mizoguchi trasladada a las palabras. El protagonista nos cuenta lo que siente al mismo tiempo que describe lo que ve, eso causa un choque, cuesta leerlo porque es un constante enfrentamiento entre un mundo espiritual y físico. En un momento narra lo que piensa y al otro pasa a una descripción. Ideas y formas. No me extraña que cataloguen este libro como una de las mejores obras de Mishima. Es normal que cueste leer el libro, es la intención, es el arte de este texto. Así esculpió el autor su obra. Son dos fuerzas, son dos instintos, son dos impulsos naturales los que chocan. Es lo apolíneo y lo diosíaco, las ideas nietzche afloran y se toman el rumbo de esta historia.

 

Mizoguchi decidió defenderse del mundo tras esta barrera, la usó para protegerse. Y el defensor, el custodio de dicha barrera es una cosa. Algo físico (apolíneo). Un monumento: El pabellón de oro. La belleza física del pabellón, la cual es inculcada en su joven mente desde pequeño por su padre. Se funde con su barrera, se hacen uno. Y lo protege.

 

Pero llega un momento en que Mizoguchi entiende que quedarse tras esa barrera no es el camino. Y cuando quiere derribarla, no puede, el pabellón no lo deja, se interpone entre él y el mundo. Entre él y las personas, entre él y la vida. El pabellón representa lo apolíneo, lo físico, la forma, la figura que contiene. Que contiene lo espiritual, lo dionisiaco de Mizoguchi que lucha por salir.

 

Lo dionisiaco lucha por escapar de lo apolíneo, como dos fuerzas que se contraponen en un perfecto equilibrio. La belleza del pabellón es la llave del cerrojo, una belleza que no es material, que no es física, es la idea de una belleza concebida en la mente de Mizoguchi, una idea que existe gracias a la existencia física del pabellón. No es el pabellón en sí, sino su idea. La verdadera belleza no es algo que se materialice, sino algo abstracto que dura instantes. Lo que se concreta pierde su belleza. La magia está en el proceso, en el llegar a… Y cuando se llega, la belleza se acaba. Es por ello que constantemente el protagonista compara a la vida con la música, porque la música es solo un instante y luego se difumina. No se concreta. Y la vida de las personas es así. Fugaz. Vida que Mizoguchi quiere alcanzar y desatar así todo su lado dionisíaco.

 

Es un libro que definitivamente recomiendo, es una obra maestra, pero se les puede dificultar la lectura, no porque sus ideas sean complejas sino porque es muy pausado, no se devora, se debe leer con calma, con paciencia. Lentamente. 

 

Puedes ver esta misma reseña en mi canal de youtube



Ricardo Carrión

Administrador del blog


viernes, 9 de septiembre de 2022

Reseña: La caída, de Albert Camus

 Reseña Nº285: La caída (Albert Camus)

 

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¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de la novela La caída del escritor francés Albert Camus. Publicada en 1956, un año antes que se le otorgara el Nobel de Literatura.

 

La caída es una historia corta de no más de 120 páginas y que en apariencia parece un libro que se puede leer en una tarde, pero lo cierto es que requiere una lectura atenta. Cada página es un mundo en sí mismo, cada página está plasmada de ideas, simbolismos y reflexiones importantes, por eso su lectura es lenta. Y esto se logra porque está estructurada como un monólogo. No tiene diálogos. Por lo que, a pesar de ser una novela tiene todos los tintes de un ensayo. Se trata de una persona que en apariencia parece estar hablándole a otra, pero en realidad se siente como si solo pensara en voz alta. Por eso les dejo una sugerencia, imaginen la caída no como una novela, sino como casi un ensayo.

 

Yo recomiendo la caída para quienes disfrutan una narrativa de ideas. No de acciones. Son las ideas las que impulsan la narración. Porque si leen el libro pensando que se encontrarán con una historia ágil se les puede hacer muy pesado.

 

El responsable de este monólogo se presenta como Jean Baptiste Clamence, bueno, el dice llamarse así. Al parecer es un nombre inventado por él. Y le hace una confesión a un interlocutor anónimo que encuentra en un bar del barrio rojo de Ámsterdam. Estos hechos transcurren después de la segunda guerra mundial. Este interlocutor, a quien Jean-Baptiste se confiensa, tiene una característica muy especial. No sabemos nada de él durante todo el relato. Ni su nombre, ni su voz, ni sus ideas. Está ahí para que Jean Baptiste cuente su historia, para que desarrolle su monólogo, y no solo eso, sino para darle también cierto respiro a la narración al dividirla en cinco sesiones, cinco encuentros de estos dos personajes. Al parecer este interlocutor está muy interesado en la historia del protagonista, invitándolo constantemente a que prosiga su narración, esto lo podemos notar, no porque este personaje hable, sino por cómo el protagonista le responde. Lo que causa el efecto de que nosotros como lectores tomemos el lugar de ese interlocutor silencioso. Nosotros somos él.

 

El argumento es bastante simple, Jean-Baptiste fue un abogado de éxito en París, era famoso por ponerse del lado de lo débiles, de las causas nobles, de los huérfanos, de las viudas. Demostraba su desprecio frente a las injusticias del sistema y defendía a las personas con gran energía, con calor, con gran indignación, con una actitud noble. Estaba del lado correcto. Su conciencia estaba tranquila. Hasta que pasa algo que lo afecta mucho. Presencia un suicidio. Una persona se arroja al río Sena y él no hace nada para salvarla, desde entonces una especie de risa lo acosa, lo persigue. Su conciencia. Esto desencadena en él un análisis de su vida, desde el exterior, es decir, desde su papel como abogado bien intencionado, hacia su interior: lo que oculta de la vista de todo el mundo y de sí mismo. Siente la culpa de no haber salvado a una persona, pero también el alivio de no haberlo hecho, de no poner en riesgo su propia vida. Este tira y afloja, esta culpa que lo acosa en forma de risa, le da a entender que su papel de defensor de causas nobles no era verdadero altruismo. Era solo una simple ilusión, acciones para satisfacer su ego. Lo hacía para sí mismo, lo gozaba, lo disfrutaba y no lo hacía por los demás. Camus nos golpea fuerte con una frase llena de verdad y lucidez, de esas que duelen.

 

“Así es el hombre, caballero, tiene dos rostros: no puede amar sin amarse”.

 

Esto desencadena en el protagonista una caída moral hacia su interior que lo despierta y lo hace ver la realidad. Sus valores se trastocan desequilibrando su vida por completo. Todo en lo que creía, toda la base de su vida se desmorona a sus pies y cae, cae, cae sin parar como la persona desde el puente (la caída física del suicida propicia su caída moral). Todo lo que daba sentido a su vida se desmorona y aparece en gloria y majestad El absurdo. El absurdo es una contradicción (el hombre es un ser racional y como ser racional  siempre está buscando el motivo de su existencia, es decir, la razón de estar en este mundo, pero no existe una respuesta racional a esa pregunta. Por lo tanto, si busca esa respuesta y no existe: la vida es absurda). Eso le pasa a Jean Baptiste. Él Creía que tenía esa respuesta. Estaba seguro de ello, él era el juez de las causas justas. Su rol era el de juzgar a las personas. Ese era su papel. Aquello le daba sentido a su vida, pero de pronto se da cuenta de que no lo hacía por las personas, sino que en parte lo hacía por vanidad y otros muchos motivos. Despertando ante al absurdo de su existencia.

 

“Hay que reconocer humildemente, querido compatriota, que siempre he estado a punto de reventar de vanidad. Yo, yo, yo, ese era el estribillo de mi vida, eso era lo que se podía oír en todo lo que decía. Nunca he podido hablar de otro modo que alabándome”.

 

 

A este cuestionamiento se enfrenta el personaje. ¿Qué hago con mi vida ahora si todo lo que la sostenía era una ilusión? Ahora es libre. Puede poner sus propias reglas, puede enderezar su vida. Darle un nuevo sentido y luchar contra el absurdo. Y digo luchar, porque ya no puede olvidar que su vida es absurda. Ya despertó y no puede volver atrás. No lo puede evadir, es parte de él y tiene que vivir con eso. Camus lo dice, el absurdo no es algo que debamos evadir, es algo con lo que debemos vivir día a día. Y darle sentido a la vida sabiendo que no lo tiene, eso es lo que nos hace rebeldes. En la novela Camus nos presenta las dos posturas. El que evade el absurdo, es decir, el suicida, y el que lo trata de enfrentar, en este caso, Jean Baptiste Clamence.

Pero este personaje la tiene difícil porque no hay nadie que le diga cómo hacerlo, no sabe hacerlo solo. Y de alguna forma nos representa a todos, porque estamos acostumbrados a seguir las reglas de otros, reglas preestablecidas como la religión, las reglas de dios o las de la justicia, las reglas del hombre. ¿Pero cuando desaparecen, que queda? Libertad. Y la libertad Aterra porque te llena de responsabilidad, ya no es la de otro, es la tuya.

 

“¡Ah, querido amigo! El peso de los días es terrible para quien está solo. Sin dios y sin señor. Por lo tanto, hay que escoger un señor, porque dios ya no está de moda”.

 

 

Su relato, su monologo, narra esa caída moral. Este despertar hacia el absurdo. Y lo que les acabo de contar no es más que lo mínimo, he soslayado la novela, es solo el esqueleto principal desde donde se desprenden muchas ideas y reflexiones de la vida de una persona y la sociedad humana. Lo que es sumamente complejo. Camus va desmigajando la humanidad de Jean Baptiste tal cual como él la siente, como un ser humano impactado por la realidad de su ser. Confundido, dolido, perdido. Tratando de buscar un camino. Algo a que aferrarse. Es por ello que el monólogo es tan importante, es la mejor forma de transmitir su angustia, su pena, su desazón. Su miedo. Claro, está asustado por darse cuenta del absurdo, de su responsabilidad. Y algo mucho peor, su deseo de Dominar.

 

“Ya sé que es imposible dejar de dominar o de ser servido. Cada hombre necesita esclavos, como necesita aire puro. Mandar es respirar”.

 

En esta cita el protagonista no está hablando de tener esclavos, sino de estar por sobre los demás. Tener la última palabra. Es decir, tener poder sobre los otros. No importa en qué escala social te encuentres, siempre vas a querer estar por sobre alguien. Un padre tiene a su hijo, un soltero tiene a su perro.

 

Lo esencial, en suma, dice camus, es poder enfadarse sin que el otro tenga derecho a responder.

 

Entonces, esta supuesta confesión de Jean Baptiste cambia de tono, Ya no está hablando solamente de él, está denunciando a la humanidad. A ti, como lector. Te está diciendo que así eres. Que quieres dominar, que eres vanidoso, que no quieres ver tus verdaderas intenciones detrás de tus acciones. Denuncia nuestra naturaleza humana, nuestro deseo de inocencia. Todos los vicios del estilo de vida del hombre contemporáneo. Y lo hace para quitarse el peso de la culpa y la vergüenza, para compartirla con todos y aligerar su conciencia. Vuelve a intentar estar por sobre los demás, juzga a la humanidad. De esa forma te puedes dar cuenta de lo contradictorio que es el personaje, porque vuelve a caer en los vicios que denuncia. Puedes ver el absurdo en su discurso, pero también en su comportamiento.

 

Es una novela difícil, es breve pero se lee lento. No a todos les ha gustado, por lo mismo no es la más conocida del autor. Pero es una de las más completas por la cantidad de aristas que toca. Solo indagando en el alma irracional de una persona es como se logra llegar realmente al fondo. Lo que yo acabo de contarles es solo una pobre interpretación de mi parte. Hay muchas, cada quien va a encontrar la suya. Es un texto a mi parecer, inabarcable. Pero indispensable en nuestros días.

 

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Ricardo Carrión

Administrador del blog