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miércoles, 30 de marzo de 2016

Reseña Nº 61: Un mundo feliz

Distopía: Un mundo feliz (1932)

Aldous Huxley (1894-1963)
Debolsillo
256 páginas
ISBN: 978-84-9759-425-7



¿Te imaginas un mundo donde no existe el amor? ¿Un mundo donde la familia ha desaparecido, donde las religiones y las tradiciones han sido abolidas?

Este mundo tan especial que carece de estos elementos inherentes al ser humano tiene sus ventajas, ya que al desaparecer estos factores desaparecen los problemas, la gente vive sin angustias, sin cuestionamientos, reciben todo lo que necesitan y siempre están cómodos. Pero para esto es necesario que no piensen más de lo que deben, por lo tanto tampoco existen los libros, y menos de autores como Shakespeare. Esta es la máxima creación de Huxley. Este es Un mundo feliz.

No podía permitirse que los miembros de una casta baja perdieran el tiempo de la comunidad en libros, ya que siempre existía el riesgo de que leyeran algo que pudiera, por desdicha, destruir uno de sus reflejos condicionados...

La base científica del mundo feliz es la homogeneidad. A través de la ciencia se logran crear verdaderos clones en un ambiente de laboratorio que sugiere despersonalización, producción en serie y precisión. A través de un frío relato Huxley nos cuenta la deshumana forma en que los científicos manipulan la vida humana desde su nacimiento, primero manipulando el número de embriones, luego sus cerebros, adulterando la inteligencia y finalmente exponiéndolos a distintas condiciones para hacerlos resistentes a los trabajos donde serán destinados. 

"Para mejorar su sentido del equilibrio... Cuando están de pie, reducimos la circulación hasta casi matarlos, y doblamos el flujo del sucedáneo de la sangre cuando están cabeza abajo. Así aprenden a asociar esta posición con el bienestar..."

La manipulación también es a nivel mental, a través una técnica llamada hipnopedia que consiste en repeticiones de frases que moldean el comportamiento humano, condicionan a las personas desde pequeñas, imponiéndole ideas y pensamientos para mantenerlos controlados. A lo largo de la historia se puede apreciar como los personajes repiten sin cesar lo que se les ha condicionado. 

Todas estas manipulaciones tienen como fin establecer una sociedad completamente feliz. Al crear personas aptas para un trabajo determinado, todos tiene su lugar en la sociedad y todos son útiles, nadie sobra. Huxley nos muestra como destruyen el libre albedrío de las personas no dejándolas decidir, dándoles todo lo que necesitan, evitándoles el sufrimiento. Y si en algún momento, el condicionamiento falla, y un ciudadano se ve expuesto a algún estrés o situación que pueda romperlo, se ha creado una droga especial denominada "soma", la cuál se les entrega diariamente a las personas para mantenerlas felices, haciéndolas adictas y dependientes de ella y sí esto no fuera necesario los mantienen entretenidos a través del sexo, ya que se puede practicar libremente, no existe la monogamia, todos lo hacen con todos, pero con mucho cuidado porque no está permitido el embarazo, es algo muy mal visto, las personas sólo nacen en los laboratorios.

"Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, a salvo; nunca está enferma; no teme a la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas ni hijos ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar Y si algo marcha mal, siempre queda el soma".

Bernard Marx, un ciudadano que ha presentado sus dudas respecto al condicionamiento, que al parecer lo nota y debido a su inteligencia escapa de su control junto a Lenina una chica completamente sumergida en este mundo feliz, son personajes utilizados por Huxley para retratarnos la vida diaria en esta civilización futurista. A través de la introspección de estos personajes y de otros que se van sumando a la historia nos entrega un punto de vista de personas completamente condicionadas y otras  que no, que luchan inconscientemente para recuperar su equilibrio natural. 

¿No te gustaría tener la libertad de ser feliz... de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos.

Pero Huxley va más allá, a través de un personaje llamado "John", que viene de un mundo no civilizado y por lo tanto es denominado "El salvaje". Nos muestra las contraposiciones existentes entre una civilización completamente dominada y otra libre. Y al mismo tiempo sumerge a este personaje cargado de todas las irracionalidadades, creencias, virtudes y defectos que tiene un ser humano no condicionado ni manipulado, en este mundo perfecto. El resultado es una excelente visión del choque entre la libertad y una esclavitud simulada.

Es un libro corto, pero muy intenso, no se presta a una lectura rápida, requiere análisis página por página, incluso los nombres de los personajes tienen su significado, una lectura no es suficiente, cada capítulo está compuesto de diálogos o monólogos según lo requiera el contexto. Hacia el final de la historia hay un diálogo potente, increíble, entre John y el Interventor, quizá la mejor parte del libro.

"Reclamo mi derecho de ser desgraciado"

Al contrario de 1984 de Orwell, la población no está dominada por un estado totalitario que se impone por la fuerza. Es un estado totalitario encubierto, que se impone por el condicionamiento, lleva al ser humano, un animal irracional, a convertirlo en una especie de robot programado desde la infancia, producido en serie y clasificado en castas, lo que vendría siendo en la actualidad las clases sociales. Cada casta tiene un rol, y mientras más limitado es el humano, más baja es la casta a la que pertenece.

Huxley golpea fuerte la mesa con un mundo exageradamente controlado, es cierto que es algo extremista lo que propone pero, ¿Qué tan lejos estamos de aquello? ¿Nuestra sociedad ha sido condicionada? Quizá lo pensemos dos veces antes de prender la televisión la próxima vez.

"Sesenta y dos mil cuatrocientas repeticiones crean una verdad..."


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