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jueves, 3 de noviembre de 2016

Reseña Nº115: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968)

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Philip K. Dick
273 Páginas
Editorial Planeta
Booket
Ciencia ficción

Antes de comenzar la reseña propiamente tal, quería hacer un par de aclaraciones. El título original del libro es: Do Androids Dream of Electric Sheep? que es traducido al español como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? 
Blade Runner es el nombre de la película que se estrenó en 1982 basada en la novela de Philip K. Dick, la cual no he visto pero he leído que difieren en varios aspectos, por lo que no entiendo que un libro tan legendario para la ciencia ficción lleve el título de la película y como subtítulo el epígrafe original. 

Publicado en 1968, nos plantea un futuro decadente de la Tierra. A principios de la década del noventa solo quedan los restos de una civilización humana diezmada por la guerra. La llamada "Guerra Mundial Terminus" ya es solo un recuerdo, pero el polvo radiactivo en suspensión que provocó y que desde entonces oculta la luz solar, continúa acabando con los pocos seres humanos que aún viven ahí. 

"El ambiente matinal gris plomizo, salpicado de motas riadiactivas y capaz de ocultar el sol, se desparramaba a su alrededor, irritándole la nariz; aspiró involuntariamente el olor de la muerte". Pág. 19. 

Esta contaminación provocó que muchos seres humanos murieran y obligó a los demás a emigrar a otros planetas como Marte. Los androides orgánicos usados en la guerra se modificaron y fueron utilizados para ayudar a colonizar los nuevos mundos alienígenas. Los pocos humanos que quedaron en la Tierra son los que no fueron elegidos para emigrar debido a su bajo nivel intelectual o simplemente porque no quisieron ir. Ellos son los más resistentes genéticamente; los que han podido soportar la contaminación. Viven de empleos muy diversos y sus residencias son los grandes edificios abandonados que dejó la masiva muerte y emigración de personas. Sus vidas consisten en trabajar para vivir y mantener su estatus social durante la vida que les resta, sin importar que el mundo se caiga a pedazos a su alrededor.

Los animales se extinguieron casi por completo. Por lo que tener un animal vivo como mascota es un símbolo de estatus, pero son sumamente costosos. Desde un ratón hasta un caballo o vaca, son regularmente vendidos en el comercio establecido. Y para las personas que quieren cuidar las apariencias y no tienen el dinero suficiente, están los animales eléctricos, mascotas completamente artificiales; replicas perfectas de un animal real. Todas los ciudadanos tienen y cuidan de un animal, mientras más caro sea el animal, mejor es la condición social del individuo. El materialismo y el consumismo siguen reinando en un mundo holocáustico.

"Como inversión a largo plazo consideramos que la cabra, sobre todo la hembra, ofrece insuperables ventajas para el propietario de animales serio".  Pág. 192.

Las grandes corporaciones que fabrican androides, se han instalado en Marte y desde allí han ido mejorando sus diferentes modelos. Cada día los androides se fabrican más inteligentes, lo que ha provocado que algunos se fuguen de Marte y busquen refugio en la Tierra, donde es difícil encontrarlos ya que son seres orgánicos idénticos a un ser humano. La policía se dedica a identificarlos y destruirlos. Para eso somete a los posibles sospechosos a un test, en el que se evalúa un rasgo que los androides no poseen: "La empatía".

"La empatía era algo particular a la raza humana, mientras que es posible encontrar cierto grado de inteligencia en todas las especies, incluido los arácnidos. Se debía seguramente a una razón: la facultad empática probablemente exige un instinto de grupo definido". Pág. 44.

En este mundo vive Rick Deckard, que trabaja en el departamento de policía de San Francisco recibiendo un sueldo base muy escaso, ya que su trabajo es bastante especial. Él es un cazarrecompensas, aumenta sus ingresos por medio de bonificaciones al eliminar androides prófugos o como ellos le llaman, "Andys". 
Los últimos modelos de Andys son los Nexus-6, los cuales poseen un cerebro mucho más avanzado y complejo.
Un grupo bastante numeroso de Nexus-6 provenientes de Marte, han abandonado su esclavitud y por medio de actos violentos han llegado a la Tierra y se han escondido en la ciudad de San Francisco, su nivel de inteligencia ha causado problemas a la policía para atraparlos, por lo que Deckard deberá emplear toda su astucia en identificarlos y aniquilarlos por su porvenir económico y posición social.

En este juego del gato y el ratón, donde Deckard deberá ir identificando y asesinando a los Nexus-6, el autor irá retratando las principales características de esta sociedad decadente. Pone a los seres humanos en una posición tal que desvela parte esencial de su naturaleza, como su necesidad de creer en algo, su miedo al silencio, su materialismo, consumismo y su deseo de pertenecer a un grupo. Para suplir estas necesidades que se han generado debido a la poca presencia de seres humanos en el mundo, crearon diferentes aparatos tecnológicos que suplen estas carencias. Para aplacar el silencio absoluto que es algo cotidiano, la televisión es fundamental; transmite un único canal y único programa durante horas y horas. Para apaciguar la soledad física y espiritual, existe una máquina especial que conecta a los individuos en una especie de realidad virtual religiosa llamada "El Mercerismo" en donde las personas forman parte de una conciencia conjunta. Y si los estados de ánimo no andan bien se puede utilizar un aparto electrónico que provoca una estimulación cerebral artificial, según lo requiera el usuario.
Se ha echado mano a la tecnología para mantener el equilibrio natural de las personas.

"Ahora entiendo cómo se sufre cuando estás deprimido. Siempre creí que te gustaba y que en cualquier momento podías salir de ahí, si no sola, al menos sí con la ayuda del climatizador de ánimo". Pág. 198".

Este hombre que caza androides de forma legal como acto reflejo del diario vivir, comienza a cuestionarse. Pasa de la certeza absoluta de que lo que hace está bien, a dudar progresivamente. ¿Son realmente los androides cosas sin vida? ¿Tendrán sueños? ¿Soñarán con tener un animal, una oveja eléctrica? En el transcurso de los acontecimientos, estos androides orgánicos que tienen una vida útil muy corta, de unos pocos años, parecen estar más vivos que los propios seres humanos poseedores de una vida mucho más larga.  Deckard deberá afrontar el descubrimiento de su propia identidad que al mismo tiempo deberá traicionar.


El libro es muy ameno y rápido de leer, es ligero. En un principio cuesta un poco adaptarse al nuevo mundo que nos presenta el autor. Ya que el narrador es omnisciente pero deja que a través de los diálogos se construya el cuadro completo de la sociedad. Luego la novela se agiliza mucho y las páginas vuelan, hay giros programados; el autor cada cierto tiempo descoloca al lector y al protagonista para aumentar el ritmo de la historia inesperadamente. La constante introspección del protagonista genera las mejores escenas reflexivas. Es un libro que definitivamente te invita a pensar, al mismo tiempo que te entretiene y asombra.