Si te gustó el contenido del blog me harías un gran favor siguiéndome

Mostrando entradas con la etiqueta sinopsis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sinopsis. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de agosto de 2023

Reseña: El desierto de los tártaros (Dino Buzzati)

 Reseña: El desierto de los tártaros 

(Dino Buzzati)

dino-buzzati

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de El desierto de los tártaros del escritor italiano Dino Buzzati. Novela publicada en 1940. Muy elogiada por Borges quien incluso le escribió un prólogo que lamentablemente no viene en esta edición. Pero les comparto un pequeño fragmento:

 

Podemos conocer a los antiguos, podemos conocer a los clásicos, podemos conocer a los escritores del siglo XIX y a los del principio del nuestro, que ya declina. Harto más arduo es conocer a los contemporáneos. Son demasiados y el tiempo no ha revelado aún su antología. Hay, sin embargo, nombres que las generaciones venideras no se resignarán a olvidar. Uno de ellos es, verosímilmente, el de Dino Buzzati.

 

Los que conocen los gustos literarios de Borges entenderán que si a él  le encantaba este autor es porque también estaba bastante ligado a la literatura fantástica. De hecho, El escenario del desierto de los tártaros tiene un aire muy similar a los escenarios de los cuentos borgeanos. Pero también se puede relacionar esta novela con lo absurdo de las historias kafkianas, cuyos personajes viven situaciones muy extrañas de las cuales nunca logran encontrar una solución o salida. Otro componente importante en esta novela es lo existencial. Se trata indudablemente de una novela existencialista, que profundiza psicológicamente en sus personajes. Por lo mismo también se le asocia a Esperando a Godot de Beckett o a el extranjero de Albert Camus. Los diversos matices en la ficción de Buzzati hace del El desierto de los tártaros una experiencia lectora grandiosa. Tenemos, lo fantástico, lo existencial, lo psicológico y lo absurdo. Pero hay más, ya les contaré.

 

La novela inicia de esta manera:

 

Nombrado oficial, Giovanni Drogo partió una mañana de septiembre de la ciudad para dirigirse a la Fortaleza Bastiani, su primer destino.

 

Giovanni Drogo ha sido nombrado teniente del cuerpo militar italiano. Y sin que nadie le preguntara, lo han destinado a un puesto fronterizo llamado la Fortaleza Bastiani. Para todo nuevo oficial es importante este primer destino. Y Giovanni no duda en presentarse en servicio.

Esta primera línea deja en evidencia algo muy importante. Destaca que Giovanni deja la ciudad, es decir, que vivía en un mundo normal. Era un ciudadano, con familia y amigos. Y se dirige a esta Fortaleza que a medida vamos leyendo, no es fácil de encontrar y peor aún, está muy, pero muy alejada de la ciudad. Y para colmo, no es lo que un nuevo oficial podría esperar de su primer destino, es tan solo un recinto de segunda categoría, nada espectacular para alguien que quiere hacer carrera militar.

 

—Es un trozo de frontera muerta…

—¿Cómo frontera muerta?

—Una frontera que no preocupa. Delante hay un gran desierto.

—¿Un desierto?

—Un desierto, efectivamente, piedras y tierra seca; lo llaman el desierto de los tártaros.

 

Cuenta la leyenda que probablemente los tártaros se hayan asomado a esa frontera, que incluso la hayan atacado, pero es solo una leyenda, no hay nada cierto. Y desde entonces han pasado años y años sin recibir ningún ataque.

 

Si se fijan, iniciamos el relato, con absoluta certeza de la realidad. Un joven oficial, una carrera militar, una ciudad. Algo concreto. Realidad. Y de pronto el autor nos presenta este puesto fronterizo que por sus características, parece algo realmente absurdo, como las historias kafkianas. Porque está defendiendo una frontera que nunca ha corrido peligro. Da la sensación de estar Fuera del tiempo, como los relatos borgeanos. Es una construcción en decadencia en medio de un paisaje desértico. Que emana desolación, abandono. Inutilidad. El tiempo en la ciudad corre normal pero al parecer en la fortaleza, no. Tal cual Como en la Montaña mágica de Thomas Mann. Donde para el sanatorio ubicado en la montaña existe un tiempo diferente al de la ciudad. Algo similar a lo que ocurre en La fortaleza Bastiani de Buzzati.

 

Los muros desnudos y húmedos, el silencio, la escualidez de las luces… Todos allí dentro parecían haber olvidado que en alguna parte del mundo existían flores, mujeres risueñas, casas alegres y hospitalarias. Todo allí dentro era una renuncia…

 

Buzzati, periodista, escribe esta novela al finalizar su jornada de trabajo en la redacción de un periódico. Sumido en una rutina y monotonía que no le permitía sentirse realizado. Plasma ese sentir en su novela. Y en vez de elegir la redacción de un periódico como escenario, elige una fortaleza militar ubicada en un desierto, en la frontera de dos ciudades ficticias. Y eso es justamente lo que le da un carácter tan especial a su historia porque una problemática completamente actual y real se refleja en un mundo en apariencia fantástico. Es aquí donde como lectores nos damos cuenta de que el paisaje donde se desarrollan los acontecimientos, no funciona solo como paisaje, sino como representación de la propia monotonía y el paso del tiempo. El desierto, siempre igual, siempre arena y roca, siempre eterno. Nada al parecer cambia, pero el viento corre, hay erosión y deterioro. Existe un efecto ilusorio de que el tiempo se ha detenido, pero en realidad ha seguido su curso. Y los personajes de la historia no parecen percibir su paso.

 

Ayer y anteayer eran iguales, no habría ya sabido distinguirlos; un hecho de tres días antes o de veinte acababa pareciéndole igualmente lejano. Así se desarrollaba, sin saberlo él, la huida del tiempo.

 

 

Y este paisaje no solo funciona como una representación de la vida estática, de la monotonía. También es un reflejo psicológico del personaje principal. El paisaje es un vistazo al propio interior de Giovanni Drogo.

 

Le parecía reconocer las bajas rocas caídas, el valle tortuoso sin árboles ni verde. Aquellos precipicios sesgados y por último aquel triángulo de desolada llanura que las rocas de delante no lograban ocultar. Ecos profundísimos de su alma se habían despertado, y él no sabía entenderlos.

 

La vida militar también es una característica importante dentro de la novela, porque la rigurosidad y la disciplina que existe en una fortaleza fronteriza son vitales, los santo y seña, la limpieza, la vigilancia, la rutina, el horario. Todo eso indica repetición, pase lo que pase, pase el tiempo que pase, esa rutina no va a cambiar y es un reflejo perfecto de una vida monótona en la actualidad. Es la propia vida de Buzzati, pero trasladada al mundo militar. Por lo tanto, estos soldados, encerrados en un viejo y destartalado puesto fronterizo, sometidos a una vida repetitiva y melancólica, levantan la cabeza, miran hacia la frontera y solo ven desierto. No existe nada verde, nada vivo que indique el paso del tiempo. Solo piedras. Mirar fuera de la fortaleza es como mirar dentro de sus propias almas, es un reflejo de ellos mismos. 

 

La fortaleza, en cambio, encerraba pobres hombres, indefensos contra la obra del tiempo, cuyo último término se aproximaba.

 

Por lo tanto, este lugar alejado del mundo, aislado. Se presta para que los que están ahí tomen conciencia de la vacuidad de la vida, del sin sentido de la existencia. Y es justamente lo que le pasa a Drogo. Ya que la novela funciona como una gran metáfora de la vida de cualquier persona.  

 

Te pasas toda tu juventud persiguiendo metas, una tras otra, la escuela, la universidad, la familia, los hijos. En el caso de Drogo, su carrera como militar, su meta de llegar a ser teniente, luego la de ir a su primer destino y luego que, que sigue, siempre hay algo más. Se alcanza una meta y nos proponemos una nueva inmediatamente. Pero en el caso de Drogo y en la de muchas personas, qué pasa cuando la siguiente meta no llega, algo que esperan tan ansiosamente nunca llega, se aplaza, se demora, y aunque pase el tiempo sigues creyendo dentro de ti que vendrá, que llegará. Ese es el caso que nos plantea Buzzati. La espera. Y mientras se espera, el tiempo parece acelerarse y devora los días.

 

El tiempo inexplicablemente, había echado a correr cada vez más veloz, se tragaba los días uno tras otro.

 

   La vida de Giovanni drogo marcha como la de todos. Meta tras meta, vive en la ciudad, se compara con los demás, y siente que es como ellos, que sigue su mismo camino. Hasta que le toca marchar a la fortaleza, allí se produce el punto de quiebre. Se separa de la ciudad, de sus amigos y familiares, se desprende de la normalidad y ya no sigue su ritmo. Su destino se ha truncado. Y lo que puede darle sentido a su vida, parece aplazarse indefinidamente. Ahí entre en juego la espera. Eso que puede darle un propósito está muy lejos y quizá nunca suceda. Es lo mismo que les pasaba a Estragón y Vladimir, de Esperando a Godot. La eterna espera por algo que les de sentido a su vida. De la misma forma Drogo se mantiene esperando aquello junto a sus compañeros de la fortaleza. Mientras tanto, el tiempo parece acelerarse, los días pasan rápidamente, todos son iguales. De eso se encarga la rutina.

 

Y luego de tanta espera, luego de la desilusión, ya solo queda la resignación de una vida perdida. Se pierde el deseo. Se pierde la voluntad de vivir.

 

Año tras año he aprendido a desear cada vez menos.

 

La frontera que crea Buzzati, funciona como símbolo de llegar al borde de la vida. De llegar a ese punto donde ya no queda nada más. Y lo logra ejemplificar a través de lo fantástico, de lo absurdo, como medio de amplificar una realidad dolorosa. Como medio para despertar al ser humano frente a algo que no quiere aceptar, y una vez que comprende lo inevitable y lo acepta con la cabeza alta. Es decir, cuando acepta el absurdo de la vida. Es cuando al fin puede alcanzar esa libertad que tanto buscó. Lo interesante de este libro es que el autor logra una gran profundidad sin ser engorroso, sin ser estilísticamente complicado, planteando una estructura que sin ser compleja resulta realmente bella.

 

 Puedes ver esta misma reseña en mi canal de youtube


Ricardo Carrión

Administrador del blog

martes, 17 de enero de 2023

Reseña: Kitchen (Banana Yoshimoto)

 Reseña: Kitchen (Banana Yoshimoto)

libro banana yoshimoto

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de Kitchen, de la escritora japonesa Banana Yoshimoto.

 

Kitchen es un libro que me gustó mucho, pero siento que no es para todo el mundo. Hay lectores que les gusta más lo concreto, es decir, que lo que se expresa se diga en palabras. Si eres de esos lectores esta historia probablemente no te va a gustar. Porque es minimalista, dice mucho con poco. Comunica con expresiones, con silencios, con vacíos que se dejan a la interpretación. No busca la verborrea, sino la austeridad. Es de esas historias en que disfrutas más el camino que la meta. Da gusto leerla sin necesidad de que te impacté con el final. Haruki Murakami y Hiromi Kawakami son escritores que se parecen un poco a Yoshimoto, comparten el estilo melancólico, existencial, solitario de sus personajes. También sus historias buscan decir más con poco, pero Yoshimoto es más extremista. Es mucho más acotada para narrar. Y es, creo yo, porque no es una autora de novelas. Lo que corre por las venas de Yoshimoto es el cuento, su brevedad, sus límites. Eso la diferencia mucho de un Murakami o una Kawakami, porque no se deja llevar por el espacio infinito que te permite la novela, sino que se ajusta a la temporalidad del cuento. No solo sus historias son minimalistas por naturaleza, sino que son más acotadas aún por acogerse al formato cuento. Por lo mismo, no creo que sea una autora para todos. Sino, más bien, para lectores que aprecian lo irrealizable, lo que no se concreta y te permite más de una interpretación. Cuando concretas, todo acaba. Yoshimoto es un constante no materializar, porque los que amamos este tipo de libros no queremos que acabe, queremos más y más de la incertidumbre de los sentimientos y los afectos, perdernos en ellos, porque es el momento lo que nos importa, no lo que vendrá. Queremos llenar los espacios vacíos de la vida de los personajes con suposiciones, terminar de trazar esos protagonistas que han sido meramente boceteados por la autora, sus trazos son escuetos para que el lector termine de recrearlos en su interior.

 

El libro en sí, trae dos historias: Kitchen que se divide en dos partes (Kitchen y Luna llena) y Moonlight Shadow un cuento independiente pero que comparte temática con Kitchen y por eso se complementa muy bien.

 

Mientras Kitchen es narrado por Mikage. Moonlight Shadow es narrado por Satsuki. Las dos son chicas jóvenes, muy jóvenes pero no adolescentes, que comparten algo en común. A su muy temprana edad han debido enfrentar la pérdida de personas importantes para ellas.

Esa es la temática principal del libro. La pérdida. Y a partir de ella Yoshimoto estructura los relatos. Que es básicamente una especie de historia de aprendizaje sobre la pérdida y la superación. Por lo mismo, los relatos son en sí, una línea de progreso. En el inicio, en la primera página se nos comunica que nuestras protagonistas han perdido a un ser querido. Luego viene la etapa de aceptación, el choque constante con la realidad, la desorientación, la soledad, el dolor, el cambio de rutinas para intentar llenar el vacío de la pérdida. Y finalmente la superación.

 

Por lo tanto, el grueso de la historia trata de como los personajes vuelven a acomodar su mundo luego de que alguien muy importante para ellos se ha ido. Es un reseteo total porque les pasa lo que afirmaba Albert Camus, cuando la muerte se pone frente a ti, inevitablemente se hace presente el absurdo de la existencia, y, además, como decía Sartre, aparece una libertad inesperada, una libertad a la que se le teme. Vacía y fría. Eres libre, elige tu camino. Pero no estoy acostumbrado a elegirlo. ¿Qué hago? En Kitchen la protagonista lo siente así:

 

No había nadie en el mundo de mi misma sangre, y, así, me era posible ir a cualquier lugar y hacer cualquier cosa. Era magnífico. Hace poco palpé por primera vez, con mis manos y con mis ojos, un mundo amplio, una oscuridad profunda y un goce y una soledad sin fin. Me parece que, hasta ahora, he estado mirando el mundo con un ojo cerrado.

 

Pero este no es un proceso lineal, hay días buenos y días malos, es irregular, además, la autora pone a los personajes en una situación tal que lo tradicional, lo acostumbrado, no es capaz de ayudarlos en su proceso. En cambio, es lo no tradicional lo que viene en su ayuda. Ya en el inicio notamos que la autora quería romper con lo convencional con esta historia que busca expandir posibilidades. Ampliar los escenarios de lo posible. Invertir las situaciones pre-determinadas. En el caso de Kitchen, Mikage pierde a su abuela, que era la única persona en el mundo que le quedaba. Es decir, el personaje, queda completamente solo en el mundo, no existe nadie con quien comparta lazos sanguíneos. Es la soledad absoluta. Para llenar ese vacío, Mikage se refugia en la cocina. Es ese lugar el que le da cobijo y sostén para soportar los primeros embates del cambio. Uno podría pensar que ella se refugiaría en su dormitorio, en su sala junto a la televisión. Pero no, a ella le gusta la cocina y el ruido del refrigerador. Yoshimoto rompe patrones. De alguna forma la cocina representa el movimiento frente al estatismo. La cocina, lugar donde los alimentos se preparan, es el lugar que para ella significa movimiento. El mundo se ha congelado para ella y en la cocina quedan los remanentes de la vida. Porque solo se cocina para los vivos, para las personas que habitan un hogar. La cocina es el corazón de su mundo y el corazón de un hogar. Los utensilios usados, el suelo con restos de comida, el ruido del refrigerador, todo aquello desprende el calor y la vida que ella necesita. En una casa vacía la vida se extingue poco a poco y la cocina es el último lugar que la pierde.

 

El encontrarse con esta libertad tan reveladora y la vez tan fría y desoladora, marca para ella y para la historia el cambio de lo tradicional a lo nuevo, a lo experimental y distinto. La muerte de la abuela de Mikage, simboliza la muerte de un Japón tradicional. A partir de allí, las acciones y pensamientos de la protagonista, se empiezan a alejar de lo que se considera tradicional. La desaparición total de su familia, abre la posibilidad de una nueva familia, una no convencional, donde puedes amar a una hija sin que haya un lazo de sangre de por medio, donde un padre puede ser al mismo tiempo una madre, sin importar el género, el amor entre seres humanos no depende del género. Los roles se invierten. La universidad ya no es el único camino de vida para una persona joven, existen otras oportunidades más diversas que la de un trabajo sacrificado en una oscura oficina. El amor tampoco es tradicional, ya no puede definirse como amor de pareja, amor de familia o amor de amistad. Es un amor que lo engloba todo, libre de definiciones. De alguna forma, la muerte y la pérdida, también son un punto de inflexión, un punto de cambio, para dejar ir lo que fue y dar cara a lo nuevo.

 

Todas estas nuevas situaciones se presentan en la vida de Mikage para ayudarla en su proceso de aceptación y cambio. Para contrarrestar el vacío y el absurdo de existir. Es el vacío la que parece hundirla, el frío de la nada. Y la autora lo materializa en la novela por medio de la oscuridad. La cual parece perturbar a Mikage.

 

Alguna vez, sin falta, todos iremos dispersándonos en la oscuridad del tiempo y desapareceremos.

 

Y como contraparte es la luz, la luminosidad, la claridad la que contrarresta el vacío. Es la luz la que llena las habitaciones del relato y parece sostener a Mikage, protegiéndola y animándola. Los mejores momentos, los que la ayudan y empujan a seguir adelante están llenos de claridad. Una claridad que inunda los espacios hasta invadir su corazón.

 

La habitación estaba tan llena de luz como un solarium. El cielo azul pastel, inmenso, resplandecía y lo llenaba todo.

 

 

Pero además de la claridad hay otros elementos que van llenando el vacío de la vida de Mikage, la naturaleza, las plantas, el vapor, la cocina y las personas.

 

Solo deseaba que le sirviera de algo el recuerdo brillante de haber estado juntos, sentados uno frente a otro, en un sitio tan claro como aquél, tomando un té bueno y caliente.

 

Pero además del vacío, Mikage debe también sobreponerse al absurdo. Como en el mito de Sísifo condenado a empujar una roca por una montaña para que esta vuelva a rodar hacia abajo y la tenga que volver a subir en un ciclo interminable. En un eterno repetir. Eso siente Mikage al iniciar cada día, la reiteración de un proceso absurdo llamado vida.

 

Tenía que ponerme en acción de nuevo en un día real. Repetir y repetir.

 

Lo bueno que hace Yoshimoto es que la pérdida no recae solo en Mikage, también en otros personajes. Mostrando así procesos distintos de superación, siempre desde la mirada de Mikage. Por lo tanto, todo el peso de la historia no lo sostiene solamente ella. La historia está muy bien equilibrada, y por ello, las complejidades de la pérdida que se mezclan con las alegrías de los cambios y las nuevas experiencias, enriquecen a los personajes con una complejidad interior tal que, les cuesta manifestarla, es tan íntima, tan pesada, que parece que van a explotar pero les es imposible dejarla escapar en forma de palabras. Es por eso que los gestos, los comportamientos, los silencios, comunican tanto, porque no todo puede expresarse en palabras.

 

…tuvimos siempre la sonrisa en los labios, pero nuestro interior había ido haciéndose más y más complejo. Las alegrías y tristezas habían sido demasiado grandes y no habíamos podido sostenerlas en nuestra vida cotidiana.

 

 

En el otro relato, Moonlight Shadow, Yoshimoto tampoco deja que Satsuki, protagonista y narradora, cargue con todo el peso de la pérdida, hay otras personas que también han perdido y que la acompañan en su camino de superación. Ella va evolucionando a partir de como ve reflejado su dolor en otros y los consejos que recibe.

 

Ahora estás en el peor momento. Puede que sea más duro que la muerte. Pero tal vez no haya otro peor. Porque los límites de una persona no cambian.

 

Pero más que consejos, que acompañamiento, lo que impulsa a Satsuki a dejar ir el recuerdo, o dejar ir el dolor del recuerdo, es una leyenda. Una leyenda China que en Japón se festeja en el mes de Julio. Eso da paso a que Moonlight Shadow caiga en el terreno de lo onírico, que la realidad se desdibuje un poco, para que la dureza del mundo de Satsuki se resquebraje y le de un respiro. Moonlight Shadow lo sentí un relato mucho más redondo y más acabado por efecto de su brevedad y la buena utilización de lo onírico.
 
Esta misma reseña la pueden encontrar en formato de vídeo en mi canal de youtube
 

 Ricardo Carrión
Administrador del blog

domingo, 11 de diciembre de 2022

Reseña: La conjura de los necios (John Kennedy Toole)

 Reseña: La conjura de los necios. John Kennedy Toole

 

jhon-kennedy-toole-libro

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de La conjura de los necios del autor estadounidense John Kennedy Toole.

 

La publicación de esta novela tiene una historia bastante trágica. Su autor la escribió a principios de la década de 1960 e intentó publicarla en diferentes editoriales pero todas rechazaron el manuscrito. Frustrado por el fracaso de su obra entra en un proceso de autodestrucción y a los 32 años de edad en 1969 decide terminar con su vida. Años más tarde su madre insistiría en la publicación de la novela de su hijo hasta lograr que un reconocido escritor norteamericano la leyera. Walker Percy en un inicio lee la novela a regañadientes pero finalmente le gusta tanto que gracias a sus contactos se logra publicar en 1980. En 1981 gana el premio Pulitzer de ficción.

 

La conjura de los necios es una novela en que la opinión de los lectores es muy dividida. Algunos, con la promesa que les hará reír mucho, se decepcionan porque no les causó gracia. Otros no entienden hacia dónde se dirige la historia. Las aventuras de su personaje principal parecen no tener ningún sentido y abandonan el libro a la mitad.

 

En un inicio me sentí como esos lectores, no me reía y tampoco entendía el sentido de la historia de Ignatius Reilly. Pero me mantuve firme en la lectura hasta que empecé a reírme sin darme cuenta.  Cuando terminé el libro sentí que estaba ante una novela extremadamente bien pensada y que nada de lo disparatado de la historia es al azar. Es un engranaje perfecto, que parece flexible, caótico, pero que está muy bien calculado.

 

Con el pasar de las páginas me di cuenta que era mi tipo de novela. De esas que critican la sociedad, que critican el sistema y que nos presenta personajes que han sido destrozados por una sociedad de consumo. Es una novela de perdedores y marginados que sufren las injusticias de los tiempos modernos. Personajes rotos por dentro, llenos de soledad y frustración. Pero en un inicio no la reconocí así. Es más, no podía enmarcarla en ninguna temática específica. ¿Y esto por qué? Porque estoy acostumbrado a que las novelas de este tipo son introspectivas, melancólicas, tristes y desoladoras. Con personajes que no pueden soportar el peso de la realidad, que buscan escapar de ella por medio del silencio y la soledad. Levantando barreras a su alrededor.

En cambio, La conjura de los necios aborda esta temática de manera totalmente opuesta. Ignatuis Reilly no combate el peso de la realidad sucumbiendo ante ella, aplastado, disminuyéndose ante ella, callándose, reflexionando en silencio. Lo combate con altanería, con glotonería, con superioridad moral. Arrasando con todo. Eleva su espada de plástico contra las injusticias y lo que cree que está mal. Contra una sociedad que no reconoce su genio, que no reconoce su talento y su inmensa sabiduría. Una sociedad que se ha volcado al consumo y ha perdido su encanto medieval. Todo el mundo está equivocado, todo el mundo está en su contra. Por lo mismo, él está en una constante lucha contra aquellos que se aferran a ideas equivocadas. Que cometen errores, que su misma existencia es un error. Contra ellos lucha cada día. Contra los necios. Y por eso la novela inicia con esta frase:

 

“Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

 

Un personaje así no puede tener una apariencia que lo haga pasar desapercibido. Si estamos hablando del opuesto al típico personaje desencantado con el mundo, no puede tener un aspecto normal. No puede ser invisible. Tiene que ser diferente. Es por eso que, el inicio del libro me parece de una genialidad asombrosa. Porque parte describiendo a Ignatius. Y en una situación bastante especial. Se encuentra en un lugar muy concurrido, lleno de gente, pero un policía se fija en él, sin siquiera él hacer nada. Está parado frente a unos almacenes esperando a su madre. No hace nada, pero el policía lo encuentra sospechoso y quiere detenerlo. Ignatius siempre llama la atención porque simplemente no encaja. No es parte del público homogéneo donde son todos iguales, normales. Personas producidas en masa por el sistema. Él resalta, incomoda, molesta, es diferente. Está hecho para incomodarlos a todos, incluso al lector. Ignatius no es un héroe, es un antihéroe.

 

No encaja ni con su pensamiento ni con su apariencia. Desde su interior hasta su exterior Ignatius es un extranjero en la ciudad norteamericana de Nueva Orleans donde se desarrolla la historia.

Cuando iniciamos una novela cuyo protagonista no encaja en el mundo, empatizamos inmediatamente con él, porque está triste, porque está solo, porque se siente perdido, porque es inferior a nosotros, o es igual a nosotros, nos sentimos como él. Pero cuando el personaje es altanero, cuando el personaje nos desprecia sin titubeos, y se siente superior a nosotros, no entendemos nada. Por eso esta novela es muy poco comprendida.

 

“Sólo me relaciono con mis iguales, pero como no tengo iguales no me relaciono con nadie”.

 

A medida que la historia se desarrolla, constantemente el narrador hace referencia al físico de Ignatius, presentándolo siempre como un tipo enorme, desproporcionado, como si su cuerpo no pudiese contener su interior.  En Ignatius Reilly todo es exageración. Es hipocondriaco, cualquier molestia en su cuerpo para él es una enfermedad terminal, cualquier conflicto o roce con los demás es una demanda, cualquier actividad que realice debe estar destinada a la grandeza, no le interesa el trabajo común, eso es para seres inferiores. Por no decir, que también es un gran holgazán. Tiene 30 años, vive con su madre y su gran sueño es poder vivir de un cheque social. Se encierra en su cuarto a escribir sin parar una serie de cuadernos que el denomina “Gran Jefe” llenos de sus reflexiones con las que pretende cambiar el mundo, pero no son para aliviar su espíritu, sino para algún día ser una gran obra. Tiene constantes problemas de gases porque su válvula pilórica no funciona bien. Según él, porque es más desarrollada que la de los demás (Otra exageración) Cuando cualquier situación lo incomoda, por mínima que sea, inmediatamente su válvula se cierra y comienza a hincharse como un gran globo. Por la misma razón, los eructos son parte inherente de su personalidad. Todo le molesta, todo le incomoda, el mundo entero está en su contra. Por lo mismo, la estabilidad de su mente siempre está en duda. Ignatius Reilly es una gran hipérbole.

 

“La mayoría de los necios no entienden mi visión del mundo en absoluto”.

 

Ahora vamos con el argumento del libro. Como ya conocen un poco a Ignatius, solo un poco, porque me quedé corto en su descripción, les puedo contar que por ciertos motivos, su madre y él deben pagar un gran cantidad de dinero por algo que hicieron. Y esto activa la novela y pone en acción a los personajes. Su madre, le dice a Ignatius que no tiene como pagar ese dinero por lo que él debe encontrar un trabajo. Y ya se pueden imaginar lo que significa para una persona tan especial como él tener que salir a la calle a buscar empleo. Es una verdadera perversión.

 

“… el nuevo destino de Pedro Labrador sería muerte, destrucción, anarquía, progreso, ambición y autosuperación. Iba a ser un destino malévolo: ahora se enfrentaba a la perversión de tener que IR A TRABAJAR”.

 

Ignatius es un Don Quijote con sobrepeso, pero al contrario del Hidalgo Caballero no basa su locura en libros de caballería. Sino en tratados filosóficos medievales. Se considera a sí mismo un medievalista, un intelectual y un mártir del medioevo. Su gran mentor es el filósofo romano Boecio y su gran obra: La consolación por la filosofía. Este libro encierra un concepto clave para la historia y para Ignatius: La rueda de la fortuna. Es decir, Ignatius cree que su vida está gobernada por el azar que la rueda de la fortuna dispone para él. Donde pueden haber ciclos buenos, como también ciclos malos. Buenas épocas y malas épocas. Y claro, de la forma en que inicia la novela está claro para Ignatius que la rueda se ha ensañado con él y lo está haciendo pasar por una mala racha.

 

“Oh, Fortuna, oh, deidad ciega y desatenta, atado estoy a tu rueda —Ignatius eructó—. No me aplastes bajo tus radios. Elévame e impúlsame hacia arriba, oh diosa”.

 

Y esta frase, que parece otro de los disparates de Ignatius, encierra el entramado de la historia. La historia está diseñada para representar el movimiento de la rueda de la fortuna.

 

Cuando un policía intenta detener a Ignatius en las primeras páginas del libro se inicia un ciclo donde la rueda gira hacia abajo para nuestro protagonista, donde empieza a ser aplastado por ella. De esta forma comienzan a sucederle una serie de acontecimientos desagradables, uno tras otro. Es decir, que la conjura de los necios no es más que un viaje dentro de la rueda.

 

Como lectores y a través del narrador omnisciente, seguimos a Ignatius que debe salir a buscar empleo. Nos entretenemos con su historia, con sus disparates, con los empleos que consigue y con las personas que conoce en dichos empleos.

 

Pero la narración tiene algo muy interesante. Los personajes que conocen e interactúan con Ignatius no desaparecen de la historia, sino que se integran a ella y se narran sus propias historias. Ignatius pasa por sus vidas y ellos entran en el libro y a pesar de que Ignatius se aleje de ellos en la historia, el narrador nos sigue contando sus vidas, porque sus historias personales se empiezan a entrelazar con el argumento principal. Ellos también entran en la rueda y empiezan a girar con Ignatius.

 

Todos entran en el ciclo, Ignatius los inicia, los toca con su presencia y los convierte en nuevas presas de la rueda. Esta idea, me pareció realmente bella y artística, porque en la novela todo lo que sucede parecen simples acciones cotidianas y disparatadas, pero están todas llenas de sentido. Lo disparatado de las ideas y acciones de Ignatius parecen no tener ninguna lógica. Pero incluso lo más absurdo tiene un por qué en la historia. En las páginas finales todo encaja, todo calza perfecto. La gama de personajes recibe el veredicto final de la rueda, algunos terminan aplastados mientras otros suben. Es realmente hermoso.

 

La novela está narrada de forma simple y directa por el narrador omnisciente. Pero en ocasiones es interrumpida por pequeños fragmentos que Ignatius escribe en sus cuadernos Gran jefe, que generalmente son reflexiones de sus aventuras. Reflexiones con las cuales podemos conocer un poco más a profundidad la mente de nuestro antihéroe. También la narración es interrumpida por la correspondencia que Ignatius mantiene con una amiga muy especial, Mirna Minkoff. Como la historia no tiene una mayor complejidad narrativa y abusa sin contemplaciones del humor, muchos se aburren y abandonan la novela. ¿Y esto por qué? Porque la historia carece de la típica tensión narrativa que alimenta las ganas de seguir leyendo, de seguir avanzando. Es arriesgado lo que hace el autor, porque busca reemplazar la clásica tensión narrativa generada por una historia interesante, que atrapa al lector, por una historia donde el humor debe atrapar al lector, es el humor el que cumple el papel de generar tensión, es el encargado de captar la atención, por eso, si el lector no encuentra graciosa la novela, es muy probable que no la siga leyendo. Porque las aventuras de Ignatius buscando empleo no logran ser una historia por sí sola atrayente, sus acciones no son interesantes, pero el humor las transforma y las vuelve atractivas. Lo mismo para el resto de los personajes, sus vidas son anodinas, sin brillo ni gracia, son vidas grises y tristes, rutinarias, que a nadie les interesa, pero que, revestidas de un barniz cómico, toman otra forma. Porque el autor en ningún momento intenta contarte una historia que te atrape, sino una historia que revele una realidad social y una realidad humana. Mostrando nuestras miserias como sociedad. Lo bajo que hemos caído, lo enfermas que están las personas por vivir como lo hacen, por intentar seguirle el ritmo al mundo, y de cómo este mundo moderno las afecta, como las corrompe y las humilla. Las destruye. En la novela se describen empleos miserables, sueldos miserables, pocas oportunidades para las personas de encontrar un trabajo decente. Personas de la tercera edad aún trabajando, abusos por ser afroamericano. Personajes que caen en vicios para poder escapar de la realidad. Mientras que, las personas con mejor situación económica no se encuentran mejor, carecen de perspectiva, no tienen conexión con la realidad, tienen también sus propios problemas, puede que no sean económicos pero son de otra índole. E ignatius se pasea por la Nueva Orleans de los años 60 buscando un trabajo, pero en el fondo lo que hace es darnos un tour por la realidad de su tiempo, por su realidad social, la que todavía sigue siendo la realidad de nuestro tiempo y por eso la novela no pierde frescura.

 

Una historia así, que tiene un mensaje tan potente, sin el humor, nos destrozaría. Todos los personajes que afrontaran una vida así, son prisioneros de un sistema. Atrapados, coartados, limitados para vivir. Y eso es devastador para un lector sensible. Pero como bien dijo Cortázar en sus clases de literatura. El humor es imprescindible en la novela cuando se tratan temas complejos y dolorosos, el humor, a veces, es la única forma de enfrentar una situación difícil. Y aunque la novela de Toole está llena de anécdotas graciosas, no puedes quitarte un gusto amargo al leerla, esa tristeza que desprende.

 

Esto John Kennedy Toole lo sabía muy bien. Una persona que de alguna forma siempre sintió la limitación. Toma a sus personajes y hace lo más humano que se puede hacer. Reírse de sus propias desgracias. De sus propias vidas, porque si eres capaz de reírte de ti mismo aún conservas una pizca de libertad. Si eres capaz de reírte de ti mismo aún el sistema no ha ganado. Aún los necios no han ganado. La batalla continúa. Y toda esta gama de personajes encabezada por Ignatius apuntando su espada de plástico hacia el frente, nos están enviando un mensaje. A pesar de las injusticias y el dolor, No te rindas que la rueda sigue girando.

 

A menudo las novelas que son cómicas no son tomadas en serio. Se leen con ligereza, porque existe la idea equivocada de que lo que es cómico no puede ser importante. En la conjura de los necios John Kennedy Toole nos dice todo lo contrario, lo que es cómico encierra los mensajes más importantes. Claro, el humor de Toole no es un humor para todos, y eso limita un poco el alcance de la novela, porque es un humor negro, ácido. Y entiendo a los que no les gusta. Es normal. Sobre todo Ignatius, no es un personaje para todos. A muchos les puede repeler. Ignatius funciona dentro de extremos, es extremadamente glotón. Pero a la vez, es tremendamente pobre, por lo mismo cuando puede comer algo se lo devora.  Es excesivamente ególatra, pero muy torpe, perdí la cuenta de todas las veces que sucumbió ante la gravedad. Se cree muy listo, pero sin darse cuenta revela sus vergonzosas intimidades. Pregona contra el sistema, pero al mismo tiempo no puede perderse ninguna película. Su contradicción es humana. Sus extremos lo hacen gracioso, pero luego de la risa viene la sonrisa triste. Ignatius es grande, enorme, una montaña, pero es muy sensible, el mundo lo hiere. Su válvula se cierra, sus manos empiezan a picar. Sufre. En la conjura de los necios, luego de la risa, viene la tristeza. La amargura se cuela como un polizón a bordo, te invade inesperadamente y te hace reflexionar.

 

Ahora que lo pienso, cada uno de los personajes me gustó mucho. Creo que Toole explotó muy bien sus personalidades para hacer humor.  Agregó elementos físicos, cosas, objetos para a través de la reiteración hacer sus acciones más graciosas. Por ejemplo, jamás podré olvidar al señor Clyde y su tenedor, de Jones sus lentes y su eterna humareda, además de su lenguaje. De Santa Battaglia el retrato de su madre, de la señora Reilly sus zapatos de bolos, Los disfraces de Mancuso. La tabla para hacer ejercicios de la señora Levy, la visera verde de Trixie. Y la indumentaria de Ignatius, la cual ya era llamativa y que Toole acentúa más cuando pone la espada de juguete en sus manos y el resto de los accesorios de su disfraz.

 

Bueno, Lamento haber hecho una reseña tan larga, se que va en contra del buen gusto y la decencia, de la teología y la geometría. Pero espero les haya gustado. No vemos la próxima semana. Atentamente El zorro.

 

Pueden encontrar esta misma reseña en mi canal de youtube:




 Ricardo Carrión

Administrador del blog

viernes, 14 de octubre de 2022

Reseña: La Carretera.Cormac McCarthy (Libro)

 Reseña libro: La carretera de Cormac McCarthy

libro

¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo La reseña de La carretera del escritor estadounidense Cormac McCarthy. Novela que fue galardonada con el premio Pulitzer el año 2007. Se trata de una historia de ciencia ficción post-apocalíptica donde no hay muchas acciones, es un relato calmado con una prosa muy especial, por lo mismo no es del gusto de todos. Cuesta en un inicio conectar con la historia.

 

En el mundo creado por McCarthy ocurre un cataclismo desconocido que arrasa con la vida sobre la tierra y por ende con la sociedad humana. A pesar de este evento catastrófico de gran magnitud, quedan sobrevivientes que terminan vagando por un mundo devastado: sin naturaleza, sin animales, sin sociedad y sin comida. Un mundo cubierto de cenizas con un sol y cielos opacos. En este escenario donde las personas, las ciudades y los bosques están calcinados, un padre y su pequeño hijo caminan por la carretera. Viajan por ella empujando un carrito de supermercado donde llevan todas sus pertenencias, o más bien, lo poco que han logrado encontrar que les permita sobrevivir. Van con dirección al sur. En busca de un clima más cálido, lejos del crudo invierno que los persigue.

 

Se trata de un mundo peligroso, no solo por las inclemencias climáticas, sino también por los escasos puñados de humanidad esparcidos por todas partes. Nuevamente es el hombre el principal enemigo del hombre, porque la sociedad se ha derrumbado, ya no hay reglas y todo está permitido para sobrevivir. Por lo mismo, quedarse en un solo lugar es peligroso para este padre y este hijo. Estar en movimiento es más seguro. Es una historia triste, dura, melancólica y que por momentos espanta.

 

El cataclismo ocurrió años atrás y debido a ello sucedió el desbaratamiento de la sociedad, el quiebre definitivo del mundo del ser humano y comenzando la degradación del mismo, perdiendo los valores y la moral. Quedando solo el instinto animal y de supervivencia. Conocemos este mundo gracias a los personajes, a lo que viven, a lo que ven y a lo que han vivido. En ocasiones la narración se intercala con algunas miradas al pasado. Como lectores vamos construyendo esta historia de forma fragmentaria. Con una narración directa que va intercalando recuerdos a modo de flashbacks.

Esta historia les puede gustar como no gustar. Cuando pensamos en novelas de ciencia ficción post-apocalipticas esperamos mucha acción, mucha aventura. Todos los elementos que tiene este libro se prestan para eso. Pero aquí el tema está tratado de una manera diferente. Eso me gustó mucho, porque no es lo mismo de siempre. Esta novela es como una pintura, como un fresco de la condición humana en situaciones extremas. La novela literariamente está ejecutada de una forma que me agradó bastante.

 

Se trata de un mundo devastado y calcinado. Y la prosa del autor está en esa misma sintonía. También ha sido devastada. Es una prosa minimalista a la que se le han quitado todos los elementos que le pueden dar vida. Que la hacen bella. Me recuerda mucho a Esperando a Godot de Samuel Beckett.

 

En el mundo que nos plantea el autor los árboles están quemados y así como los árboles no tiene hojas la prosa carece de conectores gramaticales que relacionen oraciones. De esta forma le quita fluidez de forma intencionada a la narración. Es una narración áspera, tosca. Como el propio mundo post-apocalíptico. Mundo en el que tampoco hay animales, lo que acentúa la ausencia de vida. Y por lo mismo en los diálogos tampoco hay verbos dicendi, o verbos de comunicación. De esta forma limita las expresiones y acciones comunicativas de los personajes. Limita las emociones, quitándole aún más a la narración cualquier rastro de vida.

 

Al quitarle casi todo indicio de vida al mundo, lo vuelve estático, inhóspito y frío. Repetitivo. Un mundo que no cambia, que incluso se derrumba. Y como reflejo, la prosa también es repetitiva y estática. Para ello utiliza muchos párrafos descriptivos, se narra lo que los personajes ven, lo cual no cambia mucho y se cae en la monotonía. Porque el mundo lo es. El mundo es monótono. Y luego de un párrafo descriptivo le sigue uno narrativo, áspero y tosco, libre de emociones, de vida, pero además es directo y mecánico. Es una narración medida para acentuar frialdad. Es directa porque evita narrar otra cosa que no sea la acción inmediata. Se centra en ella. Y es medida porque relata cada movimiento de forma acompasada. Hay un ritmo parejo, una articulación narrativa. Se narra una acción detrás de otra con espacios de tiempo similares. Eso crea un ambiente sofocante, desesperante, que como lector te mantiene atento, porque en cualquier momento les puede pasar algo drástico a los personajes.

 

Pero también puede provocar un gran rechazo en algunos lectores, porque no ven atractivo en la monotonía, en la frialdad de la narración. Los desilusiona porque esperaban algo más grandilocuente cuando la obra apunta a todo lo contrario, al minimalismo. Pero si se analiza esto con calma, la forma en que el autor hace una poda del lenguaje narrativo para mimetizar la narración con el mundo post-apocaliptico es sencillamente maravilloso.

 

Debido a lo anterior se entiende porque los personajes no tienen nombres. Porque el autor los despersonaliza. Se refiere a ellos como el hombre o el niño. Personajes que no tienen nada, ni siquiera nombres, son huérfanos. Hijos de un mundo que ya no existe. Su nuevo hogar es la carretera, un lugar común. Un bien común, que fue hecho para vehículos pero que ahora se usa para vivir. Es un hogar que no es un hogar, porque no es de nadie. Porque no está diseñado para ello. Pero al fin y al cabo lo es. Si te quedas en un solo lugar demasiado tiempo te pones en peligro, por eso estar en movimiento es fundamental. Y la carretera es ese hogar que te permite estar en movimiento. Si te vuelves estático, como el paisaje, como ese mundo post-apocaliptico, terminarás siendo parte de ese paisaje.

 

 

Como toda distopía la carretera toma elementos de la realidad conocida y los extrapola hacia un futuro posible. Por eso cuando el autor nos presenta este mundo devastado, lo sentimos real, porque ha sucedido en nuestro tiempo. Es el paisaje que han dejado las guerras a lo largo de la historia. Lo conocemos, no nos parece extraño. Por eso el autor no nos dice qué pasó, cuál fue el cataclismo, cree que lo podemos intuir. En eventos como este se ven afectados todo tipo personas. Malas, buenas y de moral cuestionable. Personas con fuertes convicciones, otras no tanto, que se quiebran ante la situación y pierden su humanidad. Es ahí donde hay muchos simbolismos que se aprecian en la historia, como la idea de que ese padre y ese hijo son portadores de algo que ellos llaman El fuego. Como si la bondad fuera una llama y ellos la quisieran proteger, no dejar que se extinga, hasta pasarla a otros. ¿Pero dónde están esos otros? ¿existen? La esperanza es, que si ellos existen, aún deben haber otros como ellos. Los buenos.

 

Es así como en la historia puedes percibir que el niño representa la bondad y la conciencia de su propio padre. Es el que lo detiene en muchas ocasiones de cruzar la línea. Cuando este niño llora por otro ser humano es como si brillara en medio del oscuro paisaje, es el brillo del fuego. Y como en toda la historia hay un reflejo de esto en la prosa. Si en el mundo el niño brilla como el fuego, en las palabras, en las letras, en la fría prosa que crea el autor también: cuando dice Papá. La palabra Papá es la que brilla, es una palabra cargada de humanidad. Parece que estuviese escrita en tonos rojos. Resalta en el texto de forma extraordinaria. El padre jamás dice la palabra hijo y eso hace que cuando el niño dice Papá está palabra resalta de una manera impresionante.

 

Esa es la magia de la carretera, la magia de McCarthy, la de transmitirte mucho con poco. Es una novela donde no pasan ni se dicen demasiadas cosas, pero tienen profundidad. Muchos entran al libro en busca de ese impacto que causan las distopías, pero aquí está hecho con sutileza. A mí parecer lo grandioso de esta novela no está en lo argumental, sino en la ejecución narrativa. En como funde prosa y ambiente. Porque busca ser algo más que una novela. Busca ser arte. 
 
Pueden ver esta misma reseña en mi canal de youtube

 Ricardo Carrión
Administrador del blog