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jueves, 29 de diciembre de 2016

Reseña Nº 129 : Sangre en el Támesis

Sangre en el Támesis 

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Anne Perry
Ediciones B
Colección La Trama
382 Páginas
Policial - Detectives


Anne Perry nos sumerge en un nuevo caso del detective William Monk ambientado en los alrededores del río Támesis en Londres, pero sin especificar una fecha exacta para los acontecimientos, por lo que de acuerdo a los hechos históricos a los que hacen referencia los personajes, como la construcción del canal de Suez, podemos situar la historia a mediados del siglo XIX,  principios de la década del sesenta, en pleno victorianismo medio.

William Monk como comandante de la Policía Fluvial del Támesis se encontraba dando una típica ronda en lancha junto a uno de sus hombres. Eran los primeros días del verano y el sol ya comenzaba a ocultarse para dar paso al crepúsculo. A pocos metros un embarcación de recreo llamada el "Princess Mary" destacaba por sus luces y el jolgorio de la fiesta que se realizaba en cubierta. Sorpresivamente una gran explosión pone en alerta a Monk, quien debe refugiarse para evitar una lluvia de escombros. El origen del estallido fue en la proa del "Princess Mary" que rápidamente comenzó a hundirse con todos sus tripulantes, mientras algunos lograban saltar a las contaminadas aguas del Támesis. Monk y otras embarcaciones aledañas, comenzaron a rescatar a los pocos sobrevivientes de esta inexplicable tragedia.

Al día siguiente se estableció que el Princess Mary llevaba cerca de doscientas personas a bordo y que casi la totalidad murió en el siniestro. Monk comienza la investigación de inmediato, no hay duda de que fue un hecho intencional. Cuando ya comenzaba a tomar las riendas del asunto, llega una orden superior para indicar que lo retiran del caso y que la Policía Metropolitana se hará cargo. Algo que desconcierta completamente a Monk, ya que nadie conoce mejor el río que él y sus hombres.

"La decisión era paralizante y absurda pero también irrefutable. Si el gobierno había tomado aquella decisión por razones políticas, aunque fuera una idiotez injusta e interesada, carecía de sentido discutir". Pág. 30.

Alejado de las investigaciones y junto a su mujer Hester y su hijo adoptivo Scuff que ya tiene dieciséis años, se mantienen alerta ante cualquier novedad. Las cuales no tardan en recibir: La policía Metropolitana ha encontrado un posible culpable llamado Habib Beshara, un Egipcio.
El juicio que se le realiza a Beshara en donde es declarado culpable y sentenciado a muerte no deja conformes a Hester y a Monk. Pero nada pueden hacer para entrometerse en dichos asuntos, aunque el hecho de que puedan condenar a muerte a un inocente les preocupa.

"La justicia se había vuelto loca. Si podían hacer eso a un egipcio, ¿acaso quedaba alguien a salvo?". Pág. 66.

Un día en una investigación rutinaria de contrabando, Monk se haya sin querer con pruebas de que Bechara no pudo ser el causante de la explosión. Sin pensarlo demasiado presenta dichas pruebas que desbaratan la investigación anterior y pone en tela de juicio la capacidad de la Policía Metropolitana.

Lo anterior causa que le devuelvan el caso a Monk y deba intentar resolverlo luego de que ya esté completamente estropeado. Todo indica que la motivación para causar el atentado tiene relación con la construcción del canal de Suez.

"Había inmensas compañías navieras cuyas fortunas se construían sobre el dominio británico de los mares. Con un canal que uniera el Mediterráneo y el Mar Rojo ese poder podía desaparecer en gran medida". Pág. 110.

Hay poderosos intereses económicos de por medio. Y además el hecho de que hayan apartado a Monk desde el comienzo parece indicar indicios de corrupción dentro de las altas esferas de la política y la justicia británica. Monk deberá encontrar al verdadero culpable y además a quién o quiénes intentan evitar que lo logre.

"¡No intervenga, Monk! Esto es un sabotaje internacional que concierne a las vías marítimas del mundo. Se amasan y pierden fortunas. Cíñase a los delitos que entiende y a los criminales que pueda atrapar." Pág. 176.

Lo que he revelado hasta ahora es la base de la trama. El atentado pone en marcha una primera investigación fallida hecha por la Policía Metropolitana y completamente manipulada por presiones de las altas esferas. Para luego dejar que Monk y la Policía Fluvial arregle el entuerto. De por medio hay un hombre acusado, que no es un santo, pero al parecer no es culpable. Esto causa que Monk deba enfrentarse a un muro burocrático completamente corrompido, donde nadie quiere revelar lo que sabe. Y que además pone en juego su vida en diversas ocaciones, lo que le entrega excelente momentos de tensión al libro.

El grueso de la historia se desarrolla en parte en los alrededores del Támesis, mientras Monk  y sus hombres investigan y el resto en tribunales, donde se realizan los diversos juicios para determinar culpables. Por lo que el libro tiene acción policial y estrategia jurídica.

Los personajes que han aparecido en los volúmenes anteriores se reiteran, y más aún, van evolucionando lentamente, no en el libro en sí, sino que a lo largo de la serie. Pero eso no significa que necesariamente haya que leer los libros anteriores, ya que la autora se toma la molestia de contextualizarlos a todos, haciendo que el libro se pueda leer de forma independiente sin ningún problema. Esto lo logra en gran medida gracias a la narración omnisciente con la que aprovecha de rememorar los hechos pasados de cada personaje a través de los recuerdos.

Y claro, son importantes los personajes que acompañan a Monk, son claves no solo para la investigación, sino que también para la ambientación del Londres victoriano, que se logra a través de diversos puntos de vista: desde el de un policía, un niño del río, una ex enfermera de la guerra y un abogado. Sus historias y sus desplazamientos estratégicos a lo largo de la trama le dan pie a Perry para que demuestre sus profundos conocimientos sobre la época, dibujando el cuadro completo de la sociedad; nos asienta maravillosamente en el pasado.
Al ser cada uno de ellos del entorno cercano de Monk, les da el motivo perfecto para que se incluyan todos automáticamente en la investigación, obteniendo pistas que un policía no podría conseguir, lo que refresca constante la historia, anulando una posible monotonía investigativa.

A medida que se desarrolla la investigación uno puede seguir las reflexiones de los personajes sobre los hechos, pero de una forma muy real, ya que entremezclan sus propios problemas personales, y miedos con sus deducciones sobre el caso. En muchas ocasiones la autora tiende a repetir demasiado dichos pensamientos y cuestionamientos, algo que acostumbra hacer en todos sus libros, y que a pesar de que se lo critican bastante, nunca lo cambia.

Lo que me gustó en esta ocasión fue el doble misterio; que se va resolviendo por etapas, lo que le hizo muy bien al libro y le ayudó a incorporar interesantes giros argumentales en diversas partes y no dejó todo para el final. Primero se debe descubrir quién fue el responsable directo del atentado y por qué lo hizo, y luego desenmascarar al que está detrás de los intentos de ocultar la verdad, lo que implica el destape de las personas que fueron corrompidas y de los motivos para hacerlo.

Lo anterior beneficia mucho el desarrollo del final, ya que va desembrollando el nudo lentamente, aclarando todos los puntos de una investigación que se veía sumamente dificultosa. El final cumplió con todas mis expectativas, me pareció que todo quedó muy claro y se solucionó de una manera brillante, en un caso que lo necesitaba, ya que puso en tela de juicio a la justicia y a la política británica, desencadenando el temor y la desconfianza en todo el pueblo. Pero así como hay corrupción, hay también personajes llenos de sentimientos de justicia y honor, capaces de entregarlo todo por defender los intereses de las personas. Luchan contra la corriente con tal de alcanzar la tan anhelada verdad.

"No podemos dejar que esto ocurra. No podemos permitir que nos venzan, si no será una indecencia. Nadie estará a salvo." Pág. 226.

Muchas gracias a Ediciones B Chile por el envío del ejemplar