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sábado, 5 de agosto de 2023

Reseña: El desierto de los tártaros (Dino Buzzati)

 Reseña: El desierto de los tártaros 

(Dino Buzzati)

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¡Hola a todos! Bienvenidos al blog. Hoy les traigo la reseña de El desierto de los tártaros del escritor italiano Dino Buzzati. Novela publicada en 1940. Muy elogiada por Borges quien incluso le escribió un prólogo que lamentablemente no viene en esta edición. Pero les comparto un pequeño fragmento:

 

Podemos conocer a los antiguos, podemos conocer a los clásicos, podemos conocer a los escritores del siglo XIX y a los del principio del nuestro, que ya declina. Harto más arduo es conocer a los contemporáneos. Son demasiados y el tiempo no ha revelado aún su antología. Hay, sin embargo, nombres que las generaciones venideras no se resignarán a olvidar. Uno de ellos es, verosímilmente, el de Dino Buzzati.

 

Los que conocen los gustos literarios de Borges entenderán que si a él  le encantaba este autor es porque también estaba bastante ligado a la literatura fantástica. De hecho, El escenario del desierto de los tártaros tiene un aire muy similar a los escenarios de los cuentos borgeanos. Pero también se puede relacionar esta novela con lo absurdo de las historias kafkianas, cuyos personajes viven situaciones muy extrañas de las cuales nunca logran encontrar una solución o salida. Otro componente importante en esta novela es lo existencial. Se trata indudablemente de una novela existencialista, que profundiza psicológicamente en sus personajes. Por lo mismo también se le asocia a Esperando a Godot de Beckett o a el extranjero de Albert Camus. Los diversos matices en la ficción de Buzzati hace del El desierto de los tártaros una experiencia lectora grandiosa. Tenemos, lo fantástico, lo existencial, lo psicológico y lo absurdo. Pero hay más, ya les contaré.

 

La novela inicia de esta manera:

 

Nombrado oficial, Giovanni Drogo partió una mañana de septiembre de la ciudad para dirigirse a la Fortaleza Bastiani, su primer destino.

 

Giovanni Drogo ha sido nombrado teniente del cuerpo militar italiano. Y sin que nadie le preguntara, lo han destinado a un puesto fronterizo llamado la Fortaleza Bastiani. Para todo nuevo oficial es importante este primer destino. Y Giovanni no duda en presentarse en servicio.

Esta primera línea deja en evidencia algo muy importante. Destaca que Giovanni deja la ciudad, es decir, que vivía en un mundo normal. Era un ciudadano, con familia y amigos. Y se dirige a esta Fortaleza que a medida vamos leyendo, no es fácil de encontrar y peor aún, está muy, pero muy alejada de la ciudad. Y para colmo, no es lo que un nuevo oficial podría esperar de su primer destino, es tan solo un recinto de segunda categoría, nada espectacular para alguien que quiere hacer carrera militar.

 

—Es un trozo de frontera muerta…

—¿Cómo frontera muerta?

—Una frontera que no preocupa. Delante hay un gran desierto.

—¿Un desierto?

—Un desierto, efectivamente, piedras y tierra seca; lo llaman el desierto de los tártaros.

 

Cuenta la leyenda que probablemente los tártaros se hayan asomado a esa frontera, que incluso la hayan atacado, pero es solo una leyenda, no hay nada cierto. Y desde entonces han pasado años y años sin recibir ningún ataque.

 

Si se fijan, iniciamos el relato, con absoluta certeza de la realidad. Un joven oficial, una carrera militar, una ciudad. Algo concreto. Realidad. Y de pronto el autor nos presenta este puesto fronterizo que por sus características, parece algo realmente absurdo, como las historias kafkianas. Porque está defendiendo una frontera que nunca ha corrido peligro. Da la sensación de estar Fuera del tiempo, como los relatos borgeanos. Es una construcción en decadencia en medio de un paisaje desértico. Que emana desolación, abandono. Inutilidad. El tiempo en la ciudad corre normal pero al parecer en la fortaleza, no. Tal cual Como en la Montaña mágica de Thomas Mann. Donde para el sanatorio ubicado en la montaña existe un tiempo diferente al de la ciudad. Algo similar a lo que ocurre en La fortaleza Bastiani de Buzzati.

 

Los muros desnudos y húmedos, el silencio, la escualidez de las luces… Todos allí dentro parecían haber olvidado que en alguna parte del mundo existían flores, mujeres risueñas, casas alegres y hospitalarias. Todo allí dentro era una renuncia…

 

Buzzati, periodista, escribe esta novela al finalizar su jornada de trabajo en la redacción de un periódico. Sumido en una rutina y monotonía que no le permitía sentirse realizado. Plasma ese sentir en su novela. Y en vez de elegir la redacción de un periódico como escenario, elige una fortaleza militar ubicada en un desierto, en la frontera de dos ciudades ficticias. Y eso es justamente lo que le da un carácter tan especial a su historia porque una problemática completamente actual y real se refleja en un mundo en apariencia fantástico. Es aquí donde como lectores nos damos cuenta de que el paisaje donde se desarrollan los acontecimientos, no funciona solo como paisaje, sino como representación de la propia monotonía y el paso del tiempo. El desierto, siempre igual, siempre arena y roca, siempre eterno. Nada al parecer cambia, pero el viento corre, hay erosión y deterioro. Existe un efecto ilusorio de que el tiempo se ha detenido, pero en realidad ha seguido su curso. Y los personajes de la historia no parecen percibir su paso.

 

Ayer y anteayer eran iguales, no habría ya sabido distinguirlos; un hecho de tres días antes o de veinte acababa pareciéndole igualmente lejano. Así se desarrollaba, sin saberlo él, la huida del tiempo.

 

 

Y este paisaje no solo funciona como una representación de la vida estática, de la monotonía. También es un reflejo psicológico del personaje principal. El paisaje es un vistazo al propio interior de Giovanni Drogo.

 

Le parecía reconocer las bajas rocas caídas, el valle tortuoso sin árboles ni verde. Aquellos precipicios sesgados y por último aquel triángulo de desolada llanura que las rocas de delante no lograban ocultar. Ecos profundísimos de su alma se habían despertado, y él no sabía entenderlos.

 

La vida militar también es una característica importante dentro de la novela, porque la rigurosidad y la disciplina que existe en una fortaleza fronteriza son vitales, los santo y seña, la limpieza, la vigilancia, la rutina, el horario. Todo eso indica repetición, pase lo que pase, pase el tiempo que pase, esa rutina no va a cambiar y es un reflejo perfecto de una vida monótona en la actualidad. Es la propia vida de Buzzati, pero trasladada al mundo militar. Por lo tanto, estos soldados, encerrados en un viejo y destartalado puesto fronterizo, sometidos a una vida repetitiva y melancólica, levantan la cabeza, miran hacia la frontera y solo ven desierto. No existe nada verde, nada vivo que indique el paso del tiempo. Solo piedras. Mirar fuera de la fortaleza es como mirar dentro de sus propias almas, es un reflejo de ellos mismos. 

 

La fortaleza, en cambio, encerraba pobres hombres, indefensos contra la obra del tiempo, cuyo último término se aproximaba.

 

Por lo tanto, este lugar alejado del mundo, aislado. Se presta para que los que están ahí tomen conciencia de la vacuidad de la vida, del sin sentido de la existencia. Y es justamente lo que le pasa a Drogo. Ya que la novela funciona como una gran metáfora de la vida de cualquier persona.  

 

Te pasas toda tu juventud persiguiendo metas, una tras otra, la escuela, la universidad, la familia, los hijos. En el caso de Drogo, su carrera como militar, su meta de llegar a ser teniente, luego la de ir a su primer destino y luego que, que sigue, siempre hay algo más. Se alcanza una meta y nos proponemos una nueva inmediatamente. Pero en el caso de Drogo y en la de muchas personas, qué pasa cuando la siguiente meta no llega, algo que esperan tan ansiosamente nunca llega, se aplaza, se demora, y aunque pase el tiempo sigues creyendo dentro de ti que vendrá, que llegará. Ese es el caso que nos plantea Buzzati. La espera. Y mientras se espera, el tiempo parece acelerarse y devora los días.

 

El tiempo inexplicablemente, había echado a correr cada vez más veloz, se tragaba los días uno tras otro.

 

   La vida de Giovanni drogo marcha como la de todos. Meta tras meta, vive en la ciudad, se compara con los demás, y siente que es como ellos, que sigue su mismo camino. Hasta que le toca marchar a la fortaleza, allí se produce el punto de quiebre. Se separa de la ciudad, de sus amigos y familiares, se desprende de la normalidad y ya no sigue su ritmo. Su destino se ha truncado. Y lo que puede darle sentido a su vida, parece aplazarse indefinidamente. Ahí entre en juego la espera. Eso que puede darle un propósito está muy lejos y quizá nunca suceda. Es lo mismo que les pasaba a Estragón y Vladimir, de Esperando a Godot. La eterna espera por algo que les de sentido a su vida. De la misma forma Drogo se mantiene esperando aquello junto a sus compañeros de la fortaleza. Mientras tanto, el tiempo parece acelerarse, los días pasan rápidamente, todos son iguales. De eso se encarga la rutina.

 

Y luego de tanta espera, luego de la desilusión, ya solo queda la resignación de una vida perdida. Se pierde el deseo. Se pierde la voluntad de vivir.

 

Año tras año he aprendido a desear cada vez menos.

 

La frontera que crea Buzzati, funciona como símbolo de llegar al borde de la vida. De llegar a ese punto donde ya no queda nada más. Y lo logra ejemplificar a través de lo fantástico, de lo absurdo, como medio de amplificar una realidad dolorosa. Como medio para despertar al ser humano frente a algo que no quiere aceptar, y una vez que comprende lo inevitable y lo acepta con la cabeza alta. Es decir, cuando acepta el absurdo de la vida. Es cuando al fin puede alcanzar esa libertad que tanto buscó. Lo interesante de este libro es que el autor logra una gran profundidad sin ser engorroso, sin ser estilísticamente complicado, planteando una estructura que sin ser compleja resulta realmente bella.

 

 Puedes ver esta misma reseña en mi canal de youtube


Ricardo Carrión

Administrador del blog

2 comentarios:

  1. Me encanta "El desierto de los tártaros", gran obra de arte! Fue un divisor de aguas en mi vida. Amo tu canal de Youtube 😉

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  2. Gracias por ser una voz respetada y confiable en el tema que abordaste en tu artículo.

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